La Habana (PL).- El reclamo por el levantamiento del bloqueo que Estados Unidos mantiene contra Cuba desde 1962 encuentra resonancia en el país norteño, en las voces de quienes acompañan la XXIII Caravana de Pastores por la Paz. Más de 60 activistas estadounidenses y de Canadá, Alemania, Reino Unido y México hacen escala cada noche en una ciudad distinta para actualizar al público sobre el impacto negativo del cerco financiero, económico y comercial, cuyos daños al pueblo de la Isla superan los 975 mil millones de dólares.

Ellos recorren el país en 17 autobuses que recogen y transportan artículos humanitarios donados por la población para enviarlos a Cuba a través de la Caravana de la Amistad, la cual debe arribar este 21 de julio a La Habana. Su plan es visitar al menos 90 localidades, antes de encontrarse en McAllen, Texas, para cruzar a la ciudad mexicana de Tampico y desde allí enviar en barco la ayuda a la nación antillana.

La travesía ya los llevó a Rochester, Salem, Colorado Springs, Oakland, Montclair y Seattle, entre otras urbes norteamericanas, cuyos habitantes dieron la bienvenida a los activistas y luego les entregaron medicamentos, equipos de primeros auxilios y otros productos imperecederos.

Tamara Hansen, coordinadora de las comunidades de Vancouver en solidaridad con Cuba, dijo a Prensa Latina que en todos esos lugares constataron un amplio respaldo del público al cese inmediato del cerco, condenado por la comunidad internacional durante 20 años consecutivos ante la Asamblea General de la ONU. “Nos recibieron con beneplácito. Estamos impresionados con el apoyo a la campaña por el cese del bloqueo”, aseveró, al calificar esa política coercitiva de cruel e ilegal.

Según Hansen, los caravanistas aprovechan cada estancia para abogar también por la normalización de las relaciones Estados Unidos-Cuba y dar a conocer la realidad de la isla caribeña, distorsionada en los principales medios de prensa en el nivel mundial. El recorrido -recordó la activista- comenzó a fines de junio pasado en varias provincias de Canadá, cuyas comunidades entregaron materiales destinados a los sectores del deporte, la salud y la educación, tres de los más golpeados por la política hostil de Washington.

Algunas rutas partieron desde lugares como Winnipeg (Manitoba), Montreal (Quebec), Calgary (Alberta), Hamilton (Ontario) y Vancouver (Columbia Británica), donde primó la respuesta positiva de ciudadanos, organizaciones sociales y religiosas a este proyecto, además de la disposición de continuar con esas acciones mientras esté vigente el bloqueo.

Los cuatro primeros convoys ingresaron sin obstáculos a Estados Unidos, pero la aduana norteamericana detuvo al último en el cruce limítrofe de White Rock-Blaine (en la costa oeste) bajo el pretexto de que transportaba bienes comerciales que necesitan una fianza para entrar al país norteño. Cumpliendo órdenes superiores -puntualizó Hansen- los oficiales obligaron al chofer del vehículo a estacionarlo y luego de más de cuatro horas de inspección le negaron el acceso sin antes pagar una fianza por los implementos deportivos.

Pero los caravanistas acamparon en señal de protesta en ambos lados de la frontera, devenida escenario para renovar su oposición al bloqueo y el llamado de solidaridad con Cuba. Además de planificar los pasos legales a seguir, lograron contactar con los principales medios canadienses y en pocas horas la opinión pública internacional supo de las intimidaciones de los funcionarios norteamericanos.

Esas acciones permitieron que al día siguiente recibieran el permiso incondicional para pasar las donaciones y seguir el programa trazado en la presente edición de la Caravana. “Nos negamos a pagar ninguna fianza porque transportamos ayuda humanitaria y no bienes comerciales. Es una cuestión de principios”, declaró Janine Solanki, organizadora de la iniciativa, al diario canadiense The Province.

El año pasado los caravanistas enfrentaron imposiciones similares de la guardia fronteriza en ese mismo sitio, pero pudieron ingresar a suelo estadounidense exento del gravamen. La Caravana de la Amistad proseguirá su avance por Estados Unidos hasta el 18 de julio, cuando sus nueve rutas convergerán en la ciudad tejana de McAllen. Allí coordinarán el cruce a México, previsto en el día siguiente, y las acciones finales para asegurar que la ayuda salga desde el puerto de Tampico y llegue con éxito a su destino.

El Movimiento de Solidaridad con Cuba y el Comité Tampico-Madero “Va por Cuba” ofrecerán el viernes 20 un acto cultural en rechazo al bloqueo, con la participación de intérpretes de géneros musicales como el hip hop, rock y reggae. La Plaza de la Libertad de esa ciudad mexicana acogerá el evento, que servirá también de colofón al periplo de los caravanistas por localidades estadounidenses y canadienses.

Pastores por la Paz es una iniciativa creada en 1992 por el fallecido reverendo norteamericano Lucius Walker, con el objetivo de romper el cerco hostil de la Casa Blanca y trasladar a Cuba asistencia humanitaria e insumos médicos, sin pedir autorización ni licencia a las autoridades federales. El proyecto logró reunir en todos estos años a personas de diferentes credos, etnias y procedencias en lo que llaman un acto de consciencia y desobediencia civil.

Su tenacidad constituye un profundo gesto de amor hacia el pueblo cubano y un desafío político a una medida que cada vez encuentra mayor oposición internacional. “Las Caravanas han creado una comunidad en Estados Unidos y en el resto del mundo que pide un cambio en la actitud con Cuba y un cambio del terrorismo a la amistad. Esa comunidad está creciendo a pesar de los obstáculos”, resumió en Oakland la doctora norteamericana Jane Franklin, graduada de la Escuela Latinoamericana de Medicina de La Habana.

Pastores por la Paz, dos décadas de solidaridad con Cuba

La Caravana de la Amistad Estados Unidos-Cuba cumple este año dos décadas de accionar solidario y desafío al bloqueo impuesto por más de medio siglo a la isla desde Washington. El próximo 21 de julio llegará a Cuba la edición 23 de la iniciativa conocida popularmente aquí como la Caravana de Pastores por la Paz, a partir del papel de esa entidad religiosa norteamericana en la organización de la recogida y traslado de ayuda humanitaria para la nación caribeña.

Luego de recorrer 80 ciudades de Estados Unidos, activistas de ese país junto a ciudadanos de Alemania, Canadá, México y Reino Unido traerán a la isla medios destinados, entre otros sectores, a la salud y la educación, dos de los más golpeados por el bloqueo. Sillas de rueda, medicamentos, equipos de primeros auxilios, materiales escolares e implementos deportivos son algunos de los productos donados por comunidades del país norteño para Cuba, donde el cerco impuesto por la Casa Blanca ha dejado pérdidas superiores a los 975 mil millones de dólares, según datos oficiales.

Decenas de toneladas de artículos de alta demanda en la sociedad han llegado gracias al proyecto fundado en 1992 por el reverendo estadounidense Lucius Walker, quien falleció en septiembre de 2010. La nueva edición de la Caravana de la Amistad permitirá precisamente rendir homenaje a Walker y a otros activistas que han protagonizado durante las dos últimas décadas el empeño en romper el bloqueo de Washington.

Se trata de un proyecto de sólida inspiración cristiana y evangélica, aunque arrastra a personas de buena voluntad independientemente de sus creencias religiosas, destacó en declaraciones a Prensa Latina Joel Suárez, coordinador general del Centro Memorial Martin Luther King (Cmmlk), una de las entidades vinculadas aquí con los caravanistas. De acuerdo con Suárez, la iniciativa tiene como principios la ayuda al prójimo y la solidaridad más allá de cualquier barrera humana.

Cuando el reverendo Walker comenzó las caravanas, su propósito era superar el entramado de leyes y regulaciones que conforman el bloqueo estadounidense a Cuba, una política antievangélica y agresiva con un severo impacto social en la isla, dijo. “No querían pedir licencia, porque para ellos (Pastores por la paz) cumplían un deber evangélico y cristiano, un mandato divino de Dios, y nada podía impedir el objetivo de traer ayuda humanitaria a un país asediado”, apuntó en esta capital.

A partir del bloqueo, en territorio estadounidense no puede realizarse acción alguna respecto a Cuba -como viajes, intercambios y otras- que no impliquen la emisión de una licencia de la Oficina de Control de Activos Extranjeros (OFAC, por sus siglas en inglés). En ese sentido, el directivo del Cmmlk consideró las caravanas una muestra de valentía y compromiso con la justicia repetida una y otra vez por pastores, jóvenes, veteranos y activistas.

Yo creo que su actitud y el conflicto permanente con las autoridades estadounidenses, que en la frontera impiden o dilatan el paso de la ayuda humanitaria, representan una osadía que generó simpatía en el pueblo cubano, opinó. Según Suárez, el centro erigido en honor a Luther King, luchador social y pacifista asesinado en 1968, es testigo del agradecimiento de muchos cubanos a Pastores por la Paz y a Walker. Ese reconocimiento popular se expresa en pinturas, décimas, poemas, cartas y canciones recibidas en todos estos años, expuso.

Pastores por la Paz nació en 1988 como un proyecto de la Fundación Interreligiosa para la Organización Comunitaria (IFCO, por sus siglas en inglés) en respuesta a la agresividad en América Latina, y en particular Centroamérica, de la administración del presidente estadounidense Ronald Reagan.

El entonces director de IFCO, Lucius Walker, fue herido junto a otras 28 personas, y dos perdieron la vida, durante un ataque terrorista contra la Revolución Sandinista en Nicaragua, el 2 de agosto de 1988. Un día después, Walker creó Pastores por la Paz, organización que tuvo en la propia Nicaragua sus principales actividades de desafío a la política de injerencia de Washington en la región.

Desde ese momento, las caravanas constituyeron una de las principales acciones de la entidad religiosa, la primera de ellas en vísperas de la navidad de 1988 para llevar al pueblo nicaragüense 18 vehículos y 70 toneladas de ayuda humanitaria. Luego de la derrota en 1990 de los sandinistas en las elecciones, Pastores por la Paz dirigió sus iniciativas pacifistas y de solidaridad a Cuba, país víctima de la agresividad de la Casa Blanca, postura expresada en un bloqueo económico comercial y financiero evidenciado casi desde el mismo triunfo de la Revolución del 1 de enero de 1959.

En 1992 comenzaron las Caravanas Estados Unidos-Cuba, proyecto contra el bloqueo materializado en coordinación con el Instituto Cubano de Amistad con los Pueblos. Un centenar de caravanistas llevaron a la isla en su primer periplo 15 toneladas de artículos como leche en polvo, medicamentos, biblias, bicicletas y útiles escolares.

De acuerdo con Pastores por la Paz, nunca antes la Casa Blanca había presenciado semejante desafío a su hostilidad anticubana. Encabezadas por Walker, las caravanas retornaron con una frecuencia casi anual, y en ocasiones hasta más de una vez en 12 meses, con su ayuda solidaria. Cada viaje trajo a la isla artículos y productos destinados a un sector o grupo social específico, entre ellos la salud, los ancianos, los niños, el deporte y la construcción. La respuesta del Gobierno de Estados Unidos fue retener cargamentos u obstaculizar su llega a Cuba, además de las amenazas de multa a los activistas.

Huelgas de hambre, demostraciones y la solidaridad dentro de la propia nación norteña y en la comunidad internacional obligaron una y otra vez a Washington a permitir el paso de los caravanistas estadounidenses, a quienes con el tiempo se sumaron personas de Canadá, México y Europa.

Para Joel Suárez Pastores por la Paz representa una prueba de compromiso con las causas justas y de apego a principios evangélicos. En ese sentido, recordó momentos vividos por los caravanistas en su lucha por desafiar el bloqueo de Estados Unidos contra Cuba y revelar el impacto del cerco en la sociedad de la isla caribeña. Me vienen a la mente -expuso en su diálogo con Prensa Latina- las semanas de huelgas y protestas de 1993 y 1996, cuando el Gobierno norteamericano ocupó uno de los ómnibus escolares y computadoras incluidas en las donaciones para Cuba.

Durante la caravana de 1993, oficiales del Departamento del Tesoro decomisaron un autobús escolar amarillo en el cruce fronterizo de Laredo, Texas, bajo el argumento de que “Fidel Castro podía utilizarlo como un vehículo militar”. Los 13 activistas a bordo de ese ómnibus decidieron quedarse en este hasta su liberación, comenzando una huelga de hambre que duró 23 días. Una movilización internacional en 20 ciudades, llamadas y mensajes a Washington y una protesta frente a la Sección de Intereses en La Habana lograron la devolución del vehículo.

Tres años después, la sexta caravana transportó 400 computadoras destinadas a potenciar en Cuba una red para el intercambio entre médicos y especialistas de la salud. El gobierno de Estados Unidos confiscó en las fronteras de San Diego todos los equipos, medida que generó nuevas protestas de los activistas y la solidaridad con su causa.

Las acciones de rechazo al decomiso de las computadoras se movieron de San Diego a Washington D.C, hasta que 94 días después las presiones sobre las autoridades norteñas obligaron a la entrega de esos medios. Walker y otros miembros de Pastores por la Paz mostraron una gran firmeza, la cual incluso costó de manera directa o indirecta la vida de algunos activistas, víctimas de las secuelas de sus huelgas, señaló Suárez.

Para el coordinador del Cmmlk, el reverendo y sus compañeros merecen un permanente homenaje por su solidaridad y defensa de principios cristianos como la misericordia y la solidaridad por encima de cualquier barrera humana. Tenemos hoy en Cuba testimonios vivos de la presencia permanente de Lucius Walker y de quienes lo siguieron y siguen en las caravanas de Pastores por la Paz, expuso.

“Los ómnibus escolares amarillos -traídos por los Pastores- con sus graffitis, colores y consignas son un testimonio vivo del desafío a esa política antievangélica representada por el bloqueo”, sentenció.

* Yolaidy Martínez es periodista de la Redacción Norteamérica de Prensa Latina y Waldo Mendiluza es jefe de la Redacción Nacional.