Las importaciones de plaguicidas y fertilizantes se habrían triplicado en el primer gobierno de Evo Morales y solo en 2011 generaron alrededor de 400 millones de dólares en ventas en el mercado interno, según la Asociación de Proveedores de Insumos Agropecuarios (APIA).

Los agricultores bolivianos comenzaron a usar plaguicidas en la década del 50 del siglo XX, al inicio de la denominada “marcha al oriente”, con el objetivo de incrementar la producción agrícola. Desde entonces el empleo de estos químicos no ha dejado de aumentar no solo en las grandes fincas agroexportadoras sino también en pequeñas y medianas unidades productivas de los valles y el altiplano. [1]

Desde la segunda mitad del decenio de 1990 se observa un incremento gradual de la producción de cuatro cultivos industriales: caña de azúcar, soya, maíz en grano y sorgo en grano. La siembra de soya transgénica aumentó significativamente en la gestión de Evo Morales, con el consecuente mayor uso de herbicidas, fungicidas e insecticidas.

A diciembre de 2010 el 92% de la soya boliviana era transgénica, con 44 variedades registradas entre 2004 y 2010. De casi un millón de hectáreas de soya, las variedades resistentes al glifosato representaban entre el 92 y 95%. [2]

Según el Servicio Nacional de Sanidad Agropecuaria e Inocuidad Alimentaria (Senasag), Bolivia importó 10.428,870 toneladas de plaguicidas en 2004, y 31.620.668 toneladas en 2010. En los últimos 10 años las importaciones nacionales de plaguicidas habrían aumentado en 150%, estima la Fundación Plaguicidas Bolivia (Plagbol). [3]

En el último quinquenio repuntaron las ventas de la Asociación de Proveedores de Insumos Agropecuarios (APIA), que representa a más de 60 firmas importadoras de semillas, maquinarias e implementos agrícolas, las cuales mantienen una estrecha relación con el sistema bancario.

Se calcula que hasta 2007 las importaciones totales de 21 de las 43 empresas afiliadas a la APIA ascendían a 90 millones de dólares: 60 millones en plaguicidas y semillas y aproximadamente 30 millones en maquinaria y equipos para la industria de la soya, provenientes de Brasil, Argentina, Paraguay, China, Estados Unidos y Europa. [4]

La APIA calcula que sus afiliadas movieron aproximadamente 280 millones de dólares en la gestión 2010; y casi 700 millones de dólares en 2011, gracias a las políticas nacionales de incentivo a la producción. Hasta el año pasado la agricultura de todo el país generaba anualmente cerca de 500 toneladas de envases de plaguicidas.

Según el gerente general de la APIA Jaime Palenque, solo el año pasado las compras de fertilizantes y plaguicidas ascendieron a 400 millones de dólares; mientras que las importaciones de semillas sumaron 90 millones y las de maquinaria superaron los 200 millones de dólares. La soya, el maíz, el algodón y la caña fueron los cuatro cultivos principales para los proveedores de insumos.

La venta de fertilizantes aumentó en 8% en los últimos dos años y en 2011 se registró un leve incremento de las ventas de fungicidas y plaguicidas debido a la sequía y a la emergencia de la roya y los ácaros en las plantaciones industriales de soya. El año pasado destacó el lanzamiento de una “nueva generación” de agroquímicos “más amigables con el medio ambiente y sobre todo más específicos en su acción”, precisó Palenque. [5]

El gerente general de la APIA vaticina que la ampliación de la superficie de cultivos y la política nacional de incentivo a la mecanización del agro estimularán el crecimiento de las importaciones de insumos en un 10% en la gestión 2012. (ABI)

El gobierno del MAS rebajó a cero el arancel de importación de insumos agropecuarios, alegando que los campesinos “gastan mucho” en agroquímicos y maquinaria. Es así que mediante decreto supremo 0943 del 2 de agosto 2011, liberalizó el gravamen arancelario para la importación de tecnología, maquinaria, fertilizantes y agroquímicos por un período de cinco años.

La firma Mega Agro explicó que el decreto abaratará hasta un 10% los precios de los fertilizantes derivados del fósforo, pero aclaró que la medida no contempla a los fertilizantes derivados del nitrógeno y del potasio ni a los plaguicidas.

El gerente de la empresa Nutrientes del Oriente Mike Calderón, que controla el 57% del mercado nacional, prevé que el país importará cada vez más fertilizantes e insumos agropecuarios debido a la necesidad de lograr un mayor rendimiento en una menor superficie sembrada: “Hay países que han optado por la siembra intensiva y para ello necesitan fertilizantes. En el país, esta situación se da en Santa Cruz”.

Notas:

[1] Los plaguicidas se clasifican por grupos químicos (órganos clorados, fosforados, piretroides, carbamatos y otros) y por el tipo de plagas que combaten (insecticidas, herbicidas, fungicidas y raticidas…). El glifosato, endosulfán, paraquat, 2,4 D, y otras sustancias utilizadas en la producción agrícola intensiva son consideradas tóxicas. Se han demostrado los efectos cancerígenos y la acción mutagénica del glifosato, en tanto que la multinacional Bayer tuvo que sacar del mercado el plaguicida endosulfan, uno de los químicos más tóxicos utilizados en la región, según la Red de Acción en Plaguicidas de América Latina (RAPAL).

[2] En 2005/2006 el departamento de Santa Cruz concentraba el 71,9% del total de la producción agrícola del país, y el 74% en 2010/2011. Durante el gobierno del MAS la agroindustria ha seguido concentrando la mayor parte de la producción agrícola del país (79,1% en la gestión 2005/2006 y 80,4% en 2010/2011). En el período 2005/2006-2010/2011 la superficie cultivada registró un incremento de 246.731 hectáreas, 40% soya y 36% caña de azúcar. Centro de Estudios para el Desarrollo Laboral y Agrario (CEDLA); Boletín Control Ciudadano N. 19 “Reconducción comunitaria de la reforma agraria y producción agrícola: Evaluación y perspectivas”, febrero de 2012. http://www.cedla.org/content/2512

[3] Foro virtual “La situación de los plaguicidas en América Latina y El Caribe y su impacto en la salud y el ambiente”, Fundación Plagbol, Centro Boliviano de Estudios Multidisciplinarios (Cebem) y Red de Desarrollo Sostenible (Redesma), noviembre de 2011. Un reciente estudio confirmó el uso indiscriminado de plaguicidas en municipios de La Paz y Cochabamba, donde productores que tienen entre cinco y seis hectáreas utilizan más de 30 kilos de agroquímicos al año.

[4] Construcción de ventajas competitivas en Bolivia: Las cadenas productivas de soya; quinua; uvas, vinos y singanis; maderas; cueros; textiles y confecciones; CAF, 2007.

[5] Algunos productos nuevos son el CROPSTAR, NATIVO Y BELT, CUSTODIA, RICER, HEAT, OPERA ULTRA y otros. Mainter lanzó un nuevo fungicida de mayor y más rápida absorción en los tejidos de la planta. Este año la división Bayer CropScience de Bayer Boliviana anunció el lanzamiento del fungicida CRIPTON para cultivos de soya, perteneciente a una nueva clase química llamada TRIAZOLITHIONE, que actúa de una manera más fuerte y amplia en el metabolismo del hongo y otras enfermedades como la Mancha anillada y Antracnosis.