Recuerdo una tarde que discutía con mi querido amigo Juan Pelerman Fajardo sobre la cuestión nacional; también estaba Nicómedes Sejas, un intelectual aymara, quien estudió filosofía. [1]Nos conocimos durante la resistencia a la dictadura del general Hugo Banzer Suarez; formábamos parte del inter-facultativo, una organización estudiantil clandestina que articulaba la resistencia a la ocupación de la Universidad Mayor de San Andrés.

Me acuerdo, que en el debate acalorado que tenía con mi bien ponderado y lúcido activista e intelectual Juan Pelerman, Nicómedes Sejas dijo: No basta ser boliviano, no basta haber nacido en Bolivia para conocer la cuestión nacional, para conocer su problemática. Hoy recuerdo esa frase tan clara y pertinente. Nicómedes Sejas siempre ha sido así, pertinente. Recuerdo también una sugerente posición de Nicómedes Sejas durante la experiencia del inter-facultativo; en ese periodo de resistencia. Todos los grupos de izquierda formaron sus grupos de estudio; estudiábamos marxismo, por lo menos los textos de lectura requeridos, aunque a mí me gustaban los más teóricos. Todo el mundo competía por ser marxista, el más marxista. En ese entonces Nicómedes Sejas leía a Hegel, recuerdo que se trataba de La ciencia de la lógica; decía no se puede entender a Marx sin leer a Hegel. Tenía toda la razón. Creo que Nicómedes Sejas era un filósofo nato; tranquilo, siempre al alcance de frases meditadas. Después de un tiempo, ya fuera de la universidad, volví a ver a Nicómedes Sejas en una reunión de un grupo de intelectuales del movimiento katarista, movimiento político-cultural anticolonial y descolonizador; los kataristas fueron la base organizativa y de apoyo de la CSUTCB de Generaro Flores, la primera organización nacional campesina independiente del Estado y con un discurso anti-colonial. Fue una reunión interesante en el Tambo Quirquincho. [2]

Se discutió un más allá del marxismo. En ese entonces yo era deleuziano y obviamente me parecía superado el marxismo. Nicómedes Sejas dijo: No le pregunten a Raúl sobre ese tema pues él ya considera superado el marxismo. Nicómedes Sejas siempre me llamó la atención. Yo esperaba una dedicación a la filosofía de parte de él. Empero, la vida lo llevó por otros caminos, incluso por caminos contradictorios a las tesis Kataristas; lo mismo ocurrió con Víctor Hugo Cárdenas, que era como el ideólogo del katarismo por aquel entonces. No vamos a discutir aquí estas concretas rutas a la deriva, pues se comprometieron con el proyecto neoliberal; lo que hacemos es resaltar el papel del katarismo en la construcción de un pensamiento descolonizador. Por otra parte, no olvidar que la tarea de este ensayo es poner en mesa de discusión el problema de una herencia ideológica; hablo de los esquemas de imaginarios centrismos auto-centrados y auto-referidos, que sustancializan identidades como principio ontológico.

Me parece que aquí se repite un esquematismo religioso, el de las grandes religiones monoteístas, que puede resumirse en el mito del pueblo escogido por Dios. Este esquematismo religioso debe ser develado, pues de lo que se trata es de seguir los recorridos y responder a los desafíos de la descolonización. Cuando se aborda este gran tema y problemática histórica es indispensable llevar el análisis y la reflexión hasta sus últimas consecuencias. Volví a encontrar a Nicómedes Sejas en el entierro de mi tía Eliana Alcoreza de Eizaguirre, en el Cementerio Jardín; me habló con mucho cariño de mi tía, lo que no dejaba de sorprenderme, pues si bien mi tía fue la primera decana de la Facultad de Ciencias Sociales, que venga el reconocimiento de parte de Nicomedes Sejas me agradó mucho. La última vez que me volví a encontrar con Nicómedes Sejas fue en un seminario sobre el TIPNIS. Yo expuse mi punto de vista, en defensa del TIPNIS y por la descolonización. Nicomedes habló, esta vez lo hizo con pasión, dejando su acostumbrada tranquilidad. En ese momento tuve la comprensión de la importancia del recuerdo, de la concomitancia de la memoria; con Nicomedes Sejas habíamos compartido momentos de resistencia, aunque después Nicomedes se haya alejado en una coyuntura fatídica; sin embargo, lo compartido no se borra de la memoria. Tomé consciencia de lo que habíamos conllevado, lo que teníamos en común, pero también lo que en otro periodo nos distanció. Empero, volviendo al asunto, quiero retomar esa frase de Nicomedes Sejas, no es suficiente ser boliviano, haber nacido en Bolivia, para conocerla. Esta frase indudablemente es anti-esencialista, anti-sustancialista y anti-fundamentalista. Hay que retomar las prudentes posiciones de Nicomedes Sejas del periodo de resistencias.

A lo largo de la historia política reciente se han conocido posiciones que podemos reconocerlas por sus presupuestos esencialistas, sustancialistas y fundamentalistas. A estas posiciones se las puede reconocer por su punto de partida; hay como un presupuesto ontológico afectivo; nuestra verdad radica en lo que somos, lo que somos es suficiente para afirmar nuestra verdad, frente a la impostura occidental. Nuestro conocimiento es superior pues es anti-colonial. El hecho de que seamos lo que somos, de que hayamos nacido en nuestro territorio y continuemos la herencia y la tradición ancestral, nos hace propietarios de un conocimiento propio. Estos presupuestos son sólidos y consistentes, afirman una perspectiva política que se gesta en la comprensión de la experiencia colonial. Estas son las bases del anti-colonialismo y del orgullo propio, de la identificación de la potencia social de lo nuestro, lo colonizado, subyugado y dominado. Es como cuando dice Frantz Fanon que la violencia cristalizada en nuestros huesos se la revierte al colonizador; la construcción de la identidad propia pasa por este momento de ruptura. Empero, esta matriz no puede quedarse ahí, tiene que ser trabajada, tiene que confrontarse y contrastarse, situarse en el mundo. En otras palabras, hay que tomar conocimiento de lo que somos históricamente, de los contextos en los que nos movemos y la genealogía de las coyunturas de las luchas.

No basta con nacer y ser distinto, es indispensable constituir la diferencia política y epistemológica. Quedarnos en la constatación de la diferencia es sólo eso, descubrir una distinción, empero queda un camino largo que tiene que ver con construir una alternativa. La historia del katarismo ha sido rica en lo que respecta a retomar la memoria larga y actualizar la lucha anti-colonial y descolonizadora, empero también ha sido una historia complicada por habernos mostrados los límites de una ordenación orientación que no lleva hasta sus últimas consecuencias sus propios postulados. El katarismo es indudablemente la base de los contemporáneos discursos anticoloniales y descolonizadores, ha servido de base para la conformación de los sindicatos independientes campesinos, las centrales sindicales y la confederación sindical. También ha sido la base ideológica para la conformación de los partidos kataristas, incluso para lo que después va a ser el proyecto de lucha armada del Ejército Guerrillero Tupac Katari (EGTK). Empero esta base ideológica ha sido usada para justificar divisiones y hasta rencillas por cuotas de poder. El katarismo se hace trizas, incluso una de sus versiones termina justificando su alianza con el proyecto neoliberal del MNR de Sanchez de Lozada. ¿Qué pasó? No era suficiente declararse katarista, era indispensable sacar las consecuencias políticas y conceptuales de ello. Lo peligroso era usar el katarismo como capital político para lograr acuerdos y alianzas, que podían terminar orientando el proyecto por otro lado, repitiendo las prácticas de la política criolla. El sector katarista de Genaro Flores entra a la UDP y el sector katarista de Macabeo Chilla se alía con el MNR de Paz Estensoro, más tarde el sector katarista de Víctor Hugo Cárdenas se alía al proyecto neo-liberar de Sánchez de Lozada. Le otorga la cara indígena a un proyecto que no dejaba ser la renovación del colonialismo por la vía de la desposesión y el despojamiento de tierras y recursos naturales en tiempos de la crisis estructural del capitalismo. El sector katarista de Fernando Untoja justifica una alianza con el partido del general Banzer, en su etapa democrática, lo que habilita el ingreso de Fernando Untoja al Congreso como diputado. En una discusión que tuve con Fernando Untoja a propósito de esta alianza, ante mi interpelación, me dijo que la izquierda también había hecho lo mismo, se había aliado con Sánchez de Lozada. Lo que no dejaba de ser cierto, si tomamos en cuenta a izquierdistas seducidos por el “gringo”. Empero no justificaba, desde ningún punto de vista, la alianza con Banzer y la ADN.

El katarismo que retomó la radicalidad del discurso de Fausto Reinagta es el de Felipe Quispe. El katarismo parecía haber desaparecido, debido a las divisiones y vaivenes políticos, empero durante el periodo de resistencias al neoliberalismo de la década de los noventa, aparecía renovado, retomando incluso la versión original de Tupac Katari, la versión militar y la expresión de la movilización indígena del cerco. Felipe Quispe corrige las interpretaciones kataristas que podríamos llamarlas incluso reformistas, lanzando una guerra de razas en la perspectiva de una descolonización. El discurso de las dos Bolivias fue contundente. Forma parte de las expresiones radicales de las luchas sociales del 2000 al 2005. Desde los acontecimientos de septiembre del 2000 hasta ahora, en plena crisis del proceso de cambio (2012), vemos que el katarismo está no sólo vigente sino que tiene que ver con la comprensión del momento y de la crisis del proceso. Al respecto, una pregunta que debemos hacernos, revisando los acontecimientos, es: ¿Por qué Evo Morales y no Felipe Quispe? ¿Por qué el primero llegó a la presidencia y el segundo no pudo continuar con su proyecto insurreccional? Esta pregunta es clave, no sólo para los aymaras, también para los quechuas, así mismo para todos los pueblos indígenas de tierras altas y tierras bajas, como también para todos los bolivianos, mestizos y migrantes a las urbes. Esta pregunta es importante ante la crisis del proceso.

Para responder esta pregunta no vamos a optar por el camino fácil; partir de la división del Movimiento Indio Pachacuti (MIP), del debate y de la división entre Germán Choquehuanca y Felipe Quispe. Pues este debate está saturado de una típica división partidaria. Al respecto no tomaremos partido por nadie, ni por Germán Choquehuanca ni por Felipe Quispe. Este es un tema que tendrá que aclararse con el tiempo. Optaremos mas bien por un camino difícil; por escudriñar en el campo de posibilidades del movimiento indígena aymara del Altiplano, cuyo núcleo se encuentre en la provincia Omasuyos. Pero, antes debemos resolver el problema planteado, recogiendo las tesis de Nicómedes Sejas, que para el caso tendríamos que expresarla de otra manera, más específica. No es suficiente ser aymara, nacer aymara, para conocer la problemática colonial; extendiendo, también podríamos decir que no es suficiente ser quechua, nacer quechua, para conocer la problemática colonial. Lo mismo podríamos decir de todas las identidades colectivas. La generalización podría darse también el sentido de no es suficiente ser alguien para conocer la problemática existencial. Esto tiene sentido pues el fenómeno de los centrismos imaginarios, de su sustancialización y ontologización, no sólo es cultural y étnica, sino también institucional y organizacional; por ser lo que soy, sindicalista, izquierdista, comunista, etc., por ser por tanto el centro protagónico de la historia del mundo tengo el privilegio del conocimiento absoluto, soy la consciencia histórica. Este fenómeno de los centrismos imaginarios se manifiestas de manera elocuente y pasional con las religiones, las grandes religiones, las religiones monoteístas.

El reconocimiento de lo que sé es, la identidad, es la base fundamental de la resistencia, emancipación y liberación; esta identidad es primordial en la lucha anticolonial y por la descolonización, empero ahí no puede quedar el discurso y la reflexión; es indispensable construir el conocimiento emancipador de esta experiencia. Es primordial abrir el camino hacia la descolonización efectiva, para eso también es indispensable darse como tarea la descolonización de uno mismo o de una misma, puesto que la colonia también está cristalizada en nuestros huesos. En esta perspectiva es indispensable discutir la experiencia de la guerra anti-colonial del siglo XVIII, del levantamiento indígena pan-andino, de las perspectivas planteadas por Tupac Amaru, Tomas Katari y Tupac Katari. Discutir los alcances de la descolonización y de las alianzas con los mestizos. Tema pendiente. Del significado de la lucha anticolonial y anticapitalista en la actualidad, de la participación de todos los involucrados en esta lucha, de la participación de los movimientos sociales anti-sistémicos emergentes, de la problemática regional y continental, además de mundial. Y, obviamente, es menester evaluar críticamente el proceso de cambio, su crisis y contradicciones. Ante esta gama de problemas no se puede responder con una reiteración afectiva de la identidad. Soy lo que soy, los que no son lo que soy están descalificados de antemano. Este fundamentalismo peca no solamente por no ser reflexivo sino por tener consecuencias debilitantes del propio proyecto político descolonizador y anti-capitalista. El problema político y cultural de la descolonización no se puede reducir a un problema genético; no lo es, es un tema histórico y político, además de social.

Las posibilidades del conocimiento de estas problemáticas no derivan de una herencia genética, ni del lugar donde nací. Esto depende de las posiciones que se toman y de la apertura de la crítica, de la capacidad política, de la potencia social y de las fuerzas desencadenadas. La experiencia de las luchas sociales, de la movilización prolongada del 2000 al 2005, nos muestra la confluencia de la potencia social de múltiples movimientos sociales anti-neoliberales, en parte anti-coloniales y anti-capitalistas. La lucha contemporánea se decide en las ciudades, la articulación ciudad-campo es indispensable para la victoria política. Las tres victorias del ciclo de movimientos sociales del 2000 al 2005 estuvieron selladas por una alianza ciudad-campo; la guerra del agua, la guerra del gas y la movilización de mayo y junio del 2005 que toma El Alto, La paz, Oruro, Potosí, concluyendo la toma de la ciudad de Sucre. La grandiosa movilización de septiembre del 2000, que sitió a cuatro ciudades del eje central, que ocupó territorialmente el país, tuvo una victoria, por así decirlo militar, empero lo que se ganó en los caminos se perdió en la mesa de negociaciones. En otras palabras, no es posible pensar en una lucha de unos contra todo, descartando a los demás que están involucrados en la lucha. Esta posición deriva en el aislamiento y en la derrota. Tampoco se puede caer en un desmesurado afecto por la distinción pura, por el orgullo etno-centrado y local-centrado, que no lleva a otra cosa que a un egocentrismo. La lucha política exige descentramientos, el tratamiento integral y des-localizada de la crisis, la coordinación de los movimientos, la incidencia de las alianzas.

Por otra parte, la descolonización exige el descentramiento de los egos, el desapego a los caudillismos, la liberación de las auto-referencias. Es indispensable abrirse a la construcción de conocimientos colectivos y la recuperación de saberes colectivos. Bueno, todo esto también nos lleva a escapar de la facilidad de las descalificaciones. Optar por la investigación, el conocimiento crítico y el debate abierto, buscando siempre el análisis. Los esencialismos, los sustancialismos y los fundamentalismos son más bien síntoma de una profunda debilidad. La demarcación de lugares privilegiados, únicos, la resonancia de un centro trascendente, jerarquizado sobre todo los demás espacios, no es más que una religión. Se parece mucho a la repetición de los esquemas de la tradición judeo-cristiana, por eso mismo no parece ser otra cosa que una reminiscencia colonial. Los esencialismos, sustancialismos y fundamentalismos chocan con una perspectiva pluralista, con un pensamiento pluralista, incluso con una interpretación animista e inmanentista, que considero es propio de las cosmovisiones de los pueblos indígenas. Llegar a extremos de descalificar a los que no nacieron donde yo nací, a los que no viven donde yo vivo, es extremar descomunalmente el centramiento en uno mismo. En el fondo se dice lo siguiente: nadie salvo yo puede hablar de estos temas, los demás son unos advenedizos. ¿Por qué se llega a efectuar estos gestos? En este caso, el caso de estos extremos ego-centricos, no se puede adjudicar la causa sólo a los esencialismos, sustancialismos y fundamentalismos.

Pues estas conductas no tienen que ver estrictamente con estos fenómenos ideológicos sino mas bien con las propias concurrencias del mundo moderno, de su modernidad competitiva, llena de exigencias, de representaciones y sobre todo de publicidad. El reconocimiento anhelado responde a las concurrencias de las instituciones modernas, sean académicas o no. A este juego se han prestado los individuos empujados a la competencia. No es sorprendente encontrar en este juego no solamente en personas no comprometidas con proyectos de resistencia y emancipatorios, encontrar en este juego a personas no comprometidas con proyecciones críticas, por lo tanto personas totalmente adscritas a la concurrencia fetichista de las mercancías, sino lo sorprendente es que también nos topamos también en este juego competitivo a personas que se dedican a la crítica y tienen posiciones políticas contrarias a las dominaciones capitalistas-coloniales, incluso críticas al diletantismo de los gobiernos progresistas. Gran parte de la contienda entre las izquierdas tiene que ver con estas concurrencias que llegan a las descalificaciones mutuas. Otro escenario de esta competencia por los reconocimientos es el mundo académico. Empero, este ya no es un problema ideológico, como en el caso de los esencialismos, sustancialismos y fundamentalismos. Es un problema de las individuaciones y las individualidades. Lo que forma parte y se explica debido a la irradiación de la concurrencia mercantil.

En relación a lo que evaluamos, la tesis que sostenemos es que el tratamiento crítico de la problemática política e histórica de la colonialidad no está garantizado por una ubicación territorial, por una herencia genética, por un privilegio de auto-centramiento y auto-referencia, sino por la posición crítica y deconstructiva de la problemática en cuestión. Ahondando en la tesis de Nicómedes Sejas, en su periodo de resistencias y de crítica, de lo que se trata es de apropiarse de la estructura y la composición de la problemática, comprender su temporalidad, su contexto y la coyuntura. Al respecto, podemos comenzar diciendo que la colonización y la colonialidad es un fenómeno mundial, ha afectado directamente por lo menos a las tres cuartas partes de la geografía mundial y de la demografía de la población mundial. No es algo que nos ha ocurrido nosotros nomas, sino a la mayoría de los pueblos que tuvieron que soportar la violencia descomunal de la expansión capitalista. En este sentido es indispensable revisar estas experiencias, las experiencias de las luchas anti-coloniales, los conocimientos críticos de la descolonización, las teorías que se han dado en la deconstrucción de la colonialidad y la dominación capitalista. Creer que somos nosotros los únicos que hemos elaborado teorías descolonizadoras ya es un débil punto de partida. La necesaria comprensión de la problemática en su dimensión mundial nos lleva también a comprender que la lucha contra el colonialismo y capitalismo es mundial, que es muy difícil que pueda vencerse esta lucha en un solo país, mucho menos en una sola micro-región o, en su defecto, en una sola localidad. Esta situación nos lleva también a comprender que en la lucha anti-colonial están involucrados varios pueblos y tonalidades de identidades colectivas; también los mestizos e incluso en el mundo las poblaciones de los pueblos del centro del sistema mundo-capitalista, sometidos también a los efectos de una suerte de colonialismo interno replanteado para sus países, en las condiciones de la financiarización de la crisis capitalista. Todos requieren liberarse de las relaciones y estructuras de dominación colonial y capitalista. Todos son víctimas de estas estructuras y relaciones de dominación, de control y poder del capital. Sólo centenares de familias multimillonarias en el mundo estarían interesadas en el fondo en mantener un sistema basado en la explotación de la fuerza de trabajo, en la dominación de la naturaleza y en la destrucción de las condiciones de vida.

Ciertamente estas familias manejan gigantescos monopolios y oligopolios, empresas trasnacionales, el control de los mercados, el control financiero, el control tecnológico, el control mediático y de la comunicación, además del control militar de las armas de destrucción masivas. La lucha contra este sistema no es fácil, pues estos controles, estos monopolios, estos diagramas de poder, ocupan y modulan nuestros cuerpos, afectando nuestras subjetividades. Por eso el recorrido de las resistencias a las emancipaciones y de las emancipaciones a las liberaciones múltiples forma parte de la experiencia de los movimientos sociales anti-sistémicos contemporáneos en el mundo. La crisis estructural del capitalismo, la crisis financiera, la crisis ecológica, la crisis del modelo energético basado en la energía fósil, abren la posibilidad a una internacional de los pueblos en lucha contra el capitalismo y en defensa de la madre tierra.Ante tareas de semejante magnitud, es imprescindible desplazarse hacia el sentido de lo común, de las comunidades, de lo comunitario, frente a lo privado y frente a lo público. Autonomizar e independizar la potencia social, la capacidad creativa de la biopolítica de las multitudes frente al biopoder de los Estado-nación y del orden mundial. Esto significa comprender la magnitud de la producción colectiva de conocimientos y del intelecto general. No son los individuos los propietarios del conocimiento, no son los individuos los portadores del fuego santo; son colectividades, son intelectos y saberes generales; se trata de construcciones colectivas. No hay autores ni intelectuales. Hay comunidades y colectividades, formamos parte de ellas, aportando, experimentando, integrando la potencia social. Los perfiles singulares forman parte de esta vivencia colectiva. [3]Ahora bien, ahora podemos responder a una pregunta que llega a ser crucial, considerando la crisis del proceso. ¿Por qué Evo Morales y no Felipe Quispe?

Desenlaces políticos y representaciones

Habría que situarse en septiembre del 2000 cuando un gigantesco movimiento indígena y campesino, bajo la dirección de la CSUTCB, toma el territorio del eje central, cerca de cuatro ciudades importantes, La Paz, El Alto, Cochabamba y Santa Cruz. La figura sobresaliente, el dirigente interpolador, que recordaba casi inmediatamente al sitio de La Paz de 1871, que se lo asociaba a la imagen de Tupac Katari era el conocido líder, levantado en armas, Felipe Quispe, secretario general de la confederación campesina. El discurso de las dos Bolivias, la qhara, blanca-mestiza y la indígena, caló hondo y dirimió las aguas. Desde lo profundo emerge nuevamente la guerra anticolonial, se actualizan antiguas luchas e interpela al Estado-nación boliviano, a la nación boliviana y a la sociedad boliviana. En la mesa de negociaciones se trataba de hablar de presidente a presidente, el presidente de los indígenas y el presidente de Bolivia. El dirigente paradigmático de la provincia Omasuyos habla claro y directo, pone el dedo en la llaga, dice de lo que se trata, del sentido de la lucha, la emancipación de los pueblos indígenas de las dominaciones coloniales heredadas.

Ya se lo conocía; en una entrevista en la cárcel que le hace Amalia Pando, a la pregunta de por qué se había levantado en armas, el guerrillero le contesta: para que mi hija no sea tu empleada. Esta respuesta es contundente e indiscutible. Claro como el agua, es un rayo a medio día y a plena luz. Es pues este dirigente y combatiente el que conduce las movilizaciones, los múltiples bloqueos de los caminos, la toma del territorio por el eje central. Después de septiembre de 2000 hubo varias reuniones e intentos de reuniones entre los dirigentes connotados de entonces, Evo Morales Ayma, Felipe Quispe y Oscar Olivera. Fueron reuniones difíciles, empero cuya tarea era unir fuerzas. Incluso hubo un intento de formar la COMUNAL, una coordinadora de movimientos sociales, durante el 2001. Pero no se pudo organizar esta coordinadora; no había acuerdo entre las dirigencias. Hacia el 2002 el empuje hacia las elecciones era fuerte, sobre todo la atracción de lograr una presencia significativa en el Congreso. El MAS optó por esta vía; después los acontecimientos de 2000, la influencia y el prestigio de Felipe Quispe era grande, sobre todo en el Altiplano. Gran parte de la dirigencia que actuó en las movilizaciones de septiembre de 2000, gran parte de los jóvenes involucrados en el cuartel de Calachaca, además de las dirigencias de las comunidades, se vieron envueltos en el dilema: ¿ir a las elecciones, por lo tanto formar un partido, o proseguir la lucha por la vía de la movilización? A pesar de que hubo voces en contra de formar un partido, la mayoría se inclino por formarlo. Se conformó el Movimiento Indio Pachacuti (MIP), se habilitó el partido para las elecciones y se entró en campaña. Las únicas organizaciones que decidieron no involucrarse en las prácticas y en las campañas electorales fueron las organizaciones indígenas, el CIDOB y el CONAMAQ, además de la gente que estuvo involucrada en la guerra del agua, sobre todo el equipo formado alrededor de Oscar Olivera. El CIDOB y el CONAMAQ marcharon días antes de las elecciones del 2002 por la Asamblea Constituyente; proponían ir a la Asamblea Constituyente y no a las elecciones.

La marcha llegó a La Paz después de una sacrificada marcha e innumerables peripecias en el camino, sobre todo el boicot a la marcha. Sin embargo, los dados estaban echados, el Congreso, el MAS y el MIP decidieron las elecciones. A estas alturas, en plena crisis del proceso, la discusión debe ser replanteada: ¿Era más conveniente ir a la Asamblea Constituyente y no a las elecciones nacionales? ¿Al embarcarse en las elecciones se perdió el rumbo del proceso? Esta es una discusión estratégica y fundamental, sobre todo ahora que el proceso se debate en profundas contradicciones; particularmente ahora que se plantea la necesidad de reconducir el proceso, cuando estamos a dos años del calendario electoral. Los resultados electorales mostraron los grandes cambios en los comportamientos, en las conductas, en las mentalidades y por lo tanto en la inclinación al voto; esto se debió a las rupturas provocadas por la crisis política, las movilizaciones semi-insurreccionales y las victorias políticas populares logradas. El MAS sacó el 21% de la votación, siguiendo al MNR, que obtuvo el 22% de la votación. El MIP sacó el 6% de la votación, concentrando sus votos en el Altiplano norte. El ingreso masivo de dirigentes indígenas y campesinos fue notorio. Cambió el escenario político, ahora las masas ingresaban al parlamento, dándole su perfil y su propia densidad.

Empero, leídos estos hechos en el lapso del proceso de la crisis múltiple del Estado, vemos que la victoria electoral no es otra cosa que la verificación estadística de la victorias políticas y militares en los territorios y las ciudades. De ninguna manera se puede creer que se trata de audaces estrategias electorales. La gente fue a votar con la convicción de que los tiempos están cambiando; aunque no todos estaban seguros si la salida era electoral, de todas maneras en la medida que se resolvió así, había que mostrar en el voto la voluntad popular. No fue fácil la labor de los diputados y senadores populares en un Congreso liberal, se tuvo que aprender y hacer oposición. Dos temas fueron de crucial importancia, el referéndum sobre la venta del gas a Chile y el tema de contratos con las empresas trasnacionales. El MAS llegó a un acuerdo con el gobierno de Carlos Mesa en relación al referéndum y limitó los alcances de la política hidrocarburífera a una nueva distribución entre Estado y empresas, un nuevo reparto entre Estado y empresas trasnacionales del orden del 50% a cada quien. Los partidos de la derecha postulaban modificar la participación del Estado a un 32%. Al respecto no hay que olvidar que la posición de El Alto, del pueblo boliviano levantado y movilizado, expresada en la agenda de Octubre, era la nacionalización de los hidrocarburos.

Un balance rápido puede mostrarnos que los partidos indígenas y campesinos terminan atrapados en la labor legislativa; como consecuencia disminuyen el alcance de los planteamientos construidos por los movimientos sociales. Se producen ciertas desvinculaciones de los congresistas populares con los movimientos sociales, la práctica liberal de la política condiciona la actuación política. Entre tanto la crisis política y social continúa, la movilización social sigue efectuando su interpelación material. Bolivia es un país atravesado por las movilizaciones y por el debate político, sobre todo en torno a la nacionalización de los hidrocarburos y la Asamblea Constituyente. En este contexto el MIP vive una crisis interna, que termina provocando su división orgánica. Se enfrentan públicamente Felipe Quispe y el Qhara Choquehuanca; las acusaciones llegan lejos y deterioran la imagen del líder de la movilización indígena y campesina de septiembre de 2000. Como dijimos anteriormente, no vamos a tomar la vía de este enfrentamiento, que indudablemente quiebra al MIP, sino la otra vía, la de evaluar por qué se llega tan rápido a una escisión en un partido indianista. Ya había ocurrido esto con el katarismo en tiempos de la UDP. Por otra parte, la otra pregunta tiene que ver con el despegue de la figura de Evo Morales y la restricción aguda de la figura de Felipe Quispe. Para responder a ambas preguntas vamos a recurrir a hipótesis interpretativas, las mismas que van a tratar de evaluar las dinámicas orgánicas, políticas e ideológicas, por un lado, además de los contextos y atmósferas donde se configura la imagen del líder y caudillo que va a ser aceptado por las masas.

La primera hipótesis que vamos a usar es la que tiene que ver con sentido práctico de la gente, deciden apostar por lo más probable, por el eje aglutinador de las fuerzas o lo que parecía ser. El MAS aparece como el centro de aglutinación de las fuerzas. El centro de aglutinación de las fuerzas que se encontraban en una clara confrontación con el Estado-nación, entonces es claramente comprensible que estas fuerzas vean como una opción evidente al MAS. De lo que se trataba era de aglutinar fuerzas, de concentrarla y de construir una unidad. Entonces lo importante es unir, sumar, por lo tanto evitar la dispersión y las divisiones. Se optó por el MAS por estas razones, dejando pendiente la discusiones de las diferencias de posiciones. Había que defender el proceso frente a la derecha y para esto era necesario sumar fuerzas. Es este pragmatismo, la apuesta por la mayor probabilidad, la que decide el curso de los acontecimientos. Se apuesta por el MAS porque tenía mayores opciones, se perfilaba mejor. El razonamiento es el siguiente: no es conveniente dividir las fuerzas ni dispersarla, has que concéntralas en un punto. De esta forma el MAS se convirtió en el referente electoral.El MIP no sólo que estaba enfrascado en una crisis interna, sino que no pudo articular a las distintas fuerza involucradas en el conflicto. Como dice Luis Tapia Mealla, el MAS se convirtió en el espacio de negociación de las organizaciones sociales, por este camino se articuló un acuerdo entre las instancias organizativas involucradas [4]; en cambio el MIP no pudo hacer esto, articular un proyecto de y para las distintas fuerzas sociales. ¿Por qué? ¿Cuáles eran las diferencias entre le MAS y el MIP? El núcleo generativo del MAS son las federaciones cocaleras del Chapare, empero cuando crece, sobre todo después del salto electoral del 2002, se incorporan contingentes de simpatizantes y de militantes, principalmente de las ciudades.

Nuca hubo una muestra de confianza de parte del presidente del MAS y de las federaciones cocaleras ante esta avalancha. Sin embargo, el MAS se convirtió en un espacio de negociaciones con las múltiples organizaciones sociales; negociaciones de representación, negociaciones de cuotas de participación en las instituciones; así como se convirtió en un espacio de coordinaciones entre las mismas organizaciones. Al principio, de alguna manera, dio resultados esta disposición a la articulación de fuerzas; sin embargo, el acuerdo entre las organizaciones se fue complicando y fue llegando a la disputa. Se dieron casos graves como la presencia de representaciones paralelas en todas las circunscripciones, en las departamentales y, de alguna manera, hasta en la nacional. Empero, de todas maneras, el MAS fue un espacio de encuentro de las organizaciones sociales. En cambio el MIP se restringió a la representación campesina del Altiplano norte. Si interpretamos estos comportamientos y tendencias a partir de las intenciones, sin considerar las prácticas y las relaciones, podemos concluir que, en el transcurso del agitado tiempo político, el MIP mantuvo su estrategia anticolonial, en tanto que el MAS buscó alianzas desde una perspectiva mas bien pragmática de sumatoria de fuerzas. El perfil de Evo morales se acerca más a estrategia de alianzas, se convirtió en un líder articulador de alianzas; en tanto que el perfil de Felipe Quispe era la del líder de combate, de interpelación directa, cuya proyección no podía ser otra que la nación aymara. En las elecciones del 2005 el MAS obtuvo el 54% de la votación, en tanto que el MIP sólo logró el 2%, bajando como cuatro puntos en relación a las elecciones del 2002. El MAS al obtener la mayoría absoluta entró directamente al gobierno sin mediación necesaria del Congreso. Esta victoria terminaba siendo la salida efectiva de la crisis política. Bolivia, tenía, por primera vez, un presidente indígena. Fue un acontecimiento histórico. La mayoría consideró este hecho como el comienzo del cambio, el principio de la descolonización. El debate interno, que se había mantenido hasta ahí, quedó en suspenso. Ahora había que apoyar al proceso. No vamos a evaluar lo que ocurrió después, para esto me remito a varios textos; uno de ellos es Horizontes de la descolonización [5], otro es Descolonización y transición [6], sin mencionar otros.Lo que interesa es tratar de explicar estos desenlaces y estas diferencias entre las trayectorias de dos líderes indígenas.

Boceto de perfiles carismáticos

Ciertamente la vida y la historia están llenas de casualidades. No se puede encontrar una determinación lineal, menos si hablamos de historias de vida. De todas maneras en este juego de azar hay que encontrar explicaciones, así como lo hace la estadística en la teoría de los grandes números para poder entender el azar.

En 1981 Evo Morales Ayma fue Secretario de Deportes de su sindicato, San Francisco. Cuandofalleció su padre, en 1983, tuvo que dejar sus cargos sindicales para dedicarse íntegramente al trabajo y apoyar a su familia. Por otra parte, tuvo que trasladarse con frecuencia desde el Chapare a Orinocapara atender actividades agrícolas en su comunidad de origen. Evo Morales ha sido representante legislador del sector de los colonos inmigrantes provenientes de Ganimedes, campesinos cultivadores de la hoja de cocade la región del Chapare. Su carrera sindical es retomada en 1985cuando es nombrado Secretario General de su sindicato. Tres años más tarde, el gobierno de entonces, uno de la coalición neoliberal, empero esta vez bajo la dirección del MNR, en arreglo con Congreso aprueba y promulga la Ley del Régimen de la Coca y Sustancias Controladas (Ley 1.008). Esta ley considera la reducción y sustitución graduales de las cosechas excedentarias, mediante la siembra de cultivos alternativos o bien el desarraigo forzoso de cocales sin derecho a indemnización. Este año, 1988, las federaciones cocaleras del Chapare eligen a Evo Morales Ayma Secretario Ejecutivo de la Federación del Trópico de Cochabamba en un ampliado sindical. La década de los noventa fue de enfrentamientos entre los cocaleros y los gobiernos de turno. Durante la presidencia del general Hugo Banzer Suárez se efectúo el compromiso con el gobierno de los Estados Unidos de Norte América para la erradicación total de los cultivos de coca. La Federación del Trópico de Cochabamba se resistió a estos planes de erradicación del cultivo de la hoja de coca. Parte de la estrategia de las resistencias a la erradicación, a la interdicción y a la sustitución de la coca fueron las marchas cocaleras; una de las marchas que se hizo famosa es la Marcha por el respeto y la dignidad.Se caminó unos 600 kilómetros desde Cochabamba hasta La Paz. Fueron atacados consecutivamente por las fuerzas combinadas de la policía y del ejército. Los marchistas supieron burlar los controles de los uniformados en el recorrido. La marcha recibió apoyo de los pobladores de pueblos y ciudades intermedias, en la medida que se acercaban a la sede de gobierno. Cuando la marcha cocalera ingresó a la ciudad de La Paz fueron recibidos por la población; había gente que gritaba consignas, otras aplaudían y muchas mujeres lloraban de emoción. El gobierno no tuvo otra alternativa que dialogar con los dirigentes y buscar acuerdos. Se llegó a convenios en la sede de gobierno, empero el gobierno no cumplió con ninguno cuando los marchistas regresaron a sus lugares.

La fama del dirigente cocalero llegó al plano internacional; la izquierda vio en Evo Morales Ayma al nuevo líder de los nuevos tiempos. Fue invitado varias veces a eventos y congresos, reuniones, encuentros y seminarios. Desde entonces Evo Morales ya contaba con apoyo internacional. Una asociación internacional de políticos y académicos de izquierda nominó Morales para el Premio Nobel de la Pazde 1995 y 1996. En lo que respecta a la defensa de la hoja de coca, para el dirigente de las federaciones cocaleras, quedó claro que se requiere apoyo internacional, sobre todo de Europa. Se viajó entonces con el objeto de conseguir el dicho apoyo internacional, Evo Morales viajó con otros dirigentes cocaleros del Trópico, también de los Yungas, así como de cultivadores del Perú y de Colombia. Se hizo toda una campaña en defensa de la hoja de coca, en contra de las políticas antidrogas, acusándolas de no distinguir entre la hoja de coca y la cocaína. En el contexto de la crisis y de estas luchas, las federaciones del trópico de Cochabamba y la CSUTCB concibieron la idea de formar un instrumento político de las organizaciones sindicales; entre los muchos nombres que se dieron para bautizar al instrumento político, el más adecuado y consensuado fue el de Asamblea por la Soberanía de los Pueblos. Sin embargo el instrumento político no se pudo inscribir en la Corte Electoral ante el boicot mismo de la Corte. A pesar de este boicot, los dirigentes campesinos participaron el en las elecciones de 1997 con la Izquierda Unida, fue cuando sacaron seis diputados nacionales. Esta votación se concentró básicamente en el Chapare. Entre los diputados se encontraba Evo Morales Ayma. La embajada norteamericana y el Congreso conspiraron para sacarlo de su representación parlamentaria; fue expulsado del Congreso bajo una trama oscura empero efectiva. Esta expulsión convirtió al representante y líder cocalero en victima; la opinión pública se volcó a apoyarlo ante la tramoya política. Empero la convulsión social se expandió y profundizó cualitativamente desde la guerra del agua. El MAS, cuya influencia se encontraba circunscrita al Chapare, apoyó a la Coordinadora de defensa del Agua y de la Vida. Con la victoria política de los movimientos sociales implicados en la guerra del agua se expulsó a la trasnacional del agua, Aguas del Tunari, subsidiaria de la empresa trasnacional Bechtel, evitando, de este modo, la aprobación y promulgación de ley del agua, que se venía con toda la privatización del agua, en todas sus formas, además la subida y multiplicación de las tarifas. En esta coyuntura insurgente el MAS también se convirtió en un referente nacional. Este dato es clave al momento de comparar la trayectoria de los dirigentes campesinos; el MAS se expandió por el país, en tanto que el MIP quedo circunscrito a su área de influencia tradicional; el Altiplano norte.

¿Qué hace que el MAS se expanda y el MIP se regionalice y localice? ¿Sus programas, sus proyectos, sus formas de organización, sus convocatorias, sus actividades, son tan diferentes? Por la proximidad a las ciudades de El Alto y La Paz se podría esperar una influencia y una irradiación importantes de parte del MIP; empero esto no ha ocurrido. En cambio el MAS extiende rápidamente su presencia a la ciudad de Cochabamba, incorpora a adherentes; lo mismo hace en otras ciudades. ¿Por qué le es más fácil al MAS hacer esto que al MIP? De todas maneras hay que tener en cuenta que mientras pasaban esto con los partidos campesinos en cuestión, las organizaciones sociales pasaban la experiencia de la emergencia y despliegue de la movilización general; estas organizaciones tenían como desafío la coordinación de movimientos sociales anti-sistémicos, los mismos que no estaban afiliados a ninguno de los partidos campesinos. Sin embargo, esta coordinación se efectúo en la práctica y de manera provisional, dependiendo del motivo de las movilizaciones, de las organizaciones involucradas y del escenario donde se daban. A diferencia de lo que ocurría con los partidos campesinos, estos movimientos y sus organizaciones más bien eran autogestionarios, se sentían auto-convocados, también eran no-electoralistas, en todo caso interesados en la autogestión de los bienes, en las formas comunitarias y en la Asamblea Constituyente.

Veamos ahora el otro perfil, el de Felipe Quispe Huanca. Nace en 1942 en la comunidad de Ajllata Grande de la legendaria provincia de Omasuyos. Se incorpora de joven al activismo indianista; en el año 1978 participa en la fundación del Movimiento Indígena Tupac Katari (MITKA). La fundación del MITKA es, a la vez, un intento de escapar de la crisis del katarismo, pero también manifestación de la misma crisis; crisis expresada en sus las divisiones y proliferación de fracciones kataristas. Como parte de una explicación de lo que acontecía en el contexto de la coyuntura de entonces, podemos ver que el katarismo comparte las consecuencias de la caída de la UDP, incluyendo no solo a los kataristas que ingresaron a la UDP, con Genaro Flores, sino también a otros katarista, que no ingresaron a este frente democrático y eran más bien una expresión más radical. A fines de la década de los ochenta y principio de los noventa se conforma la organización Ayllus Rojos, denotando ya una confluencia entre indianismo y marxismo. Los Ayllus Rojos tuvieron una ardua actividad y desplegaron acciones de lucha ideológica en los sindicatos y congresos campesinos. En este contexto se conforma el Ejército Guerrillero Tupac Katari (EGTK), que se declara en alzamiento armado contra el Estado boliviano. La estrategia es entonces la guerrilla, que pasa por la preparación y formación militar de las comunidades. Si bien no se llega a efectuar la guerrilla, se logra un trabajo de formación de importantes contingentes de jóvenes aymaras. El proyecto guerrillero queda a las puertas de la acción abierta y territorial cuando hace volar torres eléctricas. Los aparatos de inteligencia y la represión actúan en la captura de los miembros del EGTK. Felipe Quispe fue encarcelado por alzamiento armado; es recluido por cinco años en la cárcel de alta seguridad de Chonchocoro; sin embargo, queda en libertad por falta pruebas en su contra. Felipe Quispe adquiere mucho prestigio y reconocimiento por parte de sectores campesinos del Altiplano, también de sectores populares de las ciudades de El Alto y La Paz. A fines de los noventa, debido a la división interna de la CSUTCB no se logra elegir a la nueva dirigencia en el congreso campesino; la división entre Evo Morales y Alejo Veliz es dramática. La salida que se encuentra es buscar un tercer dirigente que pueda aunar las fuerzas y representar al movimiento campesino. Se elige a Felipe Quispe como Secretario Ejecutivo de la CSUTCB. Bajo su dirección la CSUTCB participa en las movilizaciones de 2000, en abril, cuando la guerra del agua, y sobre todo en septiembre, cuando se da el cerco a cuatro ciudades del eje central y se toma el territorio de por lo menos cuatro departamentos. El prestigio ganado durante las movilizaciones el 2000 sirvió de base para la formación del MIP. Es el candidato para las elecciones del 2002 por este partido indígena.

Como dijimos, en estas elecciones el MIP consigue seis diputaciones, incluyendo al mismo Felipe Quispe. Si bien el 6 % conseguido en estas elecciones están muy por debajo del 21% conseguido por el MAS, en términos departamentales es significativo debido a la concentración del voto en el Altiplano. Se puede decir que estos resultados se explican como efectos de las movilizaciones y las victorias populares. Sin embargo, la experiencia del MIP en el congreso más que fortalecerlo lo debilita y lo divide; a diferencia de lo que pasa con el MAS, que aprovecha esto como aprendizaje, la experiencia en el parlamento desata en el MIP una crisis interna que va terminar llevando al partido a la desaparición. ¿Por qué pasa esto? ¿Un proyecto indianista no condice con la actividad electoral? ¿Los diputados del MIP no estaban preparados para soportar las veleidades de la actividad liberal del Congreso? ¿Se dejaron llevar por sus encantos? Es muy difícil responder a estas preguntas, tampoco vamos a optar, como dijimos, por escudriñar en las acusaciones que se hicieron dos diputados del MIP, pues esto puede perdernos. De lo que se trata es de intentar un análisis estructural de lo que pasó. Sobre todo teniendo en cuenta que después de estas elecciones, la provincia Omasuyos y la propia comunidad de Felipe Quispe ya no van a volver a votar por el MIP en las elecciones de 2005. Toda la votación del Altiplano se va inclinar a concentrar la acumulación electoral hacia el MAS. Después de la crisis en el MIP Felipe Quispe cae como en desgracia política, deja de ser un referente en la contienda política, sobre todo en el periodo del proceso constituyente y en el lapso de las dos gestiones de gobierno. Ahora que el proceso ventila su propia crisis Felipe Quispe ha tomado posiciones contra el gobierno, contra Evo Morales Ayma y contra el Vicepresidente Álvaro García Linera. En la crisis del gasolinazo se ha declarado estar en contra la medida impopular y en el caso del conflicto del TIPNIS a criticado el carácter anti-indígena de las políticas del gobierno. Estas posiciones vuelven a mostrar al perfil del dirigente indígena del periodo de las movilizaciones, empero ahora como una voz solitaria, sin influencia e irradiación política. Ahora, después de esta intensa experiencia, Felipe Quispe dirige un equipo de futbol que lleva el nombre de Pachacuti, formando a jóvenes aymaras en el deporte y la autoestima. No ha perdido el carisma y el manejo de escenarios a partir de frases claras y contundentes. Empero, por el momento, no parece poder lograr una convocatoria en plena crisis del proceso. Sin embargo, no hay que olvidar que esto también pasó con otros dirigentes de las movilizaciones de 2000 al 2005. Oscar Olivera quedó aislado después de la gran conquista de la guerra del agua, atrapado en la gestión del agua, que no llegó a ser autogestionaria, como postulaba sino municipal. El MAS no lo dejó participar como candidato a la Constituyente, tampoco permitió que conforme su agrupación ciudadana para las elecciones. Antes había quedado en el camino el dirigente campesino del valle Alejo Veliz, debido a desavenencias con Evo Morales. ¿Por qué ocurre esto? ¿Sólo hay espacio para un solo líder? ¿Es como una competencia donde se decide quién continúa? ¿O más bien se trata de juegos de poder, de habilidades políticas, de astucias, combinadas con intuiciones y pulsiones del ritmo político?

Ahora que tenemos los bocetos de los perfiles, por lo menos de líneas y trazos rápidos, de dos dirigentes indígenas y campesinos connotados, vamos a tratar de responder a todas las preguntas acumuladas mediante un análisis político de los contextos y coyunturas en los que se movieron ambos dirigentes, el juego de relaciones en el que se involucraron y el ámbito imaginario y de convocatoria que abrieron.

Hipótesis interpretativa

Para comenzar debemos distanciarnos de la creencia común en los caudillos, del imaginario de los caudillos, imaginario que cree la historia política se explica por sus perfiles y decisiones, por sus características intrínsecas, pos su carisma. Esto es atribuir demasiado control sobre las condicionantes y factores del proceso a personas que llegan a ser representantes de movimientos y organizaciones. Cuando las crisis estallan, cuando estas crisis remueven las estructuras, relaciones e instituciones, por lo menos cuestionan su legitimidad, lo que hagan o decidan los líderes carismáticos va depender no tanto de su perfil subjetivo y de sus decisiones como del campo de posibilidades abierto y el juego de las fuerzas. En este caso, lo que importa es averiguar cuál es el espacio de movimientos que escogen, cual es la relación de estos líderes con el campo de fuerzas, con las relaciones y estructuras que todavía se encuentran vigentes. En todo caso lo que hagan los lideres depende también y sobre todo de la relación que establecen con sus bases, de lo que lo dejen hacer sus bases.

Hay pues corresponsabilidad con las organizaciones y los movimientos que se aglutinan y delegan la representación en el líder. Entonces se trata de la participación del líder en el contexto del campo de fuerzas. El problema aparece cuando las organizaciones y fuerzas sociales aglutinadas proyectan en el líder el imaginario del patriarca, el mesías que conduce a su pueblo a la tierra prometida. Entonces las expectativas se centran en el líder-patriarca y se le otorgan los atributos de la decisión política, incluso de la decisión sobre el destino del proceso en curso. Como los patriarcas son producto de un imaginario conservador, un imaginario fosilizado en la memoria social, tienden a mantener las instituciones y darle un significado milenarista a la interpretación del proyecto. Aunque esto ocurre a un principio, pues esta interpretación es sustituida después por significaciones más bien pragmáticas. Los patriarcas son imaginarios, empero el cuerpo significante son los cuerpos y personas reales, no solamente con nombre y apellido sino con historias de vida propias. Las personas que encarnan los significados pueden entrar en contradicción con sus imaginarios, sobre todo en algunos momentos críticos de los procesos en curso; estas personas son también producto de sus historias de vida, así como de la internalización de las relaciones e instituciones que los sometieron. Por eso también tienden a mediano y largo plazo a adecuarse a las condicionantes heredadas, a las instituciones que fueron interpeladas. En el corto plazo el discurso radical puede hacerse elocuente, se puede llegar a decir que se interpela al Estado y a las instituciones heredadas, empero para que este discurso se convierta en política práctica y en práctica política se requiere de la movilización y la participación, la profundización democrática y el cambio de las formas de gobierno. Algo que no es por lo general aceptado por los gobernantes, menos por los líderes, pues esto implicaría desplazar el mito del líder y el supuesto del gobierno de los especialistas.

Empero de estas tendencias no son conscientes ni los líderes, ni los conductores, ni los gobernantes, tampoco, mucho menos, los partidarios del régimen. Estas tendencias se tejen desde un principio, desde antes, cuando se construye el instrumento político. Sin embargo, en los contextos de las luchas sociales no se atienden a estos temas, pues la velocidad de los acontecimientos impide detenerse en la reflexión y el análisis; entonces ¿cómo construir un instrumento que no caiga en los mismo de los partidos, en la usurpación de la representación, en la suplantación de la voluntad colectiva? Son temas teóricos. Cuando se está en la pelea concreta, en la lucha de las demandas, lo que importa es resolver problemas de organización de la movilización, problemas de consensos de los sindicatos, problemas del relacionamiento con otras organizaciones y otros movimientos. No hay tiempo para temas teóricos. El problema es que las relaciones habituales y las estructuras de relaciones heredadas ya están inscritas en las propias prácticas sindicales y de organización social. Es muy difícil moverse de otro modo. Están las reuniones sindicales definidas, la forma de hacer lo congresos también. No parece haber problema cuando se tiene que concentrar el esfuerzo en combatir al enemigo. Los problemas de poder se hacen visibles cuando se está en el gobierno; como que se suman herencias complicadas, las relaciones y estructuras habituales de organización, añadiéndose a las estructuras de relaciones de poder y normas de Estado, habitus de la forma de hacer gobierno. La gestión está entonces doblemente atrapada. Ciertamente es el momento del gran debate; empero en estas circunstancias lo que menos quieren los gobernantes es debatir, pues consideran que lo único que hay que hacer es defender al gobierno y confiar; los que no hacen esto son enemigos. Alrededor de Evo Morales se conformaron redes y articulaciones de apoyo. Contaba con el apoyo de la izquierda tradicional y de gobiernos de izquierda. En el país el MAS se convirtió en un espacio de negociaciones entre organizaciones sociales, también entre estas organizaciones y el MAS. En las ciudades se formaron unidades barriales, por distritos, incluso por circunscripciones, además de departamentales. Muchas veces estas formas de agrupamiento se organizaron sobre la base de lo que fue CONDEPA, sobre todo en lo que respecta a las ciudades de El Alto y La Paz. Este conglomerado de formas de participación tanto en las ciudades como en el campo llevó a convertir al MAS en una expresión nacional. Se encontraba en todo el país, aunque con diferente densidad, dependiendo de las regiones. Pero el tema no es tanto su crecimiento sino cómo se articulan las distintas formas de organización, ¿armaban una organización y un tejido orgánico o, mas bien, se añadían sin lograr una estructura, dejando que la jerarquía se organice por antigüedad, por peso organizativo, convirtiéndose los sindicatos campesinos y entre estos los sindicatos cocaleros en el núcleo dominante?

Por otra parte, tampoco quedaba lo suficiente claro dónde terminaba de ubicarse el núcleo gravitante de decisión, en las organizaciones campesinas o en el ejecutivo. Es interesante observar que debido a esta flexibilidad, a esta apertura, a este escenario de negociaciones, el MAS crece rápidamente y está en condiciones de la convocatoria electoral a gran escala. El cambio el MIP tiene otra historia; su composición es más compacta, se asienta sobre la base de los sindicatos combativos del Altiplano norte, también sobre la experiencia y la organización de organizaciones de acción directa y de formación ideológica. Una de las primeras dificultades ha sido adecuar estas formas de organización de combate a la actividad electora y después a la actividad parlamentaria. La fidelidad de la gente de las comunidades vota por el MIP por reconocimiento de quiénes son. Empero el parlamentarismo termina de quebrar a los representantes y ocasionar la crisis en la organización partidaria. Felipe Quispe era más un dirigente de combate; nunca se pudo adecuar a la actividad parlamentaria. Terminaron habiendo grandes desacuerdos entre los diputados y la militancia, sobre todo con los sectores más combativos que pidieron la renuncia de algunos diputados. Si se puede interpretas el espíritu del programa del MIP, se puede decir que es de guerra anticolonial, en tanto que el programa del MAS era más bien nacionalista y populista; nunca lo dejó de ser, a pesar de los esfuerzos que hacen los estudiosos del MAS, los propagandistas y los propios portavoces. Es difícil asumir que se trata de un programa socialista, menos de un socialismo comunitario; estos son nombres que se utilizan para rebautizar el programa, empero no se encuentra por ningún lado la expropiación de los medios de producción, sus socialización o su estatalización. Cuando se habla se socialismo comunitario es para hacer reminiscencia a las comunidades indígenas y campesinas, se acude a la retórica para recordar que la base del socialismo está en la propiedad comunitaria. Empero esto no es más que una enunciación de reconocimiento, pero sin efectos políticos ni prácticos.

El programa ha servido para convocar electoralmente, también para legitimar las gestiones, empero, como está conformado por generalidades, no tiene por objeto su realización. El efectivo programa del MAS se lo ha terminado de definir en la Cumbre Social de Cochabamba a fines del 2011, donde claramente se establece un programa administrativo del modelo extractivista.Alguien podría decir que bajo las condiciones políticas, económicas y sociales de Bolivia, entendiendo que se encuentra además en un contexto regional definido también por una economía extractivista, aunque con todas sus variantes, Evo Morales tenía más chance que Felipe Quispe. Esto suena a una descripción pragmática, empero esta descripción olvida que la política no es el resultado pasivo de las condiciones sino el resultado del accionar de las fuerzas. Si bien el MAS electoralmente había crecido, esto no quiere decir, de ninguna