Si España y Grecia decidiesen renunciar al Tratado de Maastrich abandonando la monera única europea, el evento sería traumático, costoso y con peligro de pobreza. Según un estudio hecho por el Banco UBS, los griegos pagarían en media, en el primer año transcurrido sin el Euro, entre 9.500 y 11.500 € a cabeza, dinero necesario para poder tener en pié los bancos. Los años siguientes, el costo “pro cápita” sería entre 3 y 4.000 Euros. Mientras que para un español se habla de un mínimo de 2.500 a un máximo de 30.000 €.

El riesgo que correrían España y Grecia, sería el no poder pagar la deuda que tienen, y, en este caso el “firewaill” que es el fondo “Salva-Estado” de 700 mil millones de Euros, no sería suficiente para salvarlos de la quiebra. Según una nota del Instituto Internacional de Finanzas, el coste total para Atenas si abandona la “zona-euro” sería de 1,29 mil millones de Euros, una cifra astronómica y para Madrid el coste llegaría a 5 billones de dólares.

En España la peseta sería devaluada del 20% y la superinflacción duraría entre tres y cinco años con un nivel insostenible de desempleo, entre el 30% y el 40%, y en Grecia se calcula que el dracma se devaluaría del 60%. En Grecia y España ha comenzado la carrera a las ventanillas bancarias para retirar los ahorros y protegerse de eventuales intemperies en el sector bancario y conservar los euros debajo del colchón. Cuando esto sucede quiere decir que a dominar es el miedo, el pueblo quiere “cash”, no se fía de los bancos. Si esto ocurriese con la mayoría de los griegos y de los españoles, sería un problema mayúsculo. Más allá del efecto pánico, si todos los corrientas decidiesen contemporáneamente de retirar sus depósitos bancarios, el riesgo sería el de desencadenar una quiebra total de los bancos. Los mismos bancos también podrían tener serios problemas de liquidez porque difícilmente el Banco Central Europeo aceptaría títulos de Grecia, España, Portugal e Irlanda como garantía para ofrecer préstamos con facilitaciones y dar óxigeno al crédito. Es necesario también decir que los bancos griegos y españoles, al estado actual de las cosas, técnicamente son insolventes.

Los ejemplos de países que en los últimos años han tenido una devaluación con una super-inflacción de la propia moneda como Argentina y Rusia y que han sabido recuperar tanto la moneda como la economía, no es posible relacionarlos o hacer comparaciones con Grecia, España, Portugal o Irlanda porque tanto Rusia como Argentina son fuertes exportadores de materias primas sobretodo energéticas, mientras que Grecia y España viven sobretodo de turismo y es difícil cuantificar si este factor positivo podría tener éxito y compensar los efectos de un abandono de la “eurozona”.