Esta mañana escuchaba una noticia a la que aun no encuentro sentido, en esta se decía que a través del Decreto Supremo 1126 el Ministerio de Salud estaría aumentando la carga horaria del personal de salud para incrementar así la cantidad de consultas anuales que se hace y mejorar así las estadísticas acercándolas a los parámetros supuestamente recomendados por la Organización Panamericana de la Salud (OPS).

El pensar que una sociedad en la que se hagan mas consultas es una sociedad sana es un error garrafal, primero porque ratifica que el enfoque del sistema de salud es medicalista y basado en la enfermedad (no en la salud) y segundo porque concibe que el usuario del servicio de salud (por favor no lo llamemos paciente!) acude al mismo por quince minutos de visita al médico y no por una solución a su problema, lo que en los hechos implica quizás mas de una consulta, pero también servicios de apoyo al diagnóstico y planes de tratamiento en condiciones adecuadas de espacio e infraestructura o de organización para que se acorten al mínimo los tiempos de espera; lastimosamente todas estas cuestiones son totalmente olvidadas en el cuestionado decreto.

La concepción de salud en nuestro país y en varios más está cada vez mas lejana de la verdadera acepción, esta vez si hecha por la OPS, que menciona que la salud es el completo bienestar físico mental y social y no solo a la ausencia de enfermedad.

Existen varios modelos que nos restriegan que el acceso a servicios de salud de calidad es solo un componente para garantizar la salud de una población, aspectos ambientales como las condiciones de salud y seguridad en el trabajo, la contaminación atmosférica o el acceso a servicios básicos (agua potable y alcantarillado o gestión de residuos sólidos); el estilo de vida por el que opta o al que está condenada una persona (tabaquismo, consumo de alcohol o alimentación inadecuada) además de aspectos genéticos son igual o mas importantes.

Por estos días se celebra el aniversario de la ley que marco un hito en la gestión pública, la ley de participación popular en la que por diferentes circunstancias se estableció que la responsabilidad por la salud es concurrente a los tres niveles de gobierno (nacional, departamental y municipal), el resultado hasta ahora es claramente adverso así está demostrado en los pobres avances de las metas de los Objetivos de Desarrollo del Milenio que tenemos como país. En vez de que cada una de estas instancias trabajen en pos de las necesidades de salud de las personas cada una de ellas actua desacreditando a la otra en una clara alegoría a las tres cabezas del cancerbero, el mítico perro que cuida las puertas del infierno, mientras los enfermos o sanos (por ahora) vemos que sin un poco de dinero en el bolsillo no podremos enfrentar la contingencia.

Así como una ciudad mas limpia no es la que mas se barre sino la que menos se ensucia, una ciudad saludable no será en la que mas consultas se haga sino la que cuente con políticas integrales de cuidado y protección social; en esa perspectiva se pueden entender también como atentados a la salud la importación de miles de autos usados y por tanto con mayor potencial de contaminación, el deficiente o nulo servicio de recojo de basura, la corrupción en las unidades de inspección y vigilancia de salud y seguridad, la contaminación de ríos por metales pesados o la venta en los mercados de productos infestados con agrotóxicos.

Volviendo al tema de los servicios de salud, mi punto de vista no pasa por que se trabajen 6 u 8 horas, pues de todos modos existirán establecimientos que no deben cerrar nunca u otros que comienzan sus labores en la mañana y terminan al anochecer , pasa por que en cualquiera de ellos se cuente con los mecanismos suficientes para asegurar la satisfacción de las necesidades de sus usuarios. Esta satisfacción solo será posible cuando el personal de salud sienta que se respetan sus derechos laborales, se cuente con infraestructura y equipamiento adecuados, se tenga a mano insumos y medicamentos y existan sistemas que aseguren que se entrega hoy y entregará siempre servicios de calidad (cumplimiento de protocolos, llenado adecuado de historias clínicas, vigilancia epidemiológica, bioseguridad, trato digno y respetuoso a los usuarios) los cuales tienen que ser gestionados como parte de las actividades rutinarias de los servicios y no, como ocurre ahora, en horas extras (generalmente no pagadas) y por parte de personal motivado que incluso lo hace sin apoyo de las autoridades de su establecimiento.

Es hora de replantear la situación, en la escuela, la universidad, el consultorio y el hospital; en el hogar, el barrio, la ciudad y el país, los médicos podremos hacerlo con solvencia.

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