La Habana, Pinar del Río y Ginebra (Prensa Latina).- Cuba es un país con suficientes razones para considerar una fiesta el Día Mundial de la Infancia. En salud, educación, cultura, deporte, leyes y otras áreas, el gobierno y las instituciones de la isla muestran resultados en el propósito de garantizar el disfrute de los derechos de sus niños, escenario que contrasta con la realidad que viven millones de infantes en un planeta donde el bienestar de los menores constituye muchas veces una utopía.

“La protección de la infancia se vive en Cuba, no me lo tiene que contar nadie, lo he vivido y me siento orgullosísimo de haber participado en el desarrollo de este proyecto social”, expresó recientemente el representante de la Organización de Naciones Unidas para la Infancia (Unicef) en Cuba José Juan Ortiz. De acuerdo con el funcionario, la consolidación de los derechos de la infancia en Cuba permite a Unicef trabajar de manera diferente y desarrollar programas en el ámbito de la cultura como sublimación de los derechos.

Cuba exhibe un enorme nivel de seguridad para sus infantes, y resulta habitual encontrarlos tranquilos en cualquier sitio del país, que los ubicó en el centro de la mirada desde el triunfo revolucionario del Primero de Enero de 1959. La Constitución cubana y los diferentes códigos, leyes y decretos leyes emanados de la Carta Magna protegen y establecen medidas legislativas, judiciales y administrativas en apoyo de los niños.

En febrero de este año, durante la presentación del informe sobre el Estado Mundial de la Infancia 2012, Ortiz resaltó que Cuba constituye un ejemplo de sociedad equitativa, con la voluntad política de proteger a niñas, niños y adolescentes. Destacó que los cubanos cuentan con escolarización plena, derecho a la participación y posibilidad de jugar en la calle, cuando en otras naciones no sucede así por la inseguridad y la violencia.

Para Ortiz, Cuba es un modelo en el cumplimiento de la Convención sobre los derechos del niño y posee experiencias para mostrar al mundo en espacios como la educación y la salud, que son gratuitas y accesibles para todos. Ello se sustenta en hechos como que la mortalidad infantil en el 2011 fue de 4,9 por cada mil nacidos vivos, mientras que cada niño cubano está protegido contra 13 dolencias, entre ellas poliomielitis, tuberculosis, difteria, tétanos, tosferina, sarampión y hepatitis.

Al referirse al trabajo de Unicef en la isla, José Juan Ortiz refirió que en los últimos cinco años se ha vinculado con la cultura y la protección focalizada en aquellos niños y niñas con problemas no generalizados, es decir, los que cometen actos tipificados como delitos. En el resto de América Latina el trabajo de Unicef es el cotidiano combate a las bandas de niños y niñas armados, que luego van a la cárcel junto a los adultos, es decir, a la universidad del crimen.

En Cuba eso no ocurre, pues son hechos puntuales y no van a la cárcel, sino a las escuelas de reeducación integral, “que yo siempre digo que son las mejores de Cuba, con magníficos recursos humanos, entre psicólogos, profesores; con régimen semiabierto, no hay rejas, ni uniformes”. De los 200 millones de niños vulnerados en el mundo los millones que no van a la escuela, los que sufren de explotación laboral, los que caen en redes de prostitución infantil, ninguno es cubano.

El viceministro de Relaciones Exteriores de Cuba Abelardo Moreno aseguró que no es casualidad que de los 600 millones de niños pobres y desamparados en el mundo, ninguno sea cubano. En Cuba no ves espectáculos típicos del Tercer Mundo, de los niños enfermos en las calles, pidiendo dinero para comer. Aquí no existe el trabajo infantil porque la legislación lo prohíbe, lo cual es casi una constante en muchas latitudes empobrecidas. Todos los niveles de educación son gratuitos, y todos tienen derecho a instruirse, de ahí que los índices de matrículas en la enseñanza media y media superior (Bachillerato) sean elogiables con respeto al resto del Tercer Mundo.

Y es que es difícil ver en un país subdesarrollado o desarrollado tan elevado interés por las necesidades de los menores como el prevaleciente en Cuba, país que suscribió varios instrumentos de carácter internacional referidos a la protección de la infancia, además de ser signatario y Estado parte de la Convención de los Derechos de Niño del que, por cierto, Estados Unidos no es firmante.

La nación antillana también firmó protocolos facultativos de la Convención de los Derechos del Niño sobre la venta de infantes, prostitución infantil y su utilización en la pornografía. Además -añadió Moreno- somos partícipes de otros documentos como el que prohíbe el uso de menores en conflictos armados y el que defiende los derechos de las personas con discapacidad. En ese último aspecto, Cuba presenta grandes progresos a despecho del bloqueo económico, comercial y financiero impuesto por Estados Unidos desde hace casi medio siglo.

Cuba es parte del convenio 183 de la Organización Internacional del Trabajo sobre la Protección Materna, de ahí que no sólo se promueva el cuidado de la niñez en lo interno sino también a escala global. Prueba de ello es la cooperación médica en muchas latitudes del planeta. Moreno recordó: “cuando un galeno nuestro atiende a un niño y le salva la vida, o a su madre, también estamos promoviendo y defendiendo los derechos de la infancia. Esa es la vocación de Cuba y hoy su ejemplo se multiplica en otras naciones”.

La vicepresidenta del Comité de Derechos del Niño de Naciones Unidas Rosa María Ortiz afirmó que Cuba es hoy una experiencia diferente en América Latina en materia de protección a la infancia. Subrayó que el servicio de educación y salud de la isla está donde debe estar y cuando debe estar, mientras que en otras naciones latinoamericanas prevalece la ausencia del Estado en esos importantes sectores.

Respecto a las dificultades del estado antillano en la protección de sus menores, el funcionario de Unicef expresó que el acoso político y económico contra Cuba es el principal problema que tiene la infancia. “El país es asediado y el bloqueo -impuesto por Estados Unidos desde hace más de 50 años- provoca un daño atroz”.

Los éxitos cubanos

Cuba cerró la gestión 2011 con una tasa de mortalidad infantil de 4,9 por cada mil nacidos vivos y siete provincias registran cifras por debajo de la media nacional. En 2008 las cifras alcanzaron 4,7, escoltados de 4,8 el año siguiente. En 2010 registró un 4,5. La isla encabeza la nómina, desde hace cuatro años, de países en el continente con menos de cinco en sus estadísticas al igual que Canadá.

Con cinco 5.317 nacimientos más en comparación con el año precedente, la provincia con menos tasa fue la oriental Las Tunas, con 3,5. La secundan con datos inferiores a la media Artemisa (3,9), Pinar del Río y Holguín, (4,0), La Habana, (4,3), así como Ciego de Ávila y Granma con (4,4). El diario Granma destaca además que 17 municipios lograron cero, en su mayoría territorios orientales.

En su más reciente informe sobre educación, la Oficina Nacional de Estadísticas e Información (ONEI) reflejó que en el curso 2010-2011 la enseñanza primaria y la secundaria concluyeron con una retención docente de 98,7 y 97,9%, respectivamente, lo que ratifica el bajo escenario de deserción escolar en la isla.

Desde el punto de vista jurídico, los derechos de los menores también se encuentran amparados por un sistema de leyes que toma en cuenta su bienestar y desarrollo. El abogado español Carlos Villagrasa, quien visitó Cuba a finales de 2011 como profesor de un curso de la Escuela Iberoamericana de Derecho de Familia, comentó que la nación antillana constituye una excepción en medio del contexto del continente. Es el mejor ejemplo de que, a pesar de la falta de recursos económicos, se puede proteger la infancia si existe una apuesta decidida para atender a sus necesidades básicas, aseguró el también profesor de la Universidad de Barcelona.

En la nación caribeña se desarrollan numerosas políticas sociales y proyectos en diferentes áreas, entre ellos los programas de Atención Materno-Infantil, de Maternidad y Paternidad conscientes y el de Educa a tu hijo. Otras iniciativas de ese tipo son los programas de Educación Comunitaria Para la Vida, de Atención Integral a la Familia, de Atención Integral al Adolescente, y el plan del Médico de la Familia en la Atención Primaria de Salud.

En el proyecto Por un mundo al derecho se unen profesionales del Ministerio de Justicia, la Federación de Mujeres Cubanas y de sectores como la salud, la educación, la cultura, la ciencia y el deporte. El objetivo de la iniciativa es que la familia conozca mejor las leyes para la protección de niños y adolescentes, y según su coordinadora nacional Ana Audiver, 10 años después de su fundación existen más de 169 círculos de interés en todo el país, en los que se enseña y se debate sobre el tema.

Infancia cubana: el placer de reír a cualquier hora

El policlínico Luis Turcios Lima, del municipio de 10 de Octubre en la capital cubana, resulta hoy una imagen peculiar para el niño Julio César Hernández, de menos de dos años de edad y querido por médicos y enfermeras. Los primeros viajes del menor al centro sanitario fueron en el vientre de su mamá Claudia, y los ultrasonidos realizados le sirvieron para presentarse de diversas formas: desde un simple punto hasta un feto total.

Cada jornada permitió a los especialistas valorar el estado de salud y recomendar a la progenitora los más esmerados cuidados porque “ningún niño en Cuba nace desamparado; fuerza y alegría deben ser partes inseparables”, como alega una experta neonatóloga. Tras el alumbramiento de Julito, continuaron las visitas al policlínico y allí lloró con los rutinarios análisis de sangre y las vacunas desde los dos meses de vida para evitar diferentes padecimientos.

Ahora, gracias a “los pinchazos de la felicidad”, no hay preocupaciones por la tuberculosis, la hepatitis B, la difteria, la tos ferina, el tétanos, la haemophilus influenzae B, la meningitis B y C, la parotiditis, la rubéola y el sarampión. Tampoco será un problema la poliomielitis pues la primera dosis contra esa enfermedad a través de unas gotas fue recibida con una amplia sonrisa por el pequeño de ojos verdes inolvidables.

La historia de Julito es muy parecida a la de miles de niños cubanos, quienes a diferencia de millones de contemporáneos en el mundo, tienen acceso gratuito a la salud, disfrutan de múltiples bondades en la esfera educacional, reciben los beneficios de la práctica sana del deporte y la actividad física, y crecen como protagonistas o seguidores de las disímiles manifestaciones de las artes y la cultura.

Entre las estrategias diseñadas para el cuidado de los chicos, sobresale el Programa Nacional de Atención Materno-Infantil con diversos objetivos como la promoción de la lactancia materna, la reducción del bajo peso al nacer, el desarrollo de la perinatología y la lucha contra las enfermedades diarreicas agudas. Además, se lucha contra las infecciones respiratorias agudas, y se trabaja en la prevención y diagnóstico precoz de enfermedades genéticas.

Conocida también como bebé-canguro, la terapia Piel a piel benefició este año a una treintena de infantes nacidos con muy bajo peso en la provincia cubana Pinar del Río, un riesgo para sus vidas. Esa metodología estaba sustentada inicialmente en el contacto directo de los pequeños con el cuerpo de la madre. El método de los “bebés-canguros”, concebido en Colombia en 1970, es una forma de mantenerlos calientes, amamantarlos, protegerlos contra las infecciones y promover su desarrollo y seguridad.

Pinar del Río, situada 140 kilómetros al oeste de La Habana, fue iniciadora de esta modalidad terapéutica en Cuba y en la actualidad se aplica en otras regiones del centro y oriente del país. Con 18 años de experiencia y más de medio millar de pacientes atendidos, la iniciativa crece al acoger ahora a gemelos y trillizos, gracias a la ayuda de nodrizas (tías y abuelas) dispuestas a cargar sobre su pecho a sobrinos y nietos, comentó la doctora Marelys Castro, especialista del servicio.

Este método -precisó- minimiza el trauma psicológico que implica la ruptura temprana del lazo afectivo y elimina los peligros derivados de los procedimientos artificiales empleados en casos de nacimientos pre-términos. A semejanza de los marsupiales, los bebés -cuyo peso al nacer no rebasa los dos mil gramos- permanecen en diminutas bolsas pegadas al latido del corazón, señal conocida por ellos desde que crecen en el vientre.

Anteriormente los gemelos y trillizos eran excluidos del programa por la complejidad que suponía su aplicación, pero la introducción de las nodrizas acompañando a cada mamá, permitió que puedan favorecerse también con las bondades de Piel a piel. Otra de las novedades es la incorporación de algunos padres como “canguros”, cuando no ha sido posible encontrar a otro familiar femenino con posibilidades de asumir esa misión. Al referirse a los principales resultados del proyecto, desarrollado en el Hospital Abel Santamaría, Castro destacó que los niños llegan al año de vida con el tamaño y el peso requerido para la edad y sin secuelas neurológicas.

Por otro lado, en 1992 comenzó el Programa de rehabilitación cardiovascular con dos subprogramas, Mujer con cardiopatía y embarazo y Cardiopatía Congénita y Trabajo. Alrededor de 4.500 niños cubanos con cardiopatías congénitas se rehabilitaron en el cardiocentro de referencia William Soler desde el inicio del Programa. Por la complejidad de las operaciones que se realizan en esa institución, más del 70% son a corazón abierto, explicó su director Eugenio Selman Housein-Sosa.

Además de las operaciones a corazón abierto se efectúan 300 cateterismos intervencionistas, un procedimiento que sustituye el tratamiento quirúrgico de diversas cardiopatías. Cada año de 300 a 400 pacientes son intervenidos en este cardiocentro que cumplió 25 años de creado por iniciativa del líder de la Revolución Cubana Fidel Castro Ruz, destacó el doctor Francisco Carballés, responsable de Docencia e Investigación.

De otra parte, tras eliminar la poliomielitis, difteria, tétanos, tos ferina, sarampión, rubéola, entre otros reconocidos logros, la ciencia cubana avanza hoy en la aplicación de implante coclear para la recuperación de la audición de los niños de la isla. Por decisión del líder de la Revolución, se llevó a cabo una pesquisa en todo el país de discapacidades y se detectó la cantidad de personas que presentaban problemas auditivos, recordó el coordinador del Programa Nacional de Implantes Cocleares Eduardo Morales.

La novedosa tecnología se comenzó aplicar en la mayor de las Antillas a finales del siglo pasado, y hasta septiembre del año pasado 227 pacientes cubanos recuperaron la audición mediante esa técnica que consiste en la conexión de la cóclea, del oído interno, a un procesador de lenguaje. Según los especialistas, los sonidos se transforman en impulsos eléctricos y llegan directamente al cerebro.

La mayoría de los beneficiados fueron niños, entre ellos 27 sordo-ciegos, según las estadísticas del Servicio de Otorrinolaringología del prestigioso Hospital Hermanos Ameijeiras, ubicado en la capital cubana. En algunas latitudes el costo de un implante coclear ronda los 60 mil dólares; sólo colocar el equipo al niño cuesta alrededor de 15 mil dólares, luego se le suma el precio de la compleja operación y la rehabilitación de los menores.

De manera gratuita en la isla caribeña los candidatos a ser implantados son sometidos a un examen para determinar sus verdaderas posibilidades. Posterior al proceso quirúrgico se inicia un programa de rehabilitación a fin de adquirir el adiestramiento necesario para el aprendizaje del lenguaje auditivo. Este programa llega a las 14 provincias y al municipio especial Isla de la Juventud, lo mismo en zonas urbanas o rurales.

Escuela especial en Cuba: pensar en el discapacitado

Los esfuerzos de las autoridades del país caribeño no quedan en el hecho médico, sino que se integran de manera gratuita a la Enseñanza Especial. En ese sentido, el Ministerio de Educación estableció una atención más centrada en esos niños implantados, supervisados por un grupo de orientación y seguimiento que realiza de manera sistemática una evaluación psicopedagógica y actualiza el diagnóstico integral.

La voluntad política de Cuba posibilitó pensar en el discapacitado más allá de los altos costos de la enseñanza especial, afirmó la directora de la escuela Solidaridad con Panamá Esther María La O. Son instituciones extremadamente costosas, expresó La O, con 48 años de experiencia en el sector, 39 de ellos como directora, al comentar que en este centro fundado en 1989 cada niño le cuesta al Estado unos ocho mil pesos anuales, similar a dólares al cambio oficial.

En Cuba ni cuando la crisis económica de los 90 se cerró ninguna, recordó La O al referirse a las 381 existentes de un total de 13 mil escuelas del sistema educacional. Soy defensora de la escuela especial, una de verdad, no de aquellos almacenes de niños y adolescentes, explicó la docente, que se apoya en unos 47 maestros, 15 de ellos con título de master, y diverso personal médico.

“Una escuela especial donde el niño se forme, se eduque, donde conviva, donde se le den todas las actividades que hacen los niños comunes y participen en actividades con la comunidad”, señaló. Interrogada sobre la tendencia a rechazar la escuela especial, la funcionaria señaló que bajo el concepto de integración se pretende que los niños con alguna limitación física o intelectual se formen en las escuelas generales.

“¿Te imaginas un aula donde haya un sordo, un ciego, un retrasado mental y un limitado físico-motor? ¿A quién atiende el maestro?”, se preguntó La O, para responder que esa situación sería similar a la de un almacén de niños con problemas. Casi siempre lo que hacen es sentarlos atrás, acotó, tras resumir su experiencia de visitas a algunos países.

Ejemplificó que la niña Daylín (sin brazos) y que ya en su primer grado realizó los primeros trazos con los pies podría retornar a la escuela común en dos o tres cursos, una situación que -dijo- sería distinta si hubiera estado desde el principio en otro centro. Por eso estimamos que el niño o el adolescente deben pasar en algún momento por la escuela especial, porque aquí los enseñamos a utilizar la parte sana del cuerpo para enfrentarse a la enseñanza general.

Lo ideal, aseguró La O, es que el estudiante se forme en su entorno, con sus amigos, pero antes debe conseguir las herramientas (incluidas las sicológicas) para luego no sufrir de baja autoestima o ser incomprendido por las personas sin discapacidades. “No nos consideramos personas sufridas. Los que estamos en la escuela nos consideramos mejores seres humanos por nuestra capacidad de amar, sentir y ser solidarios”, señaló.

En Cuba hay unos tres mil niños y adolescentes en edad escolar con limitaciones físico-motoras y en la escuela solo hay 106, significó la profesora al argumentar que la presencia depende de la voluntad de los padres. Tenemos capacidad para 210, pero lo principal es que respetamos la voluntariedad de la familia, aseguró La O, para quien el estudiante debe mantenerse en la escuela común después de un tránsito por la enseñanza especial.

La maestra de quinto grado Onicia Quiroz confesó sentirse de plácemes cuando los padres le agradecen y los niños la reconocen como capaz de ayudarlos a crecer a pesar de todas sus discapacidades. Estoy aquí porque adoro a los niños, manifestó Quiroz tras comentar que desde joven decidió que trabajaría para los niños, aunque implicara más sacrificios y consagración.

Para Yudelquis Peña el tránsito de su hijo Luis Miguel por la escuela fue fenomenal. En ella aprendió a caminar con bastón tras una operación y hasta a hacer collares de artesanía. Luis Enrique Arias ha notado los cambios en su hija de ocho años tras dos y medio en Solidaridad con Panamá. Antes, señaló, no se sostenía en pie y ahora se levanta sola. Los niños Laura Melisa Silva, de ocho años, Orelys Cedeño (nueve) y Kenny Matos (siete) ya con un curso tuvieron palabras de elogio para el claustro de profesores y las posibilidades que les brindan en el estudio y el juego. He aprendido a valerme por mi misma, expresó Laura Melisa.

En septiembre, la central provincia cubana de Cienfuegos abrirá una escuela para autistas, la tercera en el país después de las de La Habana y Santiago de Cuba, con el propósito de elevar el bienestar emocional y volitivo de pequeños y jóvenes con necesidades educativas especiales, dijo al periódico Juventud Rebelde Odalys González, subdirectora de Educación Especial y Preescolar en el territorio.

Unicef aplaude los esfuerzos cubanos con la infancia

La 57 sesión del Comité de Derechos del Niño (CRC en inglés) de la Unicef celebrada el 8 de junio en Ginebra aplaudió los esfuerzos de Cuba en la defensa y promoción de los derechos de la niñez y reiteró su compromiso en apoyar esa encomiable labor. Tocó a una delegación cubana encabezada por el viceministro de Relaciones Exteriores Abelardo Moreno presentar el informe relacionado con el cumplimiento de la Convención de la Niñez.

Como es habitual en este ejercicio vinculado con la oficina de la Alta Comisionada de los Derechos Humanos de Naciones Unidas, los 18 expertos que integran el CRC lanzaron numerosas preguntas en un animado debate interactivo. En sentido general se dio la coincidencia de que las apreciaciones recordaron el negativo impacto del bloqueo de Estados Unidos contra Cuba para la aplicación de algunos programas favorables a niños y adolescentes. Entre ellos, la mayor utilización de Internet, en el entendido de que no ha sido posible incrementar su desarrollo ante medidas coercitivas que imposibilitan ampliar su ancho de banda con empresas norteamericanas o sus asociadas.

También los expertos, en especial de Ghana, Perú, Uganda y España, junto con el Relator y presidente del CRC, el suizo Jean Zermatten, encomiaron los progresos cubanos en salud, educación, deportes y cultura; y valoraron la positiva contribución de médicos y educadores de la isla caribeña no sólo a sus propios niños, sino a numerosos países donde prestan colaboración con admirable sentido humanitario.

Jose Juan Ortíz resaltó que en medio de crisis internacionales, enormes daños por el paso de varios huracanes en 2008 y los retos que suponen los nuevos lineamientos económicos cubanos, la prioridad del trabajo con la niñez es absoluta. “Nosotros repetimos como Unicef nuestro agradecimiento a esta nación caribeña por su sentido de responsabilidad y consagración al desarrollo, protección y futuro de su infancia, en una sociedad que pondera siempre la equidad social”.

Consultado sobre el papel del CRC, el experto señaló su función de asesor en la interpretación correcta de la Convención Internacional de la Niñez y en el entendido de exigir a todos los países verdaderos compromisos con este sector de la población. “En un contexto desfavorable y mientras se exige al Sur mayores inversiones en la infancia cuando decrece la Ayuda Oficial al Desarrollo en un mundo en el cual los ricos quieren serlo más, la postura de Cuba es admirable”, puntualizó.

Recalcó que siempre vale reiterar que “en Cuba no hay un solo niño en la calle, no hay niños fuera de los sistemas educacional y de salud, ni ajenos al desarrollo cultural, por tanto entendemos son esfuerzos modélicos”. En contraste, se mostró decepcionado con el egoísmo que plantea la sociedad capitalista actual y la paradoja de que naciones productoras de alimentos pasen hambre en razón de la avaricia de las empresas trasnacionales.

* Periodistas de la Redacción Nacional de Prensa Latina.