Ginebra, Bruselas, Mogadiscio, Juba, Nairobi, Sanaa y La Habana (PL).- Como consecuencia de tres graves crisis humanitarias, más de 800 mil personas fueron obligadas a desplazarse fuera de sus países en 2011, la mayor cifra de los últimos 10 años, revela el informe “2011 Tendencias Globales” del Alto Comisionado para los Refugiados de Naciones Unidas (Acnur). En el último quinquenio, más de 42,5 millones de personas fueron desplazadas de sus hogares.

Las graves crisis humanitarias iniciadas a finales de 2010 con los sucesos postelectorales en Costa de Marfil, que dejaron también miles de muertos y cientos de heridos, y otros acontecimientos violentos en Libia, Somalia y Sudán provocaron un desplazamiento humano sin precedentes, indica el informe de Acnur publicado en vísperas del Día Mundial del Refugiado el 20 de junio.

El año pasado ocurrieron tres crisis masivas de refugiados: hasta la fecha más de 80 mil personas escaparon de la violencia por el conflicto en Siria, mientras 190 mil lo hicieron de Sudán a Sudán del Sur y a Etiopía. Por otro lado, 160 mil malienses abandonaron su territorio ante la situación crítica de sequía y hambruna en su país, donde militares protagonizaron un golpe de Estado el 22 de marzo.

Antonio Guterres, responsable del mecanismo de la ONU, declaró que 2011 constituyó año récord para el desplazamiento forzado como “una multiplicación de crisis de refugiados”, y alertó que 2012 no parece ser “más favorable”. Consideró que el “sufrimiento tuvo una escalada épica” en 2011 al ser tantas vidas arrojadas a la confusión en tan corto espacio de tiempo, lo cual significó “un costo personal enorme para todos los afectados”.

Al balancear la última década, la Acnur apuntó que las nuevas cifras indican tendencias preocupantes, que incluye más de 42,5 millones de personas desplazadas por varios años en el último quinquenio. De ese total que viven fuera de sus hogares, 15,2 millones son refugiados, 26,4 millones desplazados internos y 895 mil buscan asilo.

África-Sahel: El gran desafío de la seguridad

Atrapada en un escenario climático hostil y amenazada por una crisis alimentaria, la región africana del Sahel se enfrenta a una espiral de violencia desatada por la secta islámica Boko Haram y el grupo terrorista de Al Qaeda en el Magreb Islámico (AQMI), que amenazan con desestabilizar a los cuatro países de la zona: Mauritania, Malí, Níger y Argelia. Se ha confirmado la existencia de vínculos entre AQMI y la organización Boko Haram.

En la zona saheliana se presencia la emergencia del Movimiento de Liberación Nacional de Azawad (MLNA), de guerrilleros tuareg que se proyectan por la secesión de un territorio norteño maliense, lo cual afecta a varios países. La anunciada separación de un territorio que reclaman los tuareg (menos de dos millones 200 mil personas) como su asiento originario (ahora parte de cuatro países Argelia, Libia, Níger y Malí) añade fuego a problemas que incendian también a otros Estados de la zona, directa o indirectamente.

En el norte de Malí, el Movimiento Nacional de Liberación de Azawad, de mayoría tuareg, declaró la independencia. Azawad es una región fronteriza con Mauritania, Argelia, Níger y Burkina Faso y está considerada la cuna de la comunidad tuareg. Preocupan los enfrentamientos entre granjeros Dogon (malienses) y pastores nómadas Fulani, por el control de pastos para el ganado, que cobraron poco más de 30 muertos y un millar de desplazados en región saheliana de Burkina Faso, fronteriza con Malí.

En la trama subregional un espacio aparte tiene el AQMI, una red que las autoridades del área definen como terrorista, y que al parecer fue un desprendimiento del Grupo Salafista para la Predicación y el Combate, que operó en Argelia, y el cual en 2006 fue relacionado con Osama Bin Laden.

Al Qaeda en el Magreb Islámico porta esa denominación desde 2007 y su agenda internacional supone la actuación en varias direcciones, una es la del oeste (noroeste argelino y frontera marroquí), la del este (centro y noreste argelinos y la Kabilia) y parte del sur, más extensa e inhóspita, donde opera en Mauritania, Malí y Níger.

Hay muchas versiones sobre su modo de operar y sus engarces con otros elementos radicales de confesión islámica, como Ansar Dine, y en su momento se le tildó de componente bélico afín al MLNA, durante su ofensiva contra el ejército de Malí en el norte de país, un vínculo que negaron los guerrilleros separatistas.

“Un fuerte vacío de poder en Libia podría servir para que las redes criminales y terroristas crecieran en Mauritania, Malí, Argelia y Níger. La futura Estrategia para el Sahel de la Unión Europea y las políticas relacionadas deben volver con urgencia a examinar las contingencias”, aconsejó el articulista Oladiran Bello Manuel Manrique.

En el escenario saheliano se debe valorar un tópico trascendente e imprescindible, la crisis humanitaria que amenaza la vida total en esa región africana, donde se calcula que cerca de 20 millones de personas sufren en medio de esa situación de desamparo. La ONU informó que unos 18 millones de personas necesitan ayuda alimentaria urgente como consecuencia de la sequía, las malas cosechas y el aumento del precio de los víveres, que azota a la región.

El año pasado más de 10 millones de africanos, la mayor parte de Somalia, Etiopía, Djibouti, Uganda y Kenia sufrieron los efectos de la más grande sequía de los últimos 60 años, que azotó con mayor agudeza a 3,2 millones de etíopes, igual cantidad de kenianos, a 2,6 millones de somalíes y a más de 100 mil ciudadanos de Yibuti. La situación generó la mayor crisis alimentaría de los últimos años en el llamado Cuerno Africano. La carencia de agua elevó hasta un 30% la tasa de desnutrición, amenazada también por el incremento del precio de los alimentos, sobre todo en Kenia y Etiopía.

En la actualidad la inseguridad alimentaria amenaza a más de 15 millones de personas en la región del Sahel africano, crisis agudizada por el conflicto en el norte de Malí, advirtió Naciones Unidas a fines de abril. La oficina coordinadora de Asuntos Humanitarios precisó que de ese total unos 3,5 millones son malienses y más de un millón niños en riesgo de sufrir desnutrición aguda.

Unas 270 mil personas tuvieron que abandonar sus lugares de residencia en el norte de Malí debido a los enfrentamientos iniciados a mediados de enero y agravados por el golpe de Estado perpetrado el 22 de marzo y que depuso al presidente constitucional Amadou Toumani Touré. En estos momentos, más de 130 mil de esos refugiados están en Mauritania, Burkina Faso y Níger y otros 30 mil en Argelia.

El 10 de abril, el alto Comisionado de Acnur Antonio Guterres y los titulares del Fondo para la Infancia (Unicef) Anthony Lake y de la Organización Mundial de la Salud (OMS) Margaret Chang reclamaron más atención del mundo ante la extrema gravedad de la crisis humanitaria que afecta a tres millones de personas en la región del Sahel africano, casi la mitad de ellas niños.

La dimensión del problema es extremadamente dramática, apuntó Guterres al destacar la particular seriedad de la crisis en Malí, Chad y Níger. Sin embargo, la comunidad internacional solo ha aportado hasta ahora la mitad de los 724 millones de dólares solicitados por la ONU en diciembre pasado para enfrentar la crisis en esa región, lamentó el jefe de la Acnur.

El director ejecutivo de Unicef afirmó que cerca de 1,5 millones de niños sufren de desnutrición aguda y severa y están en peligro de muerte por hambre o enfermedades. De esa cantidad, 330 mil están en Níger, más de 200 mil en el norte de Nigeria, unos 180 mil en Malí y otros 130 mil en Chad. En menor grado, la situación también afecta a los infantes de Burkina Faso, Mauritania, el norte de Senegal, el sur de Camerún, Sudán y Sudán del Sur.

La ONU estima que casi un millón de niños sufren desnutrición aguda y 300 mil están en peligro de muerte en Yemen como consecuencia de la sequía, el conflicto armado y los crecientes precios de los alimentos. Lastimosamente, el pedido de 459 millones de dólares hecho por la ONU para asistir a Yemen en 2012 solo ha sido cubierto en menos de la mitad, criticó la coordinadora para el socorro de emergencia de la ONU Valerie Amos, y recordó que cerca de medio millón de yemenitas han sido desplazados de sus lugares de residencia por los enfrentamientos armados. A ellos se suman otras 220 mil personas procedentes de países del Cuerno Africano que llegaron a Yemen como refugiados.

Hasta el 18 de mayo la ofensiva del Ejército contra milicias ligadas a Al-Qaeda provocó el desplazamiento forzado de unas 160 mil personas en la provincia de Abyan, quienes se hallan en una alarmante situación humanitaria pues desde hace más de un año viven en escuelas de las provincias de Adén y Lahj. Se estima en unos 535 mil el total de desarraigados de las provincias de Saada, donde el Ejército de Yemen combatió a milicianos de la secta chiita Houthis, y Abyan, escenario de violentos combates con incursiones de la aviación militar nacional y estadounidense.

Por otro lado, Somalia vive en un estado de guerra civil y caos permanente desde hace 20 años, desprovista de un gobierno central efectivo desde la caída del general Mohamed Siad Barre en 1991. En la nación imperan milicias islámicas, señores de la guerra tribales y bandas de delincuentes armados, de diversas sensibilidades ideológicas. Por añadidura, la gestión del Gobierno Federal de Transición es impugnada por varias agrupaciones islámicas decididas a instaurar en ese país la Charia (ley musulmana).

La milicia Al Chabab es hostil a cualquier intervención de Occidente, y desde 2010 frena la distribución de ayuda por ONG, en especial las occidentales y cristianas, y alude que eso crea dependencia. Su anunciado objetivo es establecer un gobierno islámico ultraortodoxo y, según versiones, existen vínculos con la red Al Qaeda.

Primero fueron las vidas segadas por el hambre ante el azote de la mayor sequía de los últimos 60 años, lo que cambia ahora a torrenciales aguaceros, giros climatológicos extremos, consecuencias del cambio climático. Más de 13 millones de personas en el Cuerno de África sufren las carencias de alimentos y agua, la mayoría de Somalia, donde la ONU declaró el estado de hambruna en varias regiones.

Unos 20 mil somalíes emigraron por hambre en el último cuatrimestre

Los conflictos y secuelas de sequías han acumulado durante décadas casi un millón de somalíes refugiados en países vecinos de Somalia, la mayoría de ellos en Kenia, Yemen y Etiopía. Solo en los primeros cuatro meses de 2012, unos 20 mil somalíes emigraron a causa de la inseguridad, el hambre y la falta de otros recursos. La cifra es menor que la de 40 mil registrada cada mes entre junio y septiembre de 2011, precisó Acnur.

El arribo de nuevas oleadas de somalíes, que este junio cumplieron un año del inicio de esa migración, aumentó en particular en mayo, desde 980 en la primera mitad del mes, hasta dos mil en la segunda. Muchos refugiados afirman que evitan ser víctimas de operaciones militares o del reclutamiento forzoso, aunque también escapan de la falta de lluvias, la destrucción de sus cosechas y el hambre en general.

Los campos de refugiados de Dollo Ado en Etiopía albergan a cientos de miles de personas, y el exceso de cobijados obligó a la Acnur a proyectar junto al gobierno de Addis Abeba la instalación de un sexto campo en la zona de Dollo Ado, ya superpoblada y “medioambientalmente frágil”. El número de refugiados somalíes en Etiopía superaba los 150 mil a fines de abril, quienes subsistían en medio de pésimas condiciones en los cinco campamentos de Dollo Ado. Unos 450 nuevos refugiados llegan cada semana, lo que totaliza 8.500 desde principio de año, precisó el portavoz de Acnur Adrian Edwards.

Otro de los centros regionales de asistencia, el de Dadaab en Kenia, alberga a más de 460 mil refugiados, que siguen viviendo en precaria situación de seguridad por el uso de armas y de artefactos explosivos improvisados. Acnur afronta otro reto con respecto al difícil ambiente de salud de esos conglomerados humanitarios, en particular frente a la población somalí.

El organismo intenta reducir las tasas sin precedentes de mortalidad y desnutrición infantil entre los somalíes que van ingresando a los campos, aunque muchos niños mueren al poco tiempo de llegar. La tasa de mortalidad estimada ha alcanzado hasta 17 fallecidos al día por cada 10 mil, sobre todo en el verano.

El 15 de junio la organización Médicos Sin Fronteras (MSF) instó a la comunidad internacional prestar apoyo urgente a medio millón de somalíes refugiados en Dadaab, el mayor campo de refugiados del mundo situado a 100 kilómetros de Somalia. “¿Cuántas crisis nutricionales o epidemias de sarampión hacen falta para empezar a buscar soluciones?”, cuestionó la representante de MSF Elena Velilla.

A mediados de junio de 2012, alrededor de 300 mil sumaban los refugiados malienses que carecían de acceso a la cantidad mínima de agua necesaria -10 litros diarios- por falta de fondos financieros. El funcionario de Acnur Andrej Mahecic denunció que seis meses después de la petición de fondos para los desplazados malienses, sólo se recibió el 13% de los 153,7 millones de dólares solicitados.

A punto de colapsar los campos de refugiados sudaneses

Los campos de refugiados próximos a la explosiva zona fronteriza de Sudán con Sudán del Sur están desbordados y a punto de colapsar. Decenas de miles de personas han huido de los combates entre los ejércitos de ambos países y de la sequía que agosta el Cuerno de África, cuyos embates han cobrado la vida de un número indeterminado pero creciente de residentes en esa región.

Los enfrentamientos obligaron últimamente a 115 mil a emigrar hacia el vecino Sudán del Sur y a 30 mil hacia Etiopía. En la última semana de abril, los combates provocaron el desplazamiento forzoso de otros 35 mil sudaneses. La tasa de registros en campamentos como el de Yida se triplicó con respecto a los meses de febrero y marzo, pues a fines de abril se contabilizaban unas 1.300 entradas por día.

Los refugiados que están siendo albergados en los campamentos de Doro y Jammam, -en Alto Nilo- y en uno nuevo creado en Jatil; todos ellos muestran indicios de crisis por la escasez de agua y encaran el riesgo de colapsar o de que se desate una epidemia debido al hacinamiento y a las altísimas temperaturas del verano en el oriente africano.

MSF alertó que en los últimos días “entre cinco y 10 personas fallecieron por día desde que el (campamento) Kilómetro 48 (en el sursudanés estado de Alto Nilo) se quedó sin agua”. Se estima que “unos 15 mil refugiados caminaron 25 kilómetros en masa hasta el lugar más cercano donde había agua”.

Los campos de desplazados sólo disponen de provisiones para 10 días, lapso insuficiente ante cualquier calamidad natural o dificultades logísticas para el traslado de provisiones. Portavoces de la ONU cifraron en 20 mil los refugiados que deben ser evacuados hacia otras instalaciones más alejadas de las zonas de conflicto. Convoyes de la ONU, asistidos por la Cruz Roja, trasladan unos mil damnificados cada día desde mayo pasado, según Acnur.

ONU distribuyó 427 millones de ayuda humanitaria en 2011

Naciones Unidas distribuyó 427 millones de dólares entre una decena de sus organismos para el financiamiento de ayuda humanitaria en 45 países y territorios durante 2011. Dichos recursos salieron del Fondo central para la acción en casos de emergencia (CERF) y también contribuyeron a acciones de la Organización Internacional para las Migraciones.

La ayuda humanitaria de la ONU se centró en el enfrentamiento de situaciones relacionadas con sequías, inundaciones y tormentas, con 149 millones de dólares. Otros 128 millones beneficiaron a las víctimas de la sequía y el hambre en el Cuerno Africano y otra suma no especificada alcanzó a los afectados por la inseguridad alimentaria en la región del Sahel (Níger, Chad y Mauritania).

Las agencias que más dinero recibieron del CERF fueron el Programa Mundial de Alimentos (127 millones de dólares) y el Fondo de la ONU para la Infancia (109 millones para 130 proyectos en 38 países). Los países que más recursos recibieron fueron Somalia (53 millones de dólares), Etiopía (46,5 millones), Pakistán (32 millones) y Sudán del Sur y Kenya (unos 23 millones).

El 18 de junio, la Unión Europea (UE) y sus socios de otras regiones anunciaron que aportarán 940 millones de euros (1.200 millones de dólares) extra para enfrentar la hambruna en el Sahel, donde unos 18 millones de personas corren riesgo de morir de hambre. “Es una buena noticia, pero no es suficiente”, comentó la comisaria de ayuda humanitaria del organismo Kristalina Georgieva, ya que solamente para afrontar el impacto de la sequía y la inseguridad en Mali se necesitarían 1.700 millones de dólares.

Un estudio de Oxfam y Save the Children corroboró que muchas de las miles de muertes en el Cuerno Africano por la grave sequía de los últimos dos años ocurrieron por el tardío auxilio internacional. En julio de 2010 se hizo el primer reclamo de ayuda ante la crisis que asolaba a Somalia, Kenia y Etiopía, y solo pasados seis meses reaccionaron las organizaciones internacionales con apoyo sanitario y alimentario.

La investigación de las dos ONG reveló que de abril a agosto de 2011 fallecieron entre 50 mil y 100 mil personas víctimas de la prolongada falta de agua, ante casi dos años sin precipitaciones. Todos sabemos que una reacción rápida salva vidas y somos responsables de este peligroso retraso, señaló la representante de Oxfam Barbara Stocking.

Con reportes de los periodistas Julio Morejón y Silvia Martínez Puentes de la Redacción África y Medio Oriente de Prensa Latina.