La Habana.- Los portugueses fueron los iniciadores del comercio de esclavos, uno de los crímenes más abominables practicado hasta el siglo XIX por ingleses, franceses, holandeses y otros. Al finalizar la Segunda Guerra Mundial (1939-1945) resurgió con vigor el sentimiento nacionalista y la independencia de un grupo de naciones del Africa Occidental obligó al colonialismo francés a variar su sistema de explotación. Reino Unido intentó mantener su imperio con horribles represiones en Uganda, Malawi y Somalia.

El arribo de los europeos a Africa en el siglo XV abrió una etapa desconocida hasta ese momento histórico por las poblaciones autóctonas, y casi de inmediato los recién llegados pretendieron establecer un sistema de relaciones de dominación y subordinación.

Desde 1498, el rey Carlos de Portugal estaba interesado en la apertura de una ruta comercial segura hasta la India y con ese objetivo financió los viajes de los navegantes lusitanos, quienes fueron los primeros europeos en explorar y visitar las costas africanas. En un principio los contactos con los nativos se limitaron a intercambios comerciales con las poblaciones que habitaban las áreas costeras, sin penetrar en el interior de los territorios.

En 1500 el portugués Pedro Alvares Cabral llegó a las playas brasileñas de Bahía y se estableció el dominio de su país en esa nación suramericana, que se convirtió en una colonia. Los dueños de haciendas necesitaban mano de obra y esa demanda impulsó la trata de esclavos. Fueron los portugueses los iniciadores del comercio de esclavos que con la participación después de ingleses, franceses, holandeses y otros, practicaron hasta el siglo XIX el saqueo humano en zonas del Africa Occidental, uno de los crímenes más abominables cometidos por el hombre contra su semejante.

La despiadada cacería de hombres y mujeres en ese continente provocaría el odio hacia la presencia de los extranjeros, el cual se traduciría en actos de rechazo y acciones heroicas que han quedado en la memoria de los pueblos africanos.

En el siglo XV llegaron los portugueses a Angola, comandados por Diego Cao. Después de informar al rey sobre las grandes posibilidades de explotación que tenía el país, regresó más tarde para iniciar la colonización. El reino de Kwanza, angolano, se caracterizó por una oposición vigorosa al colonizador, llegando en una ocasión a apresar a una embajada enviada por el soberano portugués para tratar de neutralizar la beligerancia nativa. A pesar de la resistencia, el portugués Paulo de Novais se estableció definitivamente. Desde ese instante comenzaron las guerras de enfrentamiento directo y continuo contra los lusitanos. Se destacó en ese conflicto el rey angolano Ngola, que logró unificar el estado de Kwanza.

La pequeña Santo Tomé y Príncipe fue escenario de uno de los más enconados enfrentamientos a la esclavitud colonial portuguesa. Las rebeliones estuvieron encabezadas por Joan Gato, la primera, y por Amador Vieira, la segunda, quien fue proclamado rey por los que sufrían opresión extranjera. Vieira llegó a movilizar cerca de cinco mil esclavos, consiguió liberar la mayoría del territorio nacional y mantuvo al gobernador y a las tropas coloniales cercados en la capital. Traicionado y hecho prisionero, fue asesinado en 1596, después de sufrir horribles torturas.

En Guinea Bissau funcionaba la Compañía Portuguesa de Guinea, autorizada por la Iglesia a introducir esclavos africanos en América. Los conquistadores tuvieron que vencer con las armas la resistencia de fulas, balantas, mandingos y otros grupos étnicos. La capital del imperio Monomatapa, en Mozambique, se encontraba en una zona denominada Mashona. El rey de Portugal dio órdenes a sus tropas de emplear mano dura contra los nativos e incluso contra los mercaderes musulmanes en una localidad llamada Sofala. A pesar de la superioridad en armamentos y la brutalidad de las tropas extranjeras, los portugueses nunca lograron imponer un control duradero, excepto en una delgada franja costera que iba desde Cabo Delgado hasta Sofala.

En los siglos XVIII y XIX se multiplicaron las rebeliones contra la dominación esclavista y colonial. En Guinea, dos jefes de tribus se distinguieron por su oposición a la opresión francesa: Almamy Samory Touré y Alpha Yaya. Samory unificó varios reinos y creó un Estado organizado e hizo resistencia a la conquista colonial durante 18 años, pese a la superioridad de los armamentos de sus enemigos. Capturado, fue deportado a Gabón y murió en ese país.

Durante cuatro años el rey Behanzin en Benin encabezó una resistencia heroica contra los franceses. Las campañas de Behanzin fueron reprimidas por las tropas de París, que lograron derrotarlo por sus armas modernas. Hecho prisionero, resultó deportado a Martinica primero y a Blida, en Argelia, después, donde murió. Hoy es considerado Héroe Nacional en Benin.

Francia y el Africa Occidental

La independencia de un grupo de naciones del Africa Occidental se produjo en una coyuntura histórica que obligó al colonialismo establecido por Francia a variar su sistema de explotación en el área. Tras el fin de la Segunda Guerra Mundial (1939-1945), en la cual miles de africanos combatieron palmo a palmo al lado de las tropas de las potencias victoriosas, resurgió con más vigor el sentimiento nacionalista en los hombres que regresaban del frente.

Las nuevas ideas se vertebrarían con las ansias independentistas prevalecientes en los antiguos luchadores anticoloniales desde mucho antes del fin del conflicto universal, que fueron desconocidas por las autoridades de Francia. La libertad frente a la barbarie fascista era sólo para las metrópolis europeas.

Después de la guerra, todas las potencias coloniales, incluida Francia, se negaron a concederle de inmediato la independencia a sus posesiones, y muy al contrario, se empeñaron en reconstruir y reforzar el sistema de opresión y el saqueo de las riquezas naturales. En muchos países se produjeron sangrientas masacres de la población al menor reclamo de libertades políticas o el cese de la esclavitud colonial. Las metrópolis trataban de mantener los métodos represivos sin advertir el cambio de época.

El escenario, en general, se modificaría progresivamente no sólo en las colonias galas, sino en todo el accionar opresivo europeo, mediante la lucha armada o política, según se actuara con adecuado realismo o se empecinara en sostener el abusivo sistema. La presencia de ciudadanos franceses en Africa comenzó con la participación en el tráfico de esclavos junto a portugueses, ingleses, españoles, holandeses y otros, con destino a las colonias en América y el Caribe. La trata fue iniciada por los lusitanos, los primeros europeos en llegar al continente en el siglo XV.

El tráfico esclavista francés se dirigía a Guyana, en territorio suramericano, y en el Caribe a Guadalupe, Martinica, San Pierre y Miguelón, y notablemente a Haití, en la isla La Española, de ese último se apoderó en 1697, y cuya revolución en el siglo XIX marcaría un hito en la liberación del continente. En las pugnas por el dominio del continente, París obtuvo el control de una parte importante de la región occidental.

La implantación del colonialismo comenzó en la segunda mitad del siglo XIX. A finales de la centuria, el país europeo había consolidado lo que denominó Africa Occidental Francesa. Ese imperio estuvo constituido por Senegal, Mali, Níger, Guinea, Costa de Marfil, Benin, Togo, Camerún, Congo (Brazzaville), Gabón, Burkina Faso, Mauritania, Chad y República Centroafricana. El territorio y la población del conjunto de países excedían en varias veces a los de la metrópoli.

Francia poseía, además, posesiones en el Maghreb, en el norte, en el Cuerno de Africa, en el este y el centro, y en el océano Indico. Semejante poderío colonial sólo rivalizaba con el de Reino Unido. Esas dos naciones concentraban en su poder el mayor número de colonias en el continente. En la primera mitad del siglo XX, fue recrudecida la explotación colonial. Todas las protestas fueron duramente reprimidas por las tropas coloniales, se perseguía y se encarcelaba a sus dirigentes.

En 1860 Francia estableció su protectorado en Guinea, donde enfrentó la oposición de las tribus fulani y malinké. Sería su presidente Ahmed Sekou Touré -de 1958 hasta su muerte en 1984-, quien daría la clarinada que conduciría al desmantelamiento del imperio galo en la región. Touré, un viejo luchador por la emancipación, llamó al pueblo a votar por la independencia en 1958, en un referendo que pretendía se aceptara la pertenencia del país a una Comunidad, la cual agrupaba a las colonias, encabezada por Francia.

Un aplastante rechazo a la Comunidad Francesa fue la respuesta popular. El pueblo votó como pidió Touré y demandó la independencia absoluta e inmediata del país. El 2 de octubre de 1958 se proclamó la República de Guinea. La Comunidad Francesa era una institución en la que la política exterior de los países -la defensa, el sistema monetario, la economía y las finanzas, y en algunos casos el control de los órganos de justicia, educación, transportes y comunicaciones- estaba bajo la competencia de la potencia colonial.

Fue el 1960 un año crucial para la región: Chad, Costa de Marfil, Congo (Brazzaville), Benin, Togo, Centroáfrica, Burkina Faso, entre otras, obtuvieron la independencia. Las que faltaron lo hicieron al año siguiente. Quedaría desmantelado uno de los más colosales sistemas de explotación, establecido por Francia en el Africa Occidental, que dejó una extensa estela de saqueos y sufrimientos en los pueblos de la región.

Benin y Burkina Faso, regreso a los orígenes

Después de afianzar la independencia, varios países africanos decidieron cambiar los nombres impuestos por los colonialistas por otros más autóctonos, en correspondencia con sus valores históricos o culturales. Dos de esas naciones- antes Dahomey y Alto Volta- formaron parte del imperio colonial denominado Africa Occidental Francesa, forjado por París desde el siglo XIX, un sistema de explotación que culminaría siglo y medio más tarde tras una sostenida y tenaz lucha emancipadora.

La población de la actual Benin -Dahomey en la oscura noche colonial- se originó a partir de migraciones yorubas y otros grupos desde el este creando comunidades con estructuras sociopolíticas peculiares, que trabajaban la tierra pacíficamente y practicaban sus creencias animistas. Los contactos con los europeos datan del siglo XIV al arribar a sus costas los primeros navegantes portugueses, alternando las normas de convivencia de la población nativa. Dos siglos después los lusitanos comenzaron la trata de esclavos que ya realizaban desde mucho antes en otras regiones del Africa Occidental.

El territorio beninense fue uno de los más duramente explotados por el comercio de esclavos que eran trasladados a América y el Caribe, y vendidos a los dueños de plantaciones. En el llamado Nuevo Mundo, los esclavos sufrían todo tipo de crímenes y abusos que provocaron alzamientos y sublevaciones antiesclavistas.

De 1552 a 1557, el comercio de esclavos se originó en Porto Novo, actualmente la capital constitucional beninense, instigado por el portugués Eucaristus de Campos, un hombre carente de escrúpulos que amasó una cuantiosa fortuna con la trata. En esa época el tráfico de esclavos alimentó las rivalidades entre las metrópolis europeas. Discrepancias entre los reinos africanos diseminados en el territorio llevaron al rey de Porto Novo a reclamar en 1861 el protectorado de Francia con el fin de obtener amparo contra el rey de Lagos.

El decreto de julio de 1883 afirmó el protectorado galo sobre el territorio, y al fundarse oficialmente en 1904 el Africa Occidental Francesa, Benin fue proclamada colonia con el nombre de Dahomey e integrante de esa entidad. Las primeras noticias sobre el país se remontan al siglo XI y XII, cuando los mossi se establecieron definitivamente en el territorio y consolidaron su organización social. Este pueblo llegó desde el este del actual Níger, y organizó distintos estados que sobresalieron por su poderosa estructura política, social y militar.

No obstante, similar a las demás naciones de la región, la población fue también víctima del comercio de esclavos que provocó la pérdida de miles de hombres y mujeres en plena capacidad física y mental. Traficantes ingleses, franceses, portugueses, españoles, holandeses y otros obtuvieron pingües beneficios con ese negocio.

Cuando a fines del siglo XIX se produjo la conquista del Africa Occidental por Francia, los dos reinados más importantes que ocupaban el territorio eran el imperio Mossi, gobernado por el moro Naba de Ouagadougou, y el reino Yatenga. Una misión militar gala estableció el protectorado sobre este último.

En el imperio Mossi, el dominio extranjero confrontó inicialmente dificultades. Ante la resistencia ofrecida por el moro Naba, las tropas francesas efectuaron una ofensiva que culminó con la creación del protectorado en 1896. Los invasores sólo pudieron alcanzar la victoria por la superioridad de sus armas.

Después de la proclamación oficial del Africa Occidental Francesa, Alto Volta fue constituida en colonia, posteriormente disuelta e incluido su territorio entre las colonias de Costa de Marfil, Sudán Francés (hoy Mali), y Níger. Tras la Segunda Guerra Mundial, el territorio voltaico fue reintegrado y reapareció la colonia de Alto Volta.

Durante las guerras mundiales, la Primera (1914-1918), y la Segunda (1939-1945), africanos de ambos países y de otras naciones participaron en las hostilidades sirviendo heroicamente en el ejército francés. Sin embargo, esa cooperación no sirvió para que la metrópoli examinara la posibilidad de concederles la independencia a las colonias.

Pero el conflicto mundial actuó como detonante para movilizar a los pueblos sojuzgados y que mediante acciones políticas o armadas lucharan por su libertad. Alcanzada la independencia, Dahomey (1960) se convirtió en Benin; y Alto Volta (también en 1960) en Burkina Faso. Finalizaba así la esclavitud colonial.

Chad: Hitos de su independencia

El lago Chad da nombre a esta República ubicada geográficamente casi en el corazón del continente y sus más de un millón y medio de kilómetros cuadrados están encerrados en los límites de otros seis Estados: Libia, Níger, Nigeria, Camerún, Sudán y República Centroafricana. Chad no figura entre las naciones africanas más promocionadas internacionalmente, por lo cual se desconocen en lo fundamental su desarrollo histórico, cultural, los grupos étnicos y el enfrentamiento a la metrópoli colonial que oprimió a la población y saqueó al país.

La hidrografía, dominada por el lago Chad a 282 metros de altitud, cubre una superficie de dieciséis mil kilómetros cuadrados y es el cuarto del continente. El lago debe su vida a los ríos Chari y Logone, que se alimentan por las lluvias de las montañas de Camerún y República Centroafricana, y constituyen el nudo de parte de las fronteras occidentales.

Para su economía, la nación depende de las vías fluviales Benue y Logone, y cuenta con dos grandes regiones naturales: la sahariana, compuesta por el gran desierto del norte que cubre medio millón de kilómetros cuadrados, y la zona tropical que abarca 350 mil. Esta última es la región más rica del país, donde se practica la agricultura.

El clima es extremadamente caluroso con temperaturas máximas de hasta 50 grados celsius en Njamena, la capital. Existen cerca de 20 grupos étnicos; los principales son bahirmi, sara, kreich, teda, mbun, maba, toubou, y entre todos hablan unos 100 dialectos, aunque los idiomas oficiales son el francés y el árabe.

La multiplicidad de etnias dio origen al desarrollo de formas diversas en las creencias, esculturas, danzas, cantos, y en el modo de vida también variado que en su conjunto han afirmado el carácter y la personalidad del pueblo chadiano. La civilización sudanesa en la que se enmarcaba la región fue llamada así por haber tenido en el Sudán su Edad de Oro -por Sudán se denominaba la extensa zona de sabanas al sur del desierto del Sahara desde Senegal en el oeste, hasta el actual Sudán en el este.

Se componía de estados a cuya cabeza se encontraban reyes a quienes se rendían honores divinos y se les atribuían iguales poderes. Esos estados comprendían uno o más reinos en el centro y otros más pequeños diseminados por la periferia. En general, todos mostraban una estructura política más o menos centralizada. Uno de esos estados, el reino de Karen, fue fundado aproximadamente en el siglo IX al norte del lago Chad. Estaba muy relacionado con el Borna, establecido en la costa sur del mismo lago, en el territorio de la actual Nigeria, manteniendo entre ambos vínculos económicos muy estrechos.

La introducción del Islam, desde la segunda mitad del siglo XI, sirvió como motor de fusión entre los reinos de la región, fundamentalmente bajo el mandato del sultán de Oume (1085-1097). La expansión árabe por el norte de Africa llegó hasta el reino de Karen en el siglo XIV, cuando estos ocuparon la parte norte de este territorio, donde se establecieron, influyendo notablemente en la cultura de los habitantes de la región.

Los primeros europeos llegaron al país en 1897, cuando una expedición que se encaminaba hasta el Congo, con el fin de unir comercialmente esos territorios con la cuenca mediterránea, hizo contacto con el reino de Karen. Un acuerdo firmado entre Francia y Reino Unido ese año garantizó a París la presencia en la región, sobre todo en la parte norte del lago.

La conquista y colonización francesa no resultó fácil debido a la resistencia que opuso el norte islámico de la región, el cual había logrado una unidad religiosa relativamente fuerte. El sur del país con un clima tropical húmedo, a diferencia del semidesértico del norte, con considerables recursos naturales y una fragmentación política por las creencias animistas de sus habitantes, fue seleccionado como asentamiento por los colonialistas franceses.

Para la segunda década del siglo XX, la rebelión de la población fue dominada principalmente por la superioridad de las armas coloniales y un mayor dominio del arte militar de las tropas extranjeras, y Francia completó la ocupación total del territorio chadiano. Como la mayoría de los territorios de Africa Occidental Francesa, de la que formó parte, no escapó el esfuerzo de guerra exigido por París a sus colonias durante la Primera Guerra Mundial (1914-1918), lo cual significó un aumento de la explotación y el saqueo de las riquezas.

En pleno desarrollo de la Segunda Guerra Mundial (1939-1945), el general Charles de Gaulle proclamó la Francia Libre y anunció la resistencia contra la ocupación alemana. Soldados chadianos, como parte de los combatientes africanos, pelearon junto a los de las metrópolis.

Con el fin de la guerra, los combatientes llevaron a sus países las ideas democráticas y anticolonialistas. El movimiento nacionalista tomó vigor en 1947 con la creación del Partido Progresista Chadiano. Francia trató de frenar las aspiraciones independentistas con medidas como la autonomía parcial de la colonia, abolición del trabajo forzado y el Código del Indigenado, versiones de un sistema esclavista.

Con la creación de la Asamblea Territorial con participación nativa, los colonialistas trataron de impedir la liberación de Chad. Pero los reclamos continuaron y París se vio obligado a ceder. El 11 de agosto de 1960, Chad obtuvo la independencia de Francia.

Uganda, un siglo de esclavitud colonial

Uganda fue una de las joyas de la Corona Británica en el este de Africa, y aunque por la ubicación geográfica su población no sufrió la trata de esclavos, el país padeció los rigores de la opresión colonial. En las pugnas entre las potencias coloniales por el control del continente, Reino Unido obtuvo el dominio de varios países del área, a los que convirtió en protectorado o colonia según sus intereses. Unas veces lo obtenía mediante la firma de engañosos acuerdos, elaborados por la metrópoli y presentados a los nativos que no poseían conocimientos legales básicos para interpretarlos, y, otras, por el uso de la fuerza.

El reparto de Africa entre las potencias europeas, en la Conferencia de Berlín (1884-1885), no hizo más que dar derecho de propiedad sobre los territorios que habían ocupado desde el siglo XIX. Una propiedad que no sólo contemplaba los territorios sometidos a intensos saqueos de sus recursos naturales, sino que comprendía también a las poblaciones autóctonas oprimidas y carentes de derechos.

Debido a la composición étnica, gran parte de la población ugandesa habla distintas lenguas: teso, banyakole, batore y bugande, aunque el inglés es el idioma oficial. Predominan los grupos bantús, nilóticos y pigmeos, estos últimos habitan en las zonas boscosas.

El territorio de Uganda lo compone un conjunto de mesetas que descienden suavemente hacia el noroeste donde corre el río Nilo Blanco, el cual nace en el lago Victoria, el mayor del continente. El Nilo Blanco penetra en Sudán -y en Jartum, la capital-, se une al Nilo Azul que tiene su nacimiento en el lago Tara, en Etiopía. La fusión de ambos forman el Nilo, el cual recorre Egipto y vierte sus aguas en el Mediterráneo. Otros accidentes notables de Uganda son los lagos Eduardo y Alberto, nombres dados por los colonizadores, separados entre sí por el macizo volcánico Ruvenzori. El clima es tropical, con buenas condiciones durante casi todo el año.

Habitada por pueblos pastores, el territorio de la actual Uganda fue invadido por migraciones bantús provenientes de Camerún en el Africa Occidental, las que ya para los siglos XIII y XIV habían constituido reinados comparativamente desarrollados.

Los cuatro reinos que formaban el país eran Buganda, Ankole, Bunyoro y Toro, además del territorio autónomo de Busega. La zona árida que separa la faja costera de la región de los lagos, cuna de esos cuatro reinos, sirvió de barrera contra la dominación musulmana. Con esa civilización establecieron relaciones comerciales en el siglo XVI. También en esa época, los cuatro reinos comenzaron a comerciar con poblaciones que hablaban swahili. Ambas tuvieron una gran influencia en la formación de la cultura y la religión del país.

Para 1860 el reino Buganda -que llamaba a su soberano Kabaka-, alcanzó un considerable desarrollo y poderío. Desde varios puntos, los británicos llegaron al lugar en 1862. Esos expedicionarios al mando de Baker, Speke y Grant entablaron relaciones con el reino bugandés hasta que en 1880, con la firma del Tratado de Heligoland, el territorio quedó bajo el dominio de la Corona Británica.

La colonización de Uganda fue cedida por la Corona a la Compañía British East Africa Co., al frente de la cual se encontraba lord Frederick Lugard, quien sentó las bases para que en 1884 el reino de Buganda, y en 1886 todo el territorio de Uganda, fuera declarado protectorado británico. Pero la colonización fue pacífica. La organización política de los reinos obstaculizó el dominio inmediato europeo. Sin embargo, la resistencia fue vencida por la división que fomentaron los colonialistas para entorpecer el proceso de unidad nacional y la represión a las voces de protesta.

En las primeras décadas del siglo XX el cultivo de algodón tomó gran auge. Terratenientes europeos le dedicaron grandes extensiones de tierra y el país se convirtió en el segundo productor de algodón entre las colonias británicas de la India. La Corona prohibió ese cultivo a los africanos.

Otro decreto que la Corona impuso a los nativos fue el trabajo obligatorio en la construcción de carreteras y edificios públicos durante un mes al año sin remuneración. Una medida que causaba sufrimientos adicionales, pues afectaba su sustento. Jóvenes ugandeses que habían estudiado en el exterior, principalmente en Reino Unido y la India, regresaron con nuevas ideas contra la dominación colonial.

Así surgió en 1918 la primera organización de intelectuales: La Asociación de Jóvenes de Uganda. Las décadas siguientes fueron de constantes luchas de la población por sus derechos políticos y económicos. Al igual que ocurría en las otras colonias, la Corona Británica perseguía y encarcelaba a los dirigentes de las organizaciones que demandaban participar en los asuntos del país.

Esta situación se agudizó con el fin de la Segunda Guerra Mundial (1939-1945). La participación de los africanos en la contienda se tradujo a su regreso a Africa en ideas anticolonialistas y en favor de la independencia. Ese proceso comenzó a cristalizar en la década de los años 50 con la creación de partidos políticos que demandaban abiertamente la independencia. Con horribles represiones, no sólo en Uganda sino en otras colonias, Reino Unido intentaba mantener su imperio colonial.

La Corona británica quedó sorprendida ante la feroz resistencia a la colonización ofrecida en Malawi por las etnias yao, angoni y los grupos árabes, antiguos pobladores de ese país del Africa Austral. Las huestes de su Majestad recibieron órdenes de aplastar a cualquier precio la rebeldía nativa y con tal fin se emplearon cañones y tropas fuertemente armadas. Sólo así pudieron cumplimentar la orden llegada desde Londres.

Bajo intensas presiones populares, en marzo de 1962, la Corona tuvo que otorgarle la independencia a Uganda. Se cumplía exactamente un siglo de la esclavitud colonial británica.

Somalia: Otra variante de la esclavitud

Somalia, ubicada en el denominado Cuerno Africano, en el extremo más oriental del continente, es un ejemplo de cómo un pueblo luchó contra la esclavitud colonial y el desmembramiento del territorio por las potencias extranjeras. Cuando se menciona la esclavitud, la imaginación se traslada de inmediato a los miles de hombres y mujeres arrancados de la región y llevados forzosamente a América para venderlos como esclavos a los dueños de plantaciones agrícolas.

Pero también existió otra variante de la esclavitud, practicada por las potencias coloniales que mantuvieron aherrojados a pueblos enteros y sometidos a una doble explotación: la de las personas y la de los recursos naturales. Así ocurrió con el territorio, el cual con el tiempo se convertiría en lo que es hoy Somalia.

La historia antigua somalí está vinculada a la de Egipto. A partir de la segunda dinastía, los faraones comenzaron su dominio sobre la lejana tierra del aroma, zona que hoy coincide aproximadamente con la mayor parte del Cuerno Africano, donde también se encuentran Etiopía, Djibutí y Eritrea.

En 1560 se produjo la llegada de una flota china con planes de colonización, pero la resistencia de los nativos hizo que los asiáticos desistieran rápidamente en su empeño. Años más tarde fue rechazado otro intento de colonización persa. La zona que recibió cierta unidad, después de la introducción del Islam en el siglo VIII, estuvo formada por infinidad de pequeños reinos independientes entre sí, los cuales agrupaban a un crecido número de tribus.

Fue en las últimas décadas del siglo XIX que comenzó la ocupación europea de la región. En 1885 llegaron los ingleses y ocuparon la parte septentrional del territorio, donde formaron la Somalia británica y una franja de la frontera con su colonia de Kenya, a la cual pusieron por nombre Distrito Fronterizo del Nordeste.

Los pasos de los británicos fueron seguidos por los franceses dos años más tarde, que establecieron un enclave en la Costa de los Somalíes, el cual se extendió hasta constituir lo que es hoy Djibutí. Tres años después, Roma se instaló en las zonas de Brava, Mogadiscio (donde se encuentra la capital), y Merca, formando la Somalia Italiana.

Los colonialistas europeos se repartieron, en un lapso de cuatro años, un territorio de 637 mil 657 kilómetros cuadrados, que por separado era mayor que Reino Unido, Francia o Italia, y donde sus ciudadanos carecían de los derechos más elementales, y las riquezas naturales partían hacia las metrópolis.

Sin embargo, todo ese proceso contó con la resistencia de los habitantes de la zona, que no se resignaban a vivir como esclavos en su propia tierra. El sheik Mohamed Abdullah Hassan, un notable poeta, dirigió la lucha contra los colonialistas británicos e italianos.

Durante la Segunda Guerra Mundial (1939-1945), la Italia fascista ocupó la Somalia británica, pero posteriormente una ofensiva de los Aliados derrotó a los invasores italianos y tropas británicas ocuparon ambas Somalias hasta 1949 en que Naciones Unidas entregó a Italia el territorio de Somalia italiana bajo el régimen de fideicomiso.

El pueblo somalí, conducido por sus nuevos dirigentes, inició la lucha política y, el primero de julio de 1960, Italia le concedió la independencia; más tarde, Reino Unido hizo lo mismo con la Somalia británica. Tras un Plebiscito aprobatorio, se unieron ambas ex colonias para formar la República de Somalia.

La larga explotación colonial dejó huellas que aún perviven en la antigua posesión italiana. A partir de los graves acontecimientos políticos que se registran en el país desde 1991, se deshizo la unión y se constituyó Somalilandia en el territorio que ocupó Reino Unido desde el siglo XIX bajo la condición de Protectorado.

En más de dos décadas, Somalia no ha podido borrar el cúmulo de contradicciones políticas y enfrentamientos a los cuales no son totalmente ajenas las antiguas y nuevas potencias que se benefician con el desgarramiento. Se estima que la nueva versión esclavista, causante de enormes sufrimientos en la población encontraría, como en el pasado, una solución que conduzca a un renacer del país, el cual tanto luchó por su unidad e independencia.

* Periodista cubano especializado en política internacional, ha sido corresponsal en varios países africanos y es colaborador de Prensa Latina.