No se trata sólo tres recientes derrotas consecutivas, sino que la horizonte oficial persiste en la conflictividad creciente, el espionaje o la represión, el inadecuado reparto de la bonanza, los errores de la nacionalización, los retrasos en la industrialización del litio, el hierro o la petroquímica, o hasta la alta exportación de quinua mientras 2,5 millones de bolivianos sufren de desnutrición o hambre crónica.

Con el ojo en tinta, los administradores del proceso de cambio afrontan el riesgo de que la suma de contrastes –incluido el tercero que dejó Chile aún ausente cerrando una Alianza del Pacífico con Perú, Colombia y México– pueda afectar sus aprestos para su nueva prórroga en el poder, mientras arremeten contra la disidencia interna y a la clase media, que coadyuvaron a elevarlo donde está, temiendo sin embargo los gobernantes más desgaste, descrédito y desconfianza.

Dicen verdesestabilización y sedición casi por todo lado, y en la cabeza se agudiza el síndrome del Presidente Colgado, sea para curarse en salud, si se sabe multitudinariamente respaldado, o para victimizarse, en busca de los dos tercios perdidos.

Se taladra desde hace meses en la inutilidad del MAS y sus dirigentes como instrumento político corroído por el prebendalismo (aunque óptimo para la masa clientelar y el voto obligado) y no tomarlos en cuenta para el 2014, abriéndose a nuevos segmentos, neoliberales o no, que puedan garantizar la mínima mayoría que asegure la re-reelección. ¿Qué alianzas más sorprendentes y dramáticas le aguardan al líder? ¿De quiénes además habrá de desprenderse?

El Presidente está buscando una “nueva mayoría” para su reelección, aseguró en mayo la versión digital del ya legendario Semanario Aquí, fundado por el sacerdote Luis Espinal y largamente dirigido por Antonio Peredo, (+ este 2 de junio), semanas después de la reunión de Evo Morales con Jaime Paz, en el Picacho, Tarija, sede de la visita presidencial al reciclado ex mandatario.

El mismo Paz que en 1989, bajo el emblema del MIR-Nueva Mayoría logró la Presidencia en alianza con sus represores dictatoriales de derecha encabezados por el general Hugo Banzer (ADN); el mismo presidente que fustiga a los partidos de la democracia pactada y la economía neoliberal.

“El acuerdo es que el MIR recupere su personería como partido para participar en las elecciones y darle sus votos al MAS, que llegarían a un escaso 7 % pero que, al minuto clave de los centavos parlamentarios,siempre ayudan”, dice un observador palaciego, que obviamente desea mantenerse en reserva, aunque alcanza a recordar una vieja frase, ahora reformulada con dejo tarijeño: “si antes cruzaron ríos de sangre, ahora cruzarán ríos de m…ugre”

Buscando en el tiempo, muestra también un antiguo volante de campaña que circuló en el Chapare durante las elecciones del 97, cuando se voceaba “Jaime Presidente, Evo Diputado”, promoviendo el voto cruzado, y el entonces candidato de la Izquierda Unida, Alejo Veliz, rasguñó un 3.7 % y Morales logró la diputación uninominal que lo catapultaría, nueve años después, a la primera magistratura y a la posición del boliviano más poderoso en la última década.

Sucedía hace menos de 15 años, distantes del resurgimiento de la izquierda armada, su versión electoral y el movimiento popular. Y de las “guerras” del agua y del gas –una década ya– que impulsaron e impusieron el proceso de cambio, la constitución del Estado Plurinacional, sus logros-errores del primer mandato.

Y de la generalidad de los yerros del segundo, contemporáneos éstos a los afanes por una nueva prórroga, tan complicada hoy, que intentan los administradores de un régimen atrapado en sus propios conflictos, en busca de la simple conservación del poder –incluso «dispuestos a todo»–, despilfarrando el cambio y el proceso con su cotidiana multiplicidad de errores, en alianzas contradictorias con su origen y horizonte supuestos, aunque útiles para la detentación del Estado.

Rifar los años

Hay “una base social bastante dura” que, a diferencia de la soledad del progresista general Torres en los 70 y Siles Suazo en los 80, respalda a Evo y ha dado “claras señales de no estar dispuesta a rifar el resultado de una larga resistencia anticolonial”, se arenga desde la estructura gubernamental, no obstante la virtual pérdida de los dos tercios que obligan a esforzarse para afrontar la segunda vuelta.

“Habemos quienes no estamos dispuestos a seguir reproduciendo los parámetros de opresión y dominación y apostamos por caminos libertarios y emancipadores; los que queremos y somos constructores de otra historia; somos los que nos pondremos al frente de la barbarie colonial, venga de donde venga: sería bueno que no lo olviden”, advierten, bajo el fantasma de Villarroel de los 40 o de Jacobo Arbenz en la Guatemala de los 50.

“¿Para qué quieren ahorrar tanta plata? ¿para qué se la vamos a dejar?”, cuestionan simultáneamente, en referencia a los 13.000 millones de dólares acumulados en el Banco Central por los altos precios de las materias primas y la ineficiente ejecución presupuestaria, sugiriendo gastarlos para no dejar herencia a un eventual gobierno emergente de la animadversión parcial que, sumada al desgaste-descontento de las propias bases, pudiera desplazar a la actual estructura en el poder, y quizá a su hegemonía, aunque quedara el recurso del reflujo y una implacable oposición masista a partir del 2015.

“No hemos llegado al Palacio de inquilinos, ni estamos de paso: hemos llegado para quedarnos definitivamente, si es posible más de 500 años”, dice el Presidente en contraposición a las quejas de ser destronado mediante la desestabilización.

Lo hace a sólo cuatro meses de que, tras la “cumbre” de Cochabamba –“para profundizar el cambio”–, consolidara suspicaces alianzas con diferentes representantes de clases, entre ellos algunos de la otrora poderosa oligarquía agroempresarial y comercial-financiera del país, reconfirmando en paralelo sus pactos con los pequeños y medianos productores campesinos y sus mujeres, cocaleros, ex colonizadores e informales que medran incluso del contrabando y la especulación, y las transnacionales que están ganando mucho y dejando poco por la extracción de los hidrocarburos y los minerales, sin mayores resultados de industrialización.

Todo un conglomerado –suficiente, en la apariencia de las lealtades superficiales– para el reciclaje pragmático de los siguientes años.

El imperialismo “ha puesto en marcha todos sus mecanismos de desestabilización y sus agentes internos para derrumbar gobiernos que le son contestatarios. Evo ha cometido errores. Pero a nuestro juicio, ninguno de principio sino de método, por medidas inoportunas, mal calculadas y mal propuestas. En esa circunstancia se aprovecha la convulsión social presente para desestabilizar al gobierno”, dice Marcos Domich.

Agrega el veterano dirigente comunista con su reflotada influencia a través del PC y el PCML en el manejo de la minería estatal, paradójicamente dominada por las transnacionales: “Es hora de emprender una contraofensiva ideológica y política y recordar Lenin: ‘Todo lo que sea inclinarse ante la espontaneidad del movimiento obrero, todo lo que sea rebajar el papel del elemento consciente, el papel de la vanguardia política, equivale a fortalecer la influencia de la ideología burguesa sobre los obreros’;

Es impostergable organizar la dirección del proceso de cambio, arenga también: “armarlo de una ideología revolucionaria, adoptar un programa mínimo que refuerce el camino de la transición y superando el desaliento emprender una contraofensiva que derrote la conspiración; hay suficientes reservas y experiencias para hacerlo”.

La tónica sin embargo, es la victimización: “Hay que matar al indio antes que tenga crías”; “algunas personas en las ciudades no nos quieren”; están “queriendo hacer un golpe de Estado”; “ahora dicen que hay que reconducir el cambio; lo que están diciendo es fuera Evo y tal vez hacerlo colgar como a Villarroel”, se queja la nomenclatura oficial.

Y en el contexto casi alucinante de complot, conspiración, desestabilización y sedición que atribuye a sus críticos, el Vicepresidente llama a “las organizaciones sociales” a salir a las calles para defender al gobierno y el “proceso de cambio”, mientras la mano dura del régimen arremete contra sus adversarios recurriendo a métodos de las dictaduras y los gobiernos neoliberales, como si el tiempo no hubiera pasado y el país volviera a la época de las “comunidades de inteligencia estatal” y los post garciamesistas masacrando insurgentes.

El espionaje, las escuchas y grabaciones de las conversaciones telefónicas; los videos solapados, la infiltración entre los grupos contestatarios, el acoso y el amedrentamiento, que se extendió aún a los recintos hospitalarios en el caso de una enfermera; la violación de la privacidad (para alguna ministra la vida privada se pierde al asumir la cuestión pública y los personajes públicos no tienen derecho a la privacidad; para otro, el apoyo a los manifestantes es instigación pública a delinquir, vinculada al delito de sedición), amenaza convertirse en moneda común, semejante a aquella prácticas que el Estado Plurinacional impugnó cuando sus luchadores de décadas anteriores sufrieron lo mismo en las cárcel o el exilio.

Al mismo tiempo [¿quién los entiende?], se arguye que la gobernabilidad está indemne; que no se trata de un cuestionamiento al nuevo estado de cosas, que no está en juego la gestión del Presidente, que puede haber errores pero no delitos ni traiciones, que hay cuerda para rato y que la conflictividad es natural al proceso.

La línea desesperada parece apuntar a los extremos que preceden a un toque de queda: al autogolpe y aún al auto-revocatorio, quizás para ganar fuerzas y tiempo ante una tormenta que pudiera ser capeada con mayor inteligencia y tolerancia, si es que las hubiera. ¿Quién dibuja el cumplimiento minucioso de las torpezas?

“Hemos escuchado una diversidad de discursos que impugnan el quehacer del Presidente, todos convergiendo en una idea común: los errores que comete el gobierno… ¿Es así? ¿Estamos ante una colección de errores? ¿Cuáles son?”, se preguntan, mientras comparten riesgos con los infiltrados que efectivamente están infestando al régimen, en una maraña que apunta no saber quién es quién, ni saber cuál es cuál, mientras se le sirva obsecuentemente, a sabiendas del mismo mandatario y quizá no por simple ignorancia.

Sin embargo, los errores están ahí: estructurales como los de una nacionalización petrolera altamente compensatoria de las transnacionales y la pérdida de la mirada larga en función de la corta, miope; coyunturales como la obsesión por la prórroga del mandato; o eventuales como las fichas pegajosas que ahora demuestran una lealtad servil, pero que a la hora de la hora cambiarán de mando para seguir medrando (¿es su naturaleza?) del ganador de turno.

La colección

En la superficie caldeada de los desatinos no sólo está, para confirmar, el listado mensual de problemas –parodiado en los conflictómetros–, con protestas extendidas por 53 días, y entroncadas adicionalmente con la crisis de una estructura policial infestada de corrupción, narcotráfico e indisciplina, agravando el panorama de paros, que si bien parecieron dar tregua antes de la reunión de la OEA en Cochabamba, se vieron intensificados por la irrupción de las demandas comunarias para explotar oro en Mallku Khota, Potosí, en paralelo o sustitución a la canadiense South American Silver (los ayllus ya están en La Paz), y la explosiva situación de enfrentamiento por parajes de la mina Colquiri entre mineros sindicalizados y cooperativizados que ya se enfrentaron el 2006 en Huanuni y mantienen tensión por Cerro Negro, cerca de la sede de Gobierno

Nada de eso deja en cambio, al parecer, tiempo para respirar y entrar al análisis de la conflictividad entendida como conocimiento y aprendizaje de gobernabilidad.

Torcida la mano por los médicos y ramas anexas, seguida por la COB aunque sólo hasta el 1° de mayo, y por los estudiantes movidos por una privilegiada élite médica decidida a no ceder en sus privilegios, el gobierno sigue adelante con el ojo en tinta pero dispuesto a no retroceder respecto de los indígenas del TIPNIS que avanzan irremisiblemente, habiendo tantas razones para salir a su encuentro y acompañarlos hasta La Paz, si se dejara de lado la soberbia y los compromisos chuecos

Es el resultado de no aplicar la gestión estratégica y al mismo tiempo participativa del conflicto; de decidir en algunos casos sin “las bases” o, en otros, consultarlas después de haber tomado la decisión. Ocurrió con el gasolinazo fallido de la Navidad del 2010 y las elecciones judiciales del 2011 donde triunfó el no; y recientemente en Yucumo y Yapacaní.

Sucede incluso en el mismo caso de la ministra quejándose de que el comandante de la Policía –aquel que estuvo en el ataque a los separatistas cruceños– la amedrenta, para destituirlo y elegir a otro que resulta impugnado no sólo por “tira”, como le endilgan los coroneles, sino porque no es general ni su designación cumple con la institucionalidad.

En serio y en broma

Colateralmente, la industrialización está lejos siquiera de ser acariciada y aunque las plantas de transformación gasífera estén listas para la campaña, al menos para la entrega oficial con tinte electoral, quedará mucho aún para que el litio se convierta en baterías o coches eléctricos, o el hierro alcance niveles de alta concentración o acero como se prometió ocurriría entre el 2014 y el 2015.

Para el colmo, los himeneos del Vice, con su probable parafernalia de ritual aymara entre las piedras ancestrales de Kalasasaya; y la boda en el Tiahuanacu urbano, la misa en San Francisco y la fiesta con centenares de invitados; todo televisado, posiblemente, aunque no confirmado por los delicado de involucrar a Ceremonial de Estado, al canal estatal y al Canciller, hastiado de vérselas incluso en esa circunstancia con su adversario en la pugna por la designación vicepresidencial para el 2014.

No es incomprensible así que en la oficina más íntima del palacio frecuente la nostalgia por el 64 % y que se repitan los desconsuelos de febrero, después de los enfrentamientos en Yapacaní, volviendo la idea de que la próxima hay que abrirse paso sin el “partido”, sin los ministros ni las organizaciones, todos insuficientes; y útiles sólo para garantizar una eventual derrota si no se prescinde de ellas, así como están.

Por eso la prensa advierte los saltos del ensimismamiento a la ofuscación, que ahondan dificultades al decidir irreflexivamente, bajo la sombra de sus favoritos, permitiendo, por ejemplo que el ex ministro devuelva el fardo al ex narcogeneral cuando la lista de los funcionarios presuntamente involucrados en narcotráfico está en manos de algún otro alto funcionario, mientras en San Germán, Ichilo, la fuerza antidroga descubre el cubil de narcos instalados en los últimos años.

Por eso los desvaríos contra el facebook y las cadenas de mensajes virtuales olvidando la sentencia china de no matar mosquitos a cañonazos, re-incurriendo en el estigma de que “el que critica es opositor”, tan burda como los médicos gritando “el que no salta es masista”.

Al partir

Para el acucioso periodista que fue Antonio Peredo, el recuento no estaría completo sin la confirmación de que los carteles del narcotráfico operan en Bolivia. Pero eso habría sido imposible en su resumen, pues murió cuatro días antes de la revelación hecha por la canciller colombiana, aunque el Presidente dijo, al día siguiente, desconocer si los hay.

En su último balance, Peredo alcanzó a incluir los conflictos entre Tarija y Chuquisaca por la renta petrolera, y los existentes entre Oruro y Potosí, por la cosecha de quinua, que según el CEDLA trepó en su cotización de 1.245 a 3.237 dólares la tonelada, por lo que se permite que los campesinos la exporten en un 90 %.

Logró también insistir con mensaje irritante pero inevitable para la cúpula (de la cual se alejó desde el 2011): “la rectificación del andar gubernamental y el retorno al proceso de cambio”. Pero también, mejorar la redistribución de la riqueza mediante la creación de empleo productivo y digno, no despilfarrando la bonanza por los precios altos en ingresos que “siguen concentrándose en manos de la misma élite empresarial beneficiada por el neoliberalismo”.

O como subrayó el 1 de mayo: “Se ha reducido la miseria, pero distamos mucho de haber logrado una redistribución regular de la riqueza. Ésta sigue en manos de los grandes empresarios”, advirtiendo:

“¿Para qué mostramos ingresos que son, cada año, mayores? El pueblo quiere ver esos ingresos en sus manos. Gastamos en inversión; muy bien. Pero esa inversión debe sentirse en el bolsillo de las personas. Se ha ampliado la clase media; de acuerdo. Pero debemos dar un paso más. Nos estamos enfrentando a nuestra propia gente, a las organizaciones sociales que son la base sobre la que descansa nuestro gobierno”.

“Si las organizaciones sociales no sienten que están comprometidas con un proceso de cambio, no avanzaremos. No sé si es la última oportunidad que tiene el presidente Evo Morales, pero sé que es una oportunidad que no puede despreciarse”, previno, con una recomendación para que el proceso y el gobierno salgan de la crisis:hacer sentir que cada uno tiene un papel que cumplir”:

“Que la gente que está desorientada, aquélla que tiene susceptibilidades, la que ha sufrido desencantos y quienes, por último, dejaron de creer en el proceso de cambio, comiencen a tener la visión de lo que puede ser este proceso. No se trata solamente se saber manejar la situación. Hay mucho más que eso, está la gente a la que nos debemos”.

¿Una nueva mayoría para la reelección?

“Hace tiempo, con dirigentes políticos y sus confidentes ‘acríticos’, el Presidente desahució al MAS porque en éste hay busca ´’pegas’. Las resoluciones del reciente congreso masista han sido calificadas por Morales como “radicales”, por tanto, cuando menos incómodas para conseguir la nueva mayoría que cree está forjando. También aumentan los llunk‘us y éstos copan el espacio que les concede el Presidente, pero en el que ejecutan las decisiones tomadas por el único dirigente político del proceso y del gobierno: E. Morales”, aseguró el Semanario Aquí. Extractos del reporte:

– Los únicos movimientos sociales que le sirven al Presidente son los que respaldan, en silencio y obediencia, sus resoluciones. Basta una crítica de los dirigentes de esos movimientos, sobre todo contra Evo, para que caiga la desconfianza sobre esos críticos, luego la diferenciación con ellos y después su exclusión.

– Dirigentes y organismos del campo popular que se atreven a pensar distinto de los gobernantes pagan con la división de sus instancias organizativas.

– La alianza del Presidente con los pequeños y con los medianos propietarios está a la vista: Los cooperativistas mineros (incluidos los auríferos) reciben las concesiones mineras que quieren, así como créditos. Para los campesinos y los colonizadores se destinan más tierras. Los cocaleros, además de que acrecientan sin medida sus plantaciones de coca, aguardan hacerlo en el TIPNIS. Los comerciantes medianos, en especial, siguen sus negocios rentables con la importación ilegal de vehículos “chutos” y el contrabando que no cesa.

– El pacto del Presidente con los empresarios (tácito desde hace tiempo y expreso ahora) permite a los patrones ganar doble o triple en Bolivia actual, como dijo el Vicepresidente. Entendidos aseguran que las empresas petroleras son las que mandan en Bolivia. Petrobras, en la que los capitales privados son mayoritarios y minoritarios los del Estado brasilero, es la que se lleva la mayor parte de la renta petrolera frente a las otras empresas transnacionales. Esos empresarios son los socios que reclamaba el Presidente. .

– Con la nueva mayoría que busca el Presidente acaso sea reelegido, pero jamás debe ni debemos olvidar que “cuando se gana con la derecha, es la derecha la que gana”. Ojalá que pronto no hablemos de la última oportunidad perdida. Fuente: http://semanarioaqui.com/index.php/editorial-2/632-el-presidente-busca-una-nueva-mayoria-para-su-reeleccion

* Versión actualizada de la publicada en la revista IN mayo-junio 2011 http://www.360.com.bo/ DigitalIN/in25/