El 10 de septiembre de 2008, el presidente Evo Morales comunicaba al país su decisión de expulsar al embajador Philip Goldberg: “Sepan que aquí hay una autoridad externa que conspira contra la democracia. Sin miedo, declaro al embajador de EE.UU. persona non grata. Pido al canciller, enviar esta decisión para que retorne a su país. En Bolivia no queremos separatistas que atenten contra la democracia”.

Terminó así un proceso conspirativo que pretendía dividir Bolivia. Los graves conflictos desencadenados terminaron de inmediato. El domingo 14 de septiembre poco antes de salir, Goldberg lanzó una seria amenaza: “La decisión boliviana puede traer efectos serios en muchas formas”.

Desde luego el Imperio, no podía permanecer inactivo, pues actitudes de esa naturaleza se producían en diversos países, por lo que la política norteamericana debía involucrar un castigo común. A fines de octubre de 2009 Barack Obama designó a Goldberg como Subsecretario Adjunto de Asuntos de Inteligencia e Investigación del Departamento de Estado. Un puesto clave, para la diplomacia hacia Latinoamérica.

Usaid, la agencia norteamericana encargada de realizar el trabajo sucio de conspiración en América, comenzó a extender sus tentáculos en Bolivia. El presidente Morales, advirtió el hecho y amenazó con expulsarla, pero luego dio marcha atrás.

Bolivia, se encuentra actualmente sometida al asedio de conflictos de toda naturaleza, lo que puede hacernos sospechar que el Imperio ha terminado de acomodar las fichas de su estrategia política para golpear a Evo Morales y desplazarlo del poder, antes de las elecciones generales de 2014.

Al comenzar una partida de ajedrez, los contendientes, se apresuran a copar el centro del tablero y lo demás se facilita hasta el jaque mate. La estrategia del golpe, parece estar preparada y por primera vez, quienes respaldan el “proceso de cambio” pueden considerar la posibilidad de un derrocamiento, cosa impensable hasta hace poco, por el decidido respaldo de los movimientos sociales, que hoy parecen inmovilizados.

Los medios de comunicación, se han constituido en valiosas fichas del tablero, pues ante el fracaso de los partidos neoliberales, que eran los operadores políticos, se han constituido en los principales desequilibradores del proceso para buscar la “restauración” de la derecha y acabar con los gobiernos populares, progresistas y socialistas de la región.

La derecha boliviana, se apresura a reorganizarse, entusiasmados ante un fracaso de las aspiraciones de reelección de Obama en Estados Unidos. Si eso ocurre, la derecha más cavernaria volverá al gobierno norteamericano. Para ellos, los gobiernos indianistas son un estorbo. Pueden sobrevenir gobiernos como los de René Barrientos y Hugo Bánzer.

¿Qué contiene el inicio del golpe? Hasta el momento, la ultraderecha boliviana, no encuentra un líder y los que buscan ese lugar no tienen consenso. Uno estuvo fuertemente adherido al gobierno de Gonzalo Sánchez de Lozada y sus políticas neoliberales. El otro, viene de un partido narcovinculado, cuyos líderes terminaron exclamando ¡jodidos! ¡jodidos estamos todos! El resto se encuentra en fuga.

Al no existir coherencia en la oposición desconcertada, los medios de comunicación, cuyos propietarios pertenecen, en mayoría, a partidos de la derecha, se han constituido en la principal punta de lanza de la oposición. En otras palabras, gran parte de los medios, son la oposición. Por el momento.

Mientras los movimientos sociales que supuestamente respaldan los cambios, reaccionan con letargo, se han conocido pronunciamientos analíticos que advierten sobre la peligrosidad del momento. La Alianza Revolucionaria Antiimperialista (ARA), acaba de hacer conocer su punto de vista y en partes salientes dice:

“Los conflictos abarcan a muchos sectores y tienden a confluir y mantenerse en el propósito de crear un clima de desestabilización que concluya en el derrocamiento del gobierno. Esta conclusión que parece catastrófica es, sin embargo, objetiva”.

Los antiimperialistas, advierten que estamos ante un plan de dimensiones continentales, pues la amenaza es para todos los países agrupados en ALBA. Por el momento, Bolivia aparece como el más afectado. Aparentemente el imperialismo encontró y preparó las condiciones internas que faciliten sus objetivos contrarrevolucionarios.

En consecuencia, no es incoherente el llamado lanzado para que los movimientos sociales salgan a defender su proceso revolucionario, para evitar el retorno de la ultraderecha cavernaria, que solo traerá relocalización, persecuciones, encarcelamientos y desapariciones. Las fichas del Imperio, efectivamente parecen estar acomodadas. Es hora que el pueblo elija, la derecha depredadora o el proceso de cambios a favor de los menos favorecidos.