Ciudad del Vaticano (La Stampa).- La Santa Sede quitó a la Pontificia Universidad Católica del Perú (PUCP) sus títulos de “pontificia” y “católica”. Se trata de una decisión sin precedentes, comunicada al rector Marcial Rubio a través de una carta y un decreto el sábado 21 de julio.

La Sede Apostólica desconoció la actual estructura universitaria, simple y sencillamente porque no responde a su misión original. Esta inédita situación es resultado de un antiguo contencioso que ha durado más de 40 años. Ha pasado mucho tiempo desde que el ex rector y sacerdote jesuita Felipe Mac Gregor aseguró, en 1968, al entonces arzobispo de Lima Juan Landázuri Ricketts que la universidad nunca dejaría de ser católica. Los decenios posteriores fueron claves para convertirla justamente en lo contrario: una institución independiente de la Iglesia, capaz de propalar enseñanzas contrarias al magisterio eclesiástico en nombre de la libertad de cátedra.

Este proceso llevó a la universidad a afrontar varios juicios civiles interpuestos por la Arquidiócesis de Lima, su legítima albacea, porque sus autoridades se atribuyeron competencias que no les correspondían. Sobre todo en el manejo de los bienes heredados por el intelectual José de la Riva Agüero y Osma en la década de los 40 del siglo pasado. La PUCP ha sufrido varios reveses en este campo.

Los directivos nunca estuvieron de acuerdo con someterse a la autoridad del arzobispo limeño Juan Luis Cipriani Thorne, que es –por estatuto- su gran canciller. No sólo se declararon en rebeldía contra el cardenal, también desoyeron los llamados al orden enviados desde Roma.

El Vaticano pidió de todas las maneras posibles modificar los estatutos internos de la universidad para adherirlos a la constitución apostólica “Ex Corde Ecclesiae”, escrita por Juan Pablo II en 1990 y que rige a todas las instituciones de educación superior católicas del mundo. La respuesta fue siempre negativa.

Por eso la Curia Romana debió intervenir a través de la Congregación para la Educación Católica, que en 2011 mandó una carta al rector Rubio con las necesarias modificaciones a los estatutos. Pero la Asamblea Universitaria se negó a cumplir la exhortación vaticana. Por eso tomó cartas en el asunto la Secretaría de Estado, la oficina vaticana de política interna y externa. Ordenó la realización de una visita apostólica. Un auditoría y un intento por mediar entre las partes, conducida por el cardenal húngaro Peter Erdö, que terminó en un fracaso.

La Santa Sede perdió la paciencia y puso un ultimátum, que se venció el 8 de abril. En esa fecha la universidad debió haber entregado sus estatutos reformados, pero una vez más no cumplió. La rebeldía contumaz concluyó con el peor de los escenarios: la drástica e inevitable decisión de la quita de los títulos, algo que ocurrirá por primera vez en la historia.

La Sede Apostólica tiene toda la autoridad para hacerlo, porque la Iglesia siempre ha considerado que la institución es de su propiedad. Esto lo avala tanto el Derecho Canónico como el derecho civil peruano. Y para que se respete la decisión, Roma podría apelarse al concordato vigente entre El Vaticano y el Perú. Lo cual abriría una caja de Pandora. Si el gobierno se niega a reconocer las prerrogativas de este acuerdo, provocaría un serio incidente diplomático.

Revocan las licencias ministeriales de Jorge Gastón Garatea Yori

Se llama Jorge Gastón Garatea Yori. Es clérigo de la congregación de los Sagrados Corazones. En su natal Perú tiene seguidores y detractores por igual. Para los segundos es un “cura desobediente” por sus declaraciones públicas a favor de las uniones homosexuales y contra el celibato sacerdotal. Hace unos días la arquidiócesis de Lima le revocó sus licencias ministeriales y provocó una feroz respuesta.

El 11 de mayo pasado el mismo Garatea anunció la decisión del arzobispado de no refrendarle el permiso para ejercer el sacerdocio en la capital peruana. “No podré oficiar misas, ni tomar confesiones”, dijo. Y aseguró que acatará la determinación. Mientras tanto la arquidiócesis guardó silencio sobre los motivos que llevaron a la revocatoria de las licencias.

Pero el verdadero motivo tiene que ver con las posiciones inconvenientes del sacerdote respecto a temas de vida y familia. El cardenal Juan Luis Cipriani Thorne, arzobispo limeño y primado del país, le advirtió sobre el problema que significaban sus opiniones vertidas en la prensa y en abierta contraposición a las enseñanzas de la Iglesia. Lo hizo en diversas ocasiones a lo largo de los últimos seis años, sin obtener resultados.

En febrero de 2011 Gastón Garatea dijo a la prensa que no representaba un problema la aprobación legal de las uniones civiles entre personas del mismo sexo (Diario16, 01.02.2011). Justo en medio de un encendido debate legislativo sobre el tema. Luego declaró a la revista peruana “Ellos y Ellas” que el celibato sacerdotal “se ha extendido equivocadamente a todos los sacerdotes”. Además de reconocer que, a la Iglesia católica, le critica “muchísimas cosas”. “Se preocupan más en la ley que en el espíritu: se habla más del canon y no tanto del Evangelio”, remató.

Como los llamados de atención no surtieron efecto, los órganos competentes determinaron no renovarle las licencias. Según el vicario episcopal de Lima, José Chuquillanqui, no se trató de una decisión tomada de un día para otro, sino tras un proceso de diálogo y advertencias. “No podemos juzgar abruptamente y decir que ha sido una decisión intolerante e impronta. Se le pidió que tenga cuidado en sus expresiones”, apuntó.

La sentencia no gustó nada a otros obispos peruanos y a varios amigos del sacerdote, especialmente alineados a la izquierda peruana, quienes la interpretaron como un veto. La respuesta fue furibunda y directa contra la persona del cardenal Cipriani, blanco de las críticas de diversos sectores sociales. E incluyó un plantón en la sede de la nunciatura apostólica de Lima.

Una activa participación en la controversia ha tenido la PUCP, la institución que se encuentra actualmente en abierta rebeldía contra el Papa Benedicto XVI y contra la autoridad del Vaticano. Apenas tres días después que trascendió la noticia sobre las licencias, ese centro de estudios otorgó el título de “profesor honorario” a Garatea, quien ya se desempeñaba como asesor de la Dirección de Responsabilidad Social. Justificó el nombramiento en el “compromiso con la defensa de los derechos humanos, de la igualdad y de la tolerancia” del clérigo.

Por otra parte el obispo emérito de Chimbote y ex presidente de la Conferencia Episcopal Peruana, Luis Bambarén, arremetió directamente contra el cardenal Cipriani a quien acusó de actuar como un “mandamás” e instó al sacerdote a apelar la decisión del arzobispo directamente en El Vaticano.

Pero el arzobispo de Lima pidió no “desenfocar” el caso y sugirió que la PUCP busca capitalizarlo ideológicamente en su favor, en el litigio que sostiene con las autoridades de la Iglesia y en el cual lleva las de perder. “Todos sabemos muy bien los atributos del padre Garatea, todo eso no es para que hagamos un mártir en vida. Esto es una cosa de ordinaria administración, no es un ataque, ni un maltrato, ni una sanción”, precisó en su programa Diálogo de Fe de la estación Radio Programas del Perú.

“No estamos hablando de ataques, ni de envidias, pero sí respeto y cuidado por una cosa que es grandiosa que es la enseñanza de Jesucristo. He visto gente que nunca pisa una Iglesia pero ahí está firmando (una declaración a favor de Garatea), seamos entonces sinceros y no hagamos un show”, apuntó.