La defensa y expansión de la coca es la razón de vida de los cocaleros del Chapare y el fundamento de la identidad política del MAS; es uno de los cuatro pilares del Plan Nacional de Desarrollo, y también el fin último de la carretera por medio del TIPNIS que pretende construir Evo Morales, Presidente del Estado Plurinacional y a la vez máximo dirigente de movimiento cocalero boliviano.

Lo cocalero y lo indígena fueron dos formas de auto identificación de los sindicatos cocaleros del Chapare, las cuales fueron variando en los diferentes contextos político ideológicos. En las décadas del 70 y 80 del siglo pasado prevaleció la identidad campesina, con la hoja de coca como el pilar de la afirmación identitaria, y en la década del 90 los campesinos comenzaron a resaltar su dimensión identitaria-cultural étnica andina, explica el sociólogo y actual Vicepresidente Álvaro García Linera. [1]

Al analizar la relación de los movimientos sociales con los recursos naturales, García Linera y dos colaboradores suyos llegan a la conclusión de que el programa de “desarrollo alternativo” financiado por USAID para diversificar la producción y reducir la dependencia de la coca en las zonas productoras de Bolivia fue “politizando” a los cultivadores, y la “intervención estadounidense” actuó como el “exterior constitutivo” de la identidad cocalera.

Ante la estigmatización de la coca durante la guerra mediática y policial-militar “contra el narcotráfico”, en la década del 90 los campesinos comenzaron a resaltar su dimensión identitaria-cultural (étnica) para el mundo andino, e incluyeron en su repertorio de luchas “el tema indígena de los 500 años [de colonización]’”. [2]

Desde mediados de la década de los 90 el discurso en defensa de la coca se fue convirtiendo en una “superficie de inscripción para el creciente cuestionamiento a la subordinación nacional a los mandatos de la Embajada estadounidense y al carácter ‘racializado’ del Estado y la sociedad bolivianos, combinando la denuncia del colonialismo de ‘corta duración’ (estadounidense) con el de ‘larga duración’ (español), aunque el primero cumple una función estructurante de mayor importancia en la agenda política del MAS”. [3]

El ex dirigente cocalero William Condori definió claramente la ideología del emergente movimiento político que catapultó a Evo a la Presidencia: “Primero, la coca como parte de nuestra identidad; segundo, la coca como parte de nuestra economía; tercero, que es una política internacional, que so pretexto de lucha contra el narcotráfico, puede destrozar al movimiento cocalero”. [4]

Los productores y colonizadores del trópico consideraron que al defender la “hoja sagrada” asumían una posición política “antiimperialista”, y con ese ideario reivindicaron su derecho a extender los cultivos, y, por ende, a poseer más tierras y ocupar territorios indígenas y áreas protegidas creadas y manipuladas “por intereses foráneos vinculados a la destrucción de la coca”. Con esa lógica, consideraron que la defensa de asentamientos cocaleros en parques nacionales y territorios indígenas era parte de la defensa de los recursos naturales “frente al dominio extranjero y los capitales privados”.

Según García Linera, la articulación de elementos identitarios “originarios” y campesinos –junto con la mencionada perspectiva “antiimperialista”– permitió a los cocaleros superar esa esa suerte de “soledad heroica” en la que se encontraban resistiendo las políticas de erradicación, y articular un conjunto de demandas nacionales y populares. La defensa del cultivo de coca permitió a los campesinos chapareños lograr una hegemonía sobre otros sectores sociales como los transportistas, comerciantes, vecinos e indígenas; y sobre ese mosaico de diversas identidades locales se fue desarrollando una “plataforma simbólica, ritual y discursiva que cumple la función de representación pública del colectivo movilizado”.

Estas virtudes posibilitaron la emergencia del Instrumento Político por la Soberanía de los Pueblos, el MAS, que desde el Chapare se desbordó hacia el ámbito nacional como fuerza articuladora de diversos sectores sociales subalternos. [5]Los cocaleros lograron desplegar un importante poder territorial que abarca a los territorios indígenas, y en la actualidad las seis federaciones son dueñas absolutas del poder político regional. A manera de síntesis, García y sus colaboradores afirman:

“Mientras que los marcos de movilización de los indígenas de tierras bajas –fuertemente ligados a ONG y a la Iglesia, aunque con un basamento en sus propias tradiciones de ocupación del espacio y utilización de los recursos– enfatizan elementos ecológicos y ambientalistas, los de los indígenas colonizadores de tierras altas –con una trayectoria vinculada a las organizaciones sindicales campesinas y mineras, más “politizadas”– tienen como elemento de primer orden el “antiimperialismo” y una posición recelosa hacia las organizaciones no gubernamentales y la propia Iglesia, a las que se asocia –con excepciones– con intereses extraños a los de los campesinos y de la propia nación”. [6]

El programa del gobierno cocalero

Bolivia Digna, Bolivia Democrática, Bolivia Productiva y Bolivia Soberana son los cuatro pilares del Plan Nacional de Desarrollo del gobierno de Evo Morales. El pilar Bolivia Soberana postula la revalorización y despenalización de la hoja de coca como objetivo estratégico de la Cancillería boliviana.

Como parte de la lucha contra el “imperialismo” y en defensa de la “soberanía nacional”, el gobierno de Morales expulsó del país a la DEA norteamericana, inició el trámite de despenalización de la coca ante Naciones Unidas y espera lograr en 2013 la aprobación de una reserva dentro de la Convención Única de la ONU de 1961 que excluya a la coca de la lista de sustancias psicotrópicas prohibidas, para de esta manera posibilitar su comercio internacional.

El gobierno de Bolivia abandonó temporalmente la Convención Única de la ONU y elabora una ley general de la coca coherente con la nueva visión del Estado en lo referente a producción, circulación, comercialización y revalorización del arbusto, informó el viceministro de Coca y Desarrollo Integral Dionisio Núñez en una entrevista con Prensa Latina.

Evo Morales es la máxima autoridad del Estado Plurinacional y no ha renunciado a su cargo de líder máximo de los sindicatos cocaleros. Semejante conflicto de intereses explica en parte por qué el régimen es incapaz de evitar la expansión del cultivo en áreas no tradicionales y parques nacionales, y la proliferación de fábricas de cocaína en el Chapare. Es más, el Presidente en persona promociona a los colonizadores del Polígno 7 (donde solo el año pasado encontraron 84 fábricas de cocaína) y advierte que “si o si” construirá la carretera de la expanción cocalera por el TIPNIS, no para integrar a las comunidades sino para garantizar la “prosperidad” y el “desarrollo” de los propietarios agrarios privados del MAS afiliados al Consejo Indígena del Sur (Conisur), quienes ni siquiera viven en el territorio comunitario indígena del Isiboro Sécure.

Según el ex viceministro de Tierras Alejandro Almaraz, el gobierno no ignora que las 15 comunidades indígenas que componen el Conisur y que habitan en el Polígono 7 renunciaron por expresa y libre voluntad a ser parte de ese territorio. De modo que, sin habitar en él, ni tener derecho alguno sobre él, mal podrían ser consultados sobre la carretera que amenaza destruir ese territorio que tiene como legal y legítimo propietario colectivo a las 48 comunidades indígenas que lo habitan. [7]

El gobierno también sabe que el Conisur quedó fuera del territorio TIPNIS por la plena asimilación de la mayor parte de sus miembros a la dinámica socioeconómica y a la modalidad individual y parcelaria de ocupación de la tierra de los colonizadores. Además, subraya Almaraz, el Ejecutivo conoce perfectamente que una parte importante de la población organizada en los sindicatos del Conisur “ha estado centralmente dedicada no sólo a la producción de coca ilegal, como ya se sabía y lo confesó el propio ejecutivo de Conisur en su caso personal, sino también de cocaína”.

Bajo la descarnada ruina moral, defección ideológica y postración política en la que ha caído el gobierno, señala el ex viceministro Almaraz, la pretensión del régimen de viabilizar la construcción de la carretera por el TIPNIS tiene una “siniestra coherencia” con su “especial obstinación en abrir la consulta” a los miembros del Conisur, los verdaderos beneficiarios y quienes realmente necesitan la vía para expandirsey “florecer”

En síntesis, la carretera masista por el corazón del TIPNIS es un instrumento más de la política de desarrollo y promoción de la coca, uno de cuatro pilares del plan nacional de desarrollo del gobierno cocalero.

Notas:

1. “No somos juguete de nadie…”, análisis de la relación de movimientos sociales, recursos naturales, Estado y descentralización; Shirley Orozco Ramírez, Álvaro García Linera y Pablo Stefanoni, COSUDE, Ed. Plural 2006.

2. Feliciano Mamani, alcalde de Villa Tunari (MAS), citado en García Linera et al., op. cit. No somos juguete de nadie…”.

3. Op cit.

4. Op cit.

5. “Izquierdas y movimiento social”, Luis Tapia, Memorias de octubre, Comuna; Muela del Diablo editores, La Paz, 2004, citado en “No somos juguete de nadie…”

6. “Las ONG y otros interesados en nuestros recursos naturales manejan con plata a los pueblos indígenas… donde hay recursos naturales hay cientos de ONG que confunden a los pueblos indígenas y (les) hacen declarar ‘que los colonizadores están avasallando’. El sindicalismo ya no convive con las ONG y esa es la diferencia que tenemos con los pueblos indígenas, pero ahora… ellos mismos en algunas partes ya rechazan a las ONG… son los caciques los principales que se benefician tal vez con pasajes, con algunas cosas, pero la verdadera base no llega a desarrollar alternativas y está lo mismo”, dice Feliciano Mamani, alcalde de Villa Tunari en una entrevista realizada en febrero de 2005.

7. Página Siete.

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