El Broadway neoyorkino, en Estados Unidos, es sinónimo de teatro musical y su circuito alberga, junto al británico West End de Londres, las mayores superproducciones mundiales de este género. En el centro de la larga avenida Broadway (camino ancho en español) de Manhattan, y sus calles aledañas, se ubican 40 de las principales salas con 500 o más localidades, conocidas como el distrito teatral, y adonde acuden más de 12 millones de espectadores por temporada.

Informaciones de La Liga de Broadway (The Broadway League) aseguran que las obras presentadas en el período 2009-2010 recaudaron, aproximadamente, 1.020 millones de dólares por entradas, en lo que constituye una atracción turística popular en la ciudad de Nueva York. Algunas tarifas de oportunidad para las producciones que se exhiben actualmente refieren costos de 80 dólares la butaca en área no preferencial de las salas (balcones alejados del escenario), mientras algunos sitios web aseveran que las cotizaciones de los asientos cercanos a la escena pueden alcanzar hasta 200 y 300 dólares.

De la cartelera actual del circuito sobresale por su éxito El rey león, adaptación teatral del animado de igual nombre, ganador de un Premio Oscar en 1994. Este espectáculo incluye primitivos ritmos africanos y melodías famosas como Can you feel the love tonight (Puedes sentir el amor esta noche) y una ambientación de la fauna exótica africana traída a la vida en el escenario.

Otras puestas muy populares son Chicago, Memphis, The book of mormon (El libro Mormón) y Evita, en cuyo elenco se destaca el debut del puertorriqueño Ricky Martin en el teatro musical. Mención aparte merece El fantasma de la ópera, una pieza que durante 20 años ha sido éxito taquillero en ese distrito de fama mundial.

Un productor cuenta sus experiencias

Si es un espectáculo importante, como el anteriormente mencionado, el costo de producción puede oscilar entre 800 mil y cuatro millones de dólares. Por ejemplo, Spiderman gastó poco más de tres millones, pero todas las entradas se vendieron pese a la crítica desfavorable, explicó a la prensa el productor estadounidense Marc Aronoff, durante su visita a La Habana como parte del Festival Internacional de Teatro 2011.

Si no hay buena crítica es muy probable que la obra salga rápido de cartelera, aseguró Aronoff, quien precisó que en el caso de El fantasma de la ópera, el éxito estuvo antecedido por los favorables comentarios recibidos de la prensa especializada antes de su estreno en ese circuito.

Aronoff, exbailarín y coreógrafo, viajó a Cuba en noviembre pasado como parte de una representación de la compañía Worldwied Entertainment, con el espectáculo Embajadores de Broadway. Mi formación profesional se encuentra en el teatro clásico y de concierto, y debido a una lesión abandoné las tablas y me dediqué a la producción de espectáculos, precisó.

La empresa Nederlander data de 1912, año en que fue fundada por cuatro hermanos de esa familia en Detroit, Michigan. Actualmente es una de las mayores operadoras de teatro y música en vivo en Estados Unidos, con incidencia en alrededor de 40 teatros de la famosa avenida neoyorkina. Las producciones primero se hacen a pequeña escala y se presentan en salas de los llamados Off-Broadway (fuera de Broadway) y Off Off-Broadway (lejos de Broadway), que alojan a una reducida audiencia, explicó Aronoff.

¿Cómo nace un espectáculo musical? fue una pregunta respondida por el productor, quien aseguró que la idea se hace realidad a través de un actor al interpretar un personaje, canta y baila a la vez; pero el sueño necesita respaldo financiero. Una vez logrado este importante requisito, comienza la audición de apoyo o ensayo, en la cual participan las personas involucradas en el proyecto, particularmente las que facilitarán el dinero.

Con la historia, actores seleccionados y capital financiero se hace una presentación de la obra ante una veintena de especialistas, para luego realizar el pre-estreno en las pequeñas salas fuera del circuito (Off-Broadway), donde los críticos aprueban el posterior debut en ese gran escenario del teatro musical.

Suerte y talento son palabras mágicas para triunfar en Broadway, aseguró Aronoff, quien enfatizó que el éxito comercial va de la mano de la excelencia artística y, por tanto, se impone la competitividad. Para lograr un buen espectáculo en Broadway resulta importante encontrar, además, una química de colaboración entre dirección artística, escenografía, música, desempeño actoral y producción, agregó.

Orígenes del género musical

El primer resultado documentado de una obra teatral profesional presentada en Nueva York data del 6 de diciembre de 1732, cuando subió a escena la comedia El oficial de reclutamiento (The recruiting officer), según un anuncio publicado en el periódico de la época El Teatro. El género musical resulta representativo del teatro o el cine, y las obras se distinguen por combinar música, canto, diálogo y baile, integrado todo ello en una trama emocional con acompañamientos instrumentales e interludios, escenografía y luces, en una puesta donde superestrellas, coristas y bailarines simultáneamente interpretan su papel en la escena sin interferencia dramatúrgica.

Estudiosos fijan sus orígenes en diferentes variedades teatrales del siglo XIX, como opereta, ópera cómica, comedia musical, pantomima, minstrel show y vodevil. Con los años, los musicales salieron de su ámbito anglosajón original para adaptarse a las características de otros países como Argentina, Colombia, Chile, México, Perú y Cuba, donde la tradición del teatro lírico ya existía en géneros como zarzuela, ópera, opereta y revista musical.

En el caso particular de la nación antillana, el auge fue tal que en la primera mitad del siglo pasado se convirtió en la segunda plaza del continente, donde tomó fuerza el género. Durante ese período, en los escenarios cubanos se creó una tradición de comedia musical a partir de los sainetes del teatro bufo y vernáculo, primero en el desaparecido teatro Alhambra, y posteriormente en sus homólogos Martí y Molino Rojo (convertido después en Regina).

Figuras de renombre internacional como Rita Montaner, Rosita Fornés y María de los Ángeles Santana sobresalieron por sus interpretaciones, al punto de invadir el cine musical de México y otros escenarios con peculiar carisma y talento artístico.

Las propuestas más exitosas de entonces en Cuba fueron Mefistófeles, de Ignacio Sarachaga; La isla de las cotorras, de Federico Villoch y Jorge Anckerman, y las zarzuelas María La O, de Ernesto Lecuona, Cecilia Valdés, de Gonzalo Roig, y Amalia Batista, de Rodrigo Pratts. Estos tres últimos compositores hicieron grandes aportes al género.

Pero Nueva York resulta, sin duda, la capital del espectáculo, y Broadway su centro neurálgico, en una ciudad faustosa donde la música, el baile y las miles de luces parpadeantes de los espectaculares decorados de las obras musicales forman parte de su historia.

* Periodista de la Redacción Cultural de Prensa Latina.