En enero del 2007 Cochabamba, estrenaba un programa de preparación político militar organizado por el prófugo de la justicia Manfred Reyes Villa (alias el bombón) y desarrollado por los asesinos del Ché y que hoy se muestran como excombatientes de Ñancahuazú. Los beneficiarios de este programa? jóvenes universitarios convertidos en guerreros por una “ciudad libre de indios”. El argumento ideológico central de este escuadrón paramilitar, se concentraba en el odio por racismo, odio a los cocaleros, odio a los pobres, odio a los indios por ser indios, odio al presidente y sus ministras indias…

Sus resultados: dos muertos, miles de mentiras racistas, Cochabamba nunca más será el crisol del mestizaje, Cochabamba perdió su magia, perdieron a los indios que dieron el quechua para su identidad geopolítica.

Sucre: “Reglamento constituyente”, los “dos tercios (2/3)” y la “capitalía plena”, fueron tres dispositivos que se usaron prolíficamente para tapar el racismo político en plena asamblea constituyente y Sucre fue convertida en un laboratorio territorial para el racismo político.

Ni duda cabe, Sucre fue convertida, usada como un laboratorio político para ensayar el uso político del racismo en masa: medios de comunicación, juntas de vecinos, distritos escolares, aprendizaje de movimientos tácticos con lógicas estratégicas.

Sucre fue víctima de las peores armas de la derecha fascista, una ciudad con el índice de violencia más bajo del país convertida en el centro de la violencia en sus peores formas.

En Sucre el MAS había ganado las elecciones para diputados y senadores, el NO había ganado en el referéndum, en representaciones para la Asamblea Constituyente el MAS primero. ¿Cómo explicar la violencia y el odio al MAS y al presidente indio? Es una pregunta fuerte, pero una pregunta inevitable.

En plena Asamblea Constituyente la ira racista fue creciendo de modo paulatino, los medios de comunicación, los periodistas mercenarios, los productores independientes inflaron el racismo a un nivel político incontrolable (no todos, hubo excepciones que confirmaban la regla).

De nada valió el ofrecimiento de la carretera Diagonal Jaime Mendoza, que el Órgano Electoral tenga su sede en Sucre, la compra de un edificio para la Asamblea Legislativa, el aeropuerto internacional, nada era suficiente sino la capitalía plena (legislativo, ejecutivo, judicial, electoral en sede sucrense) esta lógica imposible de realizarse, era la lógica mediática inflada en mil por cien. Se abrieron cursos de maestría en gestión pública, con la esperanza de que las pegas iban a sobrar. Tener todos los poderes públicos en Sucre, era –ilusoriamente- un buen negocio, un buen negocio imposible, tal como la realidad, al final, se encargó de demostrar.

Pero la historia no acabó ahí, en enero del 2008, en la inauguración del año judicial en Sucre, Celima Torrico, india quechua, Ministra de Justicia fue secuestrada en el Palacio de Justicia, gentes de la Alcaldía y la universidad se convirtieron en el Ku Klux Kan de la culta ciudad. En abril del mismo año, la historia se repitió con los mismos actores, la alcaldía, la universidad contra la ministra india, sucedió en ocasión de la posesión del presidente de la Corte Suprema de Justicia, Eddy Fernández. Eran las vísperas del 24 de mayo.

Pero no es Sucre, es una fracción conservadora, altamente reaccionaria de la ciudad, no en vano el falangismo chistoso de Mussolini, hoy tiene vida en Sucre y, en… ¡Santa Cruz!.

No en vano, las conexiones comerciales entre Santa Cruz y Sucre son mucho más fluidas de lo que uno piensa cuando ve el mapa de Bolivia. No en vano la cultura de las mises tienen similitudes espantosas, no en vano en Sucre tienen su propia CAINCO, no en vano los menonitas recogen su plata en Sucre, no en Santa Cruz.

Sucre tiene una deuda pendiente con la historia, ajustar cuentas con los doctores dos caras racistas todos y entrar en la historia, ya no como blanca, sino como el territorio donde se construye dignidad…