En Bolivia comenzó la disputa pre electoral. Los favorecidos son los cocaleros, contrabandistas, los del régimen simplificado llamados gremialistas, los que se adueñan de minerales y tierras tanto del Estado o privadas y los allegados al gobierno en puestos públicos o aquellos que hacen imposible la vida a los opositores, mientras que los maestros, profesionales y empleados de salud y la policía obstaculizan al gobierno, para no perder sus privilegios de décadas.

Pagan los pocos profesionales, de remate, mayoritariamente salidos de universidades o escuelas técnicas mediocres, cuya adquisición de conocimientos y aplicación de los mismos son aún más desvalorizadas, porque las acciones violentas de los nuevos conductores de los movimientos sociales, sindicatos y comunidades logran en todo más alcances. Entretanto grupos indígenas, ahora opositores, tienen un líder que puede permitirse haber sido narcotraficante por necesidad de sus hijos y después de pagar el delito en cárcel extranjera, retornar al país para combatir a los cocaleros, concesión que ningún ciudadano dependiente de su trabajo y que trata de ser respetuoso de las leyes puede darse, por más urgencia que tenga de sostener su familia, sin caer en una proscripción de por vida.

La prueba del desprecio a los profesionales en Bolivia está en el matonage ejercitado contra los geólogos en Malku Khota, donde realizaban un trabajo para la creación de una nueva fuente productiva de grandes alcances con inversión extranjera. El gobierno se da el lujo de alejarla, por ganarse próximos votos en Potosí. Otra prueba de desprecio, en este caso al comercio legal que no suma tanto en votos, es el cierre diario de establecimientos por no emisión de factura, mientras en sus veredas los innumerables gremialistas, algunos dueños de varios kioscos, venden más que ellos sin pagar impuestos. Paralelamente a que la Aduana se muestra considerada con los contrabandistas de autos chutos, pero controla con lupa las importaciones que ingresan legalmente o dificulta las exportaciones privadas que salen.

Sin embargo, lo más grave es lo del crédito al transporte público para que compren buses sin coordinar con el GAMLP, el que se durmió en solucionar lo del transporte masivo, precisamente para no perder votantes entre los del transporte público y ahora se siente sorprendido con lo del teleférico, positivo por donde se lo vea, siempre que su ejecución se concrete sin demoras. Su costo actual equivale a lo presupuestado en la época de Maclean. No olvidemos que el GAMLP estuvo años abocado a ganarse votos de las vendedoras de mercado, invirtiendo importantes sumas para darles puestos y manteniéndolas intocables en su costumbre de seguir vendiendo libras en vez de kilos, y favoreciendo a los gremialistas, en su mayoría intermediarios de los grandes importadores para no pagar el IVA.

¿A qué otros extremos nos conducirán en la lucha pre electoral?