La Habana, México, Mar del Plata y Ginebra (PL).- El desarrollo de nuevos soportes tecnológicos baratos y de rápida difusión en Internet podría significar el fin de Hollywood, un impero que domina actualmente el 90% de la industria cinematográfica mundial, aseguran varios académicos y directores de cine.

La siguiente gran revolución en Internet ocurrirá en el campo de la imagen, al punto de que la mayor industria del cine desaparecerá. Internet podría destruir a la industria cinematográfica de Hollywood en pocos años, sin que las personas reparen en ese hecho, afirmó el fundador de Wikipedia Jimmy Wales el foro Global INET 2012 que analizó el presente y futuro de la red mundial.

El creador de la mayor enciclopedia libre en Internet argumentó que con anchos de banda inimaginables hasta el momento, y la familiaridad y habilidad de los más jóvenes para producir e intercambiar imágenes, hoy se gesta en la red una gran comunidad que colabora para contar y producir películas. Al respecto, comentó cómo su hija de apenas 11 años maneja con total soltura una cámara de alta definición, con la que escribe, edita y produce sus propias cintas para Internet.

Esta será la generación que liderará en los próximos años el cambio en la manera de producir entretenimiento en el mundo. En ese proceso, que el especialista Wales denomina de innovación social, los materiales elaborados con la dinámica antes mencionada podrían poner en crisis el actual esquema de producción y negocio de Hollywood. El rápido proceso de variaciones sociales y culturales son consecuencia de la imparable presencia de Internet en el mundo (dos mil millones de personas ya están conectadas a la red) y la democratización de su uso, subrayó Wales.

Según el filósofo franco-canadiense Hervé Fischer, cada vez son más los directores en el mundo que optan por el cine digital, lo que estimulará el renacimiento de un cine independiente, nacional, indígena, experimental, comprometido con la sociedad y capaz de crear conciencia, además de desarrollar otras producciones como documentales y largometrajes. Esto significa retomar la esencia creativa que lo caracterizó en sus inicios, y que Hollywood destruyó con el afán de vendera cualquier costo.

Durante una conferencia magistral impartida en el marco del último Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano, Fischer dijo que desde principios de siglo, el mayor centro productor de filmes en el orbe reporta una sustancial caída en las ventas de DVD, como consecuencia de la distribución de películas a través de plataformas en línea como Youtube. Por esa y otras razones, transnacionales norteamericanas como Microsoft, Apple, IBM y Disney se oponen de manera férrea a variantes tecnológicas que permiten el auge de un cine alternativo capaz de mostrar la diversidad cultural de los pueblos.

El célebre director de cine estadounidense Francis Ford Coppola afirmó que “quien controla al mundo tiene a los artistas trabajando para él”, en referencia a la relación que ha mantenido el dinero con el arte. Ahora las empresas, que son las que tienen el dinero, pagan a los artistas para que les hagan los anuncios; antes era el Vaticano quien contrataba a los artistas para pintar las catedrales, comentó.

El director del antológico filme El padrino habló sobre la confrontación que suele darse en el cine entre el mundo empresarial y el artístico. “Si el que está al frente es creativo, los artistas tienen sus ideas como aval; pero si es alguien del departamento de ventas, no me siento seguro”.

Por otro lado, el secretario ejecutivo del Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales (Clacso) Emir Sader denunció el avasallamiento de que es objeto la cultura como consecuencia de la globalización neoliberal. “El campo teórico que el neoliberalismo nos ha propuesto es falso. Lo que propone es la mercantilización de la vida, que todo tenga precio”.

Sader recordó que hace años comenzó un debate en la Unesco en el cual se enfrentan dos grandes percepciones: La idea de la cultura como mercancía y como un bien común. En su criterio, “tenemos la visión de la cultura como mercancía; como la extensión de la concepción que cree que todo tiene precio, todo se vende, se compra, como si el mundo fuera un gran shopping”.