Los gobernantes tienen como objetivo central (estrategia) derrotarla y/o evitar que llegue a la sede de gobierno la IX marcha indígena, heroico accionar que recibe apoyo creciente del pueblo. Para conseguirlo combinan varios recursos: mienten, amenazan, dividen, sobornan, militarizan el TIPNIS, entre otras “tácticas”, destinadas a conseguir la estrategia, es decir, la derrota la marcha, aunque sea a medias, como ocurriría si se dispersara en medio camino, como resultado de un acuerdo para el que cedan algo ambas partes: gobernantes y marchistas, como aconsejan funcionarios de Naciones Unidas que creen que así defienden, promocionan y difunden los derechos humanos en nuestro país.

La táctica enseña el uso de las fuerzas armadas en los encuentros y la estrategia, el uso de los encuentros para alcanzar el objetivo de la guerra. Karl von Clausewitz

Entre los políticos criollos, sobre todo cuando gobiernan, se dice que no importa el color del gato, que lo que interesa es que ese felino cace ratones; proverbio chino que esperamos nos ayude a explicarnos el comportamiento de los gobernantes cuando enfrentan a los marchistas que defienden el TIPNIS: demanda que es del pueblo boliviano y, en especial, de los indígenas.

Son varias las mentiras de los gobernantes, pero para una “cha’jma” (antología), escogemos algunas de las más desvergonzadas: que la consulta para la construcción del camino de la discordia es previa, informada y de buena fe, definida en la Ley 222 contra la que marchan los defensores del TIPNIS. Incluso aseguran que marchar contra esa norma es anticonstitucional y antidemocrático; otros sugirieron procesos judiciales contra presuntos infractores de una norma que contradice la Constitución Política y que deroga otra Ley, la que prohíbe la construcción de cualquier camino por medio del TIPNIS.

Los indígenas y los bolivianos, que no hemos perdido el sentido común, podemos ejercer el derecho a desobedecer una ley como esa de la consulta posterior, desinformadota y de mala fe; incluso debemos sentirnos obligados a rebelarnos contra ella porque desdibuja el estado de derecho que dicen respetar los gobernantes, con lo que otra vez mienten.

Los gobernantes también mienten cuando dicen que a los pobladores del polígono 7 (ex parte del TIPNIS) se les debe consultar sobre la construcción de la vía. La verdad es que no se debe consultar a los que allí no fueron pobladores y que allí son invasores.

También es mentira gubernamental la afirmación de que nadie bloquea ni interfiere la caminata, y que los gobernantes garantizan la IX marcha, la que protegerían con la policía.

Al revés: los gobernantes aparentan apaciguar a los pobladores de San Ignacio de Moxos y/o a los colonizadores de Yucumo para que no bloqueen caminos, pero por intermedio de colonizadores y masistas, alentaron el cierre de ese pueblo con alambre de púas para que los marchistas no ingresen a él, lo que fue una discriminación, conducta de los autores que debe investigarse, procesarse y sancionarse, de acuerdo a la Ley antirracista. El Viceministro de Seguridad Interior al decir que la IX marcha pasó “sin ton ni son”, además de leer mal la realidad, descubrió al menos su desazón por la caminata que se agiganta, así como crece el apoyo político y material a los caminantes.

Si se suspendieron los bloqueos a la marcha es porque la vida se encargó de mostrar que aquéllos beneficiaron a los caminantes y provocaron el rechazo popular a sus ejecutores.

Los regalos del Presidente a pobladores del TIPNIS, con dinero de los bolivianos, comparados con los espejitos que regalaron los colonialistas españoles para “conquistar” a los indios, son para torcer la voluntad de los originarios de modo que “respalden” la construcción del camino para empresarios extranjeros, ganaderos, madereros, comerciantes de tierras y en particular para cocaleros y colonizadores, para que estos dos últimos planten más coca allí.

La respuesta de la mayoría de los pobladores del TIPNIS es su incorporación a la marcha, en la que ya suman 500, así como son 30 los corregidores y no 3 ó 4, como afirmó el Ministro de la Presidencia, ducho desinformador, lo que reproduce, burdamente, el diario Cambio.

La acción cívica que tiene lugar en el TIPNIS, para ganar el corazón y la mente de los lugareños, vieja táctica inventada por los yanquis, cura o pretende curar enfermos y, junto con esa actividad, efectivos de la Armada, ejecutan ejercicios militares con miras a la dominación, mediante la fuerza, de los dueños de la reserva natural y territorio indígena.

Ahora los gobernantes, con un cinismo que se debe denunciar, luego de dividir a direcciones de los indígenas con dinero o con presiones o ambas, pide unidad de criterios y del accionar de los marchistas. Claro que esa labor entre las direcciones indígenas, propia de los enemigos jurados de esos pueblos, han dado resultado a medias porque delegados de los organismos de los indígenas, que han firmado acuerdos con los gobernantes, se suman a la caminata.

Los gobernantes piden que los marchistas se pongan de acuerdo en sus demandas, con una imprecisión otra vez desinformadora porque lo central de la demanda de la IX marcha es que no se construya camino alguno por medio del TIPNIS y que no se oponen a una vía por otro lugar distinto a la reserva natural y territorio indígena. Esa es la estrategia indígena, el objetivo principal, para decirlo con un lenguaje que confunden sobre todo los llunk’us del Presidente.

El discurso diverso respecto de la marcha es el de los gobernantes, ejemplos: han dicho que no conversarán con marchistas sin dirección, a pesar de que la tienen ahí a Bertha Bejarano como Presidenta del Comité de la Marcha; que la caminata sigue a la deriva; que la CIDOB tiene más de un planteamiento; que los gobernantes sólo conversarán si los marchistas demuestran que no tienen dirección político-partidaria; que la marcha demanda “reconducción del proceso” por lo que esa acción antes que reivindicativa es política. Esa diversidad del discurso sólo es posible en un gobierno que pretende quedarse en el Palacio Quemado más de 500 años, “definitivamente”.

He ahí las tácticas y la estrategia de los gobernantes contra los marchistas: emplean los recursos legales e ilegales, democráticos y antidemocráticos, populares y antipopulares, revolucionarios y contrarrevolucionarios… Pero no les auguramos éxito.

Los indígenas de la IX marcha, con apoyo material y la solidaridad política de la mayoría del pueblo, tienen como táctica la marcha y el diálogo, para conseguir que el camino de la discordia jamás se construya por medio del territorio indígena, porque eso destruiría el hábitat natural de esos pueblos. Sin embargo, las victorias parciales de la IX marcha —que esperamos desemboquen en un triunfo del pueblo boliviano y de los pueblos de Latinoamérica— se deben a que el TIPNIS es de todos y porque los indígenas luchan por los intereses de la mayoría de los bolivianos. Y porque el TIPNIS es de todos, lo defendemos la mayoría de los bolivianos.

* Periodista.