En función de la verdad histórica, hoy ante la defensa de TIPNIS, y por la lucha social indígena originaria-popular, debemos establecer precisiones políticas muy claras ante la gravedad de los acontecimientos últimos en Bolivia. Desde 2007 como persona y como grupo Revista Willka junto a otros sectores de El Alto o Cochabamba hemos dejado notar una y otra vez de las gravísimas contradicciones que tenía el proceso de cambio a la vez de dejar notar aciertos del gobierno de Evo Morales-García Linera.

En este tiempo sin embargo no tuvimos la fortuna de ser escuchados por el gobierno, por algunas organizaciones sociales y otros sectores, al ser catalogados de derecha o radicales de izquierda, según el gusto de cada cual. Hoy aquellos aciertos se han hecho una realidad social y político: el proceso de cambio no tiene credibilidad en sí mismo y como palabra, el Presidente Morales ha perdido toda autoridad moral y político frente a varios sectores, y existe en muchos lugares del país conflictos de todos contra todos.

Y ante este escenario la llamada derecha bajo distintos mecanismos a recuperado espacios y se ha apostado desde diferentes flancos ahora para contra-atacar al gobierno, a los movimientos indígenas originarios, contra las ideas del trastocamiento del orden colonial-liberal, y para cobrar revancha por la histórica derrota sufrida a manos de la lucha india y popular. Aquí los grupos afines a estos en el gobierno no hacen más que agravar la situación al provocar el enojo de la gente, generar un descontento en los centros urbanos, una tremenda frustración de los kataristas e indianistas, que han sido actores fundamentales de los levantamientos sociales de 2000, 2001, 2003 y 2005 contra el modelo neoliberal y las políticas entreguistas de gas y petróleo a las trasnacionales. Impensablemente por ejemplo en esa lógica el gobierno ha creado el Consejo Económico y Social para el Asesoramiento al Ejecutivo donde participan gente ligado a empresarios privados y dirigentes de los movimientos sindicales que en realidad no aporta nada.

En resumen, tenemos tres situaciones muy complejas. Por una parte, tenemos un gobierno que ha perdido legitimidad frente a varios sectores sociales, por otra, se observa un nuevo reposicionamiento abierta e encubierta de los viejos grupos de poder económico y político, y, la tercera, existen movilizaciones sociales que demandan sus derechos como la IX marcha indígena originaria por el TIPNIS y las contra-movilizaciones anunciadas afines al gobierno. Todo ello enrarece el ambiente sociopolítico del país.

Dentro de este contexto ¿qué implica perder autoridad como la del Presidente o Vicepresidente? El poder, y lo político como en el liderazgo, pende de lo que se llama credibilidad y aceptación de esa autoridad por la gente. Es decir, una autoridad es autoridad no a través del uso de la fuerza pública sino con el trabajo y la aceptación de la gente. Cuando eso se va perdiendo, se va perdiendo también autoridad para gobernar una sociedad. Hoy esto le ha pasado al Presidente Evo Morales y García Linera porque la gente ya no les cree, ya no los respeta, aparecen ante sus “hermanos” como mentirosos, y sectores esperanzados, se sienten enojados y frustrados.

Aquí puntualizar que el enojo es uno de los estados de ánimo que ha provocado grandes hechos históricos aquí o en otras partes del mundo o su contrario como son las contra-revoluciones. Lo anterior quiere que decir que ciertos valores aceptados anteriormente en Bolivia como es el proceso de descolonización del Estado, el proceso de cambio, cero corrupción, refundación del país, mejores condiciones de vida, dejan de tener sentido, y esto relacionado con la realidad de los hechos concretos como es el ingreso económico, una adecuada redistribución en nuestro caso de los excedentes petroleros o mineros, es decir, la materialidad de la vida social.

Es en ese sentido que la autoridad es esa fuerza de un valor aceptado según los hechos y las condiciones sociales prevalecientes. Y a la vez los hechos y las condiciones materiales hacen que esos valores se mantengan, se reproduzcan, por tanto, crea un sentido de realidad adecuado o aceptada para la gente.

Por lo que el poder revolucionario no se funda en el uso de la fuerza contra su propia gente sino es la capacidad de seducción bajo las condiciones reales de la existencia de la gente y sus condiciones de vida. O sea, esto es la capacidad de generar consensos críticos para dar sentido al proyecto social y a la realidad existente. En su momento el gobierno tenía todo el poder aquí entendido distante al poder dominante para actuar en función de un proceso de la destotalización de lo colonial y del racismo, pero no supo aprovechar en su momento la situación ante la ceguera que el poder como dominación produce. Y ante ello los grupos de la llamada derecha aparecen hoy como los portadores de soluciones ante el descredito del gobierno. Incluso estos actúan como si fueran los defensores de los derechos sociales o derechos humanos. Es decir, han logrado disputar la hegemonía del discurso al gobierno y a los propios movimientos sociales porque estos hacen lo que el gobierno debería haber hecho. El gobierno lo que hizo fue criminalizar la lucha social, penalizar a sus dirigentes, acusar sañudamente a los propios indígenas originarios que es la fuente moral y político del actual proceso.

Y es ante ello que la derecha aparece con rostro social y metido en las movilizaciones sociales, sosteniendo que defienden la injusticia, los derechos indígenas, etc. Se esperaba que esto sucediera porque son sectores pro-neoliberales con profundos rasgos coloniales que desde el inicio han rechazado las políticas de gobierno al sentirse afectados aunque en los hechos no han sido afectados estructuralmente. Sus bienes patrimoniales heredadas se mantienen intactas como desde siempre. Ante esa realidad el gobierno más que contrarrestar los ha creado un gran campo de acción y discurso al pelearse con las propias organizaciones sociales. En esto el gobierno al parecer pensó que por naturaleza el indio iba estar siempre de su lado. Eso no ocurre como ya quedó demostrado con el caso de la costa Atlántica de Nicaragua sandinista de los años ‘90.

Aquí tiene sentido lo que uno de los viejos dirigentes de Cochabamba sostuvo en que podría producirse una confrontación entre gente de la ciudad y el campo o sino la gente contra los masistas y estos contra la gente.

¿Qué es lo que la derecha podría hacer ante un escenario de una confrontación entre sectores sociales y el gobierno? Sin duda dicha derecha como las corporaciones empresariales, los medios de comunicación, los terratenientes, los banqueros, los agroindustriales, tienen la finalidad de retornar lo antes posible al gobierno de la que se han sentido desplazados en cuerpo entero aunque sus ideas de igual modo siguen siendo hoy dominantes en el propio gobierno y en varios sectores de la sociedad. Ahí el racismo como un sistema de ideas y creencias de superioridad ante el otro no ha sido desterrado de los imaginarios sociales de estos sectores y en las propias clases medias urbanas. Allí la idea de que el indio “no sabe gobernar” es un hecho real y las acciones del gobierno la han dado sentido a esas ideas. Incluso la Confederación de Empresarios Privados de Bolivia (CEPB) a la cabeza de su presidente Daniel Sánchez ha pedido al gobierno como lo sabían hacer siempre la conformación del Consejo Económico, Productivo, Social y Laboral (27/01/2012). Es decir, por una parte actúan como corporaciones en sí mismo y por otro como parte de ciertas movilizaciones sociales, particularmente como la de los médicos.

En el fondo estos grupos de poder se sienten profundamente atacados aunque no lo son en los hechos. El gobierno se encargó de precautelar sus bienes. Pues les mueve el factor de ira bajo idea de que “la indiada se esta adueñando del país”. También este tiene sentido porque estos grupos siempre se sintieron gobernantes naturales del país. Por lo que la derecha aprovechará todo los escenarios posibles ante un gobierno que es cada vez más autoritario con su propia gente y sus antiguos compañeros de lucha.

¿Qué nuevos escenarios sociopolíticos aparecen ante estos hechos? Si se potencia a costa del autoritarismo del gobierno la derecha podría actuar por una salida de fuerza contra el proceso de lucha social. Este es centro de gravedad que estos grupos la esperan. Es decir, tienen afanes reales de aprovechar el actual estado de crisis social para apostar por una salida de fuerza que no sabríamos en qué consistiría realmente. Un tipo de golpe de estado, una movilización de la gente que provoque violencia contra violencia, o una salida negociada a favor de estos grupos.

Por lo que sí realmente el gobierno quiere reconducirse por el sendero de la agenda de octubre, y obedecer a la gente su mandato (a su propia gente), trastocar el orden liberal y colonial dominante, es re-direccionar sus políticas publicas empezando por la no construcción de la carretera por el TIPNIS, derogar leyes que atentan contra los pueblos indígenas originarios y de los propios campesinos que la respaldan, hacer un viraje real para destotalizar lo colonial y el racismo y así generar un nuevo escenario económico y social más justo para la gente. De lo contrario se podría consumar lo anteriormente descrito aquí.

Finalmente esto podemos resumir en tres grandes escenarios posibles como dejamos notar en un anterior artículo nuestro.

Un primer escenario es que muchos y los propios movimientos indígenas originarios de la Amazonia y los Andes no proclaman tumbar al gobierno de Morales-García, sino dejar entender claramente que los gobernantes están ahí porque la gente lo quiso así. Dejar entender que el poder no tienen ellos, los del gobierno, sino la sigue teniendo los pueblos en lucha. La soberbia, la tozudez, la criminalización, la judicialización, la traición, no tienen cabida. Esto hablaría de que la sociedad movilizada sigue en pos de una real y efectiva trastocamiento del orden colonial y liberal que hoy sigue vigente. Este sería el triunfo de los movimientos sociales contra el gobierno aunque sin tumbar a Evo y García.

Esto significaría en que se tiene que re-direccionar sí o sí el llamado proceso de cambio o la lucha contra el sistema civilizatorio de la expropiación de los recursos naturales y de los pueblos. Ahí se tendría que producir una especie de re-encuentro abierto entre los movimientos indígenas-populares y el gobierno hoy gravemente distanciados. Lo cual tendría que modificar radicalmente el escenario del momento actual por una nueva radicalización de la lucha social pero con una autoridad moral muy claro como son los pueblos indígenas originarios de los Andes y la Amazonia. Dicha radicación pues ahora podría ir en pos de la reversión y expropiación de las tierras latitudinarios en manos de los terratenientes y agroindustriales del oriente del país, por una nueva nacionalización de los recursos naturales, un trastocamiento del orden estatal por otro orden social, la anulación de varias leyes y artículos de la propia Constitución que son flagrantemente contradictorias al proceso revolucionario.

Del mismo modo esto sería el trastocamiento del poder hoy vigente por otra lógica de gobierno que sea parte constitutiva de otra civilización social. Bueno algunos de estos tal vez esté fuera de los alcances reales, pero es lo que se tendría que darse sí es que entramos a este escenario histórico. Ahí será de gran importancia decir por experiencia histórica como es el caso del levantamiento de la ciudad de El Alto y las provincias aymaras de 2003, el tener un nuevo plan o proyecto histórico en manos. El no tenerlo fue la causa de la derrota de aquel histórico. Después de este hecho histórico volvimos al sistema liberal por la vía de las elecciones para realizar reformas y lo fundamental atenuar el momento crítico a favor del orden social dominante.

El segundo gran escenario es que el gobierno controle o triunfe ante las fuerzas de los propios movimientos indígenas originarios hoy apostado en la IX marcha en defensa de TIPNIS y frente a los viejos grupos de poder hoy incrustados en las diferentes movilizaciones sociales. Lo cual daría que continúe la actual situación donde existe el control y criminalización de la lucha social y la conservación de los bienes patrimoniales de los grupos de poder tanto de los moderados y de los radicales. Es decir, un proceso donde la lucha social esta criminalizado, los dirigentes perseguidos, una especie de gobernanza entre la llamada derecha e izquierda, y la construcción efectivamente de la carreta por el TIPNIS. El gobierno en tanto gobierno obviamente esta jugando a este escenario que le es favorable.

Además éste sería un estado de continuidad de las actuales políticas públicas y el reforzamiento del ideario de una revolución que en los hechos no lo es. Aquí esto podría suceder en dos sentidos. Uno, de manera social y formal en la que el gobierno salgue triunfante y dos que el gobierno utilice fuerza públicas bajo varias modalidades: la represión violenta, la declaración de estado de sitio a nivel nacional, o una especie de auto-golpe. Este último tiene sentido porque hoy el gobierno ya no está interesado en cuidar su imagen de portador del cambio social, sino al caérsele la mascara, actúa en muchos momentos sin disimulo o al desnudo.

Y finalmente el otro escenario es la salida violenta de parte de los grupos de la derecha. Esto significa una contra-revolución dirigida por sectores empresariales, agroindustriales, terrateniente del oriente boliviano, y partidos políticos como la Unidad Nacional del empresario Samuel Doria Medina, el Movimiento Si Miedo del ex alcalde la ciudad de La Paz, o el grupo de los llamados Verdes del gobernador de Santa Cruz, Rubén Costas. A las vez de los poderes transnacionales y el propio Estados Unidos.

Esto tiene sentido porque en el último tiempo como sostuvimos más arriba estos grupos han alcanzado niveles de presencia inusitada en diferentes espacios sociales y lugares. Ahora aquí podrían suceder dos hechos importantes a tomar nota. Uno es la salida de fuerza que sería por la vía de la propia gente movilizada de la clase media urbana y dos por medio de los grupos armados o el propio ejército. Dentro de estos grupos se barajan todas esas posibilidades según fuentes anónimas. Si este escenario triunfa volveríamos a momentos muy difícil para los movimientos sociales indias y los sectores populares porque se vendría todo un proceso de “extirpación” de la lucha social. Aunque ese mismo hecho puede provocar el primer escenario que aquí la presentamos, incluso la segunda. Aunque un contexto de una dictadura militar parece ser lejano, pero esta muy presente la figura de Honduras donde se dio un golpe de estado por la vía institucional.

Esta es la gravedad de los hechos últimos en Bolivia por factores tanto internos al propio proceso de lucha social indígena y popular y por factores políticos externos como la del gobierno que perdió un gran momento histórico para trastocar el orden social aún vigente hoy o por la impronta aparición de la derecha en las movilizaciones sociales.

* Sociólogo aymara.