Indudablemente la descripción y el estudio de la tierra comprenden temas y tópicos apasionantes, además de ilustrativos y espléndidos. Pero, sobre todo mostrando sus complejidades abigarradas, pues se trata de la intervención de varias dimensiones en las construcciones de los lugares, de los territorios y los espacios. El Parcurs de territoire de Hubert Mazurek es un relato y reflexión intensa sobre los problemas que llamaremos, en principio, espaciales.

Por un lado, están las epistemologías mismas de la geografía, las corrientes científicas y teoréticas que tratan estos problemas; por otro lado, las experiencias, los afectos, las percepciones, las vivencias de la gente, expresadas imaginariamente, configuradas simbólicamente, adquiriendo sentido significativamente e irradiando estéticamente. Estas formas de expresión se conforman en saberes de la gente, en conocimientos concretos y heredados, en manifestaciones culturales y colectivas, que, a su vez, viven sus propias mutaciones, transformaciones y desplazamientos.

También hay otros lados que hay que tomar en cuenta; las prácticas, las relaciones, las redes de relaciones, las formas de convivencia, de desplazamiento, de ocupación y de gestión local, territorial y espacial. En este comentario no pretendamos abarcar la gran discusión sobre las definiciones e interpretaciones de lugar, territorio y espacio; esta discusión es enormemente rica y transmite la variedad de las perspectivas, sobre todo por la polisemia de los significados. Empero también aprendemos sobre las perspectivas teóricas de los estudios del espacio, llamemos a estas perspectivas geografías; por ejemplo, hablamos de la geografía física, de la geografía política, de la geografía cultural, de la geografía humana, de la geografía histórica, de la geografía económica. La matriz organizadora de estas formaciones discursivas, de estas formaciones enunciativas, de estos cuadros y horizontes de visibilidad, se consolida en distintas densidades perceptivas y conceptuales.

Por ejemplo, la geografía física se detiene en la descripción de la variada morfología de la superficie terrestre, notoriamente accidentada, configurada por una larga historia geológica y ecológica. En cambio la geografía cultural hace hincapié en mapas étnicos y culturales, tratando de encontrar homogeneidades y continuidades, sobre todo construidos a partir de ciertas centralidades simbólicas o de sistemas de símbolos que texturan los pueblos. Esta geografía considera que hay como una per-duración en el tiempo, por lo tanto, una transmisión de generación a generación, de ciertas pautas culturales, que explican comportamientos, conductas, intersubjetividades. Estas pautas culturales codifican a las instituciones en determinadas regiones consistentes.

En cambio la geografía humana se concentra en la construcción de los lugares, los territorios y los espacios a partir de ámbitos de relaciones, de estructuras estructuradas y estructuras estructurantes, esquemas de prácticas y de acciones, acompañadas por cosmovisiones, percepciones, representaciones y saberes. Esta geografía se enfrenta a las transformaciones efectuadas por las sociedades y comunidades, pero sobre todo para explicar la construcción de los lugares, de los territorios y de los espacios.

Por eso mismo, se entiende, que una de las discusiones más complejas dadas en esta episteme geográfica es la interpretación de estos topos. ¿Qué es el lugar? ¿Qué es el territorio? ¿Qué es el espacio? El Parcurse de territoire nos dibuja los distintos recorridos de las interpretaciones y explicaciones teóricas y científicas, pero también nos muestra los desafíos que enfrentan estas interpretaciones y explicaciones, así como contrasta con las percepciones, cosmovisiones y saberes de los distintos colectivos, sociedades y comunidades que habitan construyendo estos lugares, territorios y espacios.

En este comentario no vamos a inmiscuirnos en la historia de las corrientes, ni citar a los autores involucrados en la discusión, los mismos que se encuentran pormenorizadamente trabajados en el Parcurse de territoire. Lo que vamos a hacer es dibujar ciertas composiciones conceptuales de las definiciones relativas a los topos que tocamos y están en el centro de las cuestiones de las investigaciones espaciales. Parece que una de las tendencias es entender el lugar como el sitio de articulación de prácticas y de relaciones sociales, otorgándole cierta densidad gravitacional al lugar, donde las comunidades, colectivos y grupos se reconocen, es decir, construyen sus identidades. Se trata de una relación perceptiva, aunque también cognitiva, basada en la experiencia del territorio.

Ahora bien, el territorio se construye a partir de la articulación de lugares, del desplazamiento y ocupación efectuados; se trata de un juego de desplazamientos y de ocupaciones, así como de un flujo de actividades, también de flujos materiales y humanos; desplazamientos que realizan el espacio, conforman el espacio, lo construyen y lo estructuran. ¿Cuál de estos niveles es más abstracto? ¿Cuál de estos niveles es más concreto? ¿Cuál es anterior y hace de condición de posibilidad? ¿Cuál es posterior y hace como de efecto, apareciendo como una derivación o, si se quiere, más simplemente como resultado? Estas preguntas no son fáciles de resolver, incluso no se resuelven, no pueden resolverse, pues enfrentamos un abigarrado panorama de entrecruzamientos de lugares, territorios y espacios. Contando con esta historia de las formas teóricas y descriptivas del espacio, de la construcción conceptual efectuada, de la lógica relacional, secuencial, simultánea, lograda por las corrientes geográficas, podemos dibujar el itinerario epistemológico de estas corrientes teóricas.

En unas corrientes aparece el espacio como a priori, como condición de posibilidad histórica, como matriz estructurante de los lugares y territorios, en cambio en otras corrientes, el espacio es, mas bien, lo más abstracto, lo más general, aparece como una representación homogénea, como un referente o cuadro donde dibujamos los lugares y territorios. Hay, sin embargo, otras corrientes geográficas que asumen la complejidad misma como campo abigarrado de estudio, que conciben como una saturación de correspondencias, yuxtaposición y articulación inmediata, compenetración, entre estos topos. No sería posible pensar los lugares sin tener una configuración de territorio y una idea del espacio; tampoco se podría tener una idea del espacio sin la experiencia del lugar y sin el tejido del territorio. En este caso se trata de una teoría de la complejidad; no hay antes ni después, no hay a priori y a posteriori, no hay jerarquía conceptual. Lo que hay es una narrativa simultánea y concomitante en múltiples planos a la vez.

Todo esto nos lleva a una mayor complejidad de la problemática. Enfrentamos una pluralidad inmensa de lugares, que además se encuentran sometidos a la mutación temporal, que sitúa a los lugares en espesores territoriales, conformados a partir de yuxtaposición de territorios, dependiendo de la forma desplazamiento y de re-plegamiento. Los mismos que no sólo se combinan y definen una coyuntura, entendida como articulación a territorial. A su vez, este juego y movimiento territorial, también comprende sus propias temporalidades. Complejidades de lugares diversos, distribución y combinación de diferentes tejidos territoriales, concurrentes en diseminaciones espaciales, construidas por esta abigarrada configuración de lugares y territorios. Empero, a pesar de estos entrelazamientos territoriales, los espacios aparecen conformando ciertas equilibraciones, parecen consolidar cierta perduración, parecen contener ciertas estructuras que terminan institucionalizándose.

Los métodos, los procedimientos, las teorías, tesis e hipótesis, los indicadores, los mapas, las cartografías, de estas corrientes teóricas se introducen como recursos de descripciones complementarias y representativas de estos ámbitos. Obviamente estos instrumentos descriptivos ilustran las realidades tratadas, permiten el esclarecimiento, ponderación, conmensuración, del tratamiento de los lugares, territorios y espacios. Se hace posible una interpretación de los datos, una lectura cuantitativa y espacial a partir de los datos, una hermenéutica de los mapas, de sus cartografías, pero también de sus recorridos y circuitos. Estamos ante la narrativa de otros lenguajes. Los leguajes espaciales y de los espesores territoriales, también los lenguajes de los cuerpos. ¿Dónde se contrastan estos instrumentos, también estas teorías, estos conocimientos, estas ciencias? Podemos decir que se contrastan ante desafíos abrumadores de historias, experiencias y espacios-tiempos asumidos como verdaderos desafíos. Por eso, el Parcurse de territoire se convierte en toda un desafío y en una prueba cuando se hace una evaluación de los recursos epistemológicos de las corrientes geográficas, cuando se coloca ante el desafío de una complejidad efectiva, de una realidad histórica, social, cultural, económica, configurada, es decir, dada, como es la construcción del espacio, de los territorios y los lugares en los Andes.

El desafío andino

Este es el desafío. ¿Cómo describir, interpretar y explicar la construcción del espacio andino? Esta es una problemática asumida a partir de una interpelación del intelectual aymara Simón Yampara y de la experiencia vivida a través de las investigaciones por Hubert Mazurek en Bolivia y el Perú. El dialogo intercultural, la comunicación, el juego decodificador entre geografía y espacio andino, se hace exuberante a lo largo de las reflexiones del Parcurse. En adelante no pretendemos una exposición exhaustiva de todo el decurso de la contrastación que hace Hubert Mazurek; lo que busca es mostrar ciertos encuentros interpretativos entre geografía y espacialidad andina.

Desde la lectura hecha del Parcurse, se considera que un núcleo fundamental del desafío andino radica en la complejidad del ayllu, en su composición, conformación y configuración institucional. Desde la perspectiva geográfica, parte del desafío andino a la ciencia del espacio no sólo tiene que ver con la composición dual y complementaria del ayllu, con la estructura rotativa de los mandos, con la movilidad y la no-delimitación y definición de fronteras, es decir, la ausencia de límites y fronteras, sino también con la concepción combinada del espacio y tiempo. Otra parte del desafío tiene que ver con la construcción del espacio, del territorio y del lugar, concebidos como espaciamientos y temporalidades articuladas en su propia inmediatez de manera simultánea, integrada y articulada, por lo tanto, en su propia complejidad.

Uno de los puntos de partida, pues hay varios, es la comprensión del taypi, del centro, como del lugar de encuentros y realización de las dualidades y complementariedades. Este lugar, que es, al mismo tiempo no-lugar. Espacio vacío y de ocupación provisional, espacio de reunión y de consenso, aunque también de tensión y confrontación, de tinku, como forma dramática y ritual de resolución de conflictos.

¿Qué función cumple el taypi en la construcción del espacio andino? ¿Es como el lugar vacío y ausente que da sentido a la cadena o cadenas móviles significantes? Haciendo uso de una interpretación psicoanalítica. Al respecto, hay que decir que, en primer lugar, este centro no está ausente, no es virtual, sino real, está presente; aunque es vacío es, empero, lugar de conexión, de reunión, lugar ceremonial, lugar que expresa la densidad de la complementariedad. A diferencia de la plaza de armas española, que es un centro de poder, el taypi es centro de comunicación y de fiesta, de consenso y de catarsis, donde se expresa la potencia comunitaria. Es el lugar de fisura de la dualidad simbólica, pero también, por eso mismo, es el lugar de conexión, contacto, del símbolo, es decir de las dos partes que constituyen el símbolo. Lo que importa en este caso, desde la interpretación geográfica, es responder a la pregunta de cómo se construye el espacio a partir del taypi. El taypi es como el centro de la turbulencia, de los movimientos y de los desplazamientos, de los circuitos complementarios y de los recorridos de las prácticas. Entonces este centro ceremonial, de rituales, de comunicación, de consensos, permite la configuración de un espacio intenso y dinámico, en constante movimiento y desplazamiento.

Hay que tener en cuenta que el ayllu no es una entidad aislada, al contrario, se halla conectada a otros ayllus, a otras comunidades, a las familias y relaciones familiares componentes del ayllu y de los otros ayllus, a las alianzas político-territoriales. Responde a las filiaciones y alianzas estratégicas. Entonces tenemos una distribución de ayllus en espacios de tejidos territoriales, por lo tanto tenemos también una distribución de centros de dualidades y complementariedades. Estos tejidos conforman la marka. Se trata de una composición espacial más compleja, más abarcadora, que exige una coordinación de ayllus; lo que va llevar también a una coordinación de markas. El conjunto de markas, a su vez, constituye al suyu, que es como una nación pensada en términos territoriales, tal como se asumen ahora los suyus en el Consejo de Ayllus y Markas del Qullasuyu (CONAMAQ). El suyu aparece como una constelación de ayllus y markas, donde los ayllus y markas se complementan, funcionan a partir de la lógica de las complementariedades, haciendo posible la gestión transversal de los nichos ecológicos, la administración de los cultivos, de los bienes y de los climas, que van a ser movilizados en los circuitos de las compensaciones e los circuitos complementarios. Los suyus formaron parte en otros tiempos de verdaderas confederaciones.

La hipótesis interpretativa subyacente se puede expresar de la manera siguiente: A partir del ayllu que se organiza esta espacialidad compleja de complementariedades, de circuitos y de articulación del archipiélago andino. Otra hipótesis, derivada de la anterior, nos muestra al ayllu como el núcleo de la potencia comunitaria, también de la energía de la creación de un espacio articulado por las lógicas de la complementariedad.

Una primera conclusión que podemos sacar de este comentario se resume de la manera siguiente: Yano se trata solamente de resolver la problemática de las relaciones entre lugares, territorios y espacios, sino de comprender que lo que acabamos de dibujar, las redes complejas de ayllu-marka-suyu, tienen que concebirse a partir de ciclos espacio temporales, ciclos no solamente dinamizados por las complementariedades, sino que son ciclos donde se producen los que llamamos lugares, territorios y espacios. Por lo tanto, dejan de ser solamente eso, lugares, territorios y espacios, dejan de ser tópicos; de esta manera debemos concebirlos dentro de la temporalidad del ciclo, como lugares, territorios y espacios en el ciclo del espacio-tiempo. Momentos de movimientos cíclicos. Por lo tanto, ya no se trata sólo de la problemática espacial, de la construcción social del espacio, sino de la construcción del tiempo, de la temporalidad, en sentido de sus ciclos. Entonces tendríamos que hablar ya no de una geografía, sino de una geo-tempo-grafía.

Pero, no se trata de dar nuevos nombres a la geografía, sino de apuntar los desafíos. Entre estos desafíos se encuentra la complejidad barroca de la historia misma del espacio andino. Los periodos de la colonia y los periodos de la república van inscribir otros espacios y otras cartografías que se yuxtaponen a la matriz espacial andina ancestral. Los repartimientos, las mitas, las encomiendas, la fundación de ciudades y la construcción de plazas, las reducciones de pueblos de indios, las parroquias, los circuitos mineros y los de la coca, primero, durante la colonia; y las intendencias, las administraciones de las repúblicas, los departamentos, la conformación de una geografía política en el Estado-nación, la expansión de los mercados, la expansión económica hacia el mercado internacional y la división del trabajo en el sistema-mundo capitalista, después, en los periodos republicanos; ambas secuencias históricas van a terminar de configurar, conformar y construir otros lugares, territorios y espacios, erigidos en un imaginario que separa espacio de tiempo y percibe un tiempo lineal.

La gran dificultad de la geografía humana es entender este barroco espacial, sobre todo entender la relación entre las distintas concepciones espaciales, territoriales y de lugares. La forma cómo se conforman y se adecúan, cómo resuelven la diferencia de sus lógicas y prácticas. La gran dificultad se encuentra en desentrañar esta maraña.

Ahora es conveniente que retomemos algunas conclusiones del Parcurse. A los desafíos de la geografía, tomando en cuenta el alcance de estos desafíos, recogiendo de la evaluación los aportes epistemológicos de la geografía contemporánea, sobre todo de la geografía humana, se sugiere algunas conclusiones que pueden empujar a la investigación geográfica a avanzar a un tratamiento más adecuado a las complejidades que enfrenta. Una conclusión indispensable parece ser la de estudiar las formas dinámicas de los distintos movimientos espaciales, considerando su inherente temporalidad. Esto implica también concentrarse a estudiar las particularidades de la heterogeneidad. Se requiere un análisis de las tensiones entre los anclajes territoriales y la pluralidad de lugares. Lo que implica, a su vez, considerar la heterogeneidad y la variedad de lugares como un efecto de grupo, significativo de la activación de redes espaciales.

Otra conclusión sugerente tiene que ver con concebir la teoría del territorio como una teoría de los riesgos y las vulnerabilidades, visualizadas espacialmente. Al respecto debemos entender que la vulnerabilidad se puede interpretar como la inestabilidad de un elemento respecto a su adecuación con su entorno. En este sentido, es indispensable estudiar el contexto donde aparece la vulnerabilidad, el carácter que permite la expresión de la vulnerabilidad, además de la relación del elemento en cuestión y su contexto donde se da la vulnerabilidad.

Una tercera conclusión tiene que ver con las respuestas posibles a estos riesgos y vulnerabilidades manifestados espacialmente. La propuesta es la de retomar una comprensión participativa de la democracia ampliando los alances, el sentido y la práctica de la gobernanza.

Una cuarta conclusión tiene que ver con el despliegue de la geografía en el ámbito epistemológico de la teoría de la complejidad, concibiendo una mirada integral e interdisciplinaria de las ciencias.

Apreciación sobre la reflexión

Se puede decir que la contrastación entre geografía y complejidades espaciales, territoriales y de lugares, entre corrientes geográficas, por un lado, y experiencias, percepciones,cosmovisiones de la gente, además de esquemas de comportamientos y prácticas, por otro lado, nos muestra los avances de la geografía contemporánea y el reconocimiento de una sensibilidad mayor ante la heterogeneidad y diversidad de las realidades espaciales.

Estamos ante un aporte de la reflexión epistemológica y metodológica sobre los desarrollos cognoscitivos e instrumentales de la geografía contemporánea, sobre todo de los despliegues y el debate de la geografía humana. A través de esta revisión, logramos visualizar el avance e incorporación de la geografía a las teorías de la complejidad, es decir, al nuevo paradigma. Sobre todo importa el desplazamiento epistemológico en torno a las concepciones y significaciones territoriales. Este es uno de los temas más inquietantes debido a la complejidad de los espesores territoriales y de los espesores culturales que comprende el territorio.

En lo que respecta a la contrastación entre miradas y perspectivas geográficas, decodificaciones e interpretaciones epistemológicas, por un lado, y el desafío del espacio andino, de la espacialidad y temporalidad andina, por otro lado, es importante anotar el conocimiento, el manejo y la experiencia que se tiene respecto a los imaginarios y configuraciones del espacio-tiempo andino, concebido desde la cosmovisión de la pacha, dualidad, complementariedad, equilibrio del espacio-tiempo, de la alaj-pacha, espacio tiempo universal, de la aca-pacha, espacio tiempo terrestre, de la manca-pacha, espacio tiempo del subsuelo y de la interioridad, que además suponen la articulación de todos estos espacio-tiempos en la totalidad plural y complementaria, tak’pacha.

La importancia del aporte radica en no sólo utilizar el bagaje representativo de este espacio-tiempo, de estas espacialidades y temporalidades complejas, sino en teorizar sobre otra forma de construcción de la espacialidad, que va más allá de la relación entre lugares, territorios y espacios. El secreto de la construcción del espacio andino radica en la idea transversal de ciclo, en el esquema de la dualidad y complementariedad, situados en la estructura dinámica y cíclica del ayllu, sobre todo situados en un lugar que no es lugar, en un no-lugar, la idea de vacío del taypi.

* Activista de Comuna. http://horizontesnomadas.blogspot.com/