A lo largo de tres artículos –hasta ahora– el señor Idón Chivi, se explaya dándonos su versión de lo que entiende por “racismo”, del cual incluso nos da su “fecha de nacimiento”, como si eso pudiera hacerse; pero claro, desde su perspectiva histórica deformada, plagada de razonamiento especulativos, viejos clichés e invenciones gratuitas, todo es posible.

Y no es que neguemos la existencia del racismo en la historia, claro que lo ha habido y claro que lo hay: racismo, xenofobia y discriminación de toda índole, y por supuesto también, que desde todo punto de vista es repudiable y censurable, pero cuando se lo utiliza políticamente hasta el punto de deformarlo totalmente, es una actitud tan deplorable como el racismo en sí.

Primero que nada, a lo largo de sus elucubraciones, observamos el clásico error en el señor Chivi, que llama “racismo” a la discriminación de lo que él entiende por “indígenas”, cuando la raíz de la palabra deviene del concepto de raza, que no es otra cosa que el color de piel, pero que el señor Chivi pretende, al igual que todos los “ideólogos” del Gobierno, abarque más de lo que palabra intenta definir, como ser: apariencia física, cultura, lengua, vestimenta, es decir, elementos totalmente subjetivos a la hora de hacer tal conceptualización. Pero claro, lo que menos le preocupa al señor Chivi es la precisión de los conceptos, dado que si lo hiciera, no podría construir especulativamente todo su edificio “teórico”, tan firme como los cimientos de la Torre de Pizza.

Pero sigamos. Si el término “racismo” nos remite al concepto de raza, de color de piel, la base de todo lo que el señor Chivi cuestiona, no tiene sustento. Lo ocurrido en Sucre, hecho que evidentemente jamás debió darse, no fue por causa de “racismo”. Si uno analiza las imágenes, se puede ver individuos del mismo color de piel que aquellos que el señor Chivi denomina “indígenas”, pero más importante aún, no se emite ningún tipo de epítetos o adjetivos de índole racial.

Pero aún así, las tergiversaciones y manipulaciones tanto históricas como teóricas del señor Chivi, suman y siguen: veamos y comentemos algunos pasajes.

Según el señor Chivi, uno de los actos de la Colonia, fue “el genocidio de los imperios azteca, maya e inca. El genocidio de cantidades no cuantificadas de culturas, en climas tropicales o áridos, que no habían llegado a un nivel de estatalidad concentrada como las primeras”.

Habría que informarle al señor Chivi, que el “Imperio” maya, como él lo llama, llevaba por lo menos 200 años de haber desaparecido a la llegada de los españoles.

Además, se las da de muy anticolonialista, pero utiliza la definición de “Imperio”-clasificación europea- a los pueblos primitivos que conformaron las confederaciones de tribus que dieron lugar a los mayas, aztecas e incas; en otras palabras, según Chivi, eran naciones imperialistas. Esto demuestra una supina ignorancia –que el señor Chivi reproduce sin empacho- propia de los europeos que, al no conocer los periodos evolutivos sociales de estos pueblos, hicieron lo más básico y hasta comprensible: trasplantar su realidad a las sociedades recién descubiertas, nombrando lo que veían con categorías de corte europeo, tales como Imperio, Emperador, Rey, etc., vocablos propios de la Europa medieval con modos feudales de producción, diferentes ya al Modo de Producción Comunal propios de estas zonas, que ya en Europa habían desparecido.

A los europeos de aquél periodo se les puede perdonar este tipo de errores, dado que no existían las herramientas teóricas para catalogar correctamente la realidad que tenían frente sus ojos; pero en la actualidad, con los avances en los estudios relacionados al tema, esto constituye ya una aberración.

Finalmente y de manera muy sutil, desliza un comentario que no viene al caso y que despide un tufillo de superioridad de las naciones surgidas en las tierras altas respecto de las de tierras bajas, calificando a estas de simples culturas, mientras que a las otras las califica de Imperios, como si no tuvieran cultura, o como si de una cultura más avanzada se tratase. El señor Chivi, debería revisar los últimos estudios de las pueblos de tierras bajas, donde se ha descubierto que eran tan avanzados como los aztecas o mayas, llegando a abarcar grandes territorios que se extendían por lo que hoy son los territorios de Santa Cruz, Beni, Pando y parte del Brasil, con un increíble sistema de riego y construcción de intrincados sistemas de lomas para diferentes propósitos.

Pero sigamos. Afirma también, que según varios autores, los cuales nombra, atestiguan “que el racismo es un producto elaborado a lo largo de los últimos cinco siglos sobre un cimiento llamado “diferencia racial”, pero cuyo eje fundante es la “diferencia religiosa”…, (por lo que) estos hechos constituyen -hoy en día- la evidencia de que millones perecieron en nombre de un dios carnicero”.

Ahora resulta que el problema no es racial, sino religioso, por lo que entonces tendríamos que atacar al cristianismo, ya que en última instancia es el origen del problema, y lo racial sería simplemente dependiente de lo religioso, algo secundario, su efecto. De no hacerlo así, sería como echarle la culpa de un asesinato a la bala o al arma de dónde provino el disparo, y no a la persona que oprimió el gatillo. Al parecer el señor Chivi no se da cuenta de las contradicciones en que cae.

Pero, además, los libros de historia nos hablan de que los españoles utilizaron las creencias “paganas” de los pueblos primitivos de la actual América como una excusa para dominarlos. En ningún momento utilizaron argumentos raciales (color de la piel); en todo caso fueron culturales. Pero incluso siendo culturales, esto constituían una simple excusa, tan buena como cualquier otra, para justificar lo que en realidad querían: las riquezas existentes. El factor dominante en última instancia, es el económico. Ese es el principal resorte y origen de todo.

Asimismo, se sabe que los mayas tenían creencias en dioses sanguinarios a los cuales se les rendía culto mediante sacrificios humanos. Claro que estos no lo hacían motivados por intereses materiales, dado que aún no habían traspasado los límites del Modo Comunal de Producción, así que el debate de lo religioso dentro del contexto que intenta el señor Chivi, es intrascendente.

Ahora bien. Continuando con la parte II de su artículo, Chivi no habla de la guerrillera Juana Azurduy de Padilla y los indios. Nos refiere que aquella gran mujer, como muchos otros grandes luchadores de las gestas independentistas, murió desgraciadamente en el olvido. Pero también indica que a la muerte de ésta, “los doctores dos caras, ni siquiera presenciaron el sepelio (pues) estaban demasiado ocupados en celebrar una victoria ajena. Festejaban una victoria de indios. Victoria escamoteada por criollos, hijos de españoles con costumbres de españoles, ni más ni menos”.

La victoria por la independencia, fue una victoria de todos. El señor Chivi se da ínfulas de no discriminador, pero con todo lo escrito, demuestra todo lo contrario. Le niega el derecho a todos aquellos que lucharon y murieron en aquellas batallas, sin importar su origen, de ser reconocidos. Indudablemente algunos nombres trascendieron más que otros, pero eso es lógico en toda guerra. También es bueno recordar que sin la participación de los denominados “criollos” y “mestizos”, categorías que en lo personal no compartimos, pero que así están reconocidos por la historia, se comprobó que era imposible la independencia, hecho que quedó patente con el levantamiento campesino (no indígena) encabezado por Julián Apaza, conocido como Tupac Katari, el cual, si bien alcanzó enormes proporciones, fracasó en sus propósitos, que eran más económicos que de carácter libertario. Le guste o no al señor Chivi, fue recién cuando los reconocidos como criollos y mestizos comenzaron a cuestionar el poder español, que las cosas verdaderamente comenzaron a cambiar. También es verdad que por aquellas épocas se utilizaban argumentos ambiguos para tipificar a los individuos, tan complejos que se conformaron verdaderos cuadros antropológicos, contemplando y nombrando todas las posibles mezclas para tratar de categorizar a estos, pues como no se conocía el concepto de clase social, se basaban en la apariencia física, de la cual el color de la piel era solamente uno de elementos, lo que a larga resultó tarea complicada en razón de que los siglos de cruzamientos daban a veces individuos con el color de piel tan blanco como el español, aun teniendo antepasados pertenecientes a los pueblos primitivos, por lo que su clasificación se tornó harto difícil a la hora de diferenciar para el reconocimiento. Ahora, 500 años después, el Gobierno “anticolonialista” se topa con los mismos problemas, pues vuelve a repetir los mismos errores de la Colonia.

En el mismo, el señor Chivi continúa diciendo que durante la Asamblea Constituyente del año 2007, “al igual que en 1826, se pudo percibir con absoluta claridad, la aversión neocolonial a lo indígena…sacando su español ficticio y negando a la india o indio que llevan en su sangre, que todos llevamos en nuestra sangre, y que no es la mitad como algunos ilusos se lo imaginan”.

Aquí el señor Chivi hace una afirmación interesante: indica que la sangre india es llevada por todos, lo que en otras palabras quiere decir que todos somos mestizos, condición que oficialmente el Gobierno que él representa se niega a aceptar, pues su discurso de mayorías indígenas se vendría al suelo. Ni siquiera se han molestado en dar una definición de quién o qué es lo indígena; en otras palabras, qué hace que una persona sea o no indígena, Lo único que hemos podido encontrar en ese sentido es una ridícula conceptualización ofrecida por el Vicepresidente en un comentario aparecido en la Revista T’inkazos, en su número 13, en el cual acepta “que está claro que no es posible tener una definición objetiva de la categoría indio o indígena. Ni el idioma, ni el origen sociogeográfico, ni la autoidentificación, son elementos suficientes y estables para la construcción categoría…sin embargo esto no anula que el indio existe en el imaginario de todos y, lo más importante, se trata de un imaginario que guía conductas prácticas, que tiene efectos materiales en la organización social de las personas… El hecho de que no pueda definirse objetivamente al indio no debe hacer olvidar su objetivación negativa desde la época de la Colonia y los efectos sociales de la misma”. Así de incoherente e irracional es la definición de lo indígena que tienen los “teóricos” del partido gobernante, tan enclenques como los argumentos teóricos del señor Chivi, no por nada son de la misma escuela.

Como se puede concluir en base a esta conceptualización, el indígena sería un ser imaginario, algo no objetivo, sino que tiene existencia sólo a través de nuestra imaginación, y que encima se le otorgan derechos constitucionales, por lo que cabe la pregunta ¿cómo se le pueden otorgar derechos a individuos que no tiene existencia objetiva, los cuales solamente existen porque nos los imaginamos, puesto que, según esta clasificación, no tiene existencia real? Cualquiera que conozca algo de marxismo, como presumen muchos masistas, sabría que “existir” significa un ser determinado, concreto y materialmente comprobable, en otras palabras, un sujeto real. Además, si únicamente existen en el imaginario de todos, bastaría que “todos” no se lo imaginen para que estos dejaran de existir. Adviértase la facilidad con que se destruye al indígena de dejarse guiar por semejantes criterios. Es como pretender que los dioses del Olimpo tenían existencia real sólo porque los antiguos griegos se los imaginaban.

Pero prosigamos. En uno de los párrafos de la segunda parte, el señor Chivi lanza una pregunta a los científicos sociales: ¿no será que América Latina transita dolorosamente la apertura mental de relaciones sociales igualitarias y emancipatorias?, o tal vez la pregunta sería ¿cómo se derrumban mecanismos coloniales que marcan las relaciones sociales y con ello tratar (de) construir sociedades verdaderamente democráticas, igualitariamente democráticas?

Y luego continúa:

Son dos preguntas que nacen, que emergen de lo cotidiano de una ciudad, que como la de Sucre nos ha enseñado un camino a seguir. Pero esta pregunta queda coja, si no vemos la utilidad del racismo en función política, y aquí tenemos certezas, la derecha, los comités cívicos, las prefecturas de la media luna, prensa escrita, radio y televisión de por medio, han ido construyendo mediáticamente una realidad donde lo indígena es sinónimo de perversidad, salvajismo, alcoholismo: atraso versus desarrollo.”

Nosotros, sin considerarnos científicos sociales, vamos a hacer lo mejor posible para responder las inquietudes del señor Chivi.

A la primera pregunta podemos responder que no, al menos como está planteada la pregunta, pues el señor Chivi habla de “relaciones sociales igualitarias”, lo que es decir, igualdad de clases. La raza o la cultura nada tienen que ver con la clase social, dado que existen individuos de todas las razas y culturas que pertenecen ya sea la burguesía o pequeña burguesía, a los obreros o al campesinado. Además, el presidente Morales ha vuelto a garantizar recientemente, como lo hecho desde el comienzo de su mandato, la propiedad privada. Así que en Bolivia y en América Latina en general, no se vislumbra aún el tipo de igualdad a la que se refiere el señor Chivi.

A la segunda podemos responderle diciéndole que los mecanismos coloniales que marcan las relaciones sociales se acabarán cuando la gente deje de pensar como lo hace el señor Chivi y los del MAS, es decir, cuando dejemos de pensar que seguimos siendo “colonia” y continuemos creyendo que hay que descolonizar algo; así también, cuando dejemos de mezclar conceptos diametralmente opuestos, como el de raza y cultura con el de clase social.

Finalmente se aferra a viejos clichés y clásicas generalizaciones que no aclaran nada, como aquello de “la derecha”. Es muy fácil hablar cuando no se identifica quién ocupa tal lugar o quien representa a tal o cual lado, derecha e izquierda; en resumen, queda al albedrío de ellos definir tal situación, tanto así que existen grandes grupos pertenecientes a las clases sociales antes mencionadas, a los que el Gobierno sigue identificando como “indígenas”. ¿Acaso ese simple hecho sirve para decir que pertenecen a las corrientes de “izquierda”? Que el lector juzgue por sí mismo.

Además, si bien aceptamos que existe prensa escrita, así como de radio y televisión que sirven de aparatos ideológicos burgueses, no fueron precisamente ellos los que llamaron perversos o salvajes a los indígenas, contrarios al desarrollo. Recordemos que fue el señor Roberto Coraite, dirigente de la CSUTCB, funcional al Gobierno, quien tildó literalmente a los indígenas del TIPNIS como salvajes que no quieren desarrollo.

Luego, más adelante, el señor Chivi indica que “las poderosas usinas ideológicas transnacionales…sin mucho esfuerzo argumentativo asientan ideas perversas de lo indio, lo campesino o lo originario en Bolivia. (…) Estos imaginarios difundidos sistemáticamente, son el modelo táctico con que los sectores conservadores de Bolivia y de América Latina, defienden un supuesto derecho eterno de gobernar, supuesto derecho que contradice todo modelo democrático incluso el más liberal. Y esto es así porque los sectores conservadores ni tienen idea de lo que es la democracia real, sino que cultivan democracias falseadas por el voto, voto que ni siquiera se respeta, esa es la democracia conservadora…..”

Le aclaramos al señor Chivi, que lo indio o indígena, no es lo mismo que lo campesino. Ambos son diferentes modos de vida y de visión, por ende de ideología. Uno se basa en la propiedad, explotación y aprovechamiento colectivo de la tierra, mientras que el otro, el campesino, se basa en la propiedad, explotación y aprovechamiento privado e individual de la misma. Tan simple como eso.

Asimismo, esos imaginarios a los que se refiere, “los cuales cultivan democracias falseadas por el voto, voto que ni siquiera se respeta” caen por su propio peso, en el sentido de que Evo Morales es producto de esa democracia que él critica y que sí se respetó. Si fuera falseada al nivel que usted la expone, Evo Morales sería un presidente falso e ilegítimo.

Por último, en lo que forma la tercera parte de su artículo, el señor Chivi se muestra más virulento, pues de hablar de Sucre prácticamente a lo largo de todo su “análisis”, de la nada se refiere primero a Cochabamba, narrando, sin pruebas de ninguna clase, que en “enero del 2007, Cochabamba estrenaba un programa de preparación político militar organizado por el prófugo de la justicia Manfred Reyes Villa (…) y desarrollado por los asesinos del Che que hoy se muestran como excombatientes de Ñancahuazú. ¿Los beneficiarios de este programa?, jóvenes universitarios convertidos en guerreros por una ciudad libre de indios. El argumento ideológico central de este escuadrón paramilitar, se concentraba en el odio por racismo, odio a los cocaleros, odio a los pobres, odio a los indios por ser indios, odio al presidente y sus ministras indias. Sus resultados: dos muertos, miles de mentiras racistas. Cochabamba nunca más será el crisol del mestizaje. Cochabamba perdió su magia, perdieron a los indios que dieron el quechua para su identidad geopolítica”.

Con razón alguna vez alguien dijo “que era mejor contar los pormenores de una conmoción nacional, antes de que tengan tiempo de llegar los historiadores”. Cuánta verdad.

Es obvio que el señor Chivi, con estas afirmaciones, lo que menos busca es la unidad, pues en vez de hacer un análisis ecuánime y objetivo, lanza acusaciones a diestra y siniestra, tergiversando eventos sin presentar el menor documento alguna sobre las aseveraciones que vierte. Claramente, así cualquiera hace historia.

Los tristes acontecimientos en Cochabamba el año 2007, se dieron a raíz de la propuesta de Manfred Reyes Villa de realizar un referéndum autonómico. ¿Qué, acaso no dice el slogan del Gobierno sobre el asunto del TIPNIS, que toda consulta es democracia?, o solamente lo es cuando el Gobierno la realiza. Además, si se esforzara sólo un poco, vería que los universitarios han salido en todo tipo de gobiernos, sobre todo cuando sienten que son totalitarios.

Asimismo, como ya se dijo, el señor Chivi realiza acusaciones sin fundamento, que resultan una novedad a 5 años de pasados los acontecimientos, lo cuales, de ser ciertos, por qué no se ha realizado una investigación, dado que implica no sólo al ex alcalde de Cochabamba, sino también a otros ex combatientes de las guerrillas de 1967.

Pero lo mejor de todo, es que indica que los argumentos de los supuestos “paramilitares” era por una ciudad libre de indios, como si los campesinos cocaleros y regantes hubieran llegado de paseo y no a causar desmanes, con la aquiescencia de la policía que, cosa rara, se replegó, en lugar de cumplir su rol, dejando que cada quien haga lo que le parezca, con el lógico resultado: la muerte de personas de “ambos bandos”, entre ellos, un joven de tan sólo 16 años que, aparentemente, sólo intentaba defender a su padre. Pero claro, para el señor Chivi es mejor contar la historia a su medida, ahondando en un sinfín de generalizaciones que olvidan lo que pasó realmente, cubierto con un velo que sólo habla de indigenismo y derechas, pero que hasta ahora no se han podido identificar, ya que como dijimos, hasta el momento nadie del Gobierno se ha tomado el trabajo de establecer quién o qué es lo indígena, según las categorizaciones dadas por ellos, por lo que mal se puede hablar de conductas “racistas” si no existe un sujeto reconocible al frente víctima de tales prácticas. Los únicos que se pueden identificar en ese sentido, son los indígenas del TIPNIS, atados con cinta masking, el año 2011, fácilmente podríamos decir, como lo hace el señor Chivi, “por ser indígenas”, caso que entre otras curiosidades hasta ahora prospera en la Justicia, aun cuando el Vicepresidente dijo saber de dónde vino la orden. ¿De dónde viene la verdadera discriminación, señor Chivi?

Posteriormente, luego de recordar de la nada a Cochabamba, se pasa de nueva cuenta a Sucre e indica que si bien en esta ciudad el MAS “había ganado las elecciones para diputados y senadores y el NO en el referéndum” no se explica “la violencia y el odio al MAS y al presidente indio. En plena Asamblea Constituyente la ira racista fue creciendo de modo paulatino, los medios de comunicaciones, los periodistas mercenarios, los productores independientes inflaron el racismo a un nivel político incontrolable. De nada valió el ofrecimiento de la carretera Diagonal Jaime Mendoza, que el Órgano Electoral tenga su sede en Sucre, la compra para un edificio para la Asamblea Legislativa, el aeropuerto internacional, nada era suficiente sino la capitalía plena (legislativo, ejecutivo, judicial, electoral en sede sucrense)….Se abrieron cursos de maestría en gestión pública, con la esperanza de que las pegas iban a sobrar.

Como todo buen acólito del presidente Morales, el señor Chivi se basa, al igual que el anterior, en dar por ciertas versiones de oídas. El presidente nos tiene ya acostumbrado a su “he oído por ahí” o “me han comentado”, sin jamás identificar a su enigmática fuente. Aquella versión de que “se abrieron cursos de maestría en gestión pública”, que el señor Chivi repite sin el menor empacho, fue expresada por el Presidente Morales, indicando, además, que ya “tenían repartido los Ministerios”, motivo más que suficiente para que el señor Chivi le otorgue una credibilidad indiscutible. En ese caso le recomendamos que se abstenga del consumo de Coca Cola y carne de pollo.

Asimismo, es cierto que el Presidente ofreció el oro y el moro, menos, claro, la capitalía, pues políticamente La Paz tiene mucho más peso político que la pequeña Sucre; en otros palabras, quiso sobornar a todo un Departamento, algo así como los españoles con los indígenas, quienes intercambiaban cuentas de vidrio por oro, sin olvidar el reciente hecho de motores por carretera.

Finalmente, si el señor Chivi busca respuesta al por qué sobrevino “la violencia y el odio al Presidente indio” siendo que el MAS había ganado todo en Sucre, jamás encontrará la tan ansiada respuesta si analiza el problema desde su deformada visión “racial”.

Y, para cerrar con broche de oro, como todo buen masista militante, no podía faltar el ya tradicional ataque a SANTA CRUZ, ya casi al final, en el antepenúltimo párrafo del extenso y tedioso artículo. Pero suerte la nuestra que el señor Chivi es contrario a toda forma de discriminación. Veamos lo que dice:

“Pero no es Sucre,es una fracción conservadora altamente reaccionaria de la ciudad, no en vano el falangismo chistoso de Mussolini, hoy tiene vida en Sucre y, en…¡Santa Cruz! No en vano las conexiones comerciales entre Santa Cruz y Sucre son mucho más fluidas de lo que uno piensa cuando ve el mapa de Bolivia. No en vano la cultura de las mises tiene similitudes espantos, no en vano en Sucre tienen su propia CAINCO, no en vano los menonitas recogen su plata en Sucre no en Santa Cruz” (sic)

La verdad que uno no puede menos que concluir que tan extenso artículo no le debe haber tomado al señor Chivi más de media hora escribirlo, dado que sin preocuparse mínimamente en la consulta de ningún tipo de datos, nos presenta una visión tan retorcida de los hechos, que no puede salir más que de su cabeza, utilizando pueriles e infantiles argumentos, como el parecido de Santa Cruz y Sucre con la “cultura de las mises”.

Habla también de la existencia de falangismos chistosos en ambos Departamentos, cuando de las filas de esas “humoradas” salieron las siglas del MAS, pues pertenecían a un falangista que las cedió amablemente y al cual el Presidente y todo su séquito le rindieron honores el día de su muerte.

Aduce “conexiones comerciales entre Sucre y Santa Cruz mucho más fluidas de lo que uno piensa cuando ve el mapa de Bolivia”, como si esto se pudiera ocultar. ¿Pueden existir acaso conexiones comerciales encubiertas entre Departamentos? ¿Se pueden mantener relaciones comerciales a escondidas? Como de costumbre el señor Chivi no aporta una sola prueba de tales relaciones ocultas, pues ridículamente, como todo lo que sustenta, solamente las supone. Y es en base a suposiciones que nos ha contado toda una historia.

* letyudo@hotmail.com