Denver, (SEMlac).- James Holmes, el solitario pistolero estadounidense de 24 años de edad que el pasado 20 de julio asesinó a 12 personas e hirió a otras 60 en un devastador ataque en una sala de cine en Denver, no dejó constancia de sus motivos y, por los estándares normalizados de “causa y efecto” en ese país, tampoco se pueden deducir móviles directos tan fácilmente.

Se sabe que no es que había dejado de tomar sus medicamentos como el caso del otro joven pistolero, Jared Lee Loughner cuando trató de matar a la senadora Gabrielle Gifford el año pasado en Tucson, Arizona, hiriéndola a ella y a 11 personas más. Tampoco hay evidencia de que tuviera vínculos con núcleos armados de milicia antigubernamentales estadounidenses, como a las que perteneció Timothy McVeigh en el atentado terrorista contra el Edificio del gobierno Federal de los Estados Unidos en Oklahoma en 1995, donde murieron 168 personas, entre ellos 19 niños.

No hay indicios de que fuese víctima del tipo de intimidación (bullying) que aparentemente llevó a los jóvenes Eric Harris y Dylan Klebold en un colegio en Colombine, Colorado, en 1999 a disparar armas en la escuela, matando a una maestra y 12 estudiantes, además de herir a otros 21 antes de suicidarse, dejando videos que evidenciaban ira y frustración ante las intimidaciones de otros alumnos.

En el caso de Homles tampoco aparecen testigos que presenten diagnósticos de enfermedad mental, como los de otro joven estadounidense que, en 2007, mató a mano armada a 32 personas e hirió a otras 17 antes se suicidarse en el Instituto Politécnico de La Universidad Estatal de Virginia, en el estado del mismo nombre.

No parece haber razones personalizadas, conexiones con grupos extremistas o ganas de llamar la atención, dejando manifiestos en las redes sociales como hizo el joven noruego Anders Behring Breivik, actualmente juzgado por el presunto asesinato de 77 personas en su país el año pasado. Tampoco es afroamericano, ni árabe, ni latino. Holmes ha roto hasta ahora todas las tipologías y hasta los estereotipos utilizados en los Estados Unidos para explicarse qué ciudadanos de su país puedan provocar este tipo de tragedia.

Era un potencial profesional exitoso, no tenía problemas económicos para continuar su carrera científica, una de las áreas más codiciadas y rentables por los laboratorios y las compañías: la neurociencia. Ya había combinado un trabajo como asistente en un prestigioso laboratorio, además de realizar trabajo social con niños pobres en los barrios de Los Ángeles, en California.

El ataque que culminó en una masacre lo planeó detalladamente, según informes policiales, lo que indica que tampoco fue un acto espontáneo. Su apartamento estaba repleto de bombas y el arsenal militar que llevó al cine Aurora había sido adquirido minuciosamente. Adicionalmente, cuando una ametralladora le falló, tenía otra debidamente cargada para sustituir el arma fallida. Y todo había sido comprado legalmente.

Con el inicio de las pesquisas se ha sabido que Holmes dejó una carta dirigida a un psiquiatra con el que tuvo que reunirse cuando anunció que dejaría la carrera. En ella explica cómo iba a ser la masacre, aunque no señalaba motivos.

Analistas políticos que vienen dando seguimiento a lo que ocurre en este país y que queda fuera de la mira de los grandes medios y análisis de los políticos oficiales han puesto la mirada en factores que tiene que ver con el contexto.

Michael Moore, escritor y cineasta estadounidense conocido por su postura crítica hacia su propio país, especialmente en su película Bowling for Columbine, que le dio fama internacional por vincular los hechos de la escuela en Colombine, en 1999, a la proliferación de armas privadas en los Estados Unidos, dijo, a raíz de la masacre actual, que hay dos auroras todos los años en su país. “Al menos 24 estadounidenses mueren cada día a manos de personas armadas, sin contar los accidentes.”

El conteo añadiría 16 muertes diarias más a la estadística. Moore agrega que su país es responsable del 80 por ciento de todas las muertes ocasionadas por tiros de pistolas en los 23 países más ricos del mundo.

Aunque los medios no han enfocado el factor de la libre proliferación de armas en la vida cotidiana en los Estados Unidos, desde que el presidente Bush cambió las leyes que limitaban la compra y pertenencia de armas en 2005, el alcalde de Nueva York, Michael Bloomberg, uno de los más prominentes promotores por un cambio de leyes al respecto, recibió la atención de los grandes medios cuando, después de la masacre, volvió a proponer el control de armas.

El presidente Obama se refrió a la necesidad de implementar leyes sobre armas, sin referencia a enmendarlas. Pero un grupo de senadores Demócratas, entre ellos Frank Lautenberg del estado de Nueva Jersey, ha presentado una propuesta de ley federal que restrinja la capacidad de comprar cargadores de gran capacidad para municiones, correas para llevarlas y otros implementos.

La profesora Margaret Thompson, de la Universidad de Denver, en la misma ciudad donde ocurrió la masacre de Aurora, dijo a SEMlac que no es solamente el hecho de que la gente pueda tener tantas armas y municiones, “sino que la cultura de violencia en las películas y los medios han normalizado el uso de las armas a tal punto que, en el cine, a los taquilleros y otros administradores que creyeron que Holmes era parte de un show sobre la película, ni siquiera les pareció raro que una persona entrara con tales vestimentas a hacer un acto publicitario”.

Mientras el debate sobre las armas cobra forma en la sociedad, Margaret Randall, escritora, poeta y activista estadounidense que vivió en Cuba y otros países de la región, conocida por sus obras críticas acerca del papel de las administraciones estadounidenses en la promoción de todas las formas de violencia, ha presentado otros análisis sobre el contexto y dijo a SEMlac que “en los Estados Unidos, la idea más influyente que alimenta la violencia extrema es la codicia.”

Añadió que el ánimo de lucro está arraigado en la mentalidad belicista que envía decenas de miles de personas a matar y morir y financia armamento cada vez más altamente tecnologizado. “Se esconde en un sistema médico que privilegia los seguros y las compañías farmacéuticas, por sobre la salud humana, y se encuentra en un sistema de educación pública claramente diseñado para producir generaciones de peones en una economía interesada en hacer más rico al uno por ciento, mientras el 99 por ciento enferma y muere.”

* maria2003@racsa.co.cr