De la definición: Se extiende la decodificación de la corrupción a varias significaciones, asociadas a la alteración, a la destrucción, al aniquilamiento; pero también se asocia a echar a perder, a la alteración o adulteración, así como al soborno. El término de corrupción viene del latín corruptĭo, corruptiōnis; que a su vez deriva del prefijo de intensidad com, combinado con el verbo rumpere, que significa romper. En latín corrumpo quiere decir aniquilar, echar a perder, alterar, corromper, sobornar.

El término vecino corruo quiere decir derrumbarse. Y el término corrupte quiere decir viciosamente. El término en latín directamente asociado a la palabra en castellano de corrupción es corruptela. En tanto que la palabra latina de corruptio quiere decir alteración. Como se puede ver el ámbito de significaciones esta ligado a la figura de degradación, pero también de destrucción. ¿Degradación de qué y destrucción de qué? Esto es lo que vamos a tratar de identificar, empero todavía volvamos a repasar las definiciones de diccionario.

Para la Real Academia Española la corrupciónes laacción y efecto de corromper(depravar, echar a perder, sobornar a alguien, pervertir, dañar). El concepto, de acuerdo al diccionario de la Real Academia Española, se utiliza para nombrar alvicioo abuso en un escrito o en las cosas no materiales. En lo que respecta a los usos prácticos de los significados de la corrupción, puede tratarse de figurar el caso de una depravación moral o simbólica. En otro sentido, la corrupción es la práctica que consiste en hacer abuso de poder, de funciones o de medios para sacar un provecho económico o de otra índole. Se entiende comocorrupción políticaal mal uso del poder público para obtener una ventaja ilegítima. El tráfico de influencias, el soborno, la extorsión y el fraude son algunas de las prácticas de corrupción, que se ven reflejadas en acciones como entregar dinero a un funcionario público para ganar una licitación, pagar una dádiva o coima para evitar una clausura. A la corrupción se encadenan otros delitos, por lo tanto estamos ante una proliferación y multiplicación de consecuencias ligadas a la irradiación de la corrupción.

Antecedentes del enunciado

Hace años, creo que por el 2001, dirigí la tesis de Sebastián Urioste de la carrera de Ciencias Políticas de la Universidad de Nuestra Señora de La Paz [1]. Su tesis era por demás sugerente, el postulante, ahora todo un profesor en una de las universidades de París, trabajó el diagrama de poder de la corrupción. Cómo se puede ver, desde el título, el marco teórico y la metodología, conforman una tesis que se mueve por la teoría y la metodología focaultniana, desplegando el análisis de la genealogía del poder. Empero lo interesante era extender el problema de las relaciones de poder a estos espacios perversos, donde parece funcionar efectivamente la práctica política. Ahora traigo el tema de entonces para introducirlo como referente en el análisis político del presente, del momento, de la coyuntura, referido a la crisis del proceso de cambio. Creo que es importante volver a la lectura de las formas de la corrosión y la corrupción desde la perspectiva de las relaciones de fuerza y los diagramas de poder. En adelante vamos a tratar de dar un cuadro del funcionamiento de este diagrama de la corrupción.

Bosquejo del diagrama

Lo sorprendente es que la corrupción ha acompañado a casi todos los regímenes conocidos en la historia, ha sido una constante preocupación, peligro y amenaza a la sociedad; no podríamos decir al orden establecido, pues ese orden funcionaba también con estas prácticas perversas. Por lo tanto, tendríamos que hablar del caos mismo organizador de la sociedad, de su espontaneidad y libertad. Del mismo modo tendríamos que hablar del ejercicio del buen gobierno, si es que podemos utilizar este término y calificativo, fuertemente vinculado a la idea de virtud y de ética; lo que nos lleva a plantear, en contraste, el ejercicio perverso del mal gobierno, que rompe con la virtud, encaminándose por el camino de la fortuna. El síntoma de la corrupción fue arduamente tratado por Nicolás Maquiavelo, quién muestra que la opción práctica de la corrupción anunciaba algo así como la clausura de los regímenes [2].

La corrupción estaría opuesta diametralmente a la opción de legitimación, pues esta última requiere de la participación del pueblo y de la transparencia, por lo tanto de virtud. Al respecto podemos utilizar una figura ilustrativa de la forma como funcionan las prácticas de la corrupción. Se trata de entrever otros hilos, colgados entre bambalinas, hilos invisibles o, por lo menos, no detectables a simple vista, que también hacen mover a las marionetas del poder. Son como imponderables que se introducen en tanto factores y determinantes en la toma de decisiones. Empero sobre todo en los circuitos de influencia y ganancias ilícitas. Jean Paul Baudrillard se refería al ámbito proliferante de estas prácticas perversas como relativas a la economía política del chantaje [3]. Estas prácticas tienen que ver con el lado oculto de la administración de las normas y del gobierno. Ocurre como si hubiera un mundo paralelo, de ninguna manera fantasmagórico, sino real, incluso más real que el mundo de la norma y de las instituciones. ¿Cómo podríamos comenzar a hablar de estas prácticas adulteradas y corrosivas?

Como una primera aproximación diremos que se trata de desplazamientos respecto de la aplicación de la norma, usos de la administración de la norma, que equivale a lograr efectos no previstos de la norma, efectos que no tienen que ver con los logros, sino con los beneficios privados. El uso de la norma en beneficio propio y de particulares. Por lo tanto se establece una complicidad. Estas complicidades terminan conformando redes o, si se quiere, telarañas de circuitos y compromisos. Entonces no se trata solamente de desplazamientos sino de desvíos constantes, también de la formación de estratos de complicidad, por lo tanto de grupos de poder, en el sentido que son relaciones de fuerza que afectan las direcciones de prácticas, fundamentalmente de prácticas administrativas y de gobierno. Entonces, en principio, se trata de desplazamientos, desviaciones, complicidades, formación de redes y circuitos, por lo tanto de composiciones y estructuras paralelas a las formas institucionales. En todo caso se trata de toda clase de beneficios singulares, que pueden darse cualitativamente o cuantitativamente, si media el dinero. Puede haber favores políticos, pero también beneficios económicos.

Es muy probable que a lo largo de la modernidad, de la conformación e historia de los estados modernos, de las formas de gobierno dadas, estos fenómenos de la perversión de las prácticas institucionales, que llamamos corrupción, se haya extendido de una manera exorbitante, sobre todo debido al crecimiento del interés privado, la transversalidad del mercado y la circulación del equivalente general del cambio, el dinero. De lo que vamos a hablar entonces es de estas formas de corrupción dadas en los regímenes modernos, en los contextos del funcionamiento de los ciclos del capitalismo, dados mundialmente, regionalmente y localmente. De cómo los gobiernos son atravesados por otras relaciones no normadas, no institucionalizadas, aunque se hayan cristalizado en las prácticas y en las costumbres. Otra característica de las relaciones de la corrupción es que se convierten en un modus operandi. En el manejo administrativo el logro de las concesiones, las licitaciones, las compras estatales, funcionan efectivamente introduciendo esta condicionante coercitiva, la distribución y participación particular, privada, en una porción y porcentaje del negocio. En otras palabras los funcionarios se benefician con esta participación secreta.

Empero esta participación y distribución no queda ahí, pues la empresa adjudicada puede compensar esta “inversión” bajando sus costos, por lo tanto no cumpliendo plenamente con la calidad de los productos y de los resultados. Entonces la distribución de los beneficios no explicitados se expande y prolifera. De ese modo aparecen las ganancias extras para todos los comprometidos en estas relaciones y es esta red de complicidades mutuas. Ciertamente frente a estos fenómenos, la institucionalidad y la normativa van a reaccionar, creando mecanismos de control, que buscan precisamente detectar estas perversiones y evitarlas. Esta maquinaria del control ha crecido monstruosamente produciendo más burocracia en la administración. Sin embargo, a pesar de la expansión de los controles, de la formación de sistemas de control, lo corrupción siempre encuentra agujeros, intersticios, en las estructuras esponjosas de las instituciones. Lo increíble es que precisamente estos espacios de redes, relaciones y estructuras perversas son las que mejor se adecuan y manejan las normas y los sistemas de control, de tal manera que terminan administrado eficientemente las ilegalidades. ¿Pero qué clase de relaciones son las relaciones de corrupción? ¿Qué corrompen? ¿Otras relaciones? ¿Son como el óxido que altera una composición? ¿Usa otras relaciones paralelas para redirigir el sentido de las relaciones establecidas formalmente, la dirección de las mismas? ¿Qué ocurre con las personas que entran en estos juegos? ¿Se corroe el carácter [4]?

El tema obviamente no es fácil. Se lo ha abordado de distintas maneras, haciendo hincapié en las normas, en a transgresión de la normas, también se ha remarcado el tema moral, resaltando la transgresión moral. ¿Estos serán los referentes, los ejes a partir de los cuales debemos entender la corrupción? Por todos los esfuerzos que se ha hecho para explicar este fenómeno desde estos ángulos, viendo sus resultados, también su incorporación a las luchas contra la corrupción, que son un rotundo fracaso, vemos que no parecen ser estas las perspectivas apropiadas. Por eso preferimos abordar el ámbito de relaciones de corrupción desde la perspectiva de las relaciones de poder; este ámbito de relaciones paralelas corresponde a una de las formas de relaciones de poder; se trata de la forma ligada al uso de las fuerzas, de las relaciones de fuerzas, en sentido de la corrosión misma de las relaciones establecidas, la desintegración institucional, aunque la misma corrupción puede llegar a institucionalizarse en una sociedad, así como en un Estado.

También podemos introducir el concepto de flexibilización, pero en este caso sería de flexibilización y manipulación de las prácticas de administración normativa. Parece que algo común en el tema de la corrupción es la desviación de un bien en el sentido de beneficio privado. Este enriquecimiento velado, oculto, parece ser uno de los resultados compartidos en las distintas formas de corrupción. ¿Pero, por qué decimos que es una relación de poder? Porque ejerce dominio, afecta, incide, en los comportamientos y conductas; provoca decisiones, altera reglas, regulaciones, transacciones; influencia al margen de las reglas establecidas. En la medida que una sociedad y un Estado se hallan comprometidos por la extensión de estas redes, pueden las relaciones de poder de la corrupción ser determinantes en el movimiento político y en las políticas públicas. En este caso se hace inútil un análisis político cásico, cuando de lo que se trata es develar estas relaciones de poder y lograr entrever sus formas de funcionamiento y el alcance de sus condicionamientos y determinaciones.

Al respecto quizás se han venido complicando y sofisticando estas relaciones en la medida que las relaciones sociales del mismo funcionamiento del sistema capitalista se han venido complejizando, así como la normativa de los controles administrativos. Ya no se pueden descartar el análisis de las relaciones de corrupción del ámbito y el circuito de las finanzas, tampoco del complejo y técnico ámbito de relaciones empresariales, sobre todo cuando se trata de grandes empresas, a las que conocemos como empresas trasnacionales. En relación al análisis político, podemos decir que lo que si parece mantenerse como herencia del análisis es la vinculación de la corrupción y los gobiernos; este diagnóstico parece haberse constatado desde tiempos remotos, parece que enfrentamos un fenómeno ineludible, sobre todo en la medida que se usó el ejercicio de gobierno para el enriquecimiento propio. Claro que también hay otras formas de corrupción desprendidas en lugares de relaciones más cotidianas, relaciones con la policía, relaciones con los abogados, relaciones con los administradores, relaciones de los administradores con la administración misma. Empero vamos a tratar de concentrarnos en aquellas formas que afectan a un Estado y a un gobierno.

Podemos anotar como curiosidad que algunos estudios, no necesariamente sobre la corrupción, lancen la hipótesis de que en el continente americano el nacimiento de lo que podríamos llamar una violencia y una perversión en las relaciones, se remonte hasta la conquista y la colonia. Uno de esos autores es el conocido investigador Dominique Temple quien en su libro Teoría de la reciprocidad [5] dice que el encuentro entre el mundo de las reciprocidades indígena y el mundo del intercambio de los conquistadores, éstos pervierten las relaciones de reciprocidad, se sirven de ellas, no devuelven el don, y se aprovechan individualmente de los regalos. Otro autor soy yo mismo que en Genealogía del poder [6] plantee la hipótesis de que los españoles deforman las instituciones precolombinas, donde se asientan, usándolas en sentido privado. En un estudio específico sobre la corrupción, el investigador Edmundo Gonzáles Llaca en su libro Corrupción, patología colectiva [7], también se remonta a la colonia para hacer una historia de la corrupción.

No sé si se puede sostener esta hipótesis compartida, sobre todo cuando tenemos como una genealogía de la corrupción, cambiando de formas y estructuras de acuerdo a etapas, periodos y contextos. Tampoco es fácil sostener este momento des-constitutivo y constitutivo civilizatorio, este acontecimiento de conquista y de violencia colonial, como el del origen de la corrupción. Empero lo que interesa de estas interpretaciones es la vinculación de la corrupción con las transferencias publicas, que entonces pueden ser mas bien comunitarias, al beneficio privado. Vamos a quedarnos con esta característica sin pretender hacer un diagrama de la corrupción en tiempos de la conquista y de la colonia. Lo que interesa es tratar de entender las formas de la corrupción y su efecto corrosivo en los estados modernos, sobre todo los Estado-nación subalternos contemporáneos.

Hay que tener en cuenta que no solo se trata de relaciones sino también de percepciones; para comprender las significaciones inherentes a estas relaciones, debemos incursionar en la experiencia de las percepciones que entran en juego, que decodifican esas relaciones. De lo que se trata es de saber también de qué modo las percepciones asumen el problema. Tal parece que la decodificación, por lo tanto la significación del problema no es el mismo en distintos periodos. Por lo menos podemos distinguir dos grandes etapas en lo que corresponde a los Estado-nación; una primera, que tiene que ver con un tratamiento más nacional del problema; una segunda, que tiene que ver con un tratamiento más bien internacional de la problemática. En la primera etapa, el problema tiende a decodificarse a partir de códigos morales, de valores, también de normas, de leyes, de códigos jurídicos y clasificación de delitos, también de llamados a la responsabilidad funcionaria y ciudadana. En cambio, en la segunda etapa, cuando se convierte en una preocupación de organismos internacionales y de conferencias mundiales, la decodificación del problema se hace a través de una innovada perspectiva, que introduce términos como transparencia, eficiencia y competitividad, asignación de recursos y uso eficiente de los mismos. Claro que no se puede reducir el saber de la corrupción a los mapas de estos términos, pues el mapa de las percepciones es más complejo, dependiendo de las mismas formas de las relaciones corrosivas y corruptas, dependiendo los contextos dónde se ocurren. Empero, lo que importa es identificar dos ámbitos discursivos sobre la problemática de la corrupción, uno más nacional y otro internacional, dado este último en una etapa de fuerte globalización e injerencia de los organismos internacionales. Este ya es un primer paso de distinción.

Por otra parte, hay que introducir, cuando hablamos de percepciones, otras perspectivas, de estratos o grupos que no ven con malos ojos estas relaciones que llamamos de corrupción; pueden incluso considerarlas como “naturales”, pues terminan como institucionalizándose; otros ven como de procedimientos que hay que utilizar y aprovechar para conseguir determinados objetivos y fines; en el caso de las percepciones de organismos internacionales, si bien se preocupan por lograr la disminución de la corrupción en los países afectados, lograr niveles de transparencia y eficacia en el uso de los recursos, hay formas corrosivas que son toleradas o no se encuentran clasificadas de este modo, como es el caso de las especulaciones monetarias del sistema financiero internacional. Por lo tanto, cuando se habla de corrupción se lo hace desde marcos formales establecidos, que corresponden o a las normas morales y administrativas, que incumben a las exigencias de transparencia y eficacia. También se puede hablar de estos temas desde la academia, en lo que atañe a los proyectos de investigación. Empero, no hay que olvidar que estos espacios citados no son los únicos que intervienen en los imaginarios y representaciones de estas relaciones problemáticas.

Tesis sobre la corrupción

Podemos definir tres niveles de desplazamiento en relación a este acontecer; un primer nivel o plano, tiene que ver con las prácticas; un segundo nivel, tiene que ver con las percepciones; un tercer nivel, tiene que ver con un cierto saber sobre el tema, sobre la corrupción. Se trata de un saber administrativo estrechamente vinculado a las preocupaciones de los organismos internacionales y transferido a los estados. Se tiene un conocimiento sobre las prácticas, los alcances, los efectos de la corrupción, sobre todo cuando se trata de la relación entre asignación de recursos y su manejo, sus desviaciones, sus consecuencias, que se reflejan en los magros resultados de los proyectos, también en el enriquecimiento ilícito de funcionarios y privados. Este saber se aplica en la normativa, se conforma un sistema de control, llamado institucionalmente contraloría, conectada a los departamentos y unidades de auditoria de las instituciones, también a algún ministerio encargado de la lucha contra la corrupción. Obviamente el sistema de control también se halla conectado o articulado al sistema judicial, sobre todo para lograr las penas en relación a los delitos.

En el plano de las prácticas encontramos el despliegue y el recorrido de las fuerzas; es donde se dibujan los mapas de estos circuitos. Cómo opuestos a estos mapas de la corrupción se conforman e instalan dispositivos normativos e institucionales de control y lucha contra la corrupción. La relación entre estos mapas y los diagramas institucionales no siempre es de confrontación, de lucha, sino que también se dan adecuaciones cómplices entre ambas cartografías. El saber sobre la corrupción ha abandonado las interpretaciones tempranas del mal, de la alteración del equilibrio moral, de la ausencia de ética, incluso del uso de la violencia política; estos temas han quedado como patrimonios incidentes en los análisis políticos. El saber sobre la corrupción prefiere estructurar su arsenal conceptual a partir de los esquemas administrativos, económicos y de gestión pública. Se trata de transgresión de normas, empero se trata de normas administrativas ligadas a la gestión pública, evaluadas desde la perspectiva de la eficacia, eficiencia y efectividad de la gestión, de acuerdo a la valoración de los resultados. Ciertamente entran en las consideraciones preocupaciones sobre los efectos nocivos de la corrupción en las sociedades y en la desintegración de las instituciones, consideraciones sobre la vinculación de la corrupción con la proliferación de otros delitos, sobre todo los que tienen que ver con los mercados ilícitos del narcotráfico y otros tráficos altamente peligrosos, como el tráfico de armas.

Consideraciones que tienen que ver en conjunto con la toma de conciencia de que se trata de un problema internacional, por consiguiente es una responsabilidad de los estados actuar; empero, en todo caso, el enfoque es básicamente administrativo y de gestión, aunque también introduce nuevas definiciones para la tipificación del delito. En el plano de las percepciones nos encontramos con una variedad grande de interpretaciones; dejaremos a un lado las percepciones académicas, también las percepciones oficiales, que de alguna manera se recogen en el saber sobre la corrupción. Nos concentraremos en algunas representaciones populares sobre el tema; estas percepciones son sugerentes pues derivan de las experiencias prácticas de la gente. Una de las percepciones más comunes es la que asocia la corrupción con la política, con a función de los políticos, con la comprensión que el gobierno es una especie de botín.

Los políticos pelean por el poder precisamente para hacerse ricos. Se toma esta apreciación con mucha espontaneidad, con aire natural, haciendo entender que así funcionan las cosas. Unos se hacen ricos como empresarios, otros se hacen ricos como políticos, en tanto que la mayoría padece la historia. Llama la atención esta representación popular pues no se inscribe en la condena moral, tampoco supone la maldad congénita de la humanidad, sino que asume un punto de vista práctico, cotidiano. Eso es lo que ocurre. Empero también llama la atención su espontanea aceptación, pues se expresa, en esta interpretación, que se trata como de una fatalidad de la que no se puede escapar, no se puede cambiar las cosas. Así funcionan. Para conseguir algo tienes que tener un padrino, para agilizar un trámite tienes que invertir en la coima; todo se mueve con dinero, con padrinos, con relaciones. Podríamos decir que en esta representación de la corrupción se reconoce a la clientela, a la red clientelar del poder. Se trata de una sociedad chantajeada por los poderosos, los que tienen el control del gobierno o del dinero. En esta representación popular se expresa más objetividad que la que podemos hallar en el saber de la corrupción, quizás esto se deba a que eleva desde la experiencia cotidiana un cuadro, el cuadro de la corrupción.

Nos muestra la escena del drama; están los clientes que padecen el peso de esta relación, están los que controlan los hilos del poder y del dinero, están clasificados los espacios de los distintos procedimientos de la corrupción; sobre todo se dibuja una realidad oculta a los ojos oficiales, una realidad efectiva, que condiciona el funcionamiento de los ámbitos de mediación entre sociedad y Estado. Entre la variedad de percepciones, que no podemos comentar en este ensayo, hay otra que también es sintomática. Se entiende como audacia la práctica paralela de cohecho, es vivo el que logra hacerse rico y tonto el que no lo hace, teniendo la oportunidad. En esta representación hay como una aprobación inmediata de la corrupción. Cuando te toque el turno, tienes que hacerlo, sino quedas como tonto. Ya no se trata de decir, como antes, de que así funcionan las cosas, sino de que hay que hacer que sigan funcionando así.

En un mundo de bandidos la gente se divide entre vivos y tontos. La lucha por la vida te obliga ejercer también las prácticas que dan resultados, que logran objetivos, sin necesidad de grandes sacrificios. En esta representación no sólo se observa una concepción de mundo, este es violento y hay que luchar e imponerse, ya no se trata sólo de clientelismo sino de complicidad. Podemos entonces distinguir circuitos clientelares y redes de complicidad, aunque estos se crucen. En lo que respecta a la variedad de percepciones populares sobre la corrupción, también hay representaciones condenatorias e interpeladoras de la corrupción. Una de las interpretaciones más sugerentes, por su contenido crítico, es la que comprende que el mundo esta mal, la sociedad funciona mal, la política es un desastre, el gobierno no gobierna, debido a que las cosas funcionan como funcionan, atravesadas por la corrupción. Los culpables de la miseria del pueblo son los corruptos. En esta apreciación se muestra el desacuerdo de que las cosas sigan como están, se expresa la voluntad de que hay que cambiar el mundo. Aunque también comparte con el criterio de que si se acaba con los corruptos acaba el problema, así como de lo que se trata es de que personas honestas entren al gobierno. Como se puede ver, se comparten códigos morales en estas representaciones. Sectores populares más politizados expresan interpretaciones más elaboradas, conciben, por ejemplo, una relación intrínseca entre corrupción, capitalismo y gobierno. Esta representación comprende que la lucha contra la corrupción es también una lucha contra el capitalismo y el mal gobierno. Se observa en esta interpretación ya un trabajo militante en las organizaciones sociales, sobre todo en los sindicatos y organizaciones indígenas.

Esta crítica de la corrupción nos muestra, a diferencia de las otras interpretaciones y representaciones, una realidad más compleja, partiendo de las propias causas de la corrupción, llegando a un alcance y una expansión de la problemática mucho más aguda. Lo que dice esta representación es que el fenómeno de la corrupción no es ajeno a los fenómenos económicos, sociales y políticos que articulan la sociedad y el Estado. Una consecuencia se puede sacar de esta crítica, que la lucha contra la corrupción es integral, tiene que ver con transformaciones del orden económico, del orden social y el orden político.

Ahora tocando el plano del saber sobre la corrupción, la adquisición de la información, la decodificación de la misma, el análisis de los datos, los cuadros y las descripciones, la enunciación de teorías sobre el fenómeno mismo, han focalizado su trabajo de investigación en los espacios administrativos y de gestión del aparato público, en sus formas de funcionamiento, en sus normas, en la administración de sus normas, en el cumplimiento de los proyectos. Así como también en la tipificación de los delitos, en la conceptualización de las intervenciones administrativas en contra de los actos de corrupción, en las medidas administrativas y judiciales. También en el perfil de los funcionarios, en las normas de contratación de persona, así mismo de normas de contratación de bienes y servicio. La transparencia es un concepto que aparece como opuesto al concepto de la corrupción, se asocia al acceso a la información y a la participación. Se puede ver claramente que se trata de un saber técnico, un saber basado en el conocimiento de los procedimientos, las normas y la administración de la gestión pública. Se trata también de un saber técnico encaminado a construir instrumentos de corrección que ataquen a la disfuncionalidades del sistema. Empero también se trata de un saber restringido y circunscrito, restringido a los especialistas y circunscrito a un área; se trata también de un saber que no se ocupa de otros espacios condicionantes del mismo fenómeno de la corrupción, sólo se restringe al estudio del fenómeno en los espacios del aparato público. Por ejemplo, no se ocupa de investigar, decodificar, analizar y teorizar las prácticas y procedimientos de as empresas trasnacionales, de los monopolios y oligopolios, así como del sistema financiero internacional. Quizás este es el espacio de condicionantes y determinantes más fuerte y más grande, que tiene efectos más desbastadores en los estados y gobierno. Por lo tanto se trata de un saber que oculta esta parte del problema.

El nivel más grande y complicado del fenómeno de la corrupción se encuentra en estos espacios y escenarios por donde se mueven, expanden y se instalan las empresas trasnacionales. El efecto más destructivo de lo que podemos considerar los derechos económicos de los ciudadanos viene del sistema financiero, de las especulaciones financieras, de las burbujas financieras, de la administración y diferimiento de la crisis por procedimientos financieros. Estos grandes escenarios de desencadenamientos fabulosos de movimientos de capital, escenarios de grandes sobornos y estafas, así como de escándalos financieros, no son estudiados ni atendidos ni siquiera como parte de la problemática, siendo ya el núcleo gravitante de la nebulosa. Por lo tanto, como se puede evaluar, estamos ante cartografías del poder que han logrado cambiar la composición de las formaciones económicas y políticas. Ocurre que la consecuencia del despliegue del ciclo del capitalismo, que avanza desde el dominio industrial hasta el dominio financiero, pasando por el dominio comercial, no solo coloca al capital financiero en la cúspide estructurada de la acumulación ampliada de capital, sino que genera una distorsión descomunal a partir de la economía política del chantaje.

Si antes se podía considerar a la economía política como una de las condicionantes fuertes de las formaciones económico-sociales modernas, ahora se ha producido como un repliegue en este campo de la economía política, se ha formado un núcleo gravitante que distorsiona el mismo desplazamiento de las relaciones económicas; este núcleo de la distorsión es lo que llamamos la economía política del chantaje. Se trata de una economía basada en las coerciones múltiples, en las polimorfas formas de la manipulación, en proliferantes procedimientos de corrupción, cuyo objeto son las ganancias extraordinarias basadas en la especulación, en la trampa, en el saboteo, en el engaño, en el desfalco, en el arreglo y la transacción con los gobiernos. El alcance de esta economía política del chantaje va lejos, adquiere también distintas formas, conectándolas. Por ejemplo, el alcance llega a los circuitos de tráficos y de contrabandos, conllevando las consecuencias de los famosos lavados de dinero. Ya no se trata solamente de lograr la ganancia típicamente capitalista, sino de forzar ganancias extraordinarias sobre a base de las especulaciones y transacciones dolosas. Claro que todo esto ocurre sobre la misma medida del excedente, sobre el mismo volumen de plusvalor; no añaden nada, ningún nuevo valor.

Se inflama la cuantificación de manera especulativa, transfiriendo los costos a los ciudadanos, a los usuarios, a los consumidores, a los trabajadores, a los prestamistas, a los que usan los créditos, a los países periféricos. Entonces el diagrama de poder de la corrupción no puede ser leído desde códigos morales, no es un problema del mal. No hay un mal congénito en el ser humano, como suponía Thomas Hobbes. No se trata de inclinaciones perversas de las personas, no hay mal, salvo en la cabeza de los moralistas. Por lo tanto tampoco se resuelve ningún problema con castigar, vigilar, penalizar. Tampoco se trata de extender el ámbito de la clasificación de los delitos a las identificaciones de las formas de corrupción, introducir este tema en el sistema jurídico. No se resuelve el problema por medio de la complejización del sistema del control administrativo, acompañada por la aprobación de normas especiales. La recurrencia del fenómeno va reaparecer nuevamente, persistentemente, atravesando los poros de todos estos mecanismos. La fenomenología de la corrupción tiene que ver con ámbitos de relaciones configurados a partir de la economía política del chantaje; su mapa de fuerzas, su cartografía de poder, no se destruye con los procedimientos antes mencionados; incluso puede ocurrir que sean contaminados. Al tratarse de ámbitos de relaciones particulares, de estructuras de poder privativos, se requiere atacar el problema a partir del cambio de las composiciones, no solamente de este ámbito de relaciones, sino de todos los espacios de relaciones que entran en contacto con la fenomenología en cuestión. Se trata de la transformación de las composiciones mismas de las relaciones.

Un cuadro de la corrupción: Espacios de relaciones entre el sistema financiero internacional, las empresas trasnacionales y los gobiernos

La crisis de la deuda externa infinita y eterna de los estados periféricos respecto al sistema financiero internacional ha develado los nuevos procedimientos de sometimiento del centro del sistema-mundo capitalista sobre la multifacética periferia del sistema-mundo. Una deuda impagable, que a través del cálculo de amortizaciones e intereses, sobre todo de éstos, la deuda crece tanto que deja atrás los montos de los préstamos de los países. La inversión financiera ha resultado un negocio más jugoso que la inversión de capitales en la producción. Esta deuda infinita y eterna puso al borde del precipicio a los estados deudores, pero sobre todo puso al descubierto el papel dominante del sistema financiero internacional y su función usurera en el proceso de acumulación ampliada de capital.

Ahora aparece peligrosamente en toda su magnitud el dominio del sistema financiero internacional, incluyendo a Europa, donde se ha desatado la crisis financiera en forma alarmante, atentando contra los países y sus poblaciones de la llamada “periferia” europea; también la crisis financiera ha abrazado a Estados Unidos de Norte América, donde la crisis mobiliaria ha mostrado patentemente la transferencia de la carga de la deuda a los sectores medios endeudados hasta el cogote, viéndose obligados a abandonar sus residencias impagables. La República Popular de China ha tenido que comprar parte de la deuda estadounidense para que ese país no se vaya al abismo. La intensidad de esta crisis podemos constatarla en el dramatismo inherente a las expresiones vertidas en la carta de dos patriotas griegos, Mikis Theodorakis y Manolis Glezos, que a continuación transcribimos:

“En tiempos antiguos, la condonación por Solón de las deudas que obligaban a los pobres a ser esclavos de los ricos –la llamada reforma Seisachtheia, sentó las bases para la aparición, en la antigua Grecia, de las ideas de democracia, ciudadanía, política y Europa: los fundamentos de la cultura europea y mundial.

Luchando contra la clase de la riqueza, los ciudadanos de Atenas señalaron el camino para la constitución de Pericles y la filosofía política de Protágoras, quien dijo: “El hombre está muy por encima de todo el dinero”. Hoy en día, los ricos están tratando de tomarse la venganza en la mentalidad humana: “Los mercados están muy por encima de todos los hombres” es el lema que nuestros líderes políticos abrazan gustosamente, aliados al demonio dinero como nuevos Faustos.

Un puñado de bancos internacionales, agencias de información, fondos de inversión, en una concentración mundial del capital financiero sin precedentes históricos, reivindican el poder en Europa y en todo el mundo y preparan la abolición de nuestros estados y nuestra democracia, con el arma de la deuda, para esclavizar la población de Europa, poniendo en el lugar de las imperfectas democracias que tenemos la dictadura del dinero y la banca, el poder del imperio totalitario de la globalización, cuyo centro político está fuera de la Europa continental a pesar de la presencia de poderosos bancos europeos en el corazón del imperio.

Comenzaron con Grecia, utilizados como cobayas para trasladarse a otros países de la periferia europea, y poco a poco hacia el centro. La esperanza de algunos países europeos para escapar eventualmente demuestra que los líderes europeos se enfrentan a un nuevo “fascismo financiero”, no haciéndolo mejor que cuando se enfrentaron a la amenaza de Hitler en el período de entreguerras.

No es una casualidad que una gran parte de los medios de comunicación controlados por el banco se trate a los países de la periferia de Europa como “cerdos – pigs” y su campaña mediática, sádica y racista, vaya teñida de desprecio. Sus medios de comunicación no se dirigen sólo contra los griegos, sino también contra la herencia griega y la antigua civilización griega. Esta opción muestra los objetivos profundos y ocultos de la ideología y de los valores del capital financiero, promotor de un capitalismo de destrucción.

El intento de los medios de comunicación alemanes de humillar símbolos, como la Acrópolis o la Venus de Milo, monumentos que fueron respetados incluso por los oficiales de Hitler, no es sino una expresión del profundo desprecio de los banqueros que controlan los medios de comunicación, ya no tanto contra los griegos, sino sobretodo contra las ideas de libertad y democracia que nacieron en este país.

El monstruo financiero ha producido cuatro décadas de exención de impuestos para el capital, todo tipo de “liberalización del mercado”, una desregulación amplia, la abolición de todas las barreras a los flujos financieros y las especulaciones, los constantes ataques contra el Estado, la compra de partidos y medios de comunicación, la apropiación del excedente por un puñado de vampiros: los bancos mundiales de Wall Street. Ahora bien, este monstruo, un verdadero “Estado tras los Estados” parece preparado para asestar un “golpe de Estado permanente” financiero y político, y para más de cuatro décadas.

Frente al ataque, las fuerzas políticas de derecha política y la socialdemocracia parecen comprometidas después de décadas de entreguismo al capitalismo financiero, cuyos centros más grandes están fuera de Europa. Por otro lado, los sindicatos y los movimientos sociales aún no están lo suficientemente fuertes como para bloquear el ataque de manera decisiva como lo hicieron muchas veces en el pasado. El nuevo totalitarismo financiero busca aprovechar esta situación para imponer condiciones irreversibles en toda Europa.

Hoy, es tan necesario como urgente la coordinación inmediata y transfronteriza de los intelectuales, las gentes de las artes y las letras, los movimientos espontáneos, las fuerzas sociales y las personalidades que comprenden la importancia del reto; necesitamos crear un frente de resistencia potente contra “el imperio totalitario de la mundialización” que está en marcha, antes de que sea demasiado tarde.

Europa solo puede sobrevivir si presenta una respuesta unida contra los mercados, un reto mayor que el de ellos, un nuevo “New Deal” europeo. Debemos detener de inmediato el ataque contra Grecia y los otros países de la UE en la periferia, hay que poner fin a esta política irresponsable y criminal de austeridad y privatización, que condujo directamente a una crisis peor que la de 1929.

Las deudas públicas deben ser restructuradas de forma radical en la Eurozona, especialmente a expensas de los gigantes de la banca privada. Los bancos deben volver a ser evaluados y la financiación de la economía europea debe estar bajo control social, nacional y europeo. No es posible dejar la llave financiera de Europa en manos de los bancos, como Goldman Sachs, JP Morgan, UBS, Deutsche Bank, etc … Hay que prohibir los excesos incontrolados financieros que son la columna vertebral de capitalismo financiero destructivo y crear un verdadero desarrollo económico en lugar de ganancias especulativas.

La arquitectura actual, basada en el Tratado de Maastricht y las reglas de la OMC, ha instalado una máquina en Europa para fabricar deuda. Necesitamos un cambio radical de todos los tratados, la sumisión del BCE al control político de la población europea, una “regla de oro” para un mínimo del nivel social, fiscal y medioambiental de Europa. Necesitamos urgentemente un cambio de paradigma, un retorno al estímulo de crecimiento a través de la demanda de nuevos programas de inversión europeos, las nuevas regulaciones, los impuestos y el control del capital internacional e instalación de flujos, una nueva forma de proteccionismo suave y razonable en una Europa independiente sería protagonista en la lucha por un mundo multipolar, democrático, ecológico y social.

Llamamos a las fuerzas y personas que comparten estas ideas a convergir en un amplio frente de acción europea lo antes posible, para producir un programa de transición de Europa, para coordinar nuestra acción internacional, con el fin de movilizar a las fuerzas del movimiento popular, para revertir el actual equilibrio de fuerzas y derrotar a los líderes actuales históricamente irresponsables de nuestros países, con el fin de salvar a nuestro pueblo y a nuestra sociedad antes de que sea demasiado tarde para Europa [8].”La carta es intensa y sincera, clara como el agua pura, esa es la situación en Europa, pero también podríamos decir que se trata de una descripción de lo que pasa en el mundo, claro que comprendiendo las diferencias regionales, así como las diferencias entre la periferia europea y las periferias del sistema-mundo capitalista, de la que posiblemente ya forme parte esta periferia europea. También comprendiendo la relación distinta con otros bancos y otras políticas del sistema financiero internacional, incluyendo a los bancos de la cooperación internacional.

En todo caso, en esencia, la estrategia del sistema financiero internacional es la misma, descargar la avidez de sobre-ganancias especulativas en la gente, en la masa de los deudores; descargar la crisis financiera, de la que ellos mismos son culpables, sobre las espaldas de las grandes poblaciones y pueblos del mundo. Lo que queda claro en la carta es también el carácter especulativo del sistema financiero internacional, su intervención en términos monetarios ha descartado las inversiones en la producción, en la transformación productiva, que requiere tasas de retorno a largo plazo, prefiere el retorno en el corto plazo, por eso apuesta a la especulación financiera, a la inversión de capital en el sentido quimérico.

La Unión Europea ha optado por una concepción neoliberal y monetarista en lo que respecta a la unión económica, a la unión de la moneda y a la unión política. En principio los países que se integraron a la Unión Europea tuvieron que ajustar sus economías y lograr los equilibrios macroeconómicos que exigían las políticas de integración, después parecían beneficiarse con grandes prestamos y compromisos financiaros, creando burbujas financieras y la ilusión del consumo ilimitado, debido al crédito y a los instrumento de crédito computarizados; sin embargo, esta ilusión ocultaba un costo alto a pagar por las grandes poblaciones de deudores, así también por los estados comprometidos con las políticas monetaristas y de macro-equilibrio económico. Países enteros, sus poblaciones, sus estados se convirtieron en rehenes de los grandes bancos, del sistema financiero internacional, no solamente europeo, dada la globalización de la economía, sobre todo del sistema financiero mundial.

El círculo vicioso de este sistema de endeudamiento es que una vez que se entra en crisis, para salir de la crisis se requiere endeudarse más, obtener prestamos para equilibrar las balanzas, los flujos de caja, para bajar el déficit. Ahora bien, estos financiamientos de “salvación” de las economías de los países en crisis exigen austeridad y descargar el peso de la crisis en la participación pública en la educación, la salud, la jubilación y otros rubros de atención; requiere que se bajen los sueldos y salarios, obviamente de la población trabajadora, no así de los ingresos de los grandes jerarcas del poder y de la economía. Estos problemas de la crisis financiera se reflejan notoriamente en los índices alarmantes de desocupación, de la inflación, de la disminución del poder adquisitivo, en las restricciones en la educación y la salud, además en las formas de suspensión relativas de la jubilación, aumentando los años, utilizando los fondos de los jubilados en inversiones, haciendo depender la sostenibilidad de sus pagos de estos negocios.

La crisis europea, la crisis estadounidense, son parte de la crisis estructural del capitalismo, del ciclo del capitalismo vigente, crisis expresada en la intensidad de la crisis financiera. Esta crisis irradia a las periferias del sistema-mundo, se expresa en ellas, con distintos ritmos y profundidad, dependiendo el nivel de involucramiento en el sistema financiero internacional; esta crisis también se expresa como crisis política. Los estados no terminan de resolver problemas de legitimidad; para lograr avanzar en el tratamiento de estos problemas no son suficientes, desde hace tiempo, el ritual periódico de las elecciones, ni la elocuencia estridente de la propagando sobre el valor de las instituciones democráticas. Se requiere de soluciones que vayan más allá de la democracia representativa, es menester la participación abierta de las poblaciones y su involucramiento en las tomas de decisiones; esto significa avanzar a las formas abiertas de democracia participativa.

Resulta paradójico constatar la concentración del poder en élites políticas, justo cuando los medios de circulación de la información, del acceso de la información, de las posibilidades de participación, han dado un salto gigantesco. También se tienen que tener en cuenta las transformaciones del perfil de la población, con niveles de educación que superan a las de otros periodos de la modernidad, sobre todo en sus inicios. Esta es una contradicción, un poder controlado por élites, cuando el potencial de las poblaciones ha crecido. Otra contradicción es la que señala la carta abierta de los patriotas griegos, que unos cuantos bancos, ciertamente poderosos, decidan la suerte y la vida de las poblaciones, por el hecho de estar endeudadas. La deuda es creación y estrategia del sistema financiero internacional, diseñado de tal manera con el objeto de lograr obtener super-ganancias especulativas, administrando y difiriendo la crisis del capitalismo. Estos bancos no tienen ningún control efectivo por parte de las poblaciones y los pueblos, por parte de los países y Estados. Son como un super-Estado independiente del mismo ejercicio democrático. Este es el tema de fondo, la lógica financiera en su etapa dominante es una distorsión en el mismo funcionamiento económico, se convierte en un sistema coercitivo y especulativo, forma parte de lógicas perversas de circulación, incluso termina conectándose con otras lógicas perversas.

El sistema financiero refuerza las lógicas paralelas de la economía política del chantaje, empuja a las mismas empresas trasnacionales a optar por métodos que logren super-ganancias, métodos que tienen que ver con el despojamiento y la desposesión, apoyados por el monopolio tecnológico, el monopolio de los mercados y el monopolio financiero, sin hablar del monopolio militar de las armas de destrucción masivo. La recurrencia a la trasgresión de las normas ya forma parte de la historia de las empresas trasnacionales, así como el uso manipulador de las normas; también el control de las reservas y de los procesos técnicos de explotación y producción. Estas empresas trasnacionales, como gigantes monopólicos, terminan controlando regiones del mundo, incorporando a su expansivo control a los países y sus estados. Su gigantesco poder compromete a los gobiernos, incorpora a los gobernantes a sus circuitos de influencia, recurriendo a formas de corrosión y corrupción. El manejo de las normas, de los convenios, de los contratos, de los contratos de operaciones y otros instrumentos múltiples de asociación, de coparticipación, de servicios, forma parte de su experimentada habilidad de usarlos y diseñarlos en su beneficio. Es difícil encontrar gobiernos que se reciten a este escamoteo; que lo hagan depende de varias condiciones, de su fortaleza normativa e institucional, de los sistemas de control, de la contraparte que pueden ofrecer, sobre todo técnica, de la cualidad de los gobernantes y funcionarios involucrados, de la claridad de las políticas públicas y de las políticas económicas, de la capacidad de custodia y control de los pueblos, lo que implica su capacidad de participación. Incluso a gobiernos progresistas, que en un principio intentan enfrentarse a estas estructuras de poder internacional, les resulta difícil durar en la resistencia a las redes de estas empresas y del sistema financiero internacional. Por eso, la lucha no puede dejar de ser popular y de una constante movilización general.

De lo que se trata es entender el funcionamiento del diagrama de poder de la corrupción; en relación a la construcción de este entendimiento, decimos que esta cartografía de poder tiene varios niveles, que los niveles fundamentales no se encuentran en la escala múltiple y micro de los ámbitos de mediación e intercambio entre sociedad y Estado, tampoco en los niveles del manejo de los recursos por parte de los funcionarios, aunque ya este nivel es de importancia y de incidencia, ni sólo a nivel gubernamental, aunque la cartografía de la corrupción sí ya tiene un impacto desbordante en la administración gubernamental misma; los niveles condicionantes y ordenadores del mapa se encuentran en las distorsiones que produce el sistema financiero internacional, el control y dominio de los oligopolios y los monopolios de las empresas trasnacionales.

Este es el centro de distorsión de la economía política del chantaje. Nadie dice que aquí empieza la corrupción, como hemos dicho, es una historia larga, de múltiples líneas en diferentes contextos históricos; lo que decimos es que, en el periodo de dominio del capital financiero, en la estructura del ciclo del capitalismo vigente, la composición de la cartografía del poder de la corrupción ha cambiado, colocando en su centro de distorsión de la economía-mundo capitalista al sistema financiero internacional y a los grandes monopolios internacionales que apuestan a la especulación y al despojamiento. Estos procedimientos no mejoran las condiciones de la economía mundial ni de los países, aunque si mejoran el crecimiento de las arcas, se da un crecimiento estadístico, que no cuenta ni incorpora los costos sociales y los costos ecológicos. Loque hacen estos procedimientos es llenar los bolsillos de los grandes ricos, empero sin resolver la crisis del capitalismo; lo que se hace es diferir la crisis y descargarla en las mayorías de la población, ahondando la crisis económica y profundizando la crisis política.

El problema mayúsculo de este diagrama de poder de la corrupción es que el espacio de distorsión irradia a toda la economía, también a toda la sociedad, una vez que ya está comprometido el Estado y el gobierno. Entonces todo tiende a funcionar con la misma lógica, no se trata sólo de lograr ganancia, ya no se trata de la transformación productiva, por lo menos como preocupación técnica, en los ciclos técnicos de desgaste de la maquinaria y tecnología incorporadas, pues esta maquinaria y tecnología termina obsoleta antes de que se cumpla su ciclo, sólo por la compulsión de la competencia; se trata de lograr las super-ganancias, la riqueza rápida.

Cuadros de la corrupción

Vamos a hablar de cuadros en el sentido de paisajes humanos, escenarios, pinturas de eventos de estos mundos paralelos donde se practica la alteración de las normas y los procedimientos, donde se da lugar el enriquecimiento fácil y llamado ilícito. Cuadros también en el sentido de mapas y lugares de circuitos de estas relaciones que alteran y distorsionan los funcionamientos económicos, también políticos y sociales. Estos lugares que aparecen como núcleos gravitacionales de estas distorsiones, de estos espacios que hemos llamado economía política del chantaje. También vamos a identificar las materias y los objetos sobre los que trabajan y manipulan estas economías políticas del chantaje; materias y objetos que generalmente tienen que ver con las materias y los objetos de la economía extractivista, aunque no sólo, pues hay otros recursos, por así decirlo, que afectan por ejemplo a los servicios y otros rubros. Tampoco podemos olvidarnos en estos cuadros dibujar lo que hemos llamado economía política de la cocaína, que forma parte de la economía política del chantaje, que incluso llega a ser un campo de fuerzas tan gravitante y tan irradiante que termina influenciando y afectando los otros espacios de estas economías paralelas.

Las materias y objetos de la corrupción

Como lo hacen Alain Denault, Delphine Abadie William Sacher en Negro Canadá. Saqueo, corrupción y criminalidad en África, la economía extractivista está íntimamente relacionada con la corrupción [9]. Este conjunto de métodos, si podemos hablar así, y procedimientos paralelos, que coadyuvan notoriamente, facilitando el acceso a concesiones, rutas directas, saltando trámites y normas o, en su caso, flexibilizándolas, logrando de este modo ganancias extraordinarias, por medio del incumplimiento de inversiones, tareas y responsabilidades, por lo menos como deberían ser, atendiendo a los acuerdos de los contratos, modelos de contratos, marcos legales nacionales e internacionales. La corrupción entonces viene a ser parte de los mecanismos de explotación en las economías extractivistas. Entiéndase que las economías extractivistas no sólo funcionan en las periferias del sistema-mundo capitalista, sino que son parte intrínseca de la economía-mundo capitalista. Los centros, las semi-periferias y las periferias, comprendiendo que ya no hay nada externo al sistema-mundo capitalista, están íntimamente ligadas a las formas del extractivismo, pues la explotación de minerales, el requerimiento de energía y toda la gama recursos naturales, forman parte de las condiciones de posibilidad económica y técnica del modo de producción capitalista, de la economía-mundo capitalista y de las dinámicas de crecimiento y desarrollo del sistema-mundo capitalista.

El extractivismo forma parte del despojamiento y de la desposesión de la acumulación originaria y de la acumulación ampliada de capital. Desde la perspectiva general de las dinámicas capitalistas integradas, que tienen como núcleo de funcionamiento al modo de producción capitalista, los costos del extractivismo, es decir, los costos de las materias primas y de los recursos naturales, forman parte de las rentas, pues las materias de explotación no son producto del trabajo sino son recursos de la naturaleza, aunque para sacarlos de la tierra se requiere trabajo. De alguna manera estos costos deben minimizarse en relación a los costos de producción, costos de la transformación productiva, relativos a la industrialización de las materias primas y los procesos de transformación tecnológicas. Hay pues una contradicción, como ha sido estudiada por los clásicos, entre renta y ganancia, además de la contradicción intrínseca entre renta, ganancia y salario.

Ahora bien, una tendencia para resolver esta contradicción ha sido la privatización, es decir, la apropiación privada de los yacimientos y de los recursos naturales. Empero, en la medida que el Estado se convierte en la condición y factor indispensable en el proceso de acumulación de capital, también participa en la renta de las materias primas y los recursos naturales, es más, en la medida que el Estado es el propietario nominal de los recursos naturales y de las materias primas entonces es la principal instancia en la participación de la renta. Esta situación coloca al Estado como persona jurídica y lo convierte en la institución que administra los circuitos de los recursos naturales y las materias primas en el contexto del flujo comercial, la división del mercado y del trabajo, además de colocar al Estado en el marco diseñado por el sistema financiero internacional y el mapa de los controles monopólicos de las grandes empresas trasnacionales. Se puede decir que el Estado vive de tributos, impuestos y de rentas de recursos naturales y materias primas, si es que no lo hace como directo administrador de empresas públicas, cuando estas son rentables. Entonces se entiende que el Estado se convierte en objeto de atención de las empresas privadas y las empresas trasnacionales, se convierte en campo de transacciones, empero también en espacio de manipulaciones por parte de las grandes empresas trasnacionales, el sistema financiero internacional, la cooperación internacional, los organismos internacionales, además de los Estado-nación del centro del sistema-mundo capitalista, hegemónicos y dominantes, a nivel mundial y a nivel regional.

El Estado forma parte de las condiciones de posibilidad históricas del capitalismo y es factor político e institucional indispensable en el proceso de acumulación de capital. Los flujos y recorridos comerciales, la movilidad en las estructuras sociales, la conversión de distintos estratos y clases sociales tradicionales en burgueses, sean estos nobles terratenientes o estratos ascendentes urbanos, ligados al comercio, también burócratas que adquirieron los puestos o asignados por el monarca; todos experimentaron la formación de esta clase ligada a la valorización dineraria, ya sea a través del comercio, de las finanzas, de la industria, de la capitalización de la tierra, del monopolio de los alimentos, del tráfico de minerales, sobre todo metales preciosos. El Estado se convierte en una composición institucional que articula los flujos, circuitos, recorridos, producciones y finanzas que forman el complejo sistema capitalista. La relación con el Estado forma parte de la genealogía de la burguesía. Cuando se forman los Estado-nación este contexto de relaciones ya está consolidado. Ahora bien, en la geografía y genealogía del sistema-mundo capitalista, dependiendo la ubicación y localización de los estados, se plantean diferencias