El sacramento del matrimonio ya fue “civilizado” en la mayor parte del mundo cuando se estableció el matrimonio civil. Este sacramento perdió todos los atributos sacramentales cuando la sociedad civil resuelve registrar las uniones como documentación importante para la protección del individuo dentro de la unión lo mismo que para la protección de la sociedad y de los descendientes, si hubiera, en tal unión.

La sociedad también resuelve que el matrimonio civil, es disoluble y que la ley protege a los individuos contrayentes de tal contrato. Contrario a la indisolubilidad que plantea la iglesia, la sociedad reconoce que el matrimonio puede, sin ser el ideal, disoluble.

Todo esto hace que la sociedad se reconozca a sí misma como laica, como sociedad civil es decir no gobernada por preceptos religiosos sino por acuerdos sociales susceptibles a cambios alteraciones y modificaciones que determine el conjunto de la sociedad.

Suficiente dicho para que se le recuerde a la iglesia que el matrimonio civil es una regulación social, donde ella lo que puede hacer es mirar con agrado que la sociedad civil genere mecanismos para la protección de individuos que de otra manera se encontrarían desamparados.

Los derechos de las relaciones homosexuales son mermados si no directamente ignorados a consecuencia de una falta regulatoria de esa unión matrimonial.

Ya no se trata de hace semántica la palabra matrimonio ha llegado a significar unión de dos personas con un proyecto de vida a largo plazo y eso debe ser reconocido por toda la sociedad como un avance en la legislación y en la protección de los individuos.

La Iglesia debe apoyar estas regulaciones como mecanismos de protección de los individuos, pues así se previene males mayores injusticias.

No se trata ahora de entrar en vaguedades. El matrimonio civil existe y reconoce el divorcio, el matrimonio gay debe existir y debe también ser disoluble.

Sabemos que uniones matrimoniales del mismo sexo harán de nuestra sociedad una sociedad más justa y reconocedora de los derechos de todos los seres humanos que participan de ella.

La iglesia, que se opone al matrimonio del mismo sexo, quizá pueda beneficiarse si ella misma revisa urgentemente una modernización basada en los avances de la sociedad. Una pareja de homosexuales recién casados en Buenos Aires dijo: “Seguro que Dios mira maravillado esta unión y este amor”.