(Prensa Latina).- La nadadora argentina Jeanette Campbell inscribió su nombre en el deporte latinoamericano al convertirse en la primera medallista de la región en los Juegos Olímpicos de 1936. Latinoamérica y el Caribe lograron en Atenas 2004 un total de 22 preseas de oro, 14 plateadas y 28 bronceadas; en Beijing 2008 lograron su segunda mejor actuación en la historia olímpica al conquistar 17 medallas doradas, 25 de plata y 29 de bronce.

(Martin Hacthoun).- Los deportistas de Latinoamérica y el Caribe encararán en los Juegos Olímpicos de Londres 2012 otro gran desafío: superar el legado que dejaron en Beijing-2008 o, al menos, alcanzar el récord histórico de Atenas-2004. Sin el aporte en oro de Cuba, como venía siendo habitual a partir de Munich-1972, Latinoamérica y el Caribe escenificaron en la capital china su segunda mejor actuación en la historia olímpica al conquistar 17 medallas doradas, 25 de plata y 29 de bronce para-un total de 71.

En Atenas 2004 la cosecha fue aún mejor pues los deportistas de estas dos regiones hermanas echaron en las forjas 22 preseas de oro, 14 plateadas y 28 bronceadas para totalizar 64. Pero en esa ocasión, los cubanos contribuyeron 11 títulos, la mitad, por tan solo dos en Beijing.

En los Juegos de 2008, por primera vez América Latina y el Caribe inscribieron en el medallero a 13 de sus naciones y por segunda ocasión siete de ellas alcanzaron trofeos áureos. Jamaica resultó la más ganadora de lauros con seis, en especial por la potencia de sus corredores con destaque dorado para el fabuloso Usain Bolt. Sus esprínters triunfaron en las pruebas femeninas y masculinas de los 100 y 200 metros, así como en el relevo varonil.

Bolt implantó récords olímpicos y mundiales en el hectómetro, los 200m y en la posta 4×100. Para completar esa histórica faena, Melaine Walker conquistó la corona en los 400m con vallas. Con sus seis oros Jamaica terminó tercera en atletismo. Brasil con tres de oro y Cuba con dos, al igual que Argentina y México, secundaron al admirable líder caribeño. Si bien Jamaica obtuvo el 35 por ciento de los pergaminos de primer lugar, Cuba obtuvo 24 medallas (2-11-11) de las 71 de Latinoamérica y el Caribe.

El cubano Dayron Robles brilló en Beijing-2008 donde continuó una estela de triunfo inédita para un humano al ganar por quinta ocasión consecutiva los 110m con vallas con menos de 13 segundos. Tal proeza la repitió dos veces más ese año. Otra notable actuación fue la del saltador de longitud Irving Saladino quien conquistó para Panamá la primera medalla áurea en su historia olímpica. El otro oro latinoamericano en Beijing 2008 se lo colgó al cuello el boxeador dominicano Félix Díaz (69kg).

El veloz Bolt volverá a la pista olímpica en Londres 2012 donde le espera duro desafío frente a su compatriota Blake, quien lo venció recientemente. Saladino que por estos días se prepara en Holanda y el vallista Robles viajarán también a Londres. La gran incógnita es si Cuba vuelve a encabezar la representación latino-caribeña en la cita londinense; al menos cifra esperanzas de subir a lo más alto del podio en atletismo, boxeo, judo, lucha y taekwondo entre los 15 deportes en que intervendrán sus deportistas.

En cuestión de pronóstico, el portal deportivo Juegosenlondres2012.Com puso a consideración de sus lectores una encuesta sobre cuál país estiman ganará más medallas en los cercanos Juegos. Hasta el 11 de julio, el 25,5% de las respuestas daban a Brasil como el máximo ganador; el 19,6%, a Cuba; el 19%, a Argentina, y después se ubicaban Colombia (12,1%), México (8,8%) y Venezuela (6,5%).

Latinoamérica y el Caribe en Juegos Olímpicos

Países Países/Meda. Con/Oro Oro Plata Bronce Total

Atenas-2004 12 7 22 14 28 64.

Beijing-2008 13 7 17 25 29 71.

Barcelona-1992 9 2 16 12 16 44.

Atlanta-1996 10 5 15 17 24 56.

Sydney-2000 12 4 14 28 28 70.

Moscú-1980 6 2 10 9 14 33.

Montreal-1976 8 4 9 6 8 23.

Londres-1948 10 4 7 9 8 24.

México-1968 6 2 4 9 7 20.

Helsinki-1952 8 3 4 8 9 21.

Am sterdam-1928 4 2 4 5 1 10.

San Luis-1904 1 1 4 2 3 9.

Los Ángeles-1984 8 2 3 12 10 25.

Munich-1972 6 1 3 4 9 16.

L. Angeles-1932 3 1 3 3 1 7.

París-1924 3 2 2 3 3 8.

Melbourne-1956 6 2 2 3 6 11.

Berlín-1936 2 1 2 2 6 10.

Seúl-1988 10 1 1 10 7 18.

Tokío-1964 7 1 1 3 5 9.

París-1900 2 1 1 1 1 3.

Amberes-1920 1 1 1 1 1 3.

Roma-1960 5 0 0 1 7 8.

Estocolmo-1912 0 0 0 0 0 0.

Londres-1908 0 0 0 0 0 0.

Atenas-1896 0 0 0 0 0 0.

Totales 145 187 231 563.

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Jeanette Campbell: primera medallista olímpica latinoamericana

(Adrián Mengana Martínez).- El 10 de agosto de 1936, la nadadora argentina Jeanette Campbell inscribió su nombre en el deporte latinoamericano, al convertirse en la primera medallista de la región en Juegos Olímpicos. Campbell, elegida unánimemente la reina de belleza en la cita estival de Berlín, conquistó la presea de plata de los 100 metros libres, con tiempo de 1.06.4 minutos, solo aventajada por la holandesa Hendrika “Rie” Mastenbroeck (1.06.9).

Ese día frente al cubo de partida, la suramericana, ganadora de la ronda preliminar y semifinal, trató de dominar sus nervios y escuchó de lejos la voz de su entrenador Juan Carlos Borras en la piscina Reichsportfeld. La albiceleste reaccionó tarde y entró séptima al agua; sin embargo, con su excelente preparación y estilo pasó al tercer lugar a la altura de los 25 metros y dio la vuelta en el primer lugar, junto a la alemana Gisela Arendt.

Luego aventajó a la germana para enfrentar la recta final, pero Mastenbroeck inició un poderoso ataque y le empezó a dar batalla. La argentina luchó y conservó la punta hasta los 85 metros. La ondina suramericana se entregó brazada a brazada ante Mastenbroeck, que en los últimos cinco metros aprovechó su enorme fuerza y resistencia física para sacarle una pequeña diferencia de cinco centésimas.

Ante un público que aplaudió de pie, la europea ganó el título y la argentina la plata, para ganarse por derecho propio un lugar predominante en el deporte de América Latina y el Caribe. La bella nadadora nació el 8 de marzo de 1916 en la ciudad de Bayona, al sur de Francia, durante un viaje de sus padres a Europa.

Con solo seis años dio sus primeras brazadas en el Belgrado Athletic Club de Buenos Aires, inspirada por su hermana mayor Dorothy, quien se entrenaba en la instalación y llegó a ser campeona nacional. Gracias a su gran amor a la disciplina y enorme talento, Campbell conquistó en 1932, con tan sólo 16 años, el título en el Campeonato argentino, donde implantó un récord nacional.

Su primer resultado de relevancia lo rubricó en 1935, en el Suramericano de Río de Janeiro, donde ganó tres títulos, con tres primados nacionales e igual número para el área, actuación que le permitió integrar la delegación argentina a la Olimpiada de Berlín-1936. La ondina se convirtió así en la primera mujer argentina en integrar una delegación al evento cumbre del deporte mundial y la única que formó parte del equipo de su nación.

En Berlín, Campbell debutó por todo lo alto: ganó la ronda eliminatoria con tiempo de 1.06.08 minutos (récord para su nación) y superó a Arendt, la campeona alemana. El segundo escollo lo tuvo en las semifinales ante la holandesa Willie den Ouden, recordista mundial y máxima candidata al oro en la cita estival, más la argentina nadó con facilidad los primeros 75 metros y remató en los 25 finales, para doblegar a la europea, con una marca nacional y suramericana de 1.06.06 minutos.

Un día después enfrentó el reto de la final, con espíritu de victoria y su depurada técnica, para ganar la presea de plata e inscribir con letras doradas su nombre en el firmamento olímpico y del deporte latinoamericano. Luego de seducir a la afición alemana con su humildad y gracia, Campbell conquistó dos preseas de oro y una plateada en el Campeonato Suramericano de Montevideo 1937, donde sufre la tercera y última derrota de su carrera deportiva, a la cual puso fin en 1941.

En el brillante palmarés de Campbell figuraron 12 títulos suramericanos y 13 argentinos, además de 12 récords para la región y más de 20 nacionales. Convertida en un ídolo del deporte argentino, la excelente deportista tuvo el honor de ser la abanderada de la delegación de su país a los Juegos Olímpicos de Tokio-1964 y en 1991 fue exaltada al Salón de la Fama de la Natación. Campbell falleció el 16 de enero de 2003 en Buenos Aires, rodeada del respeto y admiración del pueblo argentino, conocedor de sus proezas deportivas y enorme sencillez.

Morochito Rodríguez, gloria vinotinto en México-68

Pregunten a cualquier venezolano por su historia olímpica y se encontrarán con el nombre de Francisco “Morochito” Rodríguez, humilde boxeador nacido en Cumaná. Morochito, segundo de 14 hermanos, siempre supo lo que era luchar: tuvo que vender pescado desde muy pequeño para ayudar a su familia a subsistir.

Cinco años más joven que Carlos “Morocho” Hernández, uno de los boxeadores profesionales más ilustres de su país, a Francisco se le pegó el diminutivo como apodo, también atendiendo a su físico. Analfabeto hasta la adolescencia, el pugilista ganó fama como peleador amateur: en 1967 ganó el oro en la división de 48 kilogramos durante los Juegos Panamericanos -algo que repetiría cuatro años más tarde- y llegó a acumular un récord de 266 victorias y apenas cuatro derrotas en su carrera.

Pero fue en 1968 cuando con 23 años dejó su marca indeleble para el resto del mundo. Tras eliminar al estadounidense Harlan Marbley, derrotó al surcoreano Yong-Ju Jee en la final de la categoría minimosca y ganó la única medalla dorada de Venezuela en toda la historia, no sin antes esforzarse para hacer el peso, pues estuvo pasado horas antes del combate crucial.

El púgil suramericano debió reponerse también a la fractura de su pulgar en ese tope por el oro contra Jee, en el último asalto, precisamente el más importante porque los dos anteriores habían sido parejos, pero la felicidad por el logro alcanzado finalmente por votación dividida 3-2 hizo olvidar todo lo demás. Tras ese logro firmó un contrato profesional, como es costumbre en esa disciplina, y más aún para alguien de origen humilde, pero antes fue a ver una pelea con su madre, Olga Margarita Rodríguez, pues nunca utilizó el apellido Brito del padre.

En medio del combate uno de los contendientes recibió un golpe y unas gotas de sangre cayeron sobre el regazo de Olga, quien le pidió a su hijo cancelar el contrato, por lo cual Morochito siguió en las filas del amateurismo y nunca se convirtió en boxeador profesional. Años después el cumanense fue exaltado merecidamente al Salón de la Fama del Deporte Venezolano y ha recibido numerosos homenajes, dentro y fuera de su país, donde en su honor se celebran desde 2009 los Juegos Nacionales de las Glorias Deportivas, Copa Francisco “Morochito” Rodríguez.

Felipe “El Tibio” Muñoz, medalla del coraje

(Manuel Guerrero).- México exhibe en sus vitrinas 12 medallas de oro olímpicas, pero ninguna tiene el brillo que la del nadador Felipe “El Tibio” Muñoz, quien mediante un intenso trabajo llegó a la cima, pese a numerosos obstáculos que encontró en su ascenso a la gloria. Una concurrencia de 10 mil personas, que abarrotó el complejo “Francisco Márquez”, de Ciudad de México, vibró de emoción la noche del 22 de octubre de 1968 cuando Muñoz venció en 200 metros de pecho a los mejores tritones del mundo, convirtiéndose en el único en la historia de su país ganador en ese deporte.

Muñoz, de apenas 17 años, llegó a la final con el mejor registro en las eliminatorias, pero la presencia de los soviéticos Vladimir Kossinski y Nicolai Pankin, recordistas mundiales en 100 y 200 metros en esa modalidad, reducía sus posibilidades. También se lanzarían a la piscina los estadounidenses Brian Job y Phillips Longs, el soviético Evgueni Mijailov, el japonés Osamu Tsurumine y Egon Henninger, de la entonces República Democrática Alemana.

“El Tibio”, alentado por miles de voces de sus compatriotas, iba en cuarto lugar en la mitad del recorrido, pero a partir de los 175 metros se enfrascó en dura lucha con Kossinski y llegó primero, con registro de dos minutos, 28 segundos y siete décimas. La presea dorada significó la tercera de México en Juegos Olímpicos de verano, precedido por el jinete Humberto Mariles (Londres-1948) y el clavadista Joaquín Casilla (Melbourne-1956), además de la segunda en natación para un latinoamericano, detrás del argentino Alberto Zorrilla (Los Angeles-1932). Esa fue el primer metal dorado que Muñoz logró en competencias importantes; tres años después consiguió plata en su especialidad y bronce en estilo combinado en los Juegos Panamericanos de Cali, Colombia.

En los Juegos Olímpicos de 1972 finalizó en quinto lugar y dos años más tarde obtuvo las preseas de oro en 100 y 200 metros pecho, y una de plata en relevo combinado en Juegos Centroamericanos de Santo Domingo, República Dominicana. Al explicar su retiro dijo que no quiso hacerlo en 1972 porque él nadaba y competía por gusto Y ya había vivido el triunfo, ese momento de gloria que marca una vida. En 1968 me di cuenta de que el deporte me serviría para forjar mi carácter; que la disciplina a que me obligaba sería, después, primordial en mi desarrollo. Así que quise retirarme como un ganador, Por eso esperé, agregó.

La carrera de quien se convirtió en el mejor nadador en la historia de su país comenzó cuando, con 12 años, entró por primera en la piscina de 18 metros de largo del club Vanguardia, de la capital mexicana, por pura diversión, pues practicaba otros deportes. Con 15 años compitió en un torneo para integrar el equipo del Distrito Federal que competiría en Estados Unidos, pero a pesar de clasificar fue eliminado en forma arbitraria por el presidente de la Confederación Deportiva Mexicana, José García Cervantes, molesto por las protestas de Muñoz por la temperatura del agua.

Como, según una versión, el muchacho alegaba algunas veces que el líquido estaba demasiado caliente, los bromistas lo apoderaron “El Tibio”, apelativo por el cual se le llamó desde entonces. Sin embargo, otros historiadores atribuyen el apodo al hecho de que los padres de Muñoz nacieron en el municipio de Río Frío y la ciudad de Aguascalientes. Muñoz con 61 años cumplidos, es miembro del Salón Internacional de la Fama de Natación y ostenta la Orden Olímpica otorgada por el COI. En 1996 encabezó la delegación de su país a los Juegos Olímpicos de Atlanta y desde el 2000 al 2005 presidió el Comité Olímpico mexicano.

Hasely Crawford: héroe olímpico de Trinidad y Tobago

(Julio César Mejías Cárdenas).- Final olímpica de los 100 metros planos para hombres en Montreal, año 1976: ocho corredores en sus bloques de arrancada, pero tres centran la atención: el estadounidense Steve Riddick, el soviético Valeri Borzov y el jamaicano Donald Quarrie. Pocos brindan favoritismo al más esbelto (1,93 metros), el trinitario Hasely Crawford, incluso precedido en los pronósticos por el italiano Pietro Mennea y por los dos grandes ausentes de la final: el cubano Silvio Leonard y el estadounidense Steve Williams, ambos lesionados.

Riddick había llegado a la cita estival con la mejor marca de esa temporada (10,05 segundos), secundado por Williams (10,08), Quarrie y Borzov (ambos con 10,16) y este último avalado además con su condición de doble campeón olímpico (100-200 m) en la edición anterior de Munich-1972. Leonard le había vencido un año atrás en la final de los Juegos Panamericanos acogidos por la capital mexicana, pero se lesionó apenas iniciadas las competencias en la urbe canadiense.

Mennea, uno de los mejores especialistas en 200 m -bronce olímpico cuatro años antes en Municha– también se presentó con una marca mejor que el ídolo caribeño (10,20 por 10,21). Quarrie, mucho más bajo de estatura que Crawford, tomó la delantera tras una impresionante arrancada, que dejó prácticamente sin opciones a Riddick y al veterano Borzov.

Sin embargo, pasados los 50 metros, la delirante afición se entusiasmó con el fuerte alerón del trinitario, quien desde ese instante no sólo sobresalió por su evidente mayor estatura sobre sus rivales -sólo Borzov se le acercaba-, sino por el contundente remate final que le dejó con el oro y tiempo de 10,06. Crawford olvidó entonces el percance de Munich-1972 cuando se lesionó en la final apenas dejar el bloque de arrancada y confío ahora en su habitual potencia entre los 60 y 90 metros de carrera para desbancar al jamaicano (segundo con 10,08).

Tampoco cometió deslices como los que le privaron del oro panamericano un año antes ante el cubano Leonard en la capital mexicana. Fue esta, por cierto, la segunda final olímpica del hectómetro en que Estados Unidos quedaba fuera del podio -el bronce se lo agenció Borzov (10,14)-, pues antes ocurrió en Amsterdam-1928 cuando las preseas quedaron en manos del canadiense Percy Williams, el británico Jack London y el alemán Georg Lammers.

El triunfo de Crawford constituye hasta el momento el único oro olímpico conseguido por Trinidad y Tobago, nación conformada por esas dos islas principales y varios islotes, en su mayoría deshabitados, ubicadas todas al norte de la desembocadura del río Orinoco, en la costa septentrional de Sudamérica. Antes de su hazaña, en Tokio-1964, Wendell Mottley (plata en 400 m) y Edwin Roberts (bronce en 200 m), además del relevo 4×400 que ambos integraron ganador de bronce, habían protagonizado la actuación más descollante para ese archipiélago caribeño en Juegos Olímpicos.

Crawford, nacido el 16 de agosto de 1950 en San Fernando, segunda ciudad más importante del país -precedida por la capital Puerto España-, debutó internacionalmente en lides de alto nivel con un quinto lugar en los Juegos Centroamericanos y del Caribe de Panamá-1970. Ese propio año ganó su primera medalla en competencias de elevado rango: bronce en los Juegos de la Mancomunidad Británica, efectuados en Edimburgo, la capital escocesa. En Montreal-1976 también avanzó a la final de los 200 metros, en la cual un tirón muscular apenas le dejó llegar último a la meta.

Realmente el doble hectómetro no era su fuerte, pues su potencia disminuía considerablemente más allá de los 120-150 m carrera, ni tampoco logró armonizar con la veleidosa curva inicial de dicho evento, hecho a la medida, por ejemplo, para su contemporáneo el italiano Mennea, bronce olímpico en Munich-1972, campeón en Moscú-1980, bronce en el Mundial de Helsinki-1983 y recordista mundial (19,72 segundos) entre 1978 y 1996.

Después de coronarse en Montreal, Crawford volvió a destacar en 1978 con otras dos medallas en los Juegos de la Mancomunidad Británica: bronce en 100 m -precedido por el propio Quarrie y el inglés Allan Wells, dos años después campeón olímpico en Moscú-, y plata en el relevo 4×100. Su última presea en la alta competición fue el oro conquistado como integrante de esta última prueba en los Juegos Centroamericanos y del Caribe de La Habana 1982.

Ni en los Panamericanos de San Juan-1979 ni en los Juegos Olímpicos de Moscú-1980 y Los Angeles-1984 logró avanzar siquiera a semifinales. Luego de su victoria olímpica fue premiado con la Cruz Trinitaria y en la actualidad el estadio más importante del país lleva su nombre. Tras su éxito, apenas surgieron otros velocistas de su talento en la nación caribeña, hasta la aparición de Ato Boldon, quien nuevamente ubicó a Trinidad y Tobago en el medallero olímpico con sendas preseas de bronce en 100 y 200 m en la cita de Atlanta-1996.

Si bien no logró erigirse campeón como Crawford, Boldon se consagró como el máximo medallista olímpico trinitario al conquistar plata (100) y bronce (200) en Sydney-2000. En Atenas 2004 el nadador George Bovell (bronce en 200 m estilos) mantuvo al país caribeño entre los ganadores de preseas, mientras en Beijing-2008 otra vez los velocistas sumaron par de preseas, ambas plateadas: Richard Thompson en los 100 m y la cuarteta del relevo corto (Keston Bledman-Marc Burns-Enmanuel Callender y el propio Thompson).

Para la inmediata fiesta olímpica en Londres, serán esos propios velocistas, así como Kelly-Ann Baptiste en el hectómetro para damas, los principales aspirantes a preseas en la pequeña delegación de esta nación del Caribe.

María Caridad Colón, reina de América

(Lemay Padrón Oliveros).- El 25 de julio de 1980 es el día más importante en la trayectoria deportiva de María Caridad Colón, porque ese día entró en la historia del deporte mundial al convertirse en la primera mujer de Iberoamérica en coronarse en unos Juegos Olímpicos. Con apenas 22 años muchos se sorprenden cuando en lo más alto del podio se coloca esta esbelta mulata, que enloqueció a medio mundo con sus encantos físicos, más allá de sus innatas dotes para el lanzamiento de la jabalina.

Pese a llegar con el trono panamericano de San Juan-1979, una persistente lesión en su espalda pretendió interponerse en su mayor sueño. No obstante, la Colón sigue al pie de la letra las indicaciones de los médicos: ¡Suéltalo todo en el primer intento!, le aconsejaron. Y así mismo fue, en el estadio Lenin de Moscú, sede del atletismo de los Juegos Olímpicos, la chica color chocolate claro tomó impulso y le puso todo el amor del mundo, toda la pasión y todo el sacrificio de años de entrenamiento en un solo disparo.

Varios segundos duró la espera, pero al final los jueces decretaron: 68.40 metros, nueva cota estival. La marca era tan respetable que ninguna de las restantes finalistas, incluidas la alemana democrática Ruth Fuchs, titular de Munich-1972 y Montreal-1976, y la soviética Tatiana Biryulina, vigente recordista del orbe, pudieron sobreponerse al golpe de efecto.

Llegó el último intento de sus contrarias y la cubana no pudo frenar su alegría: saltos, lágrimas y muchas sonrisas llenaron el principal escenario deportivo de esos Juegos. Por primera vez una mujer de Iberoamérica subía a lo más alto del podio en ese tipo de lides, coincidentemente en el llamado Año Internacional de la Mujer. Durante la conferencia de prensa no olvida la fecha en la cual consiguió su coronación: vísperas del 26 de julio, una fecha histórica para Cuba, cuando el asalto al cuartel Moncada marcó el inicio de la lucha armada que concluiría con el triunfo de la Revolución.

El ejemplo de la Colón no se quedó en sus hazañas personales, sino que sirvió de acicate para otra grande de la disciplina, Osleidis Menéndez, quien repitió su hito en Atenas-2004 y le agregó el perfume de un récord mundial. Para más coincidencia, Menéndez, la otra doble monarca panamericana junto a la chilena Marlene Ahrens, también obtuvo su corona estival con su primer envío. Cosas que tiene la vida.

Solamente tres jabalinistas han podido ganar más de una vez en Juegos Panamericanos, y una de ellas es la cubana Colón, quien tuvo la posibilidad de alcanzar hasta cuatro medallas en este tipo de lides. Su primer gran triunfo llega en los Juegos Centroamericanos y del Caribe de Medellín-1978, cuando rompe el récord del área con un registro de 63 metros y 40 centímetros. Hasta ese momento había logrado en par de ocasiones la mejor marca mundial juvenil.

Un año después, durante los Juegos Panamericanos de San Juan, Puerto Rico, también hizo trizas la supremacía continental con un envío de 62.30 metros, con el cual se llevó la medalla de oro tras sacarle casi seis metros de ventaja a la ocupante del segundo puesto. Sus siguientes Panamericanos, los de Caracas-1983, los enfrentó luego de haberse convertido en madre, y allí envió el dardo hasta los 63.76 centímetros, suficientes para desplazar a su compatriota Mayra Vila (63.32) y a la anfitriona Marieta Riera (53.60).

Cuatro años más tarde mereció la presea de plata en Indianápolis-1987, al concluir con disparo de 61.66, por detrás de su colega Ivonne Leal, quien consiguió 63.70. Quiso despedirse ante su afición en los Juegos de La Habana-1991 y tenía marcas como para incluirse en el equipo, pero los responsables de la elección no la escogieron, en lo que considera el momento más duro de su carrera. Tras su retiro del deporte activo, María Caridad Colón impartió clases en el Instituto Superior de Cultura Física Comandante Manuel Fajardo de la capital cubana, y actualmente se desempeña como funcionaria del Instituto Cubano de Deportes, en el área de Recreación.

Jefferson Pérez, primer y único titular olímpico de Ecuador

(Reinaldo Wossaert Silva).- Cien años y veintiocho ediciones de citas estivales necesitó la República del Ecuador para conquistar una medalla de oro en esas lides, honor que hoy privilegia al hijo de la ciudad de Cuenca, Jefferson Leonardo Pérez Quezada. El 25 de julio de 1996, Pérez Quezada aconsejó a uno de sus hermanos no gastar dinero por gusto comprando una medalla de imitación.

“Mira esas hermosas medallas. Son imitaciones de las que se entregan a los deportistas. Parecen verdaderas. Voy a comprar una para llevármela”, le dijo su hermano Fausto. Jefferson respondió: No hermano, no gastes el dinero en vano. Yo voy a ganar una mañana y ojalá sea de oro. Y así fue.

Llegó a la ciudad estadounidense de Atlanta, sede de la justa cuatrienal con un palmarés en el cual sobresalían el primer lugar en el Mundial juvenil de Surcorea-1992 y el bronce en la misma especialidad y categoría en Bulgaria-1990. A sus 22 años el andarín ecuatoriano no creyó en la jerarquía de los marchistas europeos o mexicanos ni en las condiciones climáticas imperantes para, ante todo pronóstico, conquistar el anhelado triunfo.

Pérez se mantuvo todo el tiempo entre los principales animadores de la lid, guardó fuerzas y a poco del final atacó para llevarse el triunfo con tiempo de una hora, 20 minutos y siete segundos, nueve por delante del favorito ruso Ilya Markov, y 16 el experimentado mexicano Bernardo Segura. Su triunfo elevó al humilde hombre al olimpo de los dioses, a ser considerado el más grande deportista de su país en todos los tiempos y al Gobierno ecuatoriano a declarar el 26 de julio, el día del Deporte en Ecuador.

Excelentes marchistas coparon titulares periodísticos en los últimos 30 años luego de sus triunfos en Juegos Olímpicos, Panamericanos o Campeonatos Mundiales, pero ninguno como el ecuatoriano Jefferson Pérez. Todos fueron considerados monstruos de la especialidad (20 ó 50 kilómetros) en uno u otro momento; sin embargo, entre todos ellos deslumbró el suramericano.

El 11 Campeonato Mundial de Osaka, Japón-2005 dio a los aficionados a esta disciplina una oportunidad más -por cierto, la última en esas lides- de admirar el exitoso desenvolvimiento del caminante ecuatoriano. Allí Pérez consiguió encumbrarse por tercera vez consecutiva como el mejor del mundo en los 20 kilómetros.

La hazaña lo convirtió para muchos, en el mejor de todos los tiempos en esa distancia, pues el polaco Robert Korzcniowski alcanzó tres coronas universales en los 50 km, pero no lo pudo conseguir al hilo. Dueño del primado universal en la especialidad con tiempo de una hora, 17 minutos y 21 segundos, conseguido en la justa orbital de París-2003, Pérez se impuso también en Helsinki-2005. Mientras el polaco dominó en las ediciones de Atenas-1997, Edmonton-2001 y dos años después en París.

Pérez, que también se llevó la plata en Sevilla-1999, se incluyó en el selecto grupo de 25 atletas con al menos tres preseas doradas en Campeonatos Mundiales. La mayor cantidad de títulos la atesora el legendario velocista estadounidense Michael Johnson, con nueve oros en 200, 400 y 4×400 metros, mientras su compatriota Carl Lewis -El hijo del viento- acumuló ocho en 100, 200, 4×400 metros y el salto de longitud. Entre los cubanos sobresale Iván Pedroso, quien se coronó en cuatro oportunidades en salto largo.

Jefferson Pérez nació en la ciudad ecuatoriana de Cuenca, el 1 de julio de 1974 y conquistó su primer gran éxito en el Mundial Juvenil de Atletismo celebrado en Plovdiv, Bulgaria, en 1990, en el cual conquistó la medalla de bronce. Por su ejemplo de tesón, entrega, humildad y sacrificio y, sobre todo, por el fructífero expediente deportivo, Jefferson Pérez Quesada es considerado un ícono en la historia del deporte ecuatoriano.

Filiberto Azcuy: 12 años de una proeza

(Julio César Mejías Cárdenas).- Los aficionados cubanos al deporte de la lucha recuerdan por estos días la segunda corona olímpica del gladiador Filiberto Azcuy, oriundo de la centro-oriental provincia de Camagüey, quien en Sydney-2000 revalidó su cetro en el estilo grecorromano. El triunfo en la urbe australiana revistió un mérito mayor, pues contrario a historias anteriores en bicampeones de deportes de combate, el antillano bajó a una división de menos peso (69 kg) en pocos meses —en Atlanta-1996 triunfó en 74, debido a cambios introducidos por la Federación Internacional de Luchas Asociadas (FILA).

Su actuación en la capital de Nueva Gales del Sur devino consagración, pues solo dos de sus rivales -un rumano en el primer combate y un sudcoreano (Sang Pil Song, campeón mundial del año anterior) en cuartos de final-, lograron marcarle puntos técnicos. Su trayectoria sobre los colchones la inició cuando apenas tenía ocho años de edad en su natal Esmeralda, localidad situada próxima a la costa norte, a unos 550 kilómetros al este de la capital cubana.

El bicampeón olímpico confiesa que desde pequeño fue bien travieso, incluso sus padres aseguran que a los siete meses de nacido comenzó a caminar y ya nadie lo pudo detener: el deporte sirvió entonces desde temprano para derrochar su caudal de energías. Practicó el tenis y el voleibol, pero fue la lucha la que realmente se le metió “dentro del cuerpo”, según asegura el propio Azcuy.

Primero fue en el estilo libre, bajo las órdenes del profesor Elmer Palacios, pero rápidamente cambió hacia el grecorromano pues le atrajo más y entonces Santiago Morales debió encargarse de forjar las cimientes de un futuro campeón. Tras un fructífero paso por las Juegos Nacionales Escolares, rápidamente fue captado para los equipos nacionales juveniles con apenas 14 años.

En 1993 obtiene su primer título nacional entre mayores y a partir de ahí eslabonaría una cadena de más una década como el mejor cubano no sólo en su peso, sino en ese deporte en general. En 1995 tres sucesos sellarían su carrera en los colchones internacionales: destronó a Néstor Almanza -monarca mundial en 1993 y cuarto lugar olímpico en Barcelona 1992-, como titular cubano de la división de los 74 kilogramos, obtuvo bronce en el campeonato mundial y conquistó el cetro en los Juegos Panamericanos de Mar del Plata-1995, antesala de su primer oro olímpico en Atlanta-1996.

Luego de la hazaña estival en la capital de Nueva Gales del Sur, Azcuy se propuso alcanzar el único lauro dorado que le faltaba en su trayectoria: el oro en un campeonato mundial, hecho que materializó en 2001, luego que le había sido esquivo en cuatro ediciones del orbe (plata en 1998 y bronce en 1995, 1997 y 2002). En Santo Domingo-2003 recuperó la cima en Juegos Panamericanos, luego de quedar en plata en Winnipeg-1999.

Tal cúmulo de éxitos asombra, en particular por su secuencia, pues como se podrá apreciar este luchador cubano no tuvo año bye. ¿Fórmula secreta? Para nada, sólo entrenamiento diario, fuerte, serio, hasta caer rendido por el cansancio, según confirmaron sus entrenadores y el propio atleta. Azcuy arribó en agosto de 2004 a la capital griega con la voluntad de ganar una tercera presea en citas estivales, pero ni con el mayor coraje derrochado antes por luchador alguno pudo encontrar la forma óptima, tras ser sometido a dos intervenciones quirúrgicas a finales de 2003.

Fueron precisamente las severas lesiones sufridas, el principal rival y causa directa de poner fin a su carrera poco antes de cumplir los 32 años. Tales méritos avalaron, sin dudas, la propuesta de la Federación Cubana de lucha para que Azcuy fuera integrado al Salón Internacional de la Fama, hecho que se concretó en 2006, cuando la FILA hizo el anuncio oficial en una ceremonia realizada en el Centro Deportivo Tianhe, de la ciudad china de Guangzhou, sede en ese momento de un campeonato del orbe.

El ídolo de Esmeralda se convirtió en el primer luchador latinoamericano que ingresó en dicho Salón, inaugurado en 1912 y con sede actual en la ciudad estadounidense de Stillwater. Este reconocimiento es el más alto galardón que otorga la FILA, cuya placa con la inscripción de su nombre le fue entregada durante el torneo de lucha de los Juegos Panamericanos de Río de Janeiro-2007. Según fuentes de la FILA, el excepcional atleta mereció el premio por su brillante trayectoria, ejemplar comportamiento y caballerosidad, tanto dentro como fuera del colchón.

El nacimiento de Las Leonas argentinas Sydney-20000

El hockey femenino de Argentina había sido séptimo en los Juegos Olímpicos de Atlanta-1996 y había quedado cuarto en el Mundial anterior a Sydney-2000. Sin embargo, ese año un grupo de apellidos marcaría la siguiente década en este deporte y se quedaría con una medalla plateada.

El preparador Sergio Vigil dirigió a Luciana Aymar, María Magdalena Aicega, María Cecilia Rognoni, Mariela Andrea Antoniska, Paula Karina Masotta, Ayelén Stepnik, Vanina Oneto, Jorgelina Rimoldi, María Mercedes Margalot, Sole García… Después de una ronda de clasificación complicada, las chicas se juntaron, diseñaron un logotipo que las identificara y se autodenominaron “Las Leonas”, un mote que se les pegó para siempre.

En el último juego de la segunda ronda, obligadas a ganar, golearon 7-1 a Nueva Zelanda y -entre gritos que llevaban la cuenta regresiva para el final del match- se aseguraron un lugar en la final olímpica. Perdieron la definición y se quedaron con la plata, pero ellas lo festejaron como una victoria.

Es que fue la fundación de algo grande: desde entonces el seleccionado albiceleste nunca bajó del podio en un Mundial o en unos Juegos. Se llevaron los oros en las Copas del Mundo de Perth-2002 y Rosario-2010, en los Trofeos de Campeones de Mönchengladbach-2008, Sydney-2009, Nottingham-2010 y Rosario-2012, y los Panamericanos de Santo Domingo -2003 y Río de Janeiro-2007, además de los bronces estivales en Atenas-2004 y Beijing-2008.

Otras hockeístas se sumaron a la tradición y fueron protagonistas en estos últimos triunfos, como Rosario Luchetti, Carla Rebecchi, Noel Barrionuevo y Delfina Merino, entre otras. Por si esto fuera poco, Aymar ha sido reconocida varias veces como la mejor jugadora del mundo.

Beijing 2008, la explosión del Relámpago Bolt

(Charly Morales Valido).- Como escribiera el poeta cubano Wichy Nogueras, China tiene sus arcanos, sus secretos, sus murallas infranqueables, y desde los Juegos Olímpicos de 2008, tiene al gran Usain Bolt. Porque el Relámpago del Caribe electrizó al Nido de Pájaro de la capital china con su potencia, carisma y alarde, y solo las ocho coronas del estadounidense Michael Phelps le hicieron cierta sombra.

Sede fuertemente promovida en vida por Juan Antonio Samaranch en sus últimos años al frente del Comité Olímpico Internacional, China aprovechó para mostrarle al mundo su rostro más moderno. Porque además de Beijing, otras ciudades chinas acogieron varios deportes, como Qinhuangdao, Tianjin, Shenyang y Shanghái, sedes del torneo de fútbol ganado por una Argentina imbatible con Leo Messi.

Del 8 al 24 de agosto, 10.902 deportistas de 28 disciplinas y 204 países disputaron unos Juegos Olímpicos que muchos consideran los mejores de la historia, o al menos los más caros. Según estimados oficiales, Beijing-2008 costó tres veces más que Atenas-2004, unos 44 mil millones de dólares invertidos mayormente en instalaciones vanguardistas que ahora apenas son usadas.

Como sea, Beijing y su renombre imperial sirvieron de escenario ideal para que Bolt irrumpiera como nuevo rey de la velocidad y mostrara un adelanto del pasmoso récord que hizo dos años después. Pocas veces se había visto a alguien imponerse con tan aparente facilidad y disfrutarlo luego en un alarde que a nadie irritaba, porque Bolt irradia simpatía incluso cuando apabulla a todos.

Con sus triunfos en 100, 200 y relevo 4×100 metros, Bolt se unió a los estadounidenses Jesse Owens (1936), Bobby Morrow (1956) y Carl Lewis (1984) como los únicos en ganar el triplete en velocidad. Al segundo día del torneo bajó a 9.69 segundos su récord mundial del hectómetro, y luego ganó la final de 200 metros en 19.30 segundos para romper el récord de Michael Johnson en Atlanta-1996.