De 47.677 especies evaluadas, 17.291 están en peligro de extinción, revela la última edición de la Lista Roja de Especies Amenazadas de la UICN. De 5.490 tipos de mamíferos conocidos en el mundo, 79 se extinguieron y 188 están en peligro crítico. El vertiginoso aumento del número de especies en situación crítica es consecuencia de la destrucción hábitats naturales, la conversión de tierras a usos agrícolas, la urbanización, la contaminación, la propagación de especies invasoras y el cambio climático.

Hace 250 millones de años la Tierra estaba poblada por diversas especies de plantas y animales. Una abundante vegetación, así como gran cantidad de reptiles, insectos, peces, y moluscos se desarrollaban en la superficie del planeta. Sin embargo, algo todavía no precisado hizo desaparecer casi toda señal de vida.

El 90% de los seres vivos del planeta, es decir nueve de cada 10, fueron aniquilados durante el período Pérmico-Triásico, un suceso conocido como la Gran Extinción o la Gran Mortandad, y que no debe ser confundido con la que marcó el fin de los dinosaurios, hace 65 millones de años.

Los científicos identifican cinco grandes extinciones masivas en el historial geológico del planeta. La primera fue la del Ordovícico-Silúrico, en la transición de los períodos Ordovícico y Silúrico hace 444 millones de años, cuya causa probable fue un período glaciar. En la segunda extinción masiva del Devónico, hace 360 millones de años, desapareció el 70% de las especies existentes.

En la tercera del Pérmico-Triásico, hace 251 millones de años, la Tierra sufrió la mayor desaparición de especies de la que se tiene noticia: se extinguieron el 53% de las familias biológicas marinas, el 84% de los géneros marinos y alrededor del 70% de las especies terrestres, entre las que se encuentran plantas, insectos y vertebrados.

En la cuarta extinción masiva del Triásico-Terciario se extinguieron varios grupos de arcosaurios, de los cuales solo sobrevivieron el cocodrila, el dinosauria y el pterosauria; y en la quinta gran extinción del Cretácico-Terciario hace 65 millones de años desapareció el 75% de las especies, incluidos los dinosaurios.

¿Qué pudo ocurrir entonces que explicara aquellas catástrofes? Las teorías han sido muchas: una intensa actividad volcánica, cambios ambientales generados por la formación de un súper continente, acidificación de los océanos, o quizás la combinación de algunas de ellas, son las más pronunciadas.

Algunos consideran que algo venido del espacio chocó con la tierra provocando el desastre ecológico más grande del que se tenga noticias. Otros niegan la posibilidad de que un solo hecho aislado haya sido el causante de la gran extinción. Muchos creen que la vida ya se encontraba en decadencia cuando tuvo lugar el impacto; el planeta sufría una intensa actividad volcánica y enormes extensiones de tierra estaban cubiertas de lava y la atmósfera saturada de gases de efecto invernadero alteró el clima.

Por otro lado, la geografía cambiaba, grandes placas tectónicas se movían, las corrientes oceánicas se invertían, parte del litoral quedó bajos las aguas. La realidad es que no hay respuestas concretas, lo que sí se sabe ahora es que la recuperación de la fauna y flora terrestre fue mucho más lenta de lo que se pensaba.

Una investigación desarrollada por expertos de la Universidad de Geociencias de China y de la Universidad de Bristol de Gran Bretaña señala que el planeta demoró 10 millones de años para superar la tercera gran extinción. Es difícil imaginar cómo se puede acabar con tanta vida, pero no cabe duda de lo que nos dicen las secciones de roca estudiadas en China y en muchos otros lugares del mundo. Aquella fue la mayor crisis a la que nunca se ha enfrentado la vida en la Tierra, aseguró Zhong-Qiang Chen, uno de los investigadores.

Por su parte, el profesor británico Michael Benton, coautor del ensayo, publicado en la revista Nature Geoscience, indicó que la vida parecía volver a la normalidad cuando otra crisis la golpeaba y la obligaba de nuevo a empezar desde el principio. La crisis del carbono se repitió varias veces, y las condiciones no volvieron a ser normales hasta muchos siglos después.

“Nosotros vemos una extinción masiva como algo completamente negativo, pero incluso en este caso tan devastador, la vida logró recuperarse después de muchos millones de años, con el surgimiento de nuevas criaturas. El evento de extinción puso a cero el contador de la evolución. Las causas de la catástrofe, calentamiento global, lluvia ácida, acidificación oceánica…, nos suenan extrañamente familiares en la actualidad. Quizá deberíamos aprender algo de estos antiguos episodios”, resaltó el científico.

¿Ocurrirá una sexta extinción masiva?

La extinción es un fenómeno natural, tarde o temprano una especie o taxón (grupo emparentado) desaparecerá como consecuencia de la evolución. Una especie se considera extinguida cuando muere el último ejemplar, cuando el número de animales es tan reducido que son incapaces de reproducirse, o cuando no pueden sobrevivir en condiciones cambiantes y frente a los competidores.

A lo largo de su historia geológica el mundo ha sufrido cinco grandes crisis cuyas causas fueron naturales, pero la pérdida acelerada de especies en la actualidad, que puede conducir a la desaparición de las tres cuartas partes de los animales del Planeta en pocos siglos, será responsabilidad humana por la caza furtiva, la destrucción de hábitats, contaminación, sobreexplotación de los recursos, efectos del cambio climático y la diseminación de especies invasoras.

A partir del estrés en que se encuentran algunas poblaciones de animales, investigadores de la Universidad de California, en Berkeley, estiman que el mundo podría sufrir una sexta extinción masiva de especies entre tres y 22 siglos. Sus conclusiones -difundidas en la revista científica Nature- se basan en el estudio del estado actual de los mamíferos, escogidos como indicador porque se encuentran mejor documentados en fósiles.

Cálculos realizados por el equipo de científicos estadounidenses revelan que durante los últimos cinco siglos, de las 5.570 especies registradas de estos vertebrados, 80 se extinguieron. Con las cinco grandes crisis previas ocurridas en los últimos 540 millones de años, hasta el 75% de las especies desaparecieron de la faz de la Tierra en plazos de miles y hasta millones de años.

En comparación, la magnitud de lo que sucede ahora es muy pequeña, pero por su celeridad constituye una alerta. Antes, dos especies de vertebrados desaparecían cada millón de años, pero en estos momentos, una deja de existir cada seis años, muestra de que este proceso marcha rápido, aunque aún no sea irreversible.

Hasta el momento, solo se han perdido el 1 o 2% de las especies de los grupos que se han examinado claramente, apenas unas pocas ramas del enorme árbol de la vida, subrayó Anthony D. Barnosky, profesor de biología en Berkeley y curador del Museo Universitario de Paleontología, además de paleontólogo investigador del Museo Universitario de Zoología Vertebrada.

Aunque en este estudio los mamíferos sirvieron como termómetro, resulta necesario ahondar en el análisis de otros animales para medir aún mejor el riesgo de desaparición que existe, aclararon los investigadores. “Si nos fijamos sólo en los mamíferos en peligro de extinción crítico, y asumimos que a aquellos con un 50% de posibilidades de extinguirse en las próximas tres generaciones se les acabará el plazo y que estarán extinguidos en mil años, podemos concluir que nos acercamos a una desaparición en masa”, según Barnosky.

En caso de que las especies amenazadas dejaran de existir -precisó- y se mantuviera el mismo ritmo de declive, entonces la sexta gran pérdida masiva de especies podría ocurrir en un plazo de entre tres y 22 siglos.

Lo que está sucediendo es un llamado de atención a lo que podría ocurrir de forma masiva en el futuro. Aunque aún “la magnitud sea pequeña comparada con las extinciones masivas más grandes, y aunque las cifras documentadas de animales extinguidos sean pequeñas, la realidad es que son más altas que en la mayoría de las extinciones masivas anteriores”, alertó Charles Marshall, coautor del estudio.

Animales del mundo: Del peligro a la extinción

Es posible que no pase mucho tiempo entre la declaración de una especie animal en peligro de extinción y su total desaparición de la faz de la Tierra. Como resultado del proceso natural de evolución de las especies, muchas de ellas perecieron en un lapso de mil a millones de años, debido a la selección natural, la supervivencia y la inadaptación a las nuevas condiciones climáticas durante la formación del universo.

En la actualidad no hay que esperar ese tiempo para asistir al exterminio de miles de habitantes de la fauna silvestre sin que hayan agotado su proceso natural de evolución, en parte por el cambio climático, pero más por la acción incontrolada del hombre contra los especímenes inferiores. El vertiginoso aumento de especies clasificadas como en peligro crítico de extinción se debe a numerosas causas que incluyen la destrucción de su hábitat, la conversión de tierras a usos agrícolas y a la urbanización, la contaminación, el comercio ilícito de fauna y flora silvestres, la propagación de especies invasoras, y el cambio climático.

El calentamiento global provoca el deshielo en los polos y para el verano de 2020 será navegable el océano Glacial Ártico, según pronósticos, lo cual eliminaría el hábitat de peces y mamíferos, como el oso polar. Hay especies que sucumbirán inadaptadas a los efectos del cambio climático, cumpliéndose la teoría darwiniana, aunque otras han sido ya eliminadas por la mano de un gran depredador: el hombre.

Enfrentamos una crisis de extinción y “no olvidemos que la extinción es irreversible”, advierte Jane Smart, directora del Grupo de Conservación de la Biodiversidad de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN).

En la última década sucumbió el delfín Baiji del río Yangtsé en China, primer mamífero marino que desapareció desde los años ‘50; el cuervo de Hawai o Alalá y el pájaro Po’ouli de la isla de Maui, en el mismo archipiélago. También la cabra de los Pirineos o bucardo, el rinoceronte negro occidental, la rana dorada panameña, el caracol de franjas del atolón de Aldabra, la sanguijuela terrestre europea, y el olivo de Santa Helena.

Según la última edición actualizada por la UICN de la Lista Roja de Especies Amenazadas, de las 47.677 evaluadas, 17.291 están en peligro de extinción. Los datos indican que el 21% de los mamíferos conocidos, el 30% de los anfibios, el 12% de las aves, el 28% de los reptiles, el 37% de los peces de agua dulce, el 70% de las plantas y el 35% de los invertebrados evaluados están amenazados.

A los anfibios les toca la célebre categoría de grupo de especies más amenazadas del planeta, junto a los peces de agua dulce. Según las investigaciones de la UICN, de 6.285 ranas, sapos y salamandras existentes, 1.895 están en peligro de extinción. De ellos, 39 ya figuran en las categorías de extinto o extinto en estado silvestre, como el sapo del aerosol de las cataratas de Kihansi, en Tanzania. En peligro crítico hay 484, entre los cuales se encuentran la Atelopus patazensis, una especie de rana arlequín del Perú; 754 están en peligro y 657 son vulnerables.

De los 5.490 tipos de mamíferos del mundo, 79 están clasificados como extintos o extintos en estado silvestre, en tanto que 188 están en peligro crítico, 449 en peligro y 505 son vulnerables. Entre las 10 especies más amenazadas figuran el Tigre de Asia, el Oso Polar, el Pingüino de Magallanes, el Panda Gigante, la Morsa del Pacífico, la Tortuga Laúd, el Gorila de Montaña, la Mariposa Monarca, el Rinoceronte de Java y el Atún Rojo.

Otro mamífero considerado en riesgo es el voalavo oriental, un roedor endémico de Madagascar y confinado en el bosque tropical montañoso de la cuarta isla mayor del mundo. Vive en la selva y esta decrece por la tala indiscriminada de árboles para la industria maderera y por la quema de bosques para cultivar la tierra, en gran parte vendida a compañías foráneas que compiten por recolonizar el continente africano.

El tigre habita en solo el 7% del territorio que ocupaba originalmente, y, si continúa la caza indiscriminada y la tala de árboles, pasará a la historia de los extinguidos, al igual que sus semejantes de Java y Bali. Su hábitat se reduce debido también a la subida del nivel del mar provocado por el cambio climático, en especial por su efecto en los manglares de la India y Bangladesh.

Utilizar la piel de los animales cazados para cobijarse del frío fue una necesidad de supervivencia para los primeros hombres en el planeta; sin embargo, hoy la cubierta de especies que aún subsisten se exhibe en salones como piezas exóticas. La piel del tigre es altamente cotizada en el mercado y también es demandada para la cura de enfermedades en la medicina tradicional china.

El tráfico ilegal de especies supera la decena de miles de millones de dólares al año, y sólo el contrabando de armas y el narcotráfico generan cantidades superiores. Según el tratado mundial regulador del comercio de especies, que protege a las que están en peligro de extinción, la población de elefantes africanos se redujo de 1,3 millones de ejemplares a poco más de 600 mil durante la década de los ochentas, y los expertos calculan que en 10 años podría sucumbir del todo. El sacrificio de paquidermos se debe al tráfico ilegal del marfil de sus largos y pesados colmillos, utilizados para fabricar objetos artesanales o decorativos, pese a que ese comercio se prohibió internacionalmente en 1990.

Por otro lado, en las primeras décadas de este siglo podría desaparecer totalmente el Gorila de Montaña, pues quedaban unos 600 ejemplares en los montes húmedos del continente africano, según estudios de 2009 realizados por la UICN. Habitan en bosques de gran altitud de África Central, en las fronteras entre la República Democrática del Congo, el Noroeste de Ruanda y el Suroeste de Uganda. Con el aumento de la población humana en la zona y la deforestación, se destruyó el 85% del llamado Bosque Africano de los Grandes Simios, que abarcaba desde Senegal hasta Uganda por toda la franja del Ecuador.

A los gorilas les seguirán los rinocerontes negros. Según la clasificación del estado de conservación confeccionada por la UICN, las especies de rinoceronte negro se encuentran en “peligro crítico” y la del blanco se considera “vulnerable”. Desde la década del 70 hasta la fecha perecieron 63 mil ejemplares del negro y, según exploraciones científicas, quedan alrededor de dos mil. Solo en Zimbabue, cazadores furtivos mataron en los últimos tres años a más de 200 ejemplares, la cuarta parte de los que habitaban en la nación africana. El país cuenta aún con 500 rinocerontes negros y 300 blancos, cuyos cuernos alcanzan gran valor en el mercado para la fabricación de armas blancas o para la medicina tradicional en gran parte de Asia.

Según un reciente informe de la organización WWF (Fondo Mundial para la Naturaleza), la Global Footprint Network (Huella Ecológica) y la Sociedad Zoológica de Londres (ZSL en inglés) titulado Planeta Vivo, desde 1979 declinó el 30% de 2.600 especies analizadas en 9.014 poblaciones alrededor del mundo, el mayor número nunca antes censado.

El informe revela que las especies tropicales muestran un descenso de más del 60%, mientras que en las regiones templadas se ha producido una recuperación promedio de alrededor del 30%. Las especies más afectadas son aquellas que habitan en ríos y lagos tropicales, cuyo número ha disminuido en un 70% desde 1970.

Al comprar esta situación con un mercado de valores, el director del Instituto de Zoología del ZSL Tim Blackburn aseguró que la Bolsa de Valores de Londres “entraría en pánico si mostrara un declive de este tipo. La Naturaleza es más importante que el dinero. La humanidad puede vivir sin dinero, pero no puede vivir sin la Naturaleza y los servicios que ella ofrece”.

De ahí que una de las propuestas de los partidarios del capitalismo verde para Río+20 es que los gobiernos elaboren y utilicen indicadores económicos para valorizar el “capital natural”.

* Periodistas de Servicios Especiales de Prensa Latina.