En la Unión Europea el resultado de la utopía neoliberal está a la vista de todos. Hace poco menos de 70 años, en su libro titulado La Gran Transformación, al analizar el horroroso balance socioeconómico del laissez-faire que condujo a la Gran Depresión, al ascenso del fascismo en Europa y a la segunda Guerra Mundial, Karl Polanyi lo sintetizó de la manera más breve posible: la utopia de los mercados autorregulados no puede existir mucho tiempo sin aniquilar la substancia humana y la naturaleza de la sociedad, sin destruir físicamente al ser humano y transformar sus entornos en desiertos. Y agregaba que, inevitablemente, la sociedad tomó las medidas para protegerse a sí misma.

El neoliberalismo, esa aplanadora que desde hace mas de 30 años destruye sistemáticamente el Estado benefactor creado por el capitalismo como respuesta a las secuelas de la Gran Depresión, ha perdido toda legitimidad y demostrado que carece de propuestas políticas para seguir aferrándose al poder. Jamás en la historia humana una utopia destructora, como el neoliberalismo actual, alcanzó tal universalidad. Nunca hubo tal concentración de riqueza en tan pocas manos. Tanta desposesión masiva, tan poca perspectiva para los pueblos. Y, agregaríamos, tanta traición acumulada en manos de los políticos tradicionales, en los “partidos de gobierno”, incluidos los socialdemócratas. Y es ahí, cuando para llegar o mantenerse en el poder, esos políticos que implantaron el neoliberalismo roban las propuestas de sus adversarios. Así fue en el pasado, y así lo vemos en el presente.

Inevitablemente la sociedad tomará las medidas para protegerse a sí misma.

Las olas del Mediterráneo acarician las playas del Prado en Marsella mientras el viento hace ondear las miles de banderolas rojas de los 120 mil simpatizantes y militantes del Frente de Izquierda (FI) que el sábado 14 de abril vinieron desde distintos lugares del Sur de Francia para escuchar a Jean-Luc Mélenchon, el candidato del FI para las elecciones presidenciales francesas del próximo 22 de abril. El entusiasmo y el civismo marcó esta jornada, en la cual se destacó una vigorizante presencia de jóvenes. En el Prado, escribe este lunes 16 el diario Le Figaro, había una multitud que no tenía nada que ver con la base tradicional, militante y sindicalista, de la izquierda tradicional, sino joven, abigarrada, popular, a la imagen de esa Marsella de la cual Jean-Luc Mélenchon hizo el emblema del mestizaje.

Una multitud que, este periodista fue testigo, escuchó atentamente y aprobó, con aplausos y consignas, un verdadero discurso de ruptura con la subordinación al neoliberalismo practicado a escala europea y mundial, sino también con las políticas de derecha que los sucesivos gobiernos franceses adoptaron en asuntos domésticos e internacionales en las últimas décadas, incluyendo la membresía en la OTAN.

Como desde hace semanas, y aun más en la recta final de esta campaña, tanto la temática como la forma de convocatoria en esta campaña electoral están siendo marcadas por el FI, este frente político que reúne al Partido Comunista Francés (PCF), el Partido de Izquierda (de Jean-Luc Mélenchon), la Izquierda Unitaria y otras fuerzas políticas y sociales, así como numerosos ciudadanos que, disgustados con el sistema y los partidos políticos se habían marginado del proceso político en las últimas décadas.

Un día después, el domingo 15 en la plaza Royale de Pau, -donde domina la estatua de Henry IV, rebautizada por la ocasión en Plaza del Pueblo-, Mélenchon anticipó que en esta semana final de la campaña un “importante movimiento de decisiones se afincará en el espíritu de la gente, porque la derecha se dirige al despeñadero y habrá entonces en la consciencia de la gente una reorganización de lo que es necesario”. Y, como reporta el diario L‘Humanité el lunes 16, el candidato presidencial del FI añadió ante las seis mil personas que se reunieron en la “Plaza del Pueblo” de Pau que la situación política era “extremadamente volátil” en esta última semana de la campaña para la primera ronda electoral, lo que para el FI podría traducirse “en un nuevo empuje”.

Imaginar la victoria

Según el diario de los comunistas franceses, Mélenchon dijo en Pau que la última semana fue un período de grandes avances, que “la situación es muy densa, muy concentrada, las informaciones circulan muy rápidamente, y yo preveo eventos que serán pequeños detonadores”, pensando sin duda en el mitin que el FI está organizando para este jueves en la Puerta de Versalles, en Paris, para el cierre de la campaña.

“El tiempo de la frustración ha terminado”, dijo el sábado 14 en el Prado el Secretario nacional del PCF, Pierre Laurent, para quien “esto es lo que piensa el pueblo, y lo que el Frente de Izquierda y su candidato dicen en voz alta, ¡alta y fuerte! Y el pueblo se dice “¡Sí, nuestras ideas esta vez pueden ganar!”

Algunos hablan del efecto “bola de nieve” – como reflejan los sondeos de opinión que ponen al FI entre el 15 y 17 por ciento de la intención de voto, y la capacidad de movilización real que el FI está demostrando -, y hasta el diario de la derecha, Le Figaro, escribe que en los “ojos de los responsables políticos del Frente de Izquierda brillan estrellas rojas, y el alocado sueño de una segunda ronda electoral entre su candidato, Jean-Luc Mélenchon, y el del PS (Partido Socialista), François Hollande. Después del nuevo gran éxito popular en las playas del Prado, en los barrios sureños de Marsella, todo les parece posible”.

¿Sueño alocado? Quien sabe. De las conversaciones con algunos viejos militantes del PCF en la playa del Prado lo primero que sale es la incredulidad de lo que están viviendo. El cineasta Robert Guédiguian expresa ese sentimiento en una reciente intervención en Marsella, resumida en Lâ€ÖHumanité (15 de abril): “Hay algo que probablemente está en tren de reconstituirse. El pueblo se ha despertado. Ha retomado sus colores. Sobre todo el rojo, Para mi fue muy bello el discurso de Mélenchon en la Bastilla. Nos habíamos perdido y, en efecto, no debemos jamás volver a perdernos. Yo tengo ganas de que esto se perpetúe. Debemos verdaderamente poner atención en mantener este despertar”.

Algo nuevo, quizás ese inevitable despertar social de que hablaba Polanyi, parece estar produciéndose en Francia. En una crónica sobre la organización del mitin del Prado el periodista Christophe Deroubaix, de Lâ€ÖHumanité, escribe que los militantes se ven desbordados por la participación ciudadana: “en las asambleas ciudadanas, los militantes más aguerridos se ponen de acuerdo en una cifra: el 80 por ciento de las personas presentes les son totalmente desconocidas () para Philippe Foulquié, fundador de la Friche de la Delle de Mai (en Marsella), es el despertar de unas “ganas de militar para refundar algo. Para formar parte de esta insurrección ciudadana”.

Guédiguian lo dice a su manera: “Con el Frente de Izquierda podemos verdaderamente esperar que cambiaremos las cosas. Lo que me alegra en esta campaña es que retomamos el lado a lado, el cuerpo a cuerpo. Que no se plantea únicamente la cuestión de tomar el poder sino también de disponer de él () La idea del Frente es una buena idea. Yo pienso el Frente de Izquierda como el Partido Comunista de hoy día. Es un movimiento y es eso lo que, también, conviene hoy a una parte de la juventud. Después de un adormecimiento de esta idea que duró 30 años, el socialismo se enriquece de las cosas que no tuvo en cuenta cuando era poderoso: las cuestiones societales, por ejemplo, tan ignoradas en los años 1980. En este periodo de barbecho hubo enriquecimiento”. Otro intelectual, el escritor de novelas policiales Gilles del Pappas – uno de los 77 autores de novelas policiales de Marsella que firmaron un llamamiento a votar por Mélenchon -, lo dice a su manera cuando se le pregunta por qué votará por Mélenchon después de no haber votado en toda su vida: “Lo que me place ante todo es la altura de su visión y es su generosidad, que es también la de su programa (L‘human ‘abord!), completamente a la inversa del espantoso liberalismo. El federa todo rechazando al mismo tiempo todo culto de la personalidad y su discurso es claro, él no entra en la colusión. Una revolución ciudadana está en marcha, y yo estoy en ella. En cuanto al Frente de Izquierda, es para mi la esperanza de una renovación política en Marsella, con una nueva generación de gentes honestas y competentes que, lo espero, barrerán muy pronto una derecha y un PS moralmente exangües”.

Los sicofantes en acción

Frente a esta “revolución ciudadana” que al decir de Mélenchon es como “un río que se salió de su cauce”, y que está determinando la temática política del debate electoral, los “partidos de gobierno” – o sea la derecha de agrupada en la Unión para un Movimiento Popular (UMP) que lleva como candidato al saliente Presidente Nicolás Sarkozy, y el Partido Socialista (PS) que lleva como candidato a François Hollande -, no han podido mantener el discurso inicial, de que no hay alternativa al sistema neoliberal.

Anticipando la magnitud del mitin en el Prado de Marsella y el impacto de lo que el FI organiza para el jueves próximo en la Puerta de Versalles de Paris, la UMP de Sarkozy y el PS de Hollande no solo tuvieron que recurrir rápidamente a organizar mítines al aire libre en Paris, sino a la impostura.

En un escenario “hollywoodiano”, como reseñan los diarios franceses, el candidato de la UMP, Nicolás Sarkozy, dio por sentado que estará presente en la segunda ronda electoral, del 6 de mayo, y que entonces los votantes estarán frente a una decisión “histórica”: “dos vías son posibles; una impondrá las soluciones del pasado, y en el mejor de los casos no resolverá nada. Seguirá prisionera de todos los conservatismos, de todos los corporativismos. Continuará dejando que se borren las fronteras y que la nación se debilite. En el peor de los casos desincentivará el éxito, arruinará la clase media sin enriquecer a los más pobres. La otra vía (la de Sarkozy), es esa que está orientada hacia el futuro () No tengan miedo, ellos no ganarán si Ustedes así lo deciden”.

Y los diarios, entre ellos Le Monde, reseñan el giro de 180 grados de Sarkozy respecto al papel del Banco Central Europeo (BCE): “Si el Banco Central Europeo no apoya el crecimiento, nosotros no tendremos bastante crecimiento… Europa debe saldar sus deudas, en eso no se puede escoger. Pero entre deflación y crecimiento tampoco se puede escoger. Si (la Unión Europea, UE) escoge la deflación, ella desaparecerá. Hay que recordar los años 30”, y seguidamente agregó que “no debe haber sujetos tabú, tampoco prohibir los debates”.

¿Qué quiso decir el candidato Sarkozy al proponer un cambio de política del BCE que va en la dirección contraria a lo que él y la Canciller alemana Ángela Merkel impusieron a todos los países de la UE en los últimos años? Según el portal de economistas eurointelligence.com lo que Sarkozy quiere es que la BCE devalúe el euro, y no cambiar los estatutos de la BCE para poder prestar a tasas de interés bajas y directamente a los Estados miembros de la UE. Una devaluación del euro es impensable porque no le conviene a Alemania, que se beneficia de un euro fuerte, y porque incitará represalias del resto del mundo y quizás hasta una guerra monetaria.

Frente al ascenso del FI el candidato socialista François Hollande tuvo que abandonar la formula de Margaret Thatcher, de que “no hay alternativa posible” al neoliberalismo, adoptada por la socialdemocracia a partir de Tony Blair y Gerard Schroeder.

Pero las propuestas del PS se quedan muy cortas de los cambios que la ascendente mayoría popular reclama, y en particular irrita mucho la arrogancia de los dirigentes del PS, de que su partido constituye la “única fuerza de izquierda” que puede llegar al gobierno. En su mitin en Paris Hollande invitó a los votantes que piensan votar por el FI a “no refugiarse en un voto sin mañana”.

Pero el “mañana” que los dirigentes del PS proponen, en el programa y las declaraciones, es un “hoy día” edulcorado, un neoliberalismo “con rostro humano”.

¿Epifenómeno o tendencia de fondo?

Es difícil imaginar la victoria del FI, pero con la capacidad de movilización que ha demostrado el FI gracias a la organización y disciplina del PCF, y tomando en cuenta, como escribió Polanyi, que “inevitablemente, la sociedad tomó las medidas para protegerse a sí misma” cuando el liberalismo condujo a las depresiones económicas, la imaginación está a la orden del día.

Sicofante es una palabra que tienen muchos significados, todos ellos despreciativos. Yo la escogí para designar impostor, porque en las horas de definiciones nacen tanto los revolucionarios como los impostores, el gatopardismo de “cambiar para que todo siga igual”, y los demagogos. La experiencia histórica de los años 30 nos lo demuestra, cuando el nazismo y el fascismo se convirtieron en movimientos de masa usurpando en buena medida el discurso de las fuerzas de la izquierda radical, para después instaurar el totalitarismo capitalista y extirpar lo que restaba de democracia en la vida social, política e institucional.

Lo que queda en claro de toda esta campaña es que no se trata de un epifenómeno, Para el dirigente comunista Pierre Laurent lo que está sucediendo es simple: “¡nuestro pueblo a retomado la marcha de su historia! Con el Frente de Izquierda, la izquierda a retomado el camino que jamás debió haber abandonado”.

* Periodista y colaborador de Prensa Latina.