Creo en los pobladores del Parque Isiboro Sécure. Creo en su derecho a reclamar por la seguridad del territorio que habitan. Tienen derechos reconocidos por la Constitución Política del Estado promulgada en febrero de 2009. Les asiste la protección de tratados internacionales, de los que Bolivia es uno de los primeros firmantes, con plena ratificación del Congreso.

No hay forma de explicarlo. Las organizaciones sociales, desde los rumbosos médicos, pasando por los nada pobres transportistas, hasta los fabriles afiliados a la COB, están en huelga. El Vicepresidente ha dicho que se trata de la vitalidad de un proceso de cambio y que, el gobierno tiene la suficiente solvencia para manejar la situación sin muchos sobresaltos. Ahí está el quid de la cuestión.

En el rostro de nuestras ciudadanas y nuestros ciudadanos, se perciben los sobresaltos que causa esta inestable situación. Es probable que muchos esperemos que haya un momento en el que se rectifiquen posiciones y vislumbremos, una vez más, el camino a seguir en este proceso de cambio. Pero hay que advertir que son muchos y muchas quienes descreen de tal rectificación. ¿Por qué? Unos por la rutina; se acostumbraron a vivir, aunque sea en la miseria, pero sin sobresaltos. Otras, porque apoyaron un proceso de cambio que soñaron como una avenida donde no había ningún obstáculo, ningún rompemuelles, ningún hueco ni siquiera desportilladura. Los hay, finalmente, quienes vemos la realidad: el camino está por hacerse porque, según decía el poeta, se hace camino al andar.

Claro que no se trata de andar en cualquier dirección, porque así podemos llegar a cualquier parte, menos a la meta que nos propusimos. No es simple hacer camino al andar, pues al menos debe seguirse determinada orientación. El proceso de cambio tiene una dirección: vivir bien como norma para todos los bolivianos y las bolivianas. Los que viven aquí, originarios o recién llegados. Los que habitan el campo y los que se alojan en la ciudad. Los pobres y los que nada tienen. Por supuesto, quienes están más necesitados precisan una atención inmediata y mayor. Todo esto en función de las posibilidades de nuestro país. Que esas posibilidades han mejorado, es muy cierto, como lo es que hay un visible mejoramiento en el vivir de la gente.

¡Falta! Claro que hace falta mucho más y no es precisamente lo que está haciendo nuestro gobierno. La carretera por el TIPNIS, ¿acaso no es un enfrentamiento grosero? Hay mucha gente dispuesta a apoyar la construcción de esa vía. Pero las disposiciones de la consulta previa fueron hechas para proteger la vida, los usos y costumbres de las minorías. Por eso no es una consulta general, sino una particular a los pueblos que viven allí. Seguramente, si se hubiese hecho a tiempo, antes de iniciar los trabajos, esta tempestad de reclamos no se hubiese producido.

No es posible que haya tal desentendimiento con la Central Obrera Boliviana. Seguir dando vueltas al tema salarial, puede llevarnos a medio año sin una solución. No es correcto. No lo es, mucho más si revisamos los balances presentados hace poco más de un mes, por los bancos y nos chocamos con sus sustanciosas ganancias, a las que debe agregarse el aumento de sus patrimonios. Se ha reducido la miseria, pero distamos mucho de haber logrado una redistribución regular de la riqueza. Ésta sigue estando en manos de los grandes empresarios.

Pedir 8.300 bolivianos como salario básico, es irracional. Lo saben los dirigentes de la COB. Pero tampoco es apropiado un simple resarcimiento de la inflación ocurrida el año pasado, según el conteo del INE. ¿Para qué mostramos ingresos que son, cada año, mayores? El pueblo quiere ver esos ingresos en sus manos. Gastamos en inversión; muy bien. Pero esa inversión debe sentirse en el bolsillo de las personas. Se ha ampliado la clase media; de acuerdo. Pero debemos dar un paso más hoy día. Nos estamos enfrentando a nuestra propia gente, a las organizaciones sociales que son la base sobre la que descansa nuestro gobierno.

Hemos dejado que, la exigencia de los médicos, se convierta en una reivindicación de la COB. ¿Cómo puede ocurrir esto? Los médicos no pertenecen al movimiento popular. Los trabajadores en salud, los universitarios, se comprometen en defensa de los médicos; no es entendible. Si estos profesionales logran su objetivo, no compartirán absolutamente nada con quienes los están apoyando: universitarios, trabajadores en salud, COB. La trama se hace más densa, más intrincada. Alguien ha perdido la orientación y no es precisamente ésta o aquella organización social ni tampoco los profesionales que saben cuáles son sus intereses y cómo lograrlos.

Debemos hacer el esfuerzo. Que la gente que está desorientada, aquélla que tiene susceptibilidades, la que ha sufrido desencantos y quienes, por último, dejaron de creer en el proceso de cambio, comiencen a tener la visión de lo que puede ser este proceso. No se trata solamente se saber manejar la situación. Hay mucho más que eso, está la gente a la que nos debemos.

La marcha de las esperanzas

La abrogación del decreto que elevó de golpe el precio de los carburantes, no calmó la protesta del pueblo; los precios de varios productos de la canasta familiar subieron y no volvieron a bajar. El decreto que aumentó 10% los salarios, en vez de calmar los ánimos, los exacerbó aún más de lo que estaban. El gobierno del presidente Evo Morales tuvo que enfrentar una huelga de la COB, la primera desde que inició su mandato. Durante diez días, las calles de La Paz y otras ciudades, se llenaron de trabajadores que expresaban no sólo su protesta sino se rechazo a una actitud que no esperaban de este gobierno.

De una manera dificultosa, a marchas forzadas, se llegó a un arreglo que no satisfizo expectativas, pero que el pueblo comprendió que era racional. Casi de inmediato, los jubilados iniciaron una marcha en la que, por la edad de los marchistas, podía causar víctimas. Dos ministros debieron llegar hasta el lugar donde estaban éstos y dar un punto y medio más al porcentaje de aumento fijado para las rentas.

Simultáneamente, la COB realizaba su reunión ampliada en Tarija para decidir la fecha de su próximo Congreso aunque, sobre todo por las circunstancias, acordó resoluciones que vuelven a tensar las relaciones entre trabajadores y gobierno.

A grandes rasgos, esta es la situación que estamos viviendo, situación compleja y, al parecer, difícil de solucionar. La perspectiva es que, continuamente, se produzcan reclamos de diferentes sectores por cualquier motivo, no solamente salarial. Volveríamos a una etapa, tantas veces repetida, de un gobierno convertido en apagafuegos, cuya mayor preocupación sea buscar la medida más prudente para impedir que se agrave el conflicto social. Al mismo tiempo, buscaría equilibrios para evitar que entremos en una espiral inflacionaria. Pero, iniciada la dinámica de los reclamos, es casi imposible eludir la inflación incontrolada. Con toda seguridad, el gobierno ya se ha dado cuenta de este peligro.

Analizar las causas que provocaron esa situación puede ser un método para encontrar el camino correcto que impida otra frustración del pueblo boliviano, como ocurrió ya en oportunidades anteriores.

Los cuatro años iniciales del gobierno de Evo Morales, se caracterizaron por un apoyo masivo, pese a las graves provocaciones de una oposición enceguecida por su pérdida de convocatoria. Fue una ceguera total pues no imaginaron que fuera tan brusca su separación de los mecanismos de poder a los que estaba acostumbrada.

En ese periodo se implementó una política económica que rompió con el mito de país miserable con el que nos conocía todo el mundo. Las cinco consultas públicas que se realizaron en ese periodo, incluyendo la reelección de Evo, fueron triunfales. Pero se mantenía una expectativa relacionada con la redistribución de la riqueza. Es decir, seguíamos siendo un país con una enorme diferencia entre el minoritario sector más rico y el masivo sector más pobre. Esa expectativa se transformó en molestia y luego en protesta que fue creciendo.

Para entonces, ya debieron tomarse medidas. Sobre todo si se produjeron hechos, aunque aislados, que ya mostraban el nivel del desencanto incubado en las organizaciones sociales. Caranavi y Potosí no podían analizarse como hechos separados; respondían a la misma causa. Lo más grave es que, el gobierno, reaccionó del mismo modo: buscar el desgaste de la movilización. En vista de que no ocurrió así, usó la represión y luego se sentó a dialogar, con muy pocas posibilidades de éxito.

Si entonces, con habilidad concertadora, el gobierno lograba entendimientos, el grave error del aumento brusco en los precios del combustible, hubiese tenido menor repercusión. Pero, las cosas ocurrieron así y los efectos son los que estamos viviendo. Pero, vayamos al siguiente evento.

La carga económica que significa la subvención de los combustibles, es un hecho reconocido por todos. Pero, al mismo tiempo, el promedio de los ingresos familiares, por más que se hubiese aumentado en un 20%, no habría permitido hacer frente a una elevación tan alta en todos los precios.

A nivel internacional, el alza de precios de los alimentos era ya evidente y no parecía posible que se mantuviesen bajos en el país. En esas condiciones, lo correcto era tomar decisiones que favoreciesen a la población de bajos recursos. Un aumento tan alto en los combustibles, con la evidencia de que iba a repercutir en la economía de los pobres y más pobres, fue una decisión desafortunada.

Pero esa fue la situación con la que iniciamos este 2011. Ya en ese momento, era preciso reunirse con las organizaciones sociales, precisamente con aquellas que protestaron con mayor vehemencia. Decidir el porcentaje de aumento salarial, sin esa consulta, sumó otro error a la cadena de desaciertos en que se ha caído en los últimos meses. Además de estar muy por debajo de los reclamos populares, ese incremento iba a llegar sólo a algunos sectores: Fuerzas Armadas y Policía, magisterio y trabajadores en salud. No se decía nada sobre el resto de la población.

Finalmente se llegó a la negociación, en medio de petardos y bloqueos que tuvieron paralizada a la sede del gobierno. Hubo un acuerdo con sabor a poco, según la gente que se movilizó en esas tensas jornadas. Era, una vez más, momento de reflexionar y reconducir la relación de los gobernantes con el pueblo. Al contrario, hubo un anuncio urticante: los días de huelga se descontarían de los salarios.

La reacción de la Central Obrera Boliviana, reunida en Tarija, ha sido de total enfrentamiento. La imagen simbólica fue la de Pedro Montes rompiendo el decreto de descuento con un ‘carajo’ de desprecio. Esa es la situación. ¿Podrá sostenerse otra confrontación?, ¿es lo que aconsejan los ministros?

Estoy convencido que no es ese el camino. Hay que dar una explicación amplia, clara y franca. Si no está con el movimiento popular, el gobierno quedará encuevado. Si las organizaciones sociales no sienten que están comprometidas con un proceso de cambio, no avanzaremos. No sé si es la última oportunidad que tiene el presidente Evo Morales, pero sé que es una oportunidad que no puede despreciarse. Este gobierno, que es un gobierno del pueblo, no puede actuar con el criterio de que la autoridad debe ser respetada y su mandato no puede discutirse. Las enseñanzas de la realidad dicen todo lo contrario: es el pueblo que debe ser respetado y su demanda debe ser escuchada. Las marchas de este primer trimestre de 2011 han sido, hasta ahora, marchas de la esperanza frustrada. Es ineludible y urgente lograr que renazca la esperanza.

No destruir el TIPNIS

El que más, el que menos seguramente está aplaudiendo, aunque sea en la intimidad, la movilización en defensa del Parque Nacional Isiboro Sécure. ¿Por qué?, pues ocurre que, en estos tiempos, todos nos hemos convertido en expertos ecólogos y ambientalistas. Sabemos cuáles son la extensión, población, características y atributos de vida que tiene ese territorio por cuya apropiación hay un diferendo casi centenario entre Beni y Cochabamba. El diferendo ha quedado traspapelado hoy, cuando se discute la conveniencia o perjuicio de construir una carretera que lo atraviese. En ese empeño vale todo: hay quienes se movilizaron para hacer una carretera hacia el norte de La Paz atravesando el Parque Madidi, “porque es necesaria para el progreso de nuestra región” y hoy son defensores de la integridad del TIPNIS.

Hace muchos años, siendo director de un semanario ya desaparecido, participé de una polémica nacional sobre la protección del medio ambiente. Por entonces, la deuda externa de Bolivia significaba tres veces el conjunto de las exportaciones anuales del país. Los bancos acreedores, mirando en perspectiva la política que entonces se implementaba aquí, pusieron a la venta los bonos de la deuda boliviana, a un valor mínimo: 11 centavos por cada dólar.

Una ONG ambientalista, norteamericana para más datos, compró bonos por un equivalente de 600 millones de nuestra deuda y los ofreció al gobierno de entonces a cambio de un compromiso firmado y ratificado, mediante el que se obligaba él y los sucesivos gobernantes, a mantener intocada una determinada extensión del territorio nacional. Pomposamente, uno de los superministros que había nombrado aquel presidente, viajó a Estados Unidos y firmó el compromiso, recibiendo los bonos respectivos. A continuación, afirmó que, en esas condiciones, él estaba dispuesto a vender todo el territorio nacional. Insisto en que la palabra que usó fue “vender”. No voy a repetir lo que entonces dije al respecto, que no fueron aplausos, por supuesto.

Ese tipo de defensa del medio ambiente se ajusta a las concepciones y los principios de quienes hoy se rasgan las vestiduras por el TIPNIS mientras siguen ampliando sus negocios que rivalizan en la depredación del medio ambiente. Personalmente, no creo en esos personajes que estarían en contra de un ferrocarril bioceánico, por decir algo distinto, si es otra forma de atacar al gobierno del presidente Evo Morales.

Pero creo en los pobladores del Parque Isiboro Sécure. Creo en su derecho a reclamar por la seguridad del territorio que habitan. Tienen derechos reconocidos por la Constitución Política del Estado promulgada en febrero de 2009. Les asiste la protección de tratados internacionales, de los que Bolivia es uno de los primeros firmantes, con plena ratificación del Congreso.

Considero que ese parque y los otros que son la reserva ambiental que debe resguardar Bolivia con leyes y otras normas, no pueden ser tratados como áreas que se dividen en núcleo y zonas adyacentes; son unidades y, cualquiera sea la parte afectada, se degrada el conjunto del parque. Estoy conciente que allí viven pueblos absolutamente minoritarios cuya identidad, cultura, idioma y características étnicas, proclamamos respetar en nuestra Constitución.

Es cierto que la vertebración del país es necesaria como la forma básica de unidad nacional. Pero no podemos hacerlo a costa de algunos pueblos que sufrieron la brutalidad de los patrones de antes y que ahora no se sienten engañados.

“En tiempos inmemoriales se erigieron montañas, se desplazaron ríos, se formaron lagos. Nuestra amazonía, nuestro chaco, nuestro altiplano y nuestros llanos y valles se cubrieron de verdores y flores. Poblamos esta sagrada Madre Tierra con rostros diferentes y comprendimos desde entonces la pluralidad vigente de todas las cosas y nuestra diversidad como seres y culturas”.

Con esas hermosas palabras se inicia nuestra Constitución Política del Estado. Hagamos honor a esa solemne proclama.

* Luchador social, periodista y ex legislador boliviano fallecido el 2 de junio de 2012.

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(PL).- Antonio Peredo fue un formador de jóvenes que sueñan con una Bolivia donde todos podamos vivir bien y se trate a todos por igual, señaló la presidenta del Senado Gabriela Montaño en las exequias del revolucionario.
“Por sus ideas y fuego interior, siempre estuvo luchando, buscando transformar la realidad, formando cuadros y empujando a las nuevas generaciones, allí lo encontraremos siempre”, expresó Montaño en el Salón Andrés Ibáñez de la Cámara alta en las honras fúnebres del veterano luchador, muerto a la edad de casi 80 años.
Desde adolescente, Peredo se acogió a las ideas de la Revolución y se convirtió en militante comunista, integrante del Ejército de Liberación Nacional, el Partido Revolucionario de los Trabajadores de Bolivia y el Movimiento Al Socialismo.
Diputado de 2002 al 2005 y luego senador (2006-2009), estuvo comprometido en la lucha contra las dictaduras militares, por lo cual soportó el exilio varias veces.
Creó la Fundación Ernesto Che Guevara en 1997 junto con otros compañeros, al conmemorarse 30 años del asesinato del comandante guerrillero argentino-cubano.
Como periodista escribió en varios periódicos y medios de comunicación de Latinoamérica como el semanario Brecha, de Uruguay; y Punto Final, de Chile.
Amigo de Cuba, defensor de la revolución nicaragüense y el proceso de cambio en Bolivia, hizo política revolucionaria de manera consecuente desde hace 60 años, relató Alfredo Rada, viceministro de Gestión Consular de la Cancillería boliviana.
Es un legado muy grande que varias generaciones de revolucionarios que el formó durante décadas tienen ahora la tarea de continuar, agregó Rada.
“Fuimos compañeros de infortunio en época de la dictadura de Hugo Bánzer”, así lo recuerda el viceministro de Defensa del Consumidor, Fernando Fuentes.
Jugó un rol muy importante como intelectual y periodista tras el asesinato del padre Luis Espinal, a la cabeza del semanario “Aquí”, señaló.
A la vez hizo un periodismo tipo alternativo y participó en diferentes etapas: clandestinidad, resistencia y la democrática, cuando de 2001 a 2004 fue candidato a la vicepresidencia junto a Evo Morales, rememoró el ministro de Obras Públicas, Servicios y Vivienda de Bolivia, Vladimir Sánchez.
“Aportó mucho al debate político y a crear la masa crítica que llevó al triunfo electoral de Evo Morales en 2005 y el inicio del proceso de cambio”, subrayó.
Fue guía para todos nosotros, de la fibra que dejaron el Che y mis hermanos Coco e Inti, muy apegado a la Revolución cubana, expresó Osvaldo Peredo, hermano menor.
Siempre tuvo una posición clara y firme respecto a la Revolución, afirmó Roxana Vaca, del Movimiento de Solidaridad con Cuba. Pocos pueden estar a la altura de lo que exige la vida como él, acotó otro amigo solidario de los cubanos, Rafael Monroy.
Autor de libros como “El camino de la coca”(1992, poesía), “Irrealidades, Entre muros y ventanas” (2004, cuento),”Historia de incapacidades” (2004, ensayo), “Inti y Coco, combatientes” (memorias, 2000), Antonio Peredo fue docente universitario y director de la carrera de Comunicación Social de la Universidad Mayor de San Andrés.