La incorporación del movimiento universitario y la simpatía de los demás sectores sociales han fortalecido la movilización de médicos y salubristas. La dura represión hace de catalizadora del repudio generalizado al gobierno del MAS. Evo Morales muestra su debilidad con la “suspensión” del decreto 1126.

No cabe duda que, entre los profesionales libres, los médicos y los ingenieros de las diferentes ramas de la producción están entre los más privilegiados. Tienen ingresos superiores, en proporción a la inversión hecha en recursos económicos y tiempo en su formación. En el sistema capitalista la profesión es también una mercancía cuyo valor de cambio se determina por el tiempo socialmente necesario utilizado en su formación.

Hasta antes de la presente movilización, ¿a quién se le hubiera ocurrido pensar que esos respetables señores de mandil blanco pudieran ocupar las calles, junto a los obreros, maestros y los sectores más deprimidos de la sociedad, repitiendo las mismas consignas subversivas de los explotados? Estas capas altas de la clase media siempre han sido las más conservadoras y se han convertido en los sectores que siempre han pugnado por la consolidación del orden social establecido, de la estabilidad económica y política ha dependido el éxito en la carrera profesional.

Ahora, la crisis estructural del sistema capitalista, está arrastrando a todos. A su modo, la lucha de los profesionales de la salud por la defensa de sus derechos ganados y brutalmente conculcados por el gobierno indígena – burgués del MAS, es la réplica del movimiento universal de los indignados que, en sus sectores más avanzados, cuestionan el destino del sistema social vigente.

Sorprende escuchar los discursos de los dirigentes médicos, señalan que en la acción han llegado al convencimiento de que su lucha no es limitadamente gremial y sectorial. Están convencidos que se trata de una lucha política y que su victoria depende de la victoria del conjunto de la movilización. Sus capas más avanzadas buscan con avidez una dirección política que encarne las condiciones de la actual lucha.

Los mecánicos piensan que la movilización de los profesionales de la medicina encausa de manera natural hacia la derecha. Nada más falso, su contacto en la lucha con los explotados los encamina al encuentro con las tendencias revolucionarias. La única derecha vigente en Bolivia es el gobierno del MAS que, día a día, se muestra como instrumento de las transnacionales y de los empresarios privados nacionales. Su política salarial es la aplicación disciplinada de las recetas del Banco Mundial y del Fondo Monetario Internacional. Contra esa derecha, y no hay otra, están luchando estas capas altas de la clase media.

Las explosiones de malestar de los diferentes sectores aparecen por todo lado y, como no puede ser de otra manera, los objetivos que enarbolan son sectoriales y bastante dispares entre sí. Los que dependen de un sueldo postulan como objetivo el salario mínimo vital (canasta familiar), los médicos salen contra la jornada de ocho horas que pretende imponer el gobierno, los trabajadores salubristas exigen su derecho de ser incorporados a la Ley General del Trabajo, los transportistas se movilizan por el incremento de tarifas y los reordenamientos vehiculares municipales, los indígenas del TIPNIS por la defensa de su hábitat natural, los estudiantes universitarios contra la ley financial que está provocando la huida en masa de sus mejores docentes, las OTBs por la subida de precios de los servicios básicos (energía eléctrica, agua,), etc.

A pesar de los objetivos sectoriales tan diversos que enarbolan los movilizados, éstos se encuentran ocupando el mismo escenario en sus movilizaciones y, de manera natural, surge la tendencia a actuar de manera unitaria. De manera espontánea, surge la solidaridad en la lucha, con mayor razón cuando el gobierno pretende echar mano a la represión para aplacar el malestar social.

En medio de este panorama se han plasmado pactos formales por ejemplo entre médicos, trabajadores salubristas, maestros y estudiantes universitarios que, en diferentes capitales del país planifican sus acciones de manera conjunta. El elemento aglutinante de estas acciones unitarias es el repudio político a un gobierno incapaz y prepotente que no atina a tomar la iniciativa para atender las demandas de la gente.

Evo Morales en una conferencia de prensa realizada el sábado 28 de abril se burló de las huelgas de hambre y ratificó que no cederá. ¿Esta actitud debe ser interpretada como fortaleza del gobierno? No. Sabe que ante cualquier pequeña concesión empoderaría a los sectores en conflicto creando la sensación de victoria entre los combatientes, cuando precisamente está interesado en desmoralizar y fracturar la lucha unitaria.

Hasta ahora, todas las maniobras gubernamentales para desmontar la movilización no han tenido ningún efecto; fracasó el intento de desmovilizar a los pueblos del TIPNIS para impedir que participen de la marcha regalando motores a bordo, mochilas, alimentos, celulares y otras chucherías; no pudo desmontar la movilización del magisterio; no logró amedrentar a los médicos y trabajadores salubrista con despidos y descuentos.

La posibilidad de aplacar las movilizaciones usando la represión, como ocurrió en La Paz, en lugar de amedrentar a los movilizados, los enfurece mucho más. En Cochabamba, los estudiantes universitarios salen a las calles decididos a vengar a sus compañeros paceños y rompen las puertas y vidrios de la gobernación, destruyen los ventanales de la sede de los cocaleros y del MAS.

La millonaria campaña de desprestigio que ha iniciado el gobierno por todos los medios de comunicación ha sido contraproducente porque exacerba la bronca creciente de los trabajadores y de la clase media contra el gobierno. Los diferentes sectores más pobres de la población se vuelcan a las calles exigiendo al gobierno soluciones a sus necesidades vitales sin encontrar respuestas que les satisfagan. Para ellos cada día se hace más evidente la incapacidad del gobierno demagogo y acentúa su entrega cínica a las transnacionales y a la empresa privada nacional, cargando todo el costo de la crisis económica sobre las espaldas de los trabajadores.

En los últimos días percibe una radicalización de las movilizaciones callejeras y los bloqueos de caminos en los centros neurálgicos de las ciudades, dejando en segundo plano las huelgas de hambre y tapiados, lo que ha obligado al gobierno a recurrir a una feroz represión, situación que ha exacerbado aún mucho más el estado de ánimo de los combatientes.

Los bloqueos que comenzaron en La Paz y Cochabamba y rápidamente se generalizaron en todo el país, y en los últimos días se incorporaron a la movilización los trabajadores que prestaban servicios de emergencia en las provincias, encolerizando a la gente que necesita de atención médica, no contra los médicos en huelga sino contra el gobierno incapaz de resolver el conflicto médico. Las trabajadoras sexuales de El Alto de La Paz que necesitan un control de salud permanente se han sumado a la lucha instalando un piquete de huelga de hambre.

Pero no todos los sectores se incorporan a la lucha al mismo ritmo; unos, como los médicos, salubristas y universitarios, se encuentra muy adelante con referencia a los maestros que tardan mucho en sumarse a la movilización y a los trabajadores ligados a la producción como los mineros, fabriles y otros.

Esta disparidad de ritmos en la incorporación a las movilizaciones es un talón de Aquiles que impide un rápido desenlace en la solución del conflicto y permitirle al gobierno maniobrar para desmontar la protesta sector por sector. En esta dirección, el gobierno anunció la “suspensión” de la aplicación del decreto 1126, maniobra que ha sido frustrada por la respuesta contundente de los movilizados que reiteran su exigencia de la derogatoria de ese instrumento legal conculcador de sus derechos.

Evo Morales, en su impotencia, ha anunciado que el destino del D.S. 1126 y los problemas de los diferentes sectores los traslada a una Cumbre Nacional de Salud que convocaría inmediatamente para que en esa instancia se los resuelva en el marco de la voluntad popular. Con todo, el gobierno puede ceder a la presión del sector salubrista cuando considere inminente la generalización de la protesta, hecho que pondría en grave peligro la estabilidad del mismo gobierno masista.

La huelga y al movilización

La huelga general es parte de la acción directa de los asalariados que consiste en que éstos toman en sus manos la solución de sus problemas, sin que medie la acción tramposa y dilatoria de la legislación burguesa. Se trata de un método de lucha que consiste en la paralización de la producción que, en el sistema capitalista, es una estocada mortal al corazón mismo de la patronal y del Estado burgués que actúa como empleador.

Sin embargo en Bolivia, por el gran peso que tiene el proletariado en los demás sectores explotados que no tienen relación directa con la producción (maestros, comerciantes, transportistas, etc.), se ha generalizado el uso de la huelga para exigir a los gobernantes la satisfacción de sus necesidades y sólo tiene efectos positivos si la medida, de alguna manera, altera las actividades del conjunto de la población, cuando va acompañada de otras medidas de presión como las marchas y bloqueos de calles y caminos.

Los gobiernos de turno, cuando los sectores de servicios acuden a la huelga, sabiendo que su incidencia sobre la economía es muy pobre, se limita a cruzarse de brazos y a desarrollar una furiosa campaña para volcar a la población contra los huelguistas esperando que el movimiento se desgaste internamente por sí mismo; por otra parte, usa el mecanismo de los descuentos por días de huelga para desmoralizar a los combatientes y termina derrotándolos.

Los dirigentes de las organizaciones sindicales nacionales comprometidos con los gobiernos de turno deliberadamente decretan paros de labores y huelgas generales a sabiendas de que los sectores más importantes de la producción no la van a acatar y, frente al fracaso de la medida, justifican las traiciones más canallescas y terminan conduciendo la lucha de los explotados a la derrota.

Este papel está haciendo la actual dirección de la COB y cada paro que decreta le significa al magisterio, por ejemplo, descuentos inmisericordes, el deterioro la capacidad de convocatoria de las organizaciones sindicales y la desmoralización de las bases porque una gran parte se resiste a acatar este tipo de medidas.

Por esta razón, el magisterio urbano ha planteado en el ampliado de la COB que se abstengan de decretar más paros y, si se da la inevitabilidad de la huelga general indefinida, ésta debe ser previamente preparada para garantizar que los sectores productivos la acaten. Lo que corresponde hacer en el proceso de preparación de la huelga es exacerbar las movilizaciones y bloqueos de caminos y calles hasta lograr la paralización total del país, unir las luchas de los centros urbanos con la marcha indígena.

El ampliado ha desoído el planteamiento del magisterio y ha decretado el paro de 72 horas. La mayoría de las federaciones del interior, ante la imposibilidad de acatar la medida de manera unitaria, ha resuelto sustituir el paro con grandes movilizaciones que se suelden firmemente con los trabajadores salubristas, los médicos y los universitarios que ya están en las calles.

La huelga es un método de lucha efectivo sólo si la acatan los sectores ligados a la producción. El paro de 76 horas decretado por la COB será sustituido por grandes movilizaciones en el magisterio. Los éxitos que se han logrado en las luchas de estos sectores han sido por la radicalidad de sus movilizaciones que han puesto en jaque a los gobiernos de turno, poniéndolos frente a la disyuntiva de ceder o caerse.

* Dirigente de la Federación de Maestros Urbanos de Cochabamba.