No solo hay una sumatoria de conflictos sino también una acumulación de los mismos, esto quiere decir sencillamente que se produce el efecto de multiplicación, pero también de desenvolvimiento de los conflictos en el tiempo; en otras palabras, de maduración. La crisis del proceso tiene su temporalidad, su maduración y obviamente su desenlace. Hay que leer los conflictos como síntomas, pero también como signos; son síntomas de algo que no es visible a la vista ni palpable a la percepción, por lo menos de una manera inmediata.

La lectura del síntoma es como un diagnóstico y la lectura de los signos es como la de una narrativa de los acontecimientos. ¿Cómo leer entonces el conflicto del TIPNIS, el conflicto de los trabajadores, el conflicto de los médicos, trabajadores de salud y estudiantes de medicina y de enfermería, incluyendo a los estudiantes nutricionistas, también el conflicto de los maestros, sumando a todos estos el conflicto de los choferes? No podemos olvidarnos añadir otros conflictos que merodean en este espectro, el conflicto de los ayllus, el conflicto regional, el conflicto por las regalías y por el reparto del Impuesto Directo a los Hidrocarburos, también los conflictos de la ciudad de El Alto, particularmente de las juntas de vecinos con el gobierno municipal.

Para comenzar, no se puede decir que durante las dos gestiones de gobierno de Evo Morales Ayma habrían desaparecido, por lo menos en un principio, los conflictos sociales, que se los habría resuelto o comenzado a resolver, por lo menos en lo que va parte de la primera gestión de gobierno, pues esto no es cierto. Hubo conflictos desde el 2006, particularmente asombró el conflicto entre los obreros y los cooperativistas mineros, hablamos del enfrentamiento en Huanuni, que arrojó más de una docena de muertos y decenas de heridos. Se puede decir que el carácter de la conflictividad, el perfil de la conflictividad, la intensidad y la composición de la crisis, no son las mismas que cuando se sucedieron las luchas sociales del 2000 al 2005, que en este periodo eran luchas correspondientes a movimientos sociales anti-sistémicos que enfrentaban e interpelaban el proyecto neoliberal implementado en Bolivia desde 1985.

La crisis del 2006 es diferente; en el caso del enfrentamiento entre los obreros y cooperativistas mineros, se trataba de una compulsa entre sindicatos y cooperativas, entre obreros y cooperativistas, entre trabajadores del Estado y el gremio de cooperativistas mineros; forma cooperativa que debería responder a una economía social y solidaria, empero terminó siendo una economía privada dispersa, con recontrataciones de trabajadores a destajo, en condiciones de explotación que parecían superadas. De todas maneras los cooperativistas demandaban y demandan más concesiones en áreas fiscales, en tanto que los obreros mineros defendían y defienden sus fuentes laborales. Ese conflicto específico intenso y sangriento fue resuelto, por lo menos por un periodo, quedando en suspenso la contradicción entre obreros y cooperativistas en los demás lugares, como una tensión latente; el conflicto se superó momentáneamente con la contratación de cooperativistas mineros en condición de trabajadores de la empresa estatal COMIBOL; en otras palabras, con su incorporación y sindicalización. Esta manera de resolver el conflicto cargaba el peso de los nuevos salarios a la empresa estatal, empero el contienda social aparentemente se superaba, por lo menos por un periodo.

El espectro del conflicto ascendente en los últimos años, por lo menos desde la segunda gestión de gobierno, es distinto. Trabajadores y maestros pelean por mantener el poder adquisitivo de sus salarios y sueldos, además exigir el respeto a los derechos conquistados; los médicos y trabajadores de salud luchan por abrogar la ley 1126, que establece ocho horas de trabajo, aumentándoles dos horas más a las seis horas obligadas, sin incorporarlos a la ley del trabajo. La naciones y pueblos indígenas batallan por la defensa de sus territorios indígenas, sus TCOs, los derechos consagrados en la Constitución, las áreas protegidas, además de defender la madre tierra contra la ampliación de la frontera agrícola y la extensión del modelo extractivista. Por otro lado, desde otra perspectiva, la de los transportistas, los choferes hacen un paro de transportes pidiendo consensuar la ley del transporte y oponiéndose a las determinaciones del gobierno municipal de la ciudad de La Paz sobre la regulación del transporte y la incorporación del servicio de transporte masivo a mayor escala, eficiente y barato. Hay juntas de vecinos que se opusieron al paro de transportes, incluso se dieron amagues de enfrentamiento y hasta enfrentamientos con usuarios del transporte. ¿Cómo interpretar el mapa de estos conflictos?

No son conflictos que tienen la misma densidad ni el mismo peso gravitacional en la configuración de la crisis del proceso, unos vienen de trayectorias antiguas, por ejemplo el conflicto entre maestros y Estado, también la lucha por un salario mínimo vital; otros conflictos son de reciente data, la de los médicos y trabajadores de salud; otros conflictos en cambio tienen que ver con el núcleo mismo del proceso, la descolonización. El enfrentamiento entre el gobierno y la naciones y pueblos indígenas devela el carácter mismo del gobierno progresista; es un gobierno que puede apostar a medidas rentistas como la de los bonos, empero no puede cambiar las políticas públicas, menos las políticas económicas, las mismas que están encaminadas a continuar con el modelo extractivista del capitalismo dependiente. Este enfrentamiento particularmente devela la distancia del gobierno respecto del horizonte abierto por la Constitución; la construcción del Estado plurinacional comunitario y autonómico; el ejercicio plural de la democracia, directa, representativa y participativa; la economía social y comunitaria, en la perspectiva de vivir bien como alternativa civilizatoria. Entonces, ¿qué podemos decir al respecto del mapa del conflicto social en la coyuntura?

Si comparamos los conflictos dados en Bolivia con los dados en Ecuador y Venezuela, podemos ver que los conflictos en Bolivia se parecen mucho a los desatados en Ecuador, empero son distintos a los de Venezuela, donde la oposición de los partidos conservadores logra todavía mantener su convocatoria y movilizar gente en algunas ciudades de importancia. Empero, no hay que descuidar que los tres gobiernos progresistas muestran de alguna manera el mismo perfil populista y la misma característica de una economía rentista, que se basa en la matriz del modelo extractivista, lo que no termina de desatar contradicciones análogas, aunque no exactamente los mismos conflictos. ¿Qué quiere decir Esto? Por una parte, asistimos a las contradicciones profundas de los gobiernos progresistas. No pueden resolver la problemática histórica-política de la cuestión estatal, la herencia liberal de los estilos del gobierno, que entran en contradicción con las esperanzas de la gente, las promesas de participación y de transformaciones estructurales.

Por otra parte, asistimos a las luchas económicas de los trabajadores por un salario digno y por el cumplimiento de los derechos conquistados, algo que ocurre en todos los países y sociedades capitalistas, manteniendo sus diferencias contextuales, sobre todo teniendo en cuenta las características de los países periféricos del sistema mundo capitalista, donde se tienen salarios bajos en comparación con lo que ocurre en los países del centro del sistema-mundo capitalista. Empero, aparte de la contradicción entre discurso y realidad en las prácticas políticas, aparte de la contradicción estructural entre capitalismo y proletariado, la contradicción del gobierno de Bolivia y del gobierno de Ecuador con las naciones y pueblos indígenas es no solamente estructural, sino profundamente histórica e institucional, pues nos muestra la ineptitud orgánica de estos gobiernos de encaminarse por los recorridos de la descolonización. Terminan siendo gobiernos anti-indígenas al defender el modelo extractivista, la economía rentista, ventilando la ilusión de desarrollo y progreso.

Si la tesis de interpretación que utilizamos es que la contemporánea lucha contra el capitalismo es nuevamente anticolonial y profundamente descolonizadora, el enfrentamiento de los gobiernos progresistas y los pueblos indígenas nos muestran el alcance político de estos gobiernos y de sus programas populistas. Primero, como dijimos antes, no pueden, no logran, son incapaces de encaminarse por el proceso descolonizador. Segundo, no logran tampoco desplegar un programa alternativo al capitalismo, al contrario incursionan en el modelo de la valorización dineraria por el sendero más crudo, el extractivismo. Al hacerlo, refuerzan la persistencia en el círculo vicioso de la dependencia. En todo esto, ¿Qué papel juegan las nacionalizaciones? Como vimos en otro ensayo, en la Genealogía de la dependencia[1], las nacionalizaciones por sí mismas no garantizan la incursión por la industrialización de las materias primas, el cambio de modelo económico, la salida del extractivismo.

Esta ruta de la industrialización requiere de otras condiciones para que pueda efectuarse, condiciones que tienen que ver no sólo con la inversión productiva, cosa que no se cumple, pues la mayor parte del uso del ingreso se destina al gasto, sobre todo administrativo. Otras condiciones para la industrialización tienen que ver con la articulación entre las economías agrícolas y las economías comerciales, entre las economías agrícolas y las iniciativas industriales, también la complementariedad de las iniciativas industriales, su relación con el mercado interno y su relación con el mercado externo, buscando una conexión soberana. Así como con su vinculo con los circuitos comerciales, los circuitos financieros, pero, sobre todo, la capacidad de acumulación, reinversión productiva; además claro está, su participación en las políticas estatales. Empero todo esto está asociado a la formación de una masa crítica, formación de científicos y la creación de la capacidad de recepción de transferencia tecnológica y construcción de una plataforma científica. Lo que tiene que ver directamente con transformaciones en las estructuras e instituciones educativas, algo así como una revolución en la matriz y el diseño educativo, pedagógico y formativo. Como se puede ver ninguna de estas condiciones se cumple.

Ahora bien, si a todo este campo de condicionantes para efectuar la industrialización se le añade la exigencia contemporánea de la condicionante ecológica, si decimos que la industrialización de la que hablamos debe desplegar y desenvolverse en los términos del empleo de tecnología limpia, de lo que se trata es de una industrialización en el marco y el contexto de los equilibrios y complementariedades ecológicas, entonces las condicionantes se hacen más exigentes, y vemos la abismal distancia entre los gobiernos progresistas extractivista y el cumplimiento de estas condicionantes. Por otra parte, si añadimos condicionantes que tienen que ver con las constituciones, por ejemplo con el ejercicio de la democracia participativa, vemos que esta condición política no se cumple. Los pueblos no son consultados, no se consensuan las políticas, no se consensuan las leyes, no se ejerce la participación ni en la decisión política, ni en las leyes, ni en la gestión pública. Entonces estamos ante distancias muy grandes entre el ejercicio de gobierno y las prácticas participativas. Puede verse por lo tanto que la acumulación de la presión social tiene que salir por alguna parte, tiene que derivar en el conflicto.

El conflicto se convierte entonces en el síntoma, en la indicación material de un malestar profundo, en la señal corporal de causas y contradicciones profundas. También se convierte el conflicto en signo de la narrativa de los acontecimientos; los conflictos expresan el desacuerdo, el desborde democrático, la manifestación popular, colectiva, proletaria y comunitaria respecto a un orden institucional, que se mantiene incólume, como si nada hubiera cambiado. Que ha resistido a los embates de las luchas, de las movilizaciones, del proceso constituyente, de la decisión electoral de las mayorías. Los cimientos, las columnas, la arquitectura del orden institucional antiguo se mantienen inmóviles, como si el terremoto no les hiciese nada. Después de la tormenta todo vuelve a su cauce, todo vuelve a su lugar, todo vuelve a ordenarse; el clamor, la catarsis social pasó; ahora hay que volver a gobernar. Para esto son buenos los gobernantes, los funcionarios, los abogados, los administrativos, mejor si cuentan con cierto asesoramiento de expertos de otros gobiernos afines, que también pasaron por lo mismo; mucho mejor si se involucran de buena voluntad técnicos de las empresas trasnacionales a coadyuvar en los contratos de operaciones, en el manejo técnico de las empresas estatales, en la administración de las empresas estatales.

Al final de cuentas se trata de lograr lo que todos persiguen, la eficiencia. Lo demás, las demandas sociales, se pueden resolver de varias maneras; hay una gama de cartas para ello. Desde enseñarles a las masas el realismo político, el pragmatismo y la paciencia, hasta métodos de disuasión y de represión, pasando por toda clases de manipulaciones. Empero, lo que no se puede hacer es introducir el desodoren en la administración pública, no se puede aceptar por ningún motivo la participación plebeya. Eso es utopía, seamos realistas ajustémonos a lo posible y viable.

En tanto signos los conflictos nos muestran una dramaturgia conocida. Mientras los gobernantes controlan el timón del barco y luchan contra las fuerzas naturales para mantener la nave estable, no pueden controlar los motines en la embarcación. Entonces dicen los voceros del gobierno, los agoreros de la política realista, que nos encaminamos al naufragio o a la deriva, lo peor es que en río revuelto se da la ganancia de pescadores. Anteriores gobernantes de la nave volverían a tomar el timón y a darnos otra vez su curso. A nadie se le ocurre pensar que esta nave especial, que es más que el mismo Estado, pues involucra a sus sociedades y comunidades, a sus territorialidades, ecosistemas y biodiversidades, sus yacimientos geológicos, puede ser conducido de otra manera, es más que requiere ser conducida de otra manera. Requiere la participación de todos para encontrar el rumbo adecuado, rumbo que no es secreto de ningún mapa, menos de un mapa imaginario en la cabeza de un clarividente. Son los saberes en circulación, el intelecto general, la potencia social y la riqueza común, las que pueden introducir una forma de conducción colectiva, social, comunitaria en formas participativas, enriqueciendo la construcción integral de las decisiones, pero también de la orientación en plena contingencia embravecida.

De hecho los gobernantes de la nave, los que controlan el timón, descartan estas alternativas, que les parecen alocadas, pues están hechos, en el mejor de los casos, a la usanza de los viejos marineros, lobos de mar, solitarios, levitando sobre el nubarrón de las contingencias o distantes, en la cúspide de la jerarquía, por lo tanto doblemente solos. A estos gobernantes no les entra en la cabeza que la nave de la que hablamos, nave compleja, vital, histórica, política, económica, social y cultural, está compuesta de otra manera, que la tripulación que la compone tiene uso de razón, que por lo tanto puede aportar e ilustrar sobre la conducción de la nave y la orientación de la ruta. No se les pasa por la cabeza que la organización alternativa pasa por las prácticas participativas, el ejercicio plural de la democracia, directa, representativa y comunitaria.

Por lo tanto hay como dos naves; una, la que está en la cabeza de los gobernantes, que responde a los planos antiguos, recogidos en pergaminos; otra, la nave real, compleja, dinámica, en constante armado, respondiendo a planos de consistencia vitales. Como los gobernantes están convencidos de su verdad, quieren domesticar la realidad, quieren ajustarla a los planos de la arquitectura estatal, heredada de templos y del diseño arquetípico de maestros constructores del orden opuesto al caos. Empero los problemas han sobrepasado a las propias posibilidades del Estado liberal, la crisis estructural del capitalismo ha desbordado todos los pronósticos, se ha extendido destructoramente, amenazante, descargando su furia ya no solamente en los cuerpos martirizados de los más explotados, discriminados y marginados, los condenados de la tierra, sino incluso en los cuerpos hasta ahora exultantes de las llamadas clases medias, poniendo en entredicho su propia estabilidad económica, laboral, de seguro, empujándolas a la condición de la precariedad misma.

En los países del centro esto se lee como políticas de austeridad, en los países de las periferias como un abandono completo a la inversión en la estructura de salud, en la estructura educativa, en la estructura productiva. Para los arquitectos del drama social y de las políticas de autoridad o, en su caso, de abandono y desidia, estos problemas quieren resolverse con el incremento de impuestos y con la emisión de bonos, que solo satisfacen el carácter coyuntural de la demanda inmediata sin poder resolver la estructura permanente de la demanda. Estos problemas quieren resolverse descargando en la población el peso de la crisis misma y de la carga administrativa del Estado.

Se puede releer el problema desde otra perspectiva, más bien integral que parcial y sesgada, como se acostumbra, interpretar como sintomatología el conflicto del gobierno con los médicos y los trabajadores de salud, el conflicto con los maestros, incluso el conflicto con los choferes, aunque se dé este último en contra de otro gobierno, el gobierno autónomo municipal de la ciudad de La Paz, el conflicto entonces entre este gobierno autónomo y el gremio transportista; así como también hay que considerar en este cuadro el conflicto entre usuarios y los transportistas. Viendo el panorama podemos considerar por lo tanto estos conflictos como desplazamientos de la crisis de sus núcleos permanentes hacia los espacios colindantes, desde las clases explotadas y condenadas de la tierra hacia las llamadas clases medias; el costo de la crisis ha llegado a ellas.

A este fenómeno, de la expansión de la crisis y su efecto extensivo al conjunto de la sociedad, lo llamaremos la desatención estructural del Estado ante necesidades y demandas sociales estructuradas. No se resuelve este problema con la ampliación por dos horas del horario de trabajo de médicos y de trabajadores de salud, no se resuelve este problema estructural descalificando a los maestros mal pagados y mal atendidos en su formación, no se puede resolver este problema con ómnibus de mayor alcance cuando lo que se requiere es desplazarse definitivamente al transporte masivo, sistemáticamente colectivo, de una manera integral, por ejemplo usando los sistemas modernos de rieles, desde trenes hasta metros y tranvías. La ciudad misma debe ser pensada de otra manera, como ciudad del vivir bien, donde se preserve el ambiente sano y saludable para la población, como establece la Constitución, y no se atente contra los derechos de la población con la construcción descomunal de edificios que quitan sol y dan sombra, sin respetar los derechos de los ciudadanos y de los que habitan los espacios aledaños a estos edificios construidos con un mal gusto y en contra de la estética de la ciudad.

La concepción de la ciudad del vivir bien no es parcial, obviamente no se llega al vivir bien sólo con barrios nuevos, tampoco sólo con algunas vías de ómnibus colectivos, sino que debe implicar la transformación misma de la concepción urbana, arquitectónica y cultural de la ciudad. Hoy por hoy las ciudades, su administración, se rigen por concepciones comerciales y de mejora de la administración impositiva; por eso terminan distorsionando la poca estética que queda de las ciudades entregando espacios urbanos a las empresas de las construcción, negocio bancario, de las constructoras y de los propietarios, quizás también del lavado de dinero.

Volviendo a la lectura de los síntomas y de los signos del conflicto, podemos decir que hay niveles tanto en lo que corresponde a la sintomatología como en lo que corresponde a la lectura de los signos. Lo inmediato tiene que ver con las demandas expresadas, también con la percepción de las visibles contradicciones, empero estas demandas y contradicciones visibles se asientan en una sedimentación, en una estratificación, en una genealogía de los conflictos y de la lucha de clases, en estructuras del conflicto duraderas y ciclos largos.

Interpretación de los signos del conflicto

Antes una anotación. Ciertamente hay diferencias entre la interpretación de las narrativas literarias, de las escrituras, y la interpretación de los entramados materiales de los acontecimientos, de los tejidos sociales y de las composiciones de los conflictos y las luchas de clases. Esto es cierto, empero ambas no dejan de ser gramatologías[2], por lo tanto pueden entenderse como narrativas escritas de distinta manera, unas con la escritura, otras con las acciones.

A propósito de la interpretación de los signos del conflicto, de lo que hemos llamado la narratividad del conflicto, vamos a recurrir al sugerente libro de Gilles Deleuze sobre Proust y los signos, donde encuentra distintos mundos y circuitos de signos, por lo tanto distintos recursos interpretativos. Deleuze escribe:

El primer mundo de laRecherchees el de la mundanidad. No hay medio que emita y concentre tantos signos, en espacios tan reducidos y a una velocidad tan grande. Bien es verdad que estos signos no son homogéneos en sí mismos. En un mismo momento se diferencian, no sólo según las clases, sino según «agrupaciones espirituales» aún más profundas. En cada momento evolucionan, se fijan o ceden sitio a otros signos. De forma que la tarea del aprendiz consiste en comprender por qué alguien es «recibido» en determinado mundo, por qué alguien deja de serlo; a qué signos obedecen los mundos, cuáles son sus legisladores y sus sumos sacerdotes…El signo de lo mundano aparece como si hubiese reemplazado una acción o un pensamiento. Sirve de acción y de pensamiento. Por lo tanto, es un signo que no remite a algo distinto, significación trascendente o contenido ideal, sino que ha usurpado el valor supuesto a su sentido. Por ello la mundanidad, juzgada desde el punto de vista de las lecciones, aparece como falaz y cruel; y desde el punto de vista del pensamiento, aparece como estúpida. No se piensa, no se actúa, se indican signos… El signo mundano no remite a algo, ocupa su lugar, pretende valer por su sentido. Anticipa tanto la acción como el pensamiento, anula el pensamiento y la acción, y se declara suficiente. De ahí su aspecto estereotipado y su vacuidad. No debemos concluir con ello que estos signos sean desdeñables. El aprendizaje sería imperfecto, e incluso imposible, si no pasase por ellos. Están vacíos, pero esta vacuidad les confiere una perfección ritual, un formalismo que no se encontrará en ningún otro lugar. Los signos mundanos son los únicos capaces de causar una especie de exaltación nerviosa, efecto que en nosotros producen las personas que saben emitirlos[3]

Siguiendo con la estratificación de los signos, sus planos y circuitos, también sus mundos, Deleuze interpreta en Busca del tiempo perdido de Marcel Proust y encuentra otros campos de signos:

El segundo círculo es el del amor… Enamorarse es individualizar a alguien por los signos que causa o emite. Es sensibilizarse frente a estos signos, hacer de ellos el aprendizaje… Es posible que la amistad se alimente de observación y conversión, sin embargo, el amor nace y se alimenta de interpretación silenciosa. El ser amado aparece como un signo, un «alma»: expresa un mundo posible desconocido para nosotros. El amado implica, envuelve, aprisiona un mundo que hay que descifrar, es decir, interpretar. Se trata incluso de una pluralidad de mundos; el pluralismo del amor no sólo concierne a la multiplicidad de los seres amados, sino a la multiplicidad de las almas o de los mundos de cada uno de ellos. Amar es tratar deexplicar, desarrollar,estos mundos desconocidos que permanecen envueltos en lo amado. Por esta razón nos es tan fácil enamorarnos de mujeres que no son de «mundo», ni siquiera de nuestro tipo. Por ello, también las mujeres amadas están tan a menudo asociadas a paisajes, que conocemos tanto como para desear su reflejo en los ojos de una mujer, pero entonces se reflejan desde un punto de vista tan misterioso que para nosotros son como países inaccesibles, desconocidos… ¿Cómo podríamos acceder a un paisaje que no es el que vemos, sino al contrario aquel en el que somos vistos? …Hay, por tanto, una contradicción del amor. No podemos interpretar los signos de un ser amado sin desembocar en estos mundos que no nos han esperado para formarse, que se formaron con otras personas, y en los que no somos en principio más que un objeto entre otros. El amante desea que el amado le dedique sus preferencias, sus gestos y sus caricias. Pero los gestos del amado, en el mismo momento que se dirigen a nosotros y nos son dedicados, expresan todavía este mundo desconocido que nos excluye. El amado nos envía signos de preferencia; pero como estos signos son los mismos que los que expresan mundos de los que no formamos parte, cada preferencia de la que nos beneficiamos traza la imagen delmundo posibleen el que otros podrían ser o son preferidos… La contradicción del amor consiste en lo siguiente: los medios con que contamos para preservarnos son los mismos medios que desarrollan estos celos, dándoles una especie de autonomía, de independencia respecto a nuestro amor.La primera ley del amor es subjetiva. Subjetivamente, los celos son más profundos que el amor, contienen su verdad. La razón está en que los celos llegan más lejos en la recogida e interpretación de los signos. Son el destino del amor, su finalidad. En efecto, es inevitable que los signos de un ser amado, desde que los «explicarnos», se manifiesten engañosos. Dirigidos y aplicados a nosotros, expresan, sin embargo, mundos que nos excluyen, y que el amado no quiere, y no puede, hacernos conocer y ello, no por una mala intención del amado, sino por una contradicción más profunda que depende de la naturaleza del amor y de la situación general del ser amado. Los signos amorosos no son como los signos mundanos; no son signos vacíos que reemplazan pensamiento y aceren, son signos engañosos que sólo pueden dirigirse a nosotros escondiendo lo que expresan, es decir, el origen de mundos desconocidos, de acciones y pensamientos desconocidos que les otorgan un sentido. No suscitan una exaltación nerviosa especial, sino el sufrimiento de una profundización. Las mentiras del amado son los jeroglíficos del amor. El intérprete de los signos amorosos es necesariamente el intérprete de las mentiras. Su propio destino está contenido en la siguiente divisa: amar sin ser amado.¿Qué esconde la mentira en los signos amorosos? Todos los engañosos signos emitidos por una mujer amada convergen hacia un mismo mundo secreto: el mundo de Gomorra que tampoco depende de tal o cual mujer (aunque una mujer determinada pueda encarnarlo mejor que otra); mundo que es la posibilidad femenina por excelencia, como una priorique los celos descubren. El mundo expresado por la mujer amada es siempre un mundo que nos excluye, incluso cuando nos remite una señal de preferencia. Sin embargo, de todos los mundos ¿cuál es el más exclusivo?…Interpretamos cada signo de la mujer amada, pero al final de esta dolorosa interpretación chocamos con el signo de Gomorra como con la expresión más profunda de una realidad femenina original.La segunda ley del amor proustiano se encadena a la primera: objetivamente, los amores intersexuales son menos profundos que la homosexualidad, su verdad la encuentran en la homosexualidad. Pues, si es cierto que el secreto de la mujer amada es el secreto de Gomorra, el secreto del amante es el de Sodoma… En el infinito de nuestros amores está el Hermafrodita original, pero el Hermafrodita no es el ser capaz de fecundarse a sí mismo, pues en vez de reunir los sexos los separa; es la fuente de la que manan continuamente las dos series homosexuales divergentes, la de Sodoma y la de Gomorra. Es el que posee la clave de la predicción de Sansón: «Los dos sexos morirán cada uno por su lado». De tal modo que los amores intersexuales son sólo la apariencia que recubre el destino de cada uno, escondiendo el fondo maldito en el que todo se elabora. Y, además, las dos series homosexuales son lo más profundo en función de los signos. Los personajes de Sodoma y los de Gomorra compensan con la intensidad del signo el secreto en el que son mantenidos… En su totalidad, el mundo del amor se dirige de los signos reveladores de la mentira a los signos ocultos de Sodoma y Gomorra[4].

De los signos mundanos pasamos a los signos del amor y de éstos a los signos sensibles. Al respecto, Deleuze define estos signos de la siguiente manera:

El tercer mundo es el de las impresiones o de las cualidades sensibles. Sucede a menudo que una cualidad sensible nos proporciona un extraño gozo al mismo tiempo que nos transmite una especie de imperativo. De tal modo experimentado, la cualidad no aparece ya como una propiedad del objeto que la posee, sino como el signo de un objetodistinto,que hemos de intentar descifrar con el precio de un esfuerzo que en cualquier momento puede fracasar. Todo sucede como si la cualidad envolviese, retuviese cautiva, el alma de otro objeto distinto del que en su presente designa. «Desenvolvemos» esta cualidad, esta impresión sensible, como un papelito japonés que abriéndose en el agua liberaría la forma prisionera. Esta clase de ejemplos son los más célebres de laRecherche,y al final se multiplican (la revelación final del «tiempo recobrado» está anunciada por una multiplicación de los signos). Sin embargo, cualesquiera que sean los ejemplos, magdalena, campanarios, árboles, losas, servilleta, ruido de la cuchara o de un canal de agua, siempre asistimos al mismo desarrollo.

En primer lugar, una alegría prodigiosa, de manera que estos signos se distinguen ya de los precedentes por su efecto inmediato. Luego, una especie de consciente obligación, que requiere un trabajo del pensamiento: buscar el sentido del signo (sucede, sin embargo, que nos sustraemos a este imperativo, por pereza, o que nuestras búsquedas fracasan, por impotencia o mala suerte: así, por ejemplo, con los árboles). Después, el sentido del signo aparece, descubriéndonos el objeto oculto…Es dudoso que el esfuerzo de interpretación concluya aquí… La razón estriba en que las cualidades sensibles o las impresiones, incluso bien interpretadas, no son todavía en sí mismas signos suficientes. Sin embargo, no son vacíos que nos proporcionan una exaltación artificial, como los signos mundanos. No son tampoco signos engañosos que nos hacen sufrir, como los signos del amor, y cuyo verdadero sentido nos prepara dolor siempre mayor. Son signos verídicos que de inmediato nos proporcionan un gozo extraordinario, signos plenos, afirmativos y alegres.Son signos materiales… Sin embargo, no estamos todavía en condición de comprender qué es esta esencia ideal, ni por qué sentimos tanta alegría[5]…

Por último tenemos los signos del arte, el sentido de estos signos se encuentra en una esencia ideal. Deleuze define estos signos y su consecuente interpretación de la siguiente forma:

Ahora bien, el mundo del Arte es el último mundo de los signos; y estos signos, comodesmaterializados,encuentran su sentido en una esencia ideal. Desde entonces, el mundo revelado del Arte reacciona sobre todos los demás, y principalmente sobre los signos sensibles. Los integra, los colorea de un sentido estético y penetra en la opacidad que todavía conservaban. Entonces comprendemos que los signos sensiblesyaremitían a una esencia ideal que se encarnaba en su sentido material. Pero sin el Arte no habríamos podido comprenderlo, ni superar el nivel de interpretación que correspondía al análisis de la magdalena. Por ello todos los signos convergen en el arte; todos los aprendizajes, por las vías más diversas, son ya aprendizajes inconscientes del arte mismo. En el nivel más profundo, lo esencial está en los signos del arte[6].

¿Qué podemos utilizar de todo esto, como podemos utilizar esta hermenéutica de los signos de la novela de Proust para aplicarla a la interpretación de los signos del conflicto? Para comenzar, podemos coincidir que se trata también de signos mundanos, sólo que la mundanidad en este caso tiene que ver con el ámbito de las relaciones sociales y del conflicto social en el sentido político como se lo entiende, no tanto así, como en el caso de la novela En busca del tiempo perdido, con las relaciones sociales en el sentido de las estructuras y jerarquías sociales, en el sentido de los signos de una sociedad jerarquizada y aristocrática. Después podemos desplazarnos de los signos del amor a los signos pasionales, a los signos de las pasiones colectivas, pero también de las pasiones encontradas de los bandos en conflicto. También podemos coincidir en los signos sensibles, en los signos materiales, en los signo de la percepción. Empero, en este caso, se trata de paisajes sociales o, si se quiere, de geografías humanas. Los lugares y los escenarios del conflicto. Por último, tenemos los signos del arte; buscaremos en la estética, llegando a ella, a una interpretación estética, recurriendo a una crítica en el sentido de una la ideología estética, tal como la define Paul de Man[7], el sentido integral de la interpretación del conflicto, en sus perspectivas articuladas, históricas, políticas, sociales y culturales.

En lo que viene jugaremos con paráfrasis al texto de Gilles Deleuze sobre la novela de Marcel Proust, En busca del tiempo perdido[8]. Estas aproximaciones metodológicas al método hermenéutico de Deleuze, este juego de analogías y extensiones de similitudes, no borran diferencias, empero ayudan a experimentar otra interpretación de los acontecimientos, tomados como una narrativa factual y dramática.

El mundo del que hablamos es el moderno sistema mundial, el sistema-mundo capitalista, basado en la economía-mundo capitalista, sistema que configura una geopolítica que diferencia centros y periferias del sistema mundo, asignando a los centros un papel positivo en la acumulación ampliada de capital y condenando a los segundos a un papel negativo en el mismo proceso de acumulación, a la transferencia de recursos naturales. Bolivia forma parte de las periferias, es despojada y desposeída de sus recursos naturales desde la Colonia; esto no ha cambiado, al contrario ha venido actualizándose, desplazándose las formas de los colonialismos, los extractivismos, de acuerdo a las formas hegemónicas de los ciclos del capitalismo. Los signos del mundo tienen que ver con el dinero, la ganancia, los precios, la renta, el salario, la división del trabajo; los signos del mundo en las periferias tienen que ver además con la pobreza, la precariedad, la escasez, el servilismo, la supeditación, la subalternidad, la subordinación. La interpretación de estos signos pasa por la hermenéutica de la mutación y de la velocidad de las experiencias.

De forma que la tarea del intérprete consiste en comprender por qué alguien es albergado en determinado mundo, por qué alguien deja de serlo; a qué signos obedecen los mundos, cuáles son sus legisladores y sus sumos sacerdotes.

Los signos del mundo nos llevan a interpretar las formas concretas de la lucha de clases, las formas específicas de la dominación, las formas concretas de las manipulaciones y del gobierno de los sacerdotes. Los signos mundanos son signos de acción y de pensamiento, son signos de luchas y de recursos discursivos. Son signos de circulación y de diferenciación, signos que dibujan las geografías y los escenarios del mundo. Se trata de signos que ponen en la superficie de las cosas el significado de los hechos; en este sentido se puede decir que lo más profundo está en las superficies.

Por ello la mundanidad, juzgada desde el punto de vista de las lecciones, aparece como falaz y cruel; y desde el punto de vista del pensamiento, aparece como insulsa.

Desde esta perspectiva se puede decir que el pensamiento no puede totalizar esta profusión de flujos de hechos y eventos, cambiantes, veloces y mutables. Los signos mundanos sustituyen a los sentidos, aparecen en la epidermis de los acontecimientos y valen por su elocuencia empírica. Los signos mundanos tienen una vida fugaz, no por eso dejan de ser imprescindibles, al contrario son administrados por formalidades y acuerdos, hasta por consensos, nos afectan inmediatamente instigándonos a actuar.

Los signos del conflicto en el sentido mundano, del conflicto de la coyuntura, nos muestran la proliferación de las demandas, que no necesariamente tienen que ver con la crisis del proceso, sino que muchas de ellas vienen desde atrás, desde antes, desde el pasado mediato. Tienen que ver con el fracaso del Estado y las resistencias sociales, con las luchas contra las formas del capitalismo periférico. Otras demandas tienen que ver directamente con la crisis del proceso, como la efectuada por las naciones y pueblos indígenas originarios. Las demandas de largo y mediano plazo se mezclan con las demandas relativas a la crisis del proceso dibujando una coyuntura explosiva. Ponen en cuestión la representación del Estado y el carácter del gobierno. Las preguntas de fondo son: ¿Por qué los trabajadores tienen que ganar por debajo de la satisfacción de sus necesidades? ¿Por qué tienen que ser los condenados de la tierra? ¿Por qué no cambia esta situación? ¿Por qué no se invierte en la infraestructura de salud y en la logística educativa en gran escala? ¿Acaso no estamos en un proceso de cambio? ¿Por qué se culpa a los maestros por el fracaso de las reformas educativas? ¿Por qué se culpa a los choferes por la evidencia des-armante de un transporte comercial? ¿Por qué se carga la furia estatal sobre los cuerpos de los manifestantes, en su mayoría estudiantes, además de los trabajadores de salud, fuera de los médicos? ¿Por qué se descarga sobre las naciones y pueblos indígenas el peso de la destrucción del modelo extractivista del capitalismo dependiente? La interpretación de los signos del conflicto nos habla de varias crisis; por lo menos de tres, la crisis del proceso, la crisis del Estado, la crisis del capitalismo periférico.

Siguiendo la sedimentación de los mundos de signos y la estratificación de las interpretaciones posibles, hemos dicho que vamos a hablar de los signos pasionales, de las pasiones en las que se encuentran involucrados los bandos en conflicto. El gobierno, por un lado, acompañado por las organizaciones sociales campesinas y otras organizaciones urbanas, como algunas centrales obreras regionales y juntas de vecinos, que lo apoyan. Los movimientos sociales anti-sistémicos, las naciones y pueblos indígenas originarios, las organizaciones indígenas, la COB, los estudiantes, otras juntas de vecinos y otras organizaciones regionales, por otro lado. En este caso, no ocurre como con los signos del amor, que ciertamente es una pasión, que se enfocan en una persona y se individualizan; en el caso de los signos pasionales la percepción es más difusa y desenfocada, si es que no decimos que se trata de un juego de enfoques, aunque parezca ocurrir una cierta individualización y personificación, cuando el repudio identifica gobernantes. Se trata más bien de afectos colectivos que descargan su pasión en instituciones, en los espectros institucionales y en las representaciones institucionales, aunque terminen nombrándolas como si fuesen personas e individuos. Sin embargo, como en el caso de los signos del amor, se trata incluso de una pluralidad de mundos; el pluralismo de las pasiones no sólo concierne a la multiplicidad de los seres estimados o repudiados, sino a la multiplicidad de las almas o de los mundos de cada uno de ellos. Estar apasionado es tratar deexplicar, desarrollar,estos mundos desconocidos que permanecen envueltos en lo estimado o amado, en lo valorado o descalificado.

Hay por lo tanto contradicciones en las pasiones, no solo porque son encontradas, sino porque reclaman imágenes e imaginarios que les anteceden, correspondientes a instituciones que fueron formadas con mucha anterioridad, temporalidad que excede la vida de los individuos y a la vida de una generación. Se exige respuestas como si se tratase de personas; el Estado es el patriarca otoñal. La relación paternal aparece en unos y en otros. Los gobernantes también se creen la encarnación del padre ancestral. Por un lado, se exige manifestaciones de condescendencia, por otro lado, se exige respeto a la investidura. Empero los gestos institucionales expresan la fenomenología de un mundo desconocido, el mundo del poder, que nos excluye.

Los medios con que contamos para preservarnos son los mismos medios que desarrollan las insatisfacciones y las frustraciones, otorgándoles una especie de condena, de fatalidad respecto a nuestras pasiones.La primera ley de las pasiones es subjetiva. Subjetivamente, las pasiones son recónditas, devienen de una expectativa ancestral, contienen una verdad no revelada. Por eso los signos pasionales resultan engañosos. Dirigidos y aplicados a nosotros, expresan, sin embargo, mundos que nos excluyen, y que la institución no quiere, y no puede, hacernos conocer y ello, no por una mala intención, sino por una contradicción más insondable que depende de la complexión de la institución y de la situación general de las demandas. Los signos pasionales no son como los signos mundanos; no son signos vacíos que reemplazan pensamiento, son signos engañosos que sólo pueden dirigirse a nosotros escondiendo lo que expresan, es decir, el origen de mundos desconocidos, de acciones y pensamientos desconocidos que les otorgan un sentido. No suscitan una exaltación nerviosa especial, sino la angustia de una excavación en la matriz de los acontecimientos. Los subterfugios institucionales son los jeroglíficos de las pasiones. El intérprete de los signos pasionales es necesariamente el intérprete de los disfraces. Su propio destino está contenido en la siguiente divisa: esperar una respuesta que nunca a de llegar.

La segunda ley es objetiva, las pasiones evidenciadas son menos hondas que la intersubjetividad, su verdad la encuentran en el aniquilamiento. En el infinito de nuestras pasiones está el origen mítico, sin embargo la institución no es el ser capaz de fecundarse a sí misma, pues en vez de reunir la pluralidad las separa; tampoco tiene el atributo de la reproducción, sino de la permanencia y la inmovilidad. De tal modo que las pasiones evidenciadas son sólo la apariencia que recubre el destino de cada quien, escondiendo el fondo perverso en el que todo se elabora. Y, además, las series de aniquilamiento son lo más subterráneo en función de los signos. En su totalidad, el mundo de las pasiones se dirige de los signos reveladores del disimulo, a los signos ocultos del aniquilamiento y el antagonismo absoluto.

Ahora estamos con los signos de las cualidades sensibles.

Sucede a menudo que una condición sensible nos proporciona una extraña complacencia al mismo tiempo que nos transmite una especie de mandato preceptivo. De tal modo experimentado, la condición sensible no aparece ya como una propiedad del objeto que la posee, sino como el signo de un objetodistinto,que hemos de intentar descifrar con el precio de un esfuerzo que en cualquier momento puede fracasar. Todo sucede como si la condición envolviese, retuviese cautiva, la intimidad de otro objeto distinto del que en su presente designa. La interpretación de los signos sensibles concurre por asociación y analogías; funciona como una inteligencia intuitiva que opera por comparaciones, mejor dicho por aproximaciones y parecidos, por integraciones sucesivas. En todo caso se trata de la memoria, que remonta el tiempo de manera inversa a como avanza. En primer lugar, una alegría prodigiosa, de manera que estos signos se distinguen ya de los precedentes por su efecto inmediato. Luego, una especie de consciente obligación, que requiere un trabajo del pensamiento: buscar el sentido del signo. Después, el sentido del signo aparece, descubriéndonos el objeto oculto.Es dudoso que el esfuerzo de interpretación concluya aquí. La razón estriba en que las cualidades sensibles o las impresiones, incluso bien interpretadas, no son todavía en sí mismas signos suficientes. Sin embargo, no son vacíos que nos proporcionan una exaltación artificial, como los signos mundanos. No son tampoco signos embaucadores que nos hacen sufrir, como los signos del amor o que nos afectan como los signos pasionales, y cuyo verdadero sentido nos prepara un dolor siempre mayor o un afecto más intenso. Son signos verídicos que de inmediato nos proporcionan un gozo extraordinario, signos plenos, afirmativos y alegres.Son signos materiales; sin embargo, no estamos todavía en condición de comprender qué es esta inmanencia, ni por qué sentimos tanta alegría.

Los signos materiales del conflicto son las calles, los bloqueos, los caminos, por eso mismo también las losas, el asfalto, los objetos y materiales del bloqueo, las explanadas de los caminos, pero también los paisajes colindantes, los árboles, los ríos, también las montañas de la Cordillera y después la meseta silenciosa del Altiplano. Cuando se llega, son las calles y las casas de las ciudades. También hay que nombrar las sensaciones, de calor o, en su caso, de frío, dependiendo dónde se encuentre la marcha o dónde se suscita la movilización. También debemos tomar en cuenta las sensaciones de hambre y de sed. Una marcha hace recuerdo a otras marchas, un bloqueo a otros bloqueos, en enfrentamiento con la policía a otros enfrentamientos; también la represión hace recuerdo a todas las represiones, pues suspende los derechos y arremete contra los cuerpos, como si hubiese una represión absoluta, repetitiva e inaudita. Hay pues una memoria de las marchas, un recuerdo de los bloqueos y de los enfrentamientos; los signos sensibles del conflicto ayudan a la intuición de las luchas y de las movilizaciones. El sentido se encuentra en un combate ininterrumpido contra la opresión, la dominación, la explotación, la conculcación de los derechos y el control reiterativo del capital.

Los signos estéticos corresponden al último mundo de los signos; y estos signos, comodesmaterializados,encuentran su sentido en una existencia inmanente. ¿Se trata de un sentido integral? ¿Un sentido que ha totalizado todos los signos, todas las interpretaciones de los signos, todos los otros mundos? Mas bien diremos que los signos estéticos develan la capacidad creativa y la potencia social, la biopolítica colectiva opuesta al biopoder. Desde entonces, el mundo revelado por la estética reacciona sobre todos los demás, y principalmente sobre los signos sensibles. Los integra, los colorea de un sentido estético y penetra en la opacidad que todavía conservaban. Entonces comprendemos que los signos sensiblesyaremitían a una creación alegre y desbordante, que se encarnaba en su sentido material. Pero sin la estética no habríamos podido comprenderlo, ni superar el nivel de interpretación que correspondía al análisis intuitivo. Por ello todos los signos convergen en la estética; todos los aprendizajes, por las vías más diversas, son ya aprendizajes inconscientes de la estética misma. En el nivel más profundo, lo primordial está en los signos estéticos pues son creativos.

Hablamos de la auto-poiesis.

Los signos estéticos del conflicto son como la confluencia de todas las interpretaciones de todos los otros signos del conflicto. Es el sentido mayúsculo creado por los movilizados, los marchistas, los bloqueadores, los combatientes; es la utopía, el horizonte abierto por las luchas. Es el sueño de la alteridad y la dimensión secreta de lo alternativo. Más allá de lo real, de lo simbólico y de lo imaginario, es lo estético, es el encuentro entre el artista, que en este caso son las multitudes, y la multiplicidad de formas de la materia, convertida en plasticidad para la creación colectiva.

Fenomenología del conflicto

Tenemos que oponernos a los negociadores del conflicto, a los que se hacen llamar conflicto-logos. Esta metodología confunde el conflicto con la concurrencia mercantil y la competencia en el mercado. Hay que lograr acuerdos a partir de los puntos coincidentes, negociando los puntos en conflictos. Así como hay expertos en mercadotecnia, hay también expertos en el mercado del conflicto, o del conflicto convertido en una concurrencia. Estos expertos no entienden nada, todo lo han reducido a la competencia o a la lectura distributiva y cuantitativa del conflicto, creen leer curvas del conflicto, como si fuese una geometría analítica. Obviamente están muy lejos de acceder a los signos del conflicto y a las hermenéuticas de estos mundos de signos. Están lejos de entender que el conflicto es parte del gasto heroico de las multitudes, las masas, los pueblos, los proletariados, las mujeres, las subjetividades diversas, los condenados de la tierra. Es la entrega cualitativa que no se puede cuantificar, son los flujos y las líneas de fuga que no puede atrapar la geometría analítica. Es la creación del espacio liso que de-construye el espacio estriado, es la desterritorialización inmensa de la movilización que desarma las cartografías del poder.

Lafenomenología, palabra que viene del griego antiguoφαινόμενoν, que quiere decir aparición, manifestación, combinada con λογος, que significa estudio, es una corriente filosóficoque estudia los fenómenostal como se presentan a la conciencia, es decir, que estudia a los hechos, eventos y acontecimientos en tanto que se manifiestan. La fenomenología fue un movimiento filosófico del siglo XX, que puede ser identificado por su pretensión radical de fidelidad a lo dado o, si se quiere a lo que va dándose, que puede ser muy bien expresado como experiencia. Nosotros retomaremos la fenomenología en el sentido de experiencia de las multitudes, por lo tanto como devenir, también como hermenéutica colectiva y comunitaria.

Por lo tanto la fenomenología del conflicto tiene que ver con la experiencia de las multitudes, las masas, los pueblos, los proletariados, los movilizados. Esta fenomenología expresa entonces el devenir de la experiencia en memoria e interpretación colectivas, en devenir de las expresiones de las multitudes, formas que tienen que ver con la multiplicidad de los lenguajes, lenguajes discursivos, lenguajes corporales, lenguajes de la imagen. También se trata del devenir utopía, del devenir horizonte, así como también del devenir alteridad y alternativa, la invención de otro campo de relaciones, la constitución de otras subjetividades e intersubjetividades.

Las manifestaciones del conflicto social en la coyuntura nos trasladan a los espesores de la experiencia de los movimientos sociales anti-sistémicos; los recientes, la memoria inmediata, los anteriores, la memoria mediata, los más antiguos, la memoria larga. Hay como una memoria acumulativa. Importa, por el momento evaluar la relación del conflicto reciente con las luchas sociales desatadas en el periodo del 2000 al 2005, pues tienen que ver directamente con la crisis del proceso. La interpretación colectiva es la de un fracaso, pero no se trata del fracaso del proceso sino del fracaso de los gobernantes, pues la interpretación más compartida es que el proceso emerge y forma parte de los mismos movilizados. El proceso emerge de la dinámica de los cuerpos, del flujo de afectos de los cuerpos de las multitudes. Lo que ocurre con los gobernantes es otra cosa, ellos son otra cosa, no son el proceso, son como la reiteración de lo conocido, de lo vivido en la experiencia, responden a los signos y símbolos del Estado, a las conductas y comportamientos del esquematismo estatal. Son como el contra-proceso, lo que se opone a la creatividad de la movilización y la participación.

Por eso resulta gracioso observar las pretensiones de parar el conflicto con maniobras o con represiones, con trampas y disuasión, sino son con violencias. Pretender parar el conflicto con divisiones y estigmatizaciones de los movilizados. Con decretos y leyes, con acuerdos precipitados, que quieren mantener la apariencia de que no se ha perdido, que al final, a pesar de que ustedes, los otros, los movilizados, lograron sus objetivos, Yo, el Estado, el gobierno, los órganos de poder, imponemos la formalidad del acuerdo. Esto sólo dura un momento, pues la estructura del conflicto no ha desaparecido. La salida no está en la astucia de los políticos, pues esta sólo alcanza lograr la ilusión una perdurabilidad fugaz mediante un acuerdo, lo que puede durar la satisfacción de una maniobra. Las olas del conflicto volverán con el vaivén de los flujos y reflujos.

Notas:1. Raúl Prada Alcoreza: Genealogía de la dependencia. Bolpress 2012.

2.De la gramatología, título de un libro de Jacques Derrida. México; Siglo XXI. El libro es una teoría de la archi-escritura, de la grama, del engrama, de las inscripciones y de las huellas.3. Deleuze, Gilles: Proust y los signos. Editorial Anagrama, Barcelona, 1970. Págs. 11-23. Traducción de Francisco Monge. Capítulo I. ESTAFETA.

4.

Ibídem.

5. Ibídem.

6. Ibídem.7.

Paul de Man: La ideología estética. Cátedra 1998; Madrid.

8.

Marcel Proust: En busca del tiempo perdido. Alianza Editorial 2000; Madrid.

* Activista de Comuna. http://horizontesnomadas.blogspot.com/