Las obras públicas de los dictadores de esta etapa pueden llegar a tener un absoluto desprecio por sus consecuencias ambientales. El dictador imaginario de García Márquez entrega a los norteamericanos el mar territorial, lo que en la novela significa que se llevan el agua con grandes exclusas y dejan la capital –antes costera- junto a un gran desierto de arena.

En 1954, el dictador cubano Fulgencio Batista proyectó construir un canal de casi 100 kilómetros de largo que atravesara la isla entre las bahías de Cárdenas y de Cochinos, en el occidente del país y permitiera a los buques de ultramar acortar distancias hacia o desde el Canal de Panamá. El Canal Vía Cuba estaba proyectado con un ancho de 40 metros y un calado de 50 pies (16 metros), lo que significa que el agua salada estaría en contacto lateral con los acuíferos que abastecen de agua a numerosas ciudades.

“Con respecto a este último proyecto, (Batista) afirmó que sería construido por empresas privadas, con un costo de 500 millones de dólares, dando trabajo a 25.000 obreros, en un período de cinco años. A pesar de que el gobierno afirmaba que el canal traería extraordinario progreso a una zona actualmente inhóspita y que el pasaje de barcos por el canal significaría un ingreso notable, las voces que surgieron criticando el proyecto indicaron la gravedad del mismo. Se enajenarían por 99 años extensas regiones del territorio nacional arruinando miles de hectáreas por la infiltración de salitre en los mantos de agua.

¿Por qué el canal de Batista era ambientalmente distinto del de Panamá? La diferencia sustancial es que el Canal de Panamá es un complejo sistema de exclusas para elevar y descender los barcos, que funciona exclusivamente con agua dulce, tomada de los ríos de las zonas que atraviesa en su camino entre ambos océanos. Tal vez no haya habido una intención ambiental en esta decisión. Es probable que sus constructores hayan encontrado más barato hacer bajar agua dulce por gravedad que subir agua salada desde el mar por bombeo. El resultado, sin embargo, es un impacto ambiental de menor envergadura.

Pero el canal en el que pensaba Batista era un gigantesco tajo que dividiría por dos el país y que se llenaría con el agua del Atlántico y del Caribe. Su impacto ambiental habría sido equivalente al de un gran proceso geológico. El descenso del agua marina hubiera salinizado irreversiblemente las napas subterráneas, que, como en toda zona húmeda, se encuentran a poca distancia de la superficie. Esto no sólo anularía las reservas de agua dulce de una muy extensa zona del país, sino que también provocaría daños irreversibles en los suelos, que perderían su aptitud productiva.

Se generaron intensas protestas, encabezadas por los profesores de la Universidad de La Habana. El rechazo al canal de Batista fue uno de los primeros movimientos sociales exitosos de América Latina que expresó reivindicaciones claramente ambientales. (Ver: Latendorf, Abel Alexis: “Nuestra América difícil”, Buenos Aires, Editorial S.A.G.A. 1957)Aún en la actualidad algunos disidentes cubanos elogian este proyecto irracional.

* Tomado de “Historia Ecológica de Iberoamérica”. Fuente:http://www.ambienteacademico.com.ar