El Vicepresidente de Bolivia, con certeza, en coincidencia fundamental con el Presidente, el lunes 7 de mayo convocó al pueblo a movilizarse para que defienda el servicio público de salud. Dicho en otro castellano: que los masistas y pro masistas que se movilicen se enfrenten a médicos y salubristas para acabar con la protesta de estos últimos que se niegan a trabajar 8 horas al día, por dos de las cuales no se les pagaría, a menos que se los incorpore al régimen de la Ley General del Trabajo, es decir, que se les dé el trato laboral de los asalariados.

“… los Romanos hacían en estos casos lo que todo príncipe sabio debe hacer: no preocuparse solo de los desórdenes del presente, sino también de los del futuro, y evitarlos por todos los medios; porque cuando los males se prevén con antelación es fácil ponerles remedio, pero si se espera hasta que estén cerca, la medicina ya no surte efecto, porque la enfermedad se ha vuelto incurable”. Nicolás Maquiavelo en El Príncipe.

La confesión del segundo mandatario, cuya gravedad debemos leer adecuadamente, es lo que intenta y hacen los gobernantes, hace tiempo, en ritmos y alcances distintos. Citamos algunos de esos dichos y sobre todo algunos hechos:

Cuando la COB sostuvo el primer paro reivindicativo, durante el segundo mandato del presidente Morales, el viceministro de Coordinación con los Movimientos Sociales, encabezó una acción especialmente de los cocaleros del Chapare, en contra del paro cobista, la que en buena hora se detuvo en el camino. Entonces se dieron los primeros pasos para concentrar a los productores de la hoja verde, en La Paz, junto con otros sectores que están en todas las movilizaciones oficialistas, sobre todo, durante elecciones, referéndum y apoyos al gobierno. Le sacaremos “la mierda” a los cobistas, dijo aquel funcionario que con frecuencia balbucea teorías “revolucionarias”

Con el propósito de impedir que la VIII marcha indígena llegue a La Paz (2011), los colonizadores bloquearon el camino en Yucumo (Beni), acción que fue inspirada y organizada con los gobernantes, y con el apoyo de policías. Esos que dijeron que reventarían a los marchistas, agregaron que querían más tierras en el TIPNIS, a lo que tenían derecho, según el principal dirigente colonizador de la región, de origen aymara. Al menos debemos tomar nota, otra vez, de la antedicha declaración que revela uno de los propósitos fundamentales del camino por medio del TIPNIS: el acceso a la tierra y al territorio para plantar más coca.

Después de que por instrucciones del Presidente se aprobó la ley que prohíbe la construcción de todo camino por el corazón del TIPNIS (y que establece la intangibilidad suya), el mismo “servidor público” se quejó ante el Gobernador y el Alcalde de Cochabamba porque no lo habían defendido. Acto seguido, aunque lo niegue, el Presidente instruyó la solitaria marcha del Conisur, es decir, de cocaleros que depredaron el sur de la reserva natural y territorio indígena y algunos ex comunarios indígenas que han sido convertidos en semiproletarios en los cultivos de coca, en particular. Para esa marcha se levantaron realidades como el atraso en el que viven los pobladores del TIPNIS, la necesidad de consultar a éstos si aceptan o rechazan la carretera por el medio del bosque, el carácter democrático y constitucional de la consulta (pero cuando es previa, de buena fe e informada).

Un revés adicional contra el Presidente, sobre todo, fue la ausencia de apoyo a los marchistas del Conisur, tan huérfana de apoyo, por la que una ex autoridad del actual gobierno dijo que tenía pena. Cuando llegaron a la sede de gobierno ocurrió algo más: excepto muy pocos silbidos e insultos esporádicos, poquísimos curiosos y algunos solidarios fueron a ver a esos “marchadores” a pedido del Presidente. Acaso dolió mucho más a los gobernantes y a los caminantes la indiferencia con la que fueron recibidos aquí. (En ese momento recordamos lo que decía un caro compañero y amigo, fallecido, respecto de alguna gente del mundo político boliviano, que razonan, decía él, como el vals peruano: “Odio quiero/ más que indiferencia/ porque el odio/ hiere menos que el olvido”. Así parece que se comportaron los del Conisur, esos que no tienen siquiera el coraje de admitir que militan en el MAS).

Los gobernantes tiran la piedra y ocultan la mano. Por ejemplo, respecto del DS vigente (y sólo suspendida su aplicación) el que dispone que todo el personal del servicio público de salud trabaje 8 horas, en vez de 6, dos de ellas sin remuneración, a pesar de que las seis horas de jornada laboral, para ese sector, son una conquista social irrenunciable. Gobernantes que añaden que la cumbre plurinacional, realizada en Cochabamba, aprobó el espíritu de aquel DS, pero no reconocen que esa resolución fue al menos sugerida y/o pedida por ellos mismos. Gobernantes que siquiera toleraron esa resolución y, además, la aplicaron con urgencia, como ninguna otra.

Desde el inicio del conflicto del personal de salud y de estudiantes de medicina, los gobernantes alentaron el enfrentamiento, en diversas formas, de masistas con cualquier disfraz de algún movimiento social, para aplastar a los huelguistas. Más aún, los gobernantes esperaban que los enfermos y sus familiares se alcen contra los actores de esa medida de fuerza, pero sucedió lo contrario, varios pacientes apoyaron y seguro apoyan a médicos y salubristas. El filo criminal de esa actitud de los oficialistas porque pretenden que ante un conflicto, como el relatado, sea gente del pueblo la que derrote a todo movimiento aunque éste sólo sea reivindicativo, en la ruta de una discutible defensa de los cambios y del gobierno.

Ahora vivimos u observamos una situación que esperamos no llegue a mayores. Es decir, antes que enfrentamientos entre sectores del pueblo, se los evite, específicamente, entre huelguistas que reclaman el respeto de sus conquistas y la preservación de sus derechos legales y legítimos. El fundamento, entre otros, es que la gente del pueblo tiene comunidad de intereses materiales y de ideas, es decir, es más fuerte lo que los une que lo que los separa.

Más aún, si ahora tuviéramos en Bolivia un gobierno de veras democrático y popular (aunque ejecuta reformas y nada de revolución, añadimos), en vez de estimular la desunión, la desorganización, a desmovilización, la desideologización, haría todo lo contrario: uniría, organizaría, movilizaría, politizaría e ideologizaría al pueblo. Pero esto último está muy lejos de ocurrir luego de lo dicho por el Vicepresidente, salvo que nada se haga de lo que él ha propuesto, como pensamos quiere la mayoría del pueblo: evitar enfrentamientos entre empobrecidos.

Sin embargo, aunque parezca tarde, los gobernantes (sin ser príncipes sabios) debieran tener en cuenta lo dicho por Maquiavelo, uno de los genios de la política de otro tiempo, que copiamos como epígrafe de esta nota referida a los “desórdenes”.

Nosotros vemos que el momento de crisis que enfrenta el gobierno —Antonio Peredo escribe sobre la crisis política actual, cuya apreciación compartimos— debe enfrentar y buscar superarla con medidas democráticas, populares, antiimperialistas y revolucionarias. Es que las reformas también pueden conectarse con una revolución cuando se las ejecuta de manera consecuente.

Afirmamos, asimismo, que es con, desde y para el pueblo como el gobierno debe buscar una salida a la crisis actual de nuestro país. Y creemos que no hay otra salida popular a la crisis.

* Periodista. Fuente: http://www.semanarioaqui.com