Hace un par de años era muy común escuchar un sin fin de acusaciones contra periodistas mellados en su alta dignidad al ser atropellados sus derechos. Pero uno, en el mejor afán de encontrar a los que cometen este tipo de actos, se pone a analizar, en definitiva: ¿Serán a éstos a quienes hay que echarle tanta mierda? ¿Tendrán la culpa, un camarógrafo, un periodista un gráfico o un reportero que recorre las calles, que se afana cuando tiene que entregar a tiempo la “pepa” del día?

Los cientos de miles de periodistas que andan por el mundo realizando esta noble labor aun no han despertado de ese curioso sueño hipnotizador y narcotizante de los que a sus espaldas se han dado a la tarea de ser en definitiva los protagonistas de esta guerra declarada con algunos gobiernos de América Latina.

Estamos hablando de los grandes empresarios de los medios privados de comunicación que, calladitos expectan a sus “obreros” y de cómo se enfrentan a la guerra que éstos los azuzan, los ponen como a carne de cañón, mientras el común de la población está señalando con el dedo acusador que el culpable de lo que “se dice, se lee o se ve” son los mismos periodistas.

Los empresarios de la comunicación solo reaccionan cuando les tocan sus intereses y sacrosantos e inmaculados están en su sillón poniendo todos los días a los periodistas la “agenda” diaria que ellos quieren y que tienen que cumplir a rajatabla.

En Bolivia en los últimos años ¿se ha dicho algo de ello? O la complicidad de la sociedad entró en componenda con estos dueños y propietarios que, en los últimos veinte años, según estudios de analistas de los medios privados en Bolivia (“Grupos de Poder económico: Dueños de los medios de manipulación social” – Edgar Ramos Andrade, 2005) se han enriquecido de los gobiernos neoliberales?

Mas allá de esto, vemos a muchos periodistas y comunicadores en estrecha y cercana vinculación con agrupaciones políticas y Organizaciones No Gubernamentales que apoyan a los indígenas, como lo fue en la Marcha del TIPNIS del pasado y este año, que alzaron banderas y se identificaron con ese movimiento.

No es gratuito el rol que juegan; la exclusividad de sus notas periodísticas, el manejo de los temas con vinculaciones directas de los periodistas con los dirigentes de la marcha y la gran disposición técnica, logística con todo su arsenal para “atender” las demandas informativas de los pueblos indígenas.

Otro dato. Recientemente fue renovada la directiva de la Asociación de Periodistas de La Paz con su máximo dirigente, Antonio Vargas de quien se sabe fue asesor de “Chito Valle”. Estamos al frente de un ácido y radical dirigente quien aparenta resumir la voz de los dueños de medios y algunos periodistas interesadamente apegados a los patrones.Los empresarios de la comunicación privada que, cambian a periodistas como si se tratara de alinearlos a gusto y placer de sus jefes intermedios, acumularon un poder acrecentado y aunque perdieron el primer round en la Ley Antirracista, tratan ahora de volver a las batallas, cuando bien saben que ya han ganado el desprestigio de la propia población.

La cara sucia del periodismo

Y ni que decir del periodismo en la capital de Bolivia en los últimos años dejó de ser una profesión que asuma y se enmarque en principios de ética y moral.

El gran trabajo profesional de connotados escritores, historiadores y periodistas de renombre del historial chuquisaqueño, se desprestigió desde que un grupo de periodistas confundió su profesión incitando a la violencia más despiadada de los últimos años.

Es el periodismo mas irresponsable que siguió el mandato de las dirigencias vinculadas a las logias y grupos de poder económico de Santa Cruz; la que asumió su rol de “vocería” y dañó su imagen siguiendo un guión político con fines económicos y empresariales.

Estamos hablando de una camada de periodistas que no merecen llamarse así porque desprestigiaron al gremio con actos racistas como fue el caso de: Róger González, de canal 13, Televisión Universitaria y Delfín Ustáriz, René Colque, Gonzalo Ibáñez, Radio Global y TV Global y Daniel Villavicencio, de Correo del Sur.Estos pseudo periodistasse dieron a la tarea sucia de instigación a la población y cometer actos de violencia, racismo y xenofobia, tanto en los días de la Asamblea Constituyente como los sucesos del 24 de mayo de 2008.Otro hecho que melló la dignidad de los verdaderos periodistas, es aquella campaña alborotada por los dueños de medios privados de comunicación cuando trataron de entregar el “millón de firmas”, y que posteriormente se vio fracasada tras una recolección que no llegó ni siquiera a las 800 mil firmas de acuerdo al informe verificado en la Vicepresidencia del Estado. La bullada estrategia de llegar al millón de firmas se fue al tacho, como se fue al basurero los libros de actas que se llenaron en el intento de tratar de modificar y eliminar los artículos de la ley, cuando bien sabemos que eso no prosperó.Gran parte de los comunicadores con manejo plural, calificaron de un show mediático que llegó sin pena ni gloria y que, al verse perder en los últimos días por el rechazo de la población y sus muestras de racismo y discriminación, los llevó a dejar sus libros sin llegar a la meta que habían anunciado del millón de firmas.

Ahí esta el kit de la cuestión señores periodistas de medios privados, y no han acabado de darse cuenta que andan adormecidos sin darse cuenta que sirven a la reproducción de los grupos poderosos que han alimentado a logias y pequeñas oligarquías asentadas en el oriente de Bolivia.

El tema de su “intocable” y purificada labor no es tal a la hora de desmontar y desnudar lo que algún comunicador señalaba cuando decía: “dime que lees y te diré que mentalidad tienes”. Y otro decía: “dime que programas ves en la Tv y te diré que futuro estás preparando para las generaciones”.

Es hora que la sociedad en su conjunto ya no se detenga a ver el sensacionalismo que nos presentan algunos medios privados con el morbo que les caracteriza, sino, empiece a tomar partido sobre su propio rol de convertirse en otro “periodista”, pero con el tino de transparentar desde su ética y sus principios, lo que la realidad refleja sin distorsionarla y por sobre todo, llegar a nuestra gente con la verdad.

Finalmente, una Ley de Medios deberá tender a terminar con las mentiras, las manipulaciones y normar la obligación de informar con veracidad. Los periodistas, estamos interesados en recuperar el prestigio de la mejor profesión del mundo. Que así sea: ¡Felicidades!

* Comunicador y periodista orureño.