Sra. Presidenta, a la luz de sus últimas declaraciones, en las cuales continúa atacando a los trabajadores, desconociendo la centenaria lucha de la clase obrera, sumándose a los cientistas sociales que aseguran que la historia la hacen “los dirigentes”, “los de arriba”, las clases dominantes, quiero enviarle una serie dereflexiones y algunos datos históricos.

Solo con la lucha los trabajadores conquistaron y defienden sus derechos

Se ha preguntado, ¿Cómo y porque surgieron las organizaciones obreras, para qué han servido y sirven las formas de protesta y organización que se ha dado el movimiento obrero desde sus orígenes a la actualidad?

Primero, surgieron de los enfrentamientos con los patrones, con el capital, en defensa de sus intereses y sus reclamos. Segundo, fueron creadas por los trabajadores, producto de sus prácticas, son propias de sus experiencias. Tercero, pasaron de generación en generación, y se fueron perfeccionando. Cuarto, siempre siguen apareciendo nuevas formas organizativas y de lucha.

La clase obrera ha tenido triunfos y derrotas, y aunque tuvo que retroceder en muchas ocasiones, sus experiencias, sus conquistas organizativas y programáticas no desaparecieron; forman parte del sustrato de su memoria y de su conciencia colectiva. Por ello sigue vigente aquella consigna que “la liberación de los trabajadores será obra de los trabajadores”.

A las primeras organizaciones obreras como mutuales de ayuda, cooperativas, le siguieron los sindicatos, centrales sindicales, comisiones internas, cuerpos de delegados, coordinadoras interfabriles. Se recurrió a la acción directa como piquetes, huelgas, marchas, cortes de rutas, paros activos con grandes movilizaciones, tomas de fábricas con o sin control obrero de la producción, trabajos a desgano, a reglamento, sabotajes, boicot, se apeló a los fondos de huelgas, y solidaridades expresadas de muy diversas maneras.

En este largo camino, dio vida a la democracia obrera, que hoy se expresa en cada asamblea de sección, en cada fábrica, en los sindicatos, en los conflictos. Y a lo que se deben sumar las corrientes ideológicas surgidas dentro del movimiento obrero. Debemos incorporar la producción de diarios, revistas, libros, como la creación de escuelas, bibliotecas y otras expresiones de cultura popular. Una mención especial, merece la elaboración de distintos Programas, con propuestas económicas, políticas y sociales.

Los trabajadores utilizaron todas esas formas de lucha y organización en las fábricas, calles, plazas, y lo hicieron en la clandestinidad o en la legalidad, en forma violenta o pacifica, durante gobiernos democráticos o dictatoriales. Los motivos fueron y son múltiples: aumentos de salarios, mejores condiciones de trabajo, duración de las jornadas laborales, reconocimientos de las organizaciones obreras, por el derecho de huelga, contra la desocupación, los ritmos de trabajo, etc.

Los trabajadores en distintos momentos de su historia no aceptaron pasivamente la dominación de los explotadores. En ese largo camino muchos/as fueron los asalariados que entregaron sus vidas, fueron solidarios con sus compañeros de clases y muchos los sacrificios de ellos y sus familias.

Aquí van algunos datos sobre la historia de la clase obrera, que por esas cosas de la vida Ud. no recuerda.

Primeras organizaciones

Sabrá Ud., que las primeras organizaciones en las cuales participan trabajadores, aparecen en el siglo XVIII y las verdaderas organizaciones obreras lo harán en medio del proceso de la revolución industrial, en Inglaterra y a principios del siglo XIX. Por lo tanto, una cosa es la existencia de la clase obrera y otra la aparición de los movimientos obreros sean éstos de carácter mutual, sindical o político. Los primeros movimientos obreros de resistencia aparecen como protesta por los bajos salarios que se pagan en los talleres manufactureros.

De una actitud mutualista, cuyo objetivo era la defensa del salario, se pasará a una ofensiva irracional contra las nuevas máquinas industriales, y de ésta a la organización obrera moderna que se concreta con la aparición de los primeros sindicatos en 1829 en Inglaterra, y también de los primeros grupos políticos.

“Tanto en las fábricas, las minas, las hilanderías o en su vida cotidiana el obrero vivía constantemente en la miseria, la pobreza. El trabajo extenuador, las largas jornadas laborales, la subalimentación, las enfermedades, socavaban las fuerzas físicas de los obreros. Por esos motivos el desarrollo de la clase obrera dependía de su capacidad de resistencia a la explotación capitalista, de lucha por el cambio de las condiciones de vida y de trabajo”.

Comenzaron los conflictos por lograr y posteriormente ampliar los derechos sindicales, las libertades fundamentales en unos países y conquistarlos en otros. Incluso en Inglaterra donde la libertad de coaliciones y huelgas había sido reconocida formalmente antes que en ninguna otra parte, las tradeuniones (sindicatos) no gozaban hasta 1870 de derechos jurídicos. Los dirigentes y participantes de las huelgas eran objeto de persecución policial y de prisión, variando las acusaciones desde organizar un complot, de ejercer la violencia hasta de crear obstáculos a las empresas”.

Sra. Presidenta, hace bastante más de un siglo que los trabajadores empobrecidos, que no lograban satisfacer sus necesidades básicas, comenzaron a buscar formas para mejorar su vida cotidiana. Algunos buscaron soluciones en forma individual, el esfuerzo personal y del grupo familiar. Otros en cambio pensaron que una acción colectiva, como las rebeliones, que podían ser una respuesta mucho más efectiva. Aunque los motines fueron derrotados, a partir de esos movimientos de protesta fueron surgiendo las primeras asociaciones de trabajadores.

La reunión de un gran número de obreros en las fábricas sirvió para que coordinaran y actuaran de manera conjunta. Fue durante la primera mitad del siglo XIX, que desarrollaron una gran actividad. La creación de sindicatos, cooperativas, grupos de agitación y periódicos fueron dando forma a una resistencia organizada frente a la explotación. Los métodos de lucha de estas primeras organizaciones obreras eran: agitación callejera, publicación de periódicos y panfletos, motines e insurrecciones.

Junto con las primeras formas de organización de los trabajadores se fueron difundiendo en Europa nuevas ideas que criticaban las injusticias de la sociedad industrial. Así circularon las ideas de los socialistas utópicos, anarquistas, y marxistas, que con distintas concepciones plantearon como luchar por una sociedad sin explotadores ni explotados.

Dra. CFK, aquí van más datos para sus parlamentos desde el ya famoso atril y para que se luzca: en nuestro país, desde principios de 1870, la clase obrera comenzó a organizarse en sindicatos y mutuales, siendo los primeros los tipógrafos, ebanistas, ferroviarios, carpinteros y obreros de la construcción. La difusión de las ideas anarquistas y socialistas habían comenzado luego de la segunda mitad del siglo XIX, y hacía 1878 los tipógrafos crean su sindicato. En la década del 80, se conformaron varias sociedades obreras, como carpinteros y ebanistas (1885), panaderos (1886), maquinistas y fogoneros (1887), y ya en 1895 había en el país más de cincuenta sindicatos, pero no todos fueron reconocidos ni por los patrones ni por el Estado. Entre 1889 y 1890 se dio una avalancha de huelgas, por la caída del salario debido a la devaluación de la moneda, y algunas organizaciones obreras exigieron el pago de sus salarios en oro.

Hacia la última década del siglo XIX, existían distintos agrupamientos gremiales, mutuales, que estaban integradas por ladrilleros, ebanistas, estibadores, alpargateros, mosaistas, talabarteros, panaderos, albañiles, pintores, carpinteros, sastres, fideeros, constructores de carruajes, marmolistas, cocheros, etc. Los obreros que las conformaban protagonizaron distintas huelgas antes de 1900.

Las huelgas

Sra. CFK, Ud. dice que las huelgas no sirven para nada. Que error, la historia de la clase obrera mundial y argentina demuestran todo lo contrario. Le recuerdo que en sus constantes enfrentamientos con los patrones, los obreros apelaron en su momento una forma novedosa de lucha: la huelga. Esta paso a ser la acción más apropiada para luchar contra los dueños de las fábricas.

Era un medio de presión directa, que disminuía las ganancias de los empresarios y permitía discutir mejores condiciones de trabajo, aumento de salarios, reducción de la jornada laboral, por la suspensión de las multas, contra la tendencia de los capitalistas a incrementar sus ganancias mediante la reducción de los salarios, el incremento de las horas o la intensidad del trabajo, o sea la súper explotación.

Ud. lo habrá leído y estudiado, pero lo debe haber olvidado, que con los años, el movimiento huelguístico fue adquiriendo fuerza. La gran amplitud y duración fueron rasgos distintivos de muchas huelgas en las décadas finales del siglo XIX, que a menudo se prolongaban semanas e incluso meses. Las huelgas se constituyeron en escuela de la solidaridad obrera. Las más importantes tenían una amplia repercusión, incluso fuera de los límites del propio país.

Memorice estos conceptos para lucirse ante ese auditorio que tanto la aplaude: “¿Por qué la gran producción fabril conduce siempre a las huelgas? Porque el capitalismo lleva necesariamente a la lucha de los obreros contra los patronos, y cuando la producción se realiza en gran escala, esa lucha se convierte necesariamente en lucha huelguística. (…) entre patronos y obreros existe una lucha constante por el salario: el patrono tiene libertad para contratar al obrero que le venga en gana, por lo cual busca el más barato. El obrero tiene libertad para alquilarse al patrono que quiera, y busca el más caro, el que pague más. Trabaje en el campo o en la ciudad, alquile sus brazos a un terrateniente, a un campesino rico, a un contratista o a un fabricante, el obrero siempre regatea con el patrono, lucha contra él por el salario”.

“La huelga enseña a los obreros a comprender cuál es la fuerza de los patronos y cual la de los obreros: enseña a pensar, no sólo en su patrono ni en sus camaradas más próximos, sino en todos los patronos, en toda la clase capitalista y en toda la clase obrera. Cuando un patrono que ha amasado millones a costa del trabajo de varias generaciones de obreros, no accede al más modesto aumento del salario e inclusive intenta reducirlo todavía más si los obreros ofrecen resistencia, arroja a la calle a miles de familias hambrientas, entonces resulta claro para los obreros que toda la clase capitalista es enemiga de toda la clase obrera, y que los obreros pueden confiar sólo en sí mismos y en su acción unida. Ocurre muy a menudo que un patrono trata de engañar a todo trance a los obreros, de presentarse ante ellos como un bienhechor, de encubrir la explotación de sus obreros con una dádiva cualquiera, con cualquier promesa falaz. Cada huelga destruye siempre de golpe este engaño, mostrando a los obreros que su ‘bienhechor’ es un lobo con piel de cordero. Pero la huelga, además, abre los ojos a los obreros, no sólo en lo que se refiere a los capitalistas, sino también en lo que respecta al gobierno y a las leyes”.

“Así, pues, las huelgas enseñan a los obreros a unirse, les hacen ver que sólo unidos pueden sostener la lucha contra los capitalistas, les enseñan a pensar en la lucha de toda la clase obrera contra toda la clase patronal. Por eso, los socialistas llaman a las huelgas ‘escuela de guerra’, escuela en la que los obreros aprenden a librar la guerra contra sus enemigos por la emancipación de todo el pueblo, de todos los trabajadores, del yugo de los funcionarios y del yugo del capital”.

Como integrante de un movimiento popular, no desconocerá que los trabajadores argentinos protagonizaron históricas huelgas. Es extensa la lista desde aquellas primeras huelgas en las últimas décadas del Siglo XIX hasta la actualidad. En 1879 la Unión Tipográfica, declaro la primera huelga, contra la reducción de salarios. La huelga logra que se acepte lo exigido: se aumentan los salarios, se redujo la jornada a 12 horas y se excluyó a los niños menores de doce años.

Tan larga como la lista de huelgas es la de las feroces represionespor parte de las clases dominantes.

Derecho de huelga

No sé si esta cita de Carlos Marx le gustara o será “too much”: “El capitalista se ha ganado en el mundo una buena fama como hombre excéntricamente apasionado de lo que llama la libertad de trabajo. Es tan fervoroso partidario de dar a sus obreros, sin distinción de edad o sexo, la libertad de trabajar para él todas horas del día, que ha rechazado siempre con la mayor indignación toda ley fabril que pueda coartar la libertad. La sola idea de que un sencillo trabajador pueda ser tan infame como para proponerse un fin más alto que el de enriquecer a su patrono y Sr., a su superior natural, le produce escalofríos. No quiere solamente que sus obreros sigan siendo míseros siervos, sobrecargados de trabajo y mal pagados, sino que quiere además, como todo esclavista, que sus trabajadores sean siervos que se arrastren a sus pies, sumisos, moralmente avasallados, religiosamente humildes y de alma contrita. De ahí la furia verdaderamente demencial que en él provocan las huelgas. Una huelga es para él una verdadera blasfemia, una revuelta de esclavos, la señal del diluvio universal social en castigo de sus pecados”.

Como abogada, este tema lo domina muy bien, ya dio muestra de ello en el Congreso, aunque no enumeró los conflictos obreros durante los dos primeros gobiernos del Gral. Perón, solo preguntó. Pero vale la pena recordar que el derecho de huelga tiene su propia historia. En nuestro país, en la Constitución sancionada en 1853, y en las posteriores modificaciones, el derecho de huelga no apareció, hasta 1957.

En ocasión de la sanción de la Constitución de 1949, definida como una Constitución Social, en la primera sección del Artículo 37, fue conocido como el Decálogo del Trabajador, y que estaba integrado por 10 incisos, no estaba incorporado el derecho de huelga. Lo que si se incluía era lo referido a los derechos a trabajar, a una retribución justa, a la capacitación, a condiciones dignas de trabajo, a la preservación de la salud, al bienestar, a la seguridad social, a la protección de su familia, al mejoramiento económico y a la defensa de los intereses profesionales.

Anteriormente, se había discutido la inclusión del derecho de huelga en la Constitución, y en la década del 40, tanto socialistas como peronistas se opusieron a incluir el derecho de huelga en la Constitución para evitar la reglamentación y limitación del mismo; los radicales intransigentes por el contrario, proponían su inclusión y las atribuciones de los sindicatos; los conservadores impulsaban la reglamentación legal del derecho de huelga y la distinción entre huelgas legales e ilegales.

En ocasión de la Asamblea Constituyente de 1957, fue sancionado el Artículo 14 bis, que aseguraba en la norma la protección de las leyes para el trabajo en sus diversas formas, y garantizaba a los gremios la realización de convenios colectivos de trabajo, la posibilidad de recurrir a la conciliación, al arbitraje, y el derecho de huelga, entre otros derechos.

La lucha por la jornada de ocho horas

Sra. Presidenta, este sí que es un lindo tema para hacer memoria, máxime cuando este año Ud. lo conmemoró con un mensaje por twitter. Mire que se lo ha hecho de las maneras más variadas, pero por twitter nunca.

Le recuerdo, que fueron largos años de lucha por la jornada de ocho horas, reclamo que dio lugar al surgimiento de la fecha emblemática de la clase obrera, como lo es el 1º de Mayo. Y en esta disputa encontramos uno de los mayores ejemplos de organización, constancia, persistencia, y voluntad de vencer del proletariado mundial. En los lugares más distantes, de las formas y con los métodos más originales se peleó por las ocho horas.

Ud. en Olivos o en sus mansiones en Calafate, no se preguntó por qué al 1º de Mayo se lo sigue evocando año a año desde su origen de muy variadas formas y por otra parte, como acontecimiento social, no existe una fecha simbólica y conmemorativa que fuera adquiriendo la dimensión a nivel mundial, como el día de los trabajadores.

Ese día los trabajadores manifiestan contra los efectos del capitalismo: desempleo, miseria, marginalidad, mejores salarios y condiciones laborales, etc., donde queda al descubierto el choque del proletariado con la burguesía, del trabajo con el capital. Es el día de los explotados.

Escucho hablar de los Mártires de Chicago, de las Ligas por las Ocho Horas que surgieron en 1850 en EEUU, de las declaraciones de la I Internacional, de los actos y manifestaciones de aquel 1° de mayo de 1890, cuando por primera vez marcharon en Buenos Aires, Rosario, Bahía Blanca y Chivilcoy, como en muchas ciudades de Europa, reclamando por “las ocho horas de trabajo, ocho para descansar y ocho para lo que se nos dé la gana”.

Al respecto, vale estas preguntas ¿Por qué se originaron las heroicas luchas por las ocho horas y porque eran inevitable que se dieran? ¿Cuáles son las causas que determinan la prolongación de la jornada de trabajo? ¿De qué depende una duración normal de la misma? No dependen, por cierto, de la “maldad” del capitalista, ni de su escaso o abundante “espíritu caritativo”.

Estos conceptos de Marx, se lo explica claramente. Vale también para comentarlo cuando se reúne con sus empresarios favoritos. “Como capitalista, él no es más que el capital personificado. Su alma es el alma del capital y el capital no tiene más que un instinto vital, el instinto de acrecentarse, de crear plusvalía, de absorber con su parte constante, los medios de producción, la mayor masa posible de trabajo excedente. El capital es trabajo muerto que no sabe alimentarse, como los vampiros más que chupando trabajo vivo, y que vive más cuando más trabajo vivo chupa. El tiempo durante el cual trabaja el obrero es el tiempo durante el que el capitalista consume la fuerza de trabajo que compro”.

Otros datos, para las teleconferencias por cadena nacional: En enero de 1919, la Organización Internacional del Trabajo, órgano de la sociedad de las Naciones, sanciono en la Convención Nº 1, la limitación de la jornada laboral a 8 horas. En nuestro país faltarían diez años para su sanción, ya que recién se legalizaron cuando durante el gobierno del presidente Alvear se aprobó la Ley 11.544, sancionada el 29 de agosto de 1929, que planteaba que “la duración del trabajo no podrá exceder de ocho horas diarias o cuarenta y ocho semanales para toda persona ocupada por cuenta ajena en explotaciones públicas o privadas, aunque no persigan fines de lucro”. No estaban incluidos en dichas disposiciones “los trabajos agrícolas, ganaderos y los del servicio doméstico, ni los establecimientos en que trabajen solamente miembros de la familia del jefe dueño, empresario”.

El derecho a la organización sindical

Y como desde hace unos meses Ud. le dedica a los sindicatos partes importantes de sus discursos, no para elogiarlos, sino para atacarlos y denostarlos, le comento, que el derecho a la organización sindical es otra etapa de las luchas dadas por la clase obrera mundial. Los trabajadores se organizaron en sindicatos, primeramente para que el proletariado resista para que dinero-mercancía se pague por más dinero. Por supuesto que la mercancía, es fuerza de trabajo.

Pero, para entender mejor esto, ¿Cómo resiste el proletariado?Resiste igual que el tendero, porque regatea con su mercancía: como libre vendedor de su fuerza de trabajo que lleva a la venta su mercancía exige más dinero por la misma, en el caso que se lo nieguen no vende y hace huelga.

En todo ese largo camino de resistencia, los libres vendedores de fuerza de trabajo fueron necesitando de una organización externa a las fábricas. ¿Quién organiza al proletariado dentro de la fábrica? la burguesía. ¿Dónde y Cómo se organiza el proletariado?Estar dentro o fuera de las fábricas no consiste simplemente en un hecho geográfico, porque fuera están los libres vendedores de fuerza de trabajo y dentro están los obreros desposeídos de su fuerza de trabajo. Dentro de las fábricas la fuerza de trabajo es posesión del capital y el salario se ha convertido en capital variable. El vendedor de fuerza de trabajo está siendo desplazado por el desposeído, en la que el libre ciudadano (en el plano del intercambio) está siendo reemplazado por el esclavo asalariado en el plano de la producción.

La organización sindical, organización de los libres vendedores de fuerza de trabajo, no se proponía (por lo menos en su surgimiento) más que el papel de resistencia a la explotación capitalista, ya fuere en lo concerniente a las condiciones de trabajo como al plano salarial. Y la organización sindical por rama de la producción, pasó a ser estimulada por la propia burguesía, que necesitaba planificar la producción (y por ende necesitaba planificar el precio de la mercancía fuerza de trabajo). Surgieron así los contratos colectivos de trabajo, que inclusive fueron incorporados por la legislación del Estado burgués y pasaron a ser la forma más difundida del contrato de trabajo.

La contradicción entre “compradores” y “vendedores” (donde las partes aparecen como iguales ante la ley) se expresa primero en la esfera del intercambio, pero termina por introducirse en la esfera de la producción: el valor de cambio de la fuerza de trabajo (vía convenios colectivos y paritarias) progresivamente se transformó en una limitación al uso capitalista indiscriminado de la fuerza de trabajo.

Así, “los vendedores” le fueron arrancando a la burguesía una serie de derechos laborales bajo la forma de derechos especiales de los trabajadores, lo que significaba una profundización del reconocimiento de que el obrero es un ser humano. Esto no representaba otra cosa que la tan mentada “humanización del capitalismo”.

Con paros, huelgas generales, movilizaciones y petitorios a las autoridades políticas, el movimiento obrero exigió el reconocimiento de los sindicatos, lo que fue logrado luego de una persistente lucha.

Piquetes obreros

Este sí que es un tema que le preocupa. Hace unas semanas, dijo que se terminaron los piquetes, pero antes había recomendó ysugirió “Les pido que cuando protestemos lo hagamos un poco en la vereda y en el cordón para que la gente pueda circular y llegue a la escuela, al trabajo, para que pueda llegar”. Su exhortación estuvo dirigida a los grupos sindicales y sociales, para querevisen los métodos de protesta. Pidió“no complicar la vida a la gente”, ni violar la ley ni utilizar métodos violentos.

Respetuosamente, le comento, que se originaron durante las primeras huelgas, y hablar de ellos implica remitirse a la historia misma de la lucha de la clase obrera.

Los piquetes no son un invento de estos días. Tienen a nivel mundial y en nuestro país una tradición ya centenaria. En aquellos tiempos tenían un objetivo bien preciso: cuando un sindicato declaraba una huelga, el gremio montaba piquetes en las inmediaciones de las fábricas para impedir que algunos trabajadores acudieran a trabajar desoyendo las directivas del paro. Los piquetes trataban de persuadir a los rompehuelgas, carneros o esquiroles que se sumaran al paro o, en caso contrario, empleaban medios más contundentes. Por su parte la policía siempre estuvo al servicio de las patronales, atacando a los piquetes con represión, bajo el lema “El plomo es la mejor alimentación de los huelguistas”. Los enfrentamientos fueron violentos.

La tradición de la clase obrera argentina entronca con los piquetes de principios de siglo, en la Semana Roja de 1909, la Semana Trágica de 1919 y la Patagonia Rebelde, con los de las huelga de la Década Infame, las épocas de enfrentamientos a la “Fusiladora”, durante el Cordobazo, los Rosariazos, y las grandes puebladas de los ‘60 y ‘70.

En ese sentido, lea estos conceptos de un viejo periódico obrero argentino de la década del ‘30 que se refería a la importancia de los piquetes en la gran huelga de los obreros de la construcción: “Ninguna huelga se mantiene ni triunfa sin la existencia de los piquetes. Ellos son el vigor de la lucha, el fuego de primera línea, las brigadas de avanzada en el ataque. En el piquete pueden estar el joven y el viejo, contagiados de la misma fiebre audaz. Pero el piquete es del joven, del obrero nuevo en el que el optimismo, el coraje y la inquietud forman una sola línea tensa y vibrante. Esta línea avanza al encuentro del traidor y lo domina, busca al equivocado y lo convence y lo empuja al lado de los camaradas. Del piquete depende la huelga. De la muchachada obrera que lo forma estará siempre pendiente su crecimiento o su receso… haciendo pie en la actividad incesante de los piquetes, para los que nunca han faltado voluntarios, ofreciéndose a llenar los claros dejados por los camaradas presos… los piquetes siguen su trabajo, con el mismo celo y la misma pasión, con la conciencia de que ellos son los que dan y seguirán dándole temple y filo a la huelga…”.

Uno de los ejemplos más antiguos de los piquetes en Rosario se dio cuando se llevó a cabo una huelga general en solidaridad con los carreros y cocheros, con la participación de 25 sindicatos, en 1907. En esa ocasión la falta de transporte fue total, la represión fue en aumento, y se militarizo la ciudad. Los sectores empresariales se movilizaron, y de un informe de la delegación de la Bolsa de Comercio de Rosario que entrevisto al gobernador Echague, se puede verificar el clima social reinante “Otra originalidad de esta huelga es la de que ante la insuficiencia de fuerzas, el público y las empresas se ven obligados a reconocer la autoridad del comité de aquella. Tan es así, que los que tienen que conducir los restos de algún deudo al cementerio, para no ser atajado en el camino solicitan autorización previa al Comité de huelga o a la Federación Obrera. Para que 1os tranvías de tracción a sangre que van a Alberdi circulan sin novedad fue necesario también el consentimiento de los huelguistas. Algunos particulares para poder transitar con sus vehículos pidieron la venía a los huelguistas, siendo unos atendidos y recibiendo otros un “No ha lugar”. De hecho están los huelguistas erigidos en poder público”.

Este dato le va a encantar, ya que proviene del sur del país. En estas últimas décadas, todo se inició en septiembre de 1991 cuando volvieron los piquetes, y fueron las esposas de los mineros del yacimiento de hierro de Hipasam, en la localidad patagónica de Sierra Grande (Pcia. de Río Negro), cuando cortaron la Ruta Nacional 3 e iniciaron una huelga de hambre, cuando se había decidido el cierre de la empresa. Fueron las mujeres una vez más en dar el puntapié inicial en esta metodología, que luego en los años venideros de extendieron a lo largo del país.

La memoria de los trabajadores, hizo que en esos años 90, surgiera lo que se llamó el movimiento piquetero. Los piquetes y cortes de ruta volvieron con las privatizaciones, ante el cierre de fuentes de trabajo y despidos masivos

Democracia obrero o democracia directa

Cuando Ud. estudiaba en la Universidad de La Plata habrá asistido a muchas asambleas. Bueno, le comento algunos datos sobre la democracia que se practicaba en esas reuniones, y de su origen.

La Democracia Obrera es uno de los métodos más creativos del proletariado. Los principios en que se basa ese tipo de democracia: es que quienes la practican deliberan, deciden y ejecutan, en contraposición con la democracia de los representantes donde los electores de los representantes, no deliberan ni deciden sino es a través de sus representantes.

Es una concepción de democracia que no consiste sólo en la decisión cada tantos años. La esencia es que deliberación y decisión se correlacionan con la ejecución, de quienes la practican. Su principio fundamental es que el poder descansa totalmente en manos de quienes la practican. Por eso tiene esas tres palabras mágicas: Deliberación, Decisión y Ejecución está en manos de los trabajadores.

Esta forma de democracia surgió en la lucha, en el conflicto, en los lugares de trabajo, en las secciones productivas. Su instauración no fue debida a la iniciativa de ningún partido ni grupo político, sino que fue obra espontánea de las masas durante el desarrollo de los acontecimientos revolucionarios.

Las asambleas pasaron de los sindicatos a las puertas de fábricas y se hicieron en el interior de la fábrica. Hubo lugares donde se incorporó la práctica de las asambleas abiertas, con la entrada en fábrica de los habitantes del barrio, familia de los trabajadores, estudiantes y las representaciones de otras fábricas.

Además, la asamblea general del gremio en la fábrica o en el sindicato es el medio a través del cual los obreros, unidos por sección, por taller, discuten y deciden los objetivos a alcanzar, los modos para alcanzarlos, para afirmar su poder y el control sobre el trabajo. En ella se debaten abiertamente todos los problemas, se respetan las posiciones de minoría y mayoría, tienen la palabra todos los que participan de ella, se votan las distintas posiciones. En ella se votan y nombra a quienes los representaran en las negociaciones y puede revocarlos en cualquier momento. Toda iniciativa de los designados es la expresión de la voluntad y de la decisión de la asamblea, y deben rendir cuentas ante ella.

El ejercicio de esta forma de democracia, es una garantía contra la burocratización de los dirigentes de las Comisiones Directivas y cuerpos de delegados. Por eso no les gusta a los burócratas sindicales, que se hicieron fuerte en la década del 60 hasta llegar en estos tiempos a ser a la vez Secretarios Generales de su gremio y empresarios, sino también aquellos que plantean y levantan en sus discursos la democracia sindical, mientras que sus prácticas son la negación de la misma.

Tomas de fábrica sin y con gestión obrero de la producción

Otra de las formas de lucha han sido las tomas de fábricas con o sin gestión obrera de la producción. Fabián Fernández y María C. Catarelo, en su investigación sobre “Las Tomas de Fábrica en Argentina, 1964”, nos dicen que la ocupación de fábricas no es un medio de lucha utilizado con frecuencia por la clase obrera argentina con anterioridad a los años 60.

“A partir de la segunda mitad de la década de 1950, comienzan a producirse numerosas ocupaciones por lugar de trabajo y en menor medida, por rama de actividad, que constituyen luchas económicas en reclamo de salarios adeudados, de reincorporación de obreros despedidos, en defensa de la fuente de trabajo, etc. En momentos en que la CGT pone en marcha su plan de lucha, la ocupación es, junto a la huelga y la movilización callejera uno de los medios más utilizado por la clase obrera en su lucha económica. Sin embargo, la ocupación de fábricas en forma masiva y a nivel nacional, con una dirección centralizada y con un mismo programa, constituye un hecho cualitativamente distinta A diferencia de la huelga general nacional y la huelga general con movilización (que constituyen formas de lucha con una larga tradición y arraigo en el movimiento obrero), la ocupación masiva de fábricas recién será utilizada como medio de lucha política en mayo/junio de 1964”.

En el país, uno de los primeros antecedentes de gestión obrera de la producción se dio 1951, con las fábricas textiles Royaltex, Produtex y Medias París, que llegaron a comercializar sus productos en Uruguay. Posteriormente se concretó la ocupación sin control obrero de la producción del Frigorífico Lisandro de la Torre en enero de 1959, ante el intento de su privatización. Llegaron luego las mencionadas 11.000 fábricas ocupadas en 1964, las tomas en Córdoba de las grandes fábricas automotrices en los años 60 y 70, como en Villa Constitución de las plantas de Acindar, Marathón y Metcon. En esa época, la de mayor importancia fue la toma de fábrica con gestión obrera de la producción en PASA Petroquímica de San Lorenzo (Pcia. de Santa Fe), durante un mes, por parte de los petroquímicos del SOEPU. Debemos destacar además que los Programas La Falda (1957) y Huerta Grande (1960), planteaban el control obrero de la producción. La autogestión obrera tiene a nivel internacional una larga y rica historia

Programas obreros

La clase obrera ha elaborado Programas de reclamos y fijando posiciones tanto en lo político, económico y social, aportando soluciones a los problemas de los trabajadores y de la sociedad. En el país los más conocidos han sido el Manifiesto del 1º de Mayo de 1890, los Programas de La Falda y Huerta Grande, el del 1º de Mayo de 1968 de la CGT de los Argentinos, varios de las décadas del 60 y 70, como los de la Coordinadoras de Gremios en Lucha de 1975. Lo mismo ha sucedido con otros programas a nivel internacional.

De represión conocen los trabajadores

Este es un punto que merece de su atención, que seguramente conoce, pero no está demás hacer memoria. Las huelgas, las movilizaciones, las tomas, los actos, las concentraciones obreras, molestan e incomodan tanto a los empresarios, como a los gobiernos de turno.

Las clases dominantes han hecho gala de impunidad para contratar guardias privados, armar bandas propias, alquilar carneros, organizar grupos parapoliciales o actuar en conjunto con las fuerzas de seguridad del estado, incorporar sicarios, mercenarios, como en épocas de la Liga Patriótica, la Triple A o de los comandos policiales y militares que estuvieron involucrados en el genocidio perpetrado por la dictadura cívico-militar del 76.

Cuando necesitan proteger sus intereses, recurren de inmediato todo el aparato del Estado, y si eso no alcanza se sancionan leyes antiobreras. En Argentina, el Congreso aprobó la primera ley especial para reprimir al movimiento obrero: la Ley de Residencia (ley 4144), que autorizaba a expulsar del país a cualquier “extranjero cuya conducta comprometa la seguridad nacional o perturbe el orden público”. Fueron cientos los inmigrantes deportados producto de que su “conducta comprometía la seguridad nacional o perturbaba el orden político”, y fue necesario que pasaran más de cincuenta años, para que sea derogada en el año 1958.

Las luchas del movimiento obrero, a pesar de las leyes represivas y del estado de sitio, se extendieron por distintas ciudades. La respuesta fue la represión, que cada vez se hizo más dura y permanente. Desde 1902 hasta 1910 se decretó cinco veces el estado de sitio, con una duración total de 18 meses. La despreocupación de los primeros tiempos, fue tornándose en intranquilidad y represión, cuando se afectaba el normal funcionamiento de las actividades agro exportadoras. Todo culmino con la sanción de una nueva ley represiva, la Ley de Defensa Social (ley 7029) en 1910.

Desde el conflicto desarrollado en 1901, cuando los obreros de la Refinería Argentina del Azúcar de Rosario, declararon la huelga por varios reclamos, y en una manifestación frente a la fábrica, se produjo una salvaje represión y fue asesinado el obrero yugoslavo Cosme Budislavich, de 34 años, siendo el primer obrero asesinado en el país, es larga la lista de trabajadores/as o desaparecidos por las fuerzas de seguridad o las bandas parapoliciales.

Por eso vale recordar entre otras las represiones sufridas por los obreros de los Talleres Vasena, durante la Semana Trágica, las masacres de los peones rurales en la Patagonia, las persecuciones de la década del 30, los fusilamientos y encarcelamientos tras el golpe del 55, lo acontecido con el Plan Conintes de Frondizi, los asesinatos de los golpistas del 66, la persecución a los sindicatos combativos en los 70, lo sucedido en Villa Constitución en marzo de 1975, cuando la represión cayo con toda su fuerza sobre la clase obrera, como un anticipo de lo que sucedería durante la dictadura del 76.

En los últimos años, fueron asesinados entre otros el maestro Fuentealba, Mariano Ferreira, y la desaparición de Julio López. Además se ha reiterado el fenómeno de recurrir a las patotas para atacar a los trabajadores que luchas. Valgan los ejemplos de lo sucedido en los casos del hospital Frances, Casino, Subterráneos, Indiel, IKA-Renault, Thompson Ramco, Rigolleau, Grafa, FATE, Ford, Wobron, Silvania, Atlántida, Alba y Codex, Astarsa, Tandanor, FATE electrónica, Eveready, Fitam, Cormasa, Atilra Rosario, los ferroviarios tercerizados, docentes en Santa Cruz, etc.

Y hoy el ataque pasa por la aprobación de la Ley Antiterrorista, para reprimir y disciplinar” a los trabajadores y a los que continúan luchando contra las injusticias que se presentan cotidianamente. Debemos sumar a ese clima de persecución al Proyecto X, para hacer “inteligencia” en las protestas y actividades de las organizaciones gremiales, sociales, políticas y de derechos humanos.

Luego de las desmentidas de la ministra Garre, de su existencia, Ud., justificó y blanqueó ese Proyecto, por la detención de un transportista de droga, que estaba en esa base de datos.

La represión en Aldalgala, y ahora en Tinogasta, muestran la decisión de reprimir a los que luchan.

A modo de despedida

Sabe Ud., que pasó cuando la clase obrera no resistió, cuando no impulsó todas esas formas de lucha que hemos enumerado. Las consecuencias fueron desde la pérdida de los derechos conquistados hasta el exterminio, sometidos a la súper explotación y a la degradación física.

Disculpe lo extenso de la nota, pero según comentan es Ud. una gran lectora.

* Historiador, DNI 5.531.729. Fuente: http://www.deigualaigual.net/es/inicio