Los dirigentes del magisterio urbano de Bolivia abandonaron la huelga seca y firmaron de manera precipitada un “acuerdo” inconsulto que no resuelve nada y por el contrario es un retroceso con relación al convenio de 2010. Es el principio de la hecatombe de la dirección nacional del sector en manos del estalinismo y del oficialismo.

Las últimas conferencias nacionales del magisterio urbano evidenciaban la rebelión de las bases contra una dirección oficialista. Problemas sectoriales no resueltos (entre ellos la nivelación de sueldos con los del magisterio rural) y reivindicaciones generales inscritas en el pliego único de la COB (aumento de sueldos y salarios de acuerdo a las canasta familiar) fueron motivo de gran preocupación para las bases.

Era muy claro el malestar contra la inútil dirección nacional que, habiendo firmado un convenio en 2010 con las reivindicaciones señaladas más arriba, no hiciera nada debido a su posición francamente oficialista. En estas circunstancias, y cuando se aproxima un congreso educativo nacional y el congreso ordinario a mediados del segundo semestre del presente año, la situación de los dirigentes se torna insostenible.

Ya en la penúltima Conferencia, los dirigentes acorralados por las bases sugirieron separar los problemas sectoriales de los generales, dando a entender que, al margen del pliego único de la COB, debería plantearse el cumplimiento del convenio de 2010, sugerencia que fue enérgicamente rechazada por la Conferencia.

A pesar de la posición adoptada en la Conferencia, tres semanas después Pinaya y su camarilla sorpresivamente anunciaron su decisión de tapiarse con el objetivo central de la nivelación de sueldos, enarbolaron la consigna de “nivelación o muerte” y con esta medida pretendieron cumplir dos objetivos:

a) Embarcar al magisterio en una lucha sectorial. Durante los días del tapiado, arremetieron agresivamente contra la consigna del aumento de sueldos de acuerdo a la canasta familiar, en su criterio una demandainalcanzable y por tanto irresponsable. Dijeron haber descubierto un nuevo método de lucha (el tapiado) que sustituye a las huelgas que terminan provocando descuentos y perjuicios a los estudiantes, etc. Según estos dirigentes, es suficiente el sacrificio de los dirigentes, liberando a las bases de su responsabilidad de luchar por lograr sus aspiraciones y satisfacer sus necesidades.

b) Recomponer su maltrecha situación frente a las bases. Pretendieron convertirse en los héroes que harían cumplir el convenio de 2010, y así llegar en mejores condiciones al congreso ordinario con la finalidad de seguir reteniendo el control de la Confederación. Para los estalinistas, ser echados de esa dirección nacional significa su muerte política.

Los trotskistas que percibíamos con claridad las intenciones del estalinismo y comprendíamos que el gobierno no estaba en condiciones de atender la exigencia de la nivelación porque le significaba una chorrera de plata, asumimos la táctica de incorporarnos al tapiado desde las Federaciones de La Paz, Cochabamba y Oruro, pero diferenciando con nitidez los objetivos de la medida. Lanzamos la consigna de unir los objetivos sectoriales del magisterio con los generales, tal cual se había aprobado en las Conferencias anteriores.

Señalamos con absoluta claridad que el magisterio tendría la posibilidad de arrancar al gobierno sus reivindicaciones sólo en el marco de la lucha unitaria en torno al pliego único de la COB. Recalcamos que el objetivo del tapiado no era sensibilizar los corazones de los gobernantes sino impulsar la movilización del magisterio, junto a los otros sectores que ya están en las calles (trabajadores en salud, médicos, etc.). Esta táctica encarnó rápidamente la franca rebelión de amplias capas de la clase media y de trabajadores contra el gobierno, y fácilmente se desplazó del escenario a la burocracia estalinista.

La salida de Pinaya y Quelca del tapiado y la firma precipitada de un “acuerdo” inconsulto que no resuelve nada y por el contrario es un retroceso con relación al convenio de 2010, es el principio de la hecatombe de la dirección nacional en manos del estalinismo y del oficialismo.

Todas las federaciones del interior del país rechazaron el documento firmado, y los aspirantes a héroes se convirtieron en villanos repudiados. Lo ocurrido en Santa Cruz fue algo espectacular: las bases obligaron a su dirigente oficialista a consignar entre las resoluciones del gremio el rechazo al “acuerdo” y la condena a los dirigentes traidores.

Pinaya se hizo presente en la última asamblea del magisterio de Cochabamba flanqueado por sus secuaces, con la intención de hacer uso de la palabra, pero fue violentamente rechazado por las bases y una maestra le vació una jarra de agua en la cara.

La lección de todo esto es que la situación política frustra todas las maniobras de la burocracia oficialista. Lo mismo ocurre en grande con las maniobras del gobierno, por ejemplo, para impedir el inicio de la IX marcha indígena.

* Dirigente de la Federación de Maestros Urbanos de Cochabamba.