Montevideo.- Cuando James Tobin analizó los defasajes monetarios y propuso una tasa que se recaudara con el fin de amortiguar esos defasajes, seguramente no imaginó, no tenía formación marxista, las repercusiones que ese mecanismo iba a tener en la crisis futura del sistema.

Ignacio Ramonet en Le Monde Diplomatic le dio a la idea un giro con el cual dio base para el nacimiento de los grupos ATTAC en todo el mundo. Ahora, no quiero analizar los conocimientos marxistas de Ramonet, sería un atrevimiento, si es claro que como en el caso de Tobin, está tocando el nervio del sistema.

En el caso de James Tobin, este unía a la tasa, por su carácter, el análisis monetario, que juntos son dinamita para comprender y analizar ahora en nuestros días la crisis. Hoy innumerables movilizaciones de los grupos ATTAC en Europa, particularmente en Alemania, nos están mostrando que el tema está en el centro de la preocupación política y en el giro que inexorablemente la economía del mundo debe dar en esta etapa, si logramos parar el uso de las armas nucleares. Tal la dimensión del desafío.

¿Cuál son mis diferencias con Tobin y Ramonet?: primero reconocer el mérito intelectual, a los dos, de dar al tema una resonancia universal. Luego ninguno de los dos pensó que es ahí por donde pasa la crisis y la solución a ella con la pérdida de predominancia del modo de producción capitalista. En el caso de Ramonet, agravado por su falta de interés en analizar el tema monetario. Los intelectuales europeos con ideas progresistas siempre se opusieron a la moneda única sin comprender la importancia que ello tiene, no solo para Europa sino para el mundo. No hay ninguna razón para que un litro, un metro, un kilo, sean iguales en todo el mundo y la moneda que maneja la gente no. Es cierto que el señoreaje (emisión de dinero) siempre es un ventaja de la empresa Estado, que hoy están totalmente superada por los complejos empresariales multinacionales, que para su relación si manejan técnicamente valores únicos universales.

En las economías nacionales el manejo de la moneda ha supuesto históricamente un ajuste en los ingresos de trabajadores y en las pensiones, para con el ahorro compulsivo que hacía el Estado, organizar el desarrollo industrial de la economía agregando valor a la producción de los comodities. En la actual integración del mundo este hecho es ahora absolutamente irrelevante. Ninguna economía puede imponer condiciones distintas a las que determina el mercado mundial, para el cual todos tienen una vinculación en la que solo se diferencian la transparencia social de las administraciones y la capacidad de gestión.

El sueño de las autonomías estatales o zonales llega a su fin, la crisis del capitalismo va desde los centros a todos los rincones del planeta. Seguramente medidas como las que venimos esbozando significan reorganizar la economía de los centros hacia la periferia con el desarrollo de un nuevo modo de producción que arrebate la predominancia del modo de producción capitalista basada en todo este último periodo en los impuestos al consumo y el trabajo y en los paraísos fiscales. Una reivindicación de la idea de Marx, y también de Lenin.

El impuesto a las transacciones financieras no puede ser un calmante para que el sistema siga funcionando como hasta hoy, se trata de actuar en un mundo donde la tasa de ganancia que mueve al sistema ha llegado a un nivel de achicamiento que más allá de los negocios puntuales, hacen de la crisis una situación insostenible sin la guerra con armas nucleares, que llevan la humanidad al suicidio, o entrar en un camino de reformas que lo ayuden a morir en paz.

Tobin observó el comportamiento de las monedas en el marco de los Estados, de las regiones, y pensó en la tasa como un elemento de equilibrio. Ramonet, observó los desequilibrios sociales, y pensó en un impuesto a las transacciones especulativas, en constante ascenso con el desarrollo de los paraísos fiscales; su objetivo combatir esos desequilibrios.

Los tiempos los encuentran con el desarrollo en pleno de la mayor crisis del sistema capitalista en su historia. El achicamiento de la tasa de ganancia, estimula la actividad especulativa, los capitalistas necesitan invertir en lo que sea para su lucha competitiva, esencia del sistema, ahora por mantenerse a flote. La emisión monetaria es una tentación en mano de los gobiernos de turno, ya no es posible una tasa que regule nada. Un impuesto a las transacciones financieras que desestimule la especulación ya es totalmente inoperante.

Sobre las ideas que esbozaron Tobin y Ramonet necesitamos ir a fondo en el razonamiento e ir a reformas que sobre la base de una moneda única universal, vayamos a un sistema impositivo sobre la circulación del dinero que sustituya los impuestos al consumo y al trabajo que agobian a los pueblos y también a sus economías. Es necesario eliminar los paraísos fiscales. Frente a la amenaza fascista del uso de las armas nucleares necesitamos de lo mejor de los seres humanos para ayudar al modo de producción capitalista a morir en paz.