El Vicepresidente Álvaro García Linera, tal como lo hace en su libro Las tensiones creativas, publicado con nuestro dinero y distribuido gratis, en una reunión con periodistas de agencias de noticias estatales y/o gubernamentales de Nuestra América realizada en La Paz, ha difundido mentiras que no resisten la menor confrontación con la realidad, que sería la manera de mostrar que el segundo mandatario de Bolivia recurre a la mentira sobre el TIPNIS, otra vez, a falta de argumentos.

El segundo mandatario boliviano antes afirmó, ante medios de difusión, que los indígenas de la IX marcha habían “degradado” esa forma de lucha: la caminata y, además, que los indígenas de las tierras bajas dividen a sus organizaciones y a sus bases. Sin embargo, se sabe que ambos hechos fueron promovidos, financiados, organizados e impuestos por los gobernantes, pero el Vicepresidente les atribuye a los originarios haberlos protagonizado.

La marcha de los comunarios de Mallku Q’ota fue “copada” por cooperativistas enviados por el gobierno y por gente del lugar pagada por la South American Silver (SAS). En cuando a la división de la CIDOB pocos deben desconocer que fue el gobierno el que impuso el nombramiento de Melva Hurtado como presidenta de esa central indígena en reemplazo dudoso de Adolfo Chávez. Por ello, nosotros afirmamos que esas dos mentiras son algo así como el prólogo de las dichas por García Linera en la reunión con periodistas de las agencias de noticias estatales y/o gubernamentales.

Reiteramos un criterio que sostenemos desde hace tiempo: la mayoría de los medios de difusión (incluidos los estatales o gubernamentales de nuestro país) en su trabajo diario censuran, se autocensuran, dicen medias verdades, manipulan, matan a la verdad o lo intentan. En otros términos: especialmente cuando se agudiza la lucha de clases y la de los pueblos indígenas, aquel comportamiento de esos medios se acentúa en grado sumo.

Medios de difusión, aunque lo nieguen, son “aparatos ideológicos” que se comportan, a menudo conscientemente, como “intelectuales colectivos”, elaboradores y/o difusores dediscursos ideológicos y políticos. Al informar, comunicar (las pocas veces que lo hacen), opinar e interpretar cumplen su “misión” y despliegan su “visión”, elaborados según los intereses materiales que defienden o que ayudan a defender con su labor que aparece como puramente periodística y hasta imparcial, como dicen que lo hacen los dueños de los medios privados o los editores a su servicio.

En cuando a los medios públicos, como pocas veces, la Ministra de Comunicación, como registró Cambio (el 20 de este mes), en este caso liberado de sospecha de manipulación o tergiversación, en esa reunión de agencias de noticias y los medios estatales y/o gubernamentales en nuestro país, dijo que “…hacen trabajo político en defensa del proceso y de las medidas que se toman para favorecer no a los sectores privilegiados sino a los excluidos”.

¿Cómo desempeñan esa labor? Es un tema que abordaremos en otras notas como ésta, como lo hemos hecho antes. Examinaremos también otras mentiras “garcíalineristas” sobre la protección del Estado por la sociedad, acerca de la democratización de la actividad de los medios y otras afirmaciones suyas que para algunos periodistas “distraídos” se tratarían de análisis fundamentales.

Resulta ineludible referirnos a las mentiras del Vicepresidente, a las mentiras gubernamentales y/o estatales de alguien que ha tomado como labor casi exclusiva la difusión de las pocas ideas que sostienen los gobernantes bolivianos, que las elaboran y/o las asumen como propias. Básicamente fueron tres las mentiras que propagó el funcionario público en esa reunión con delegados de las agencias de noticias estatales y/o gubernamentales respecto del TIPNIS y del camino de la discordia:

— Que el TIPNIS no es el pulmón del mundo del que hablaron los medios de difusión porque es un pulmón canceroso debido a que de él empresarios privados extraen madera, venden cueros de lagartos y que europeos y estadounidenses disfrutan de un turismo muy caro.

— Que el camino Villa Tunari-San Ignacio de Moxos no destruirá más que 200 hectáreas de bosque, lo que es casi nada respecto de las 250 mil hectáreas que cada año saquean empresarios madereros en el departamento de Santa Cruz.

— Que aquella vía no es parte de la Iniciativa para la Integración de la Infraestructura Regional Suramericana (IIRSA), aprobada en una Cumbre de las Américas y sugerida, entre otros, por el entonces Presidente de Brasil Henrique Cardozo.

El núcleo del TIPNIS mantiene sus riquezas, según la racionalidad indígena, y si algo de ellas se ha depredado es por culpa de cocaleros y colonizadores que, como grupos económicos, tienen un denominador común inocultable: allí donde han desarrollado su actividad unos y otros sólo lo han conseguido con una depredación verificada y verificable. El Chapare, en el que campean los cocales, es una demostración de lo que afirmamos y cuya producción de coca se destinada para la producción de cocaína en un 95 por ciento, según estudios responsables; tierras que fueron dotadas gratuitamente por el Estado y que ahora los cocaleros pretenden venderlas a YPFB (es decir, al Estado) en $us. 4.500 la hectárea. La depredación de las riquezas forestales en Guarayos, luego de la construcción de un camino, es otro ejemplo del saqueo de la naturaleza.

Admitamos, provisionalmente, que el TIPNIS ya no es virgen y que está en depredación por empresarios madereros, con la complicidad de indígenas y de ONG. Un Estado que se cree plurinacional (por éste el Vicepresidente ha dicho que es el Estado integral de Gramsci), lo menos que tiene que hacer es tomar las medidas destinadas a preservar lo que reste del bosque, al menos en la parte que es reserva natural, de propiedad estatal y demandar que los indígenas tomen medidas correlativas en su hábitat natural o territorio que les pertenece.

Parece que el razonamiento del pretendido ideólogo del gobierno actual es que acabe lo más rápido posible el reservorio de bosque, animales, agua, biodiversidad, con el argumento implícito, en su discurso ante los periodistas de agencias de noticias estatales y/o gubernamentales, de que los bolivianos no debemos ser guardabosques pobres al servicio de los países ricos y de las ONG conservacionistas: los nuevos instrumentos del colonialismo, como dijo el Presidente en la Cumbre de Río de Janeiro + 20.

Las normas bolivianas disponen —lo que es de veras esencial— que en el TIPNIS hay un área intangible, que permanece virgen y en el que deben mantenerse las riquezas allí existentes; un segundo espacio está destinado a que los indígenas utilicen esas riquezas para la subsistencia, con la racionalidad que ellos practican y, un tercer perímetro en que extensivamente crían ganado empresarios tradicionales del Beni y los más o menos nuevos ganaderos que son los colonizadores de origen “colla”; entre unos y otros hay quienes detentan tierras sin títulos de propiedad ni saneamiento.

Respecto de que sólo 200 hectáreas de bosque del TIPNIS serán destruidas por el camino de la discordia, nos remitimos al estudio del PIEB que establece que con esa vía en 18 años se depredará más del 60 por ciento de esa riqueza, incluidos los animales, el agua, la biodiversidad. Y lo más importante: con la destrucción de esas riquezas será depredado el hábitat natural de los indígenas, lo que provocaría un etnocidio, es decir, la aniquilación de esos pueblos. Dirigentes de los marchistas en La Paz, como Fernando Vargas, dijeron que si eso pretenden los gobernantes deben tener el coraje de confesarlo. Algunos intelectuales bolivianos, no biólogos, creen, pero no lo dicen en voz alta, que el camino de la discordia facilitará el desarrollo y que los habitantes del TIPNIS, al tiempo de perder sus rasgos comunitarios, como la posesión colectiva sobre el territorio, se proletarizarán, lo que sería progresivo porque la existencia de pueblos indígenas es un anacronismo, agregan.

La carretera por el TIPNIS no es parte de la propuesta de caminos para integrar Sudamérica, afirma García Linera. Pero calza con IIRSA lo que basta para los que se beneficiarán con el camino: las empresas transnacionales que operan en Brasil y Chile, ganaderos, madereros, colonizadores y cocaleros. Los dos últimos se han encargado de aclarar que ese camino es una oferta electoral del Presidente, lo que la actual Presidenta del Senado y el Ministro de Gobierno en funciones han confirmado.

Las mentiras gubernamentales, las que ayuda a elaborar y difundir el Vicepresidente, hacen daño al pueblo boliviano, a los indígenas en especial.

En los avisos que difunden las televisoras, contra las que habla García Linera, refuerzan las mentiras del gobernante. Mentiras que, sensiblemente, son tomadas por ciertos públicos como información verdadera, comunicación para nuestros pueblos, opiniones responsables e interpretaciones éticas. No obstante, confrontadas con la realidad, son mentiras las que divulgan (sobre el TIPNIS) el Presidente, el Vicepresidente, ministros, funcionarios de menor rango y los voceros oficiosos, los llunk’us desvergonzados.

Cualquiera investigación, periodística o de otro tipo, que reconozca el conocimiento existente sobre el TIPNIS y que descubra un nuevo conocimiento sobre éste (por ejemplo respecto de la investigación científica que habrían hecho algunos que fungían como turistas) acabaría por sepultar las mentiras de los gobernantes y de los repetidores y facilitadores de las falsedades que sí son construcciones de una realidad inexistente.

Y si el Vicepresidente tuviera otra trama esperáramos de él una autocrítica con la que recojería sus mentiras, a las que considera certezas. Por ello, apelamos a la práctica para que se encargue de restaurar la verdad sobre el TIPNIS y sus defensores. Y es lo que ya ocurre porque las mentiras jamás duran cien años.

* Periodista editor del semanario Aquí, http://www.semanarioaqui.com