(PL y Bolpress).- A mediados de marzo, tropas de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) permanecieron durante varios días en el norte de Noruega y Suecia con el pretexto de ensayar acciones en caso de conflicto y posibles actos terroristas. En el Ártico no hay terroristas, pero sí enormes reservas de gas, petróleo, oro y diamantes.

El asunto de la división de una zona en disputa como el Ártico llevó a la revisión en detalle del Tratado del Mar, aprobado por Naciones Unidas en 1982, y que estipulaba una nueva forma de analizar la soberanía de zonas marítimas a partir de 2009.

El referido tratado señala que los Estados podrían reclamar derechos soberanos, más allá de sus 200 millas náuticas, si demuestran científicamente que existe una extensión de una cordillera marítima que une a ésta última con otra superficie. Rusia realizó una expedición polar, encabezada por el entonces diputado y explorador polar Artur Shilingarov, tras la cual se colocó una bandera rusa a una profundidad de 4.200 metros, en la Cordillera Lomonosov, que atraviesa de lado a lado al Ártico.

Los países con costas en el Océano Glaciar Ártico mantuvieron congelados por más de 25 años la discusión para aprobar el Tratado del Mar y ahora aceleran sus análisis, conscientes de que el calentamiento global y el consiguiente derretimiento de los hielos ponen al descubierto los tesoros del Océano Glacial del Norte.

En el Ártico no hay terroristas, pero sí enormes reservas de gas, petróleo, oro y diamantes. Un centro estadounidense de estudios geológicos señaló en 2000 que la zona posee el 25% de los recursos de hidrocarburos aún sin explorar en el orbe. Además, a causa del llamado efecto invernadero, en varias zonas del Océano Glaciar Ártico se abren nuevas rutas de tránsito.

Pese a que resulta muy difícil verificar la exactitud de tales estudios, se disparó el interés de naciones con costas en el Ártico, que primero efectuaron expediciones científicas y luego pasaron a asuntos más serios como ocupación militar de zonas aledañas al Ártico, intensificada en los últimos cinco años .

Canadá formó una fuerza especial de unos 1.500 militares para mantenerlos en constante patrullaje por la zona del Ártico, y prevé reforzar su base cerca de Groenlandia. El Ártico suscita ya disputas entre los Estados que aspiran a la plataforma continental, incluso entre naciones como Finlandia, Suecia e Islandia, que sin ser países con costas en el Océano Glaciar Ártico, poseen pretensiones en esa zona.

Dinamarca y Noruega mantienen disputas territoriales; sin embargo, junto a Suecia, Estados Unidos y Canadá decidieron reducir las tensiones para unirse en maniobras en el marco de la Alianza como la Nanuk 2010. A inicios de 2011, Noruega, Islandia, Dinamarca, Gran Bretaña, Suecia, Finlandia, Estonia, Letonia y Lituania anunciaron su intención de crear una especie de mini-OTAN para coordinar esfuerzos de seguridad sobre el Ártico.

Juegos de guerra de EE.UU. y la OTAN

Estados Unidos mantiene en Alaska una estación de radiolocalización y un sistema de defensa antimisil, así como otras instalaciones militares que convierten a ese país en el de mayor presencia bélica en el perímetro del Ártico. La reciente revelación de la existencia de una base militar secreta estadounidense en Groenlandia, cerca del Círculo Polar Ártico, hizo resurgir el fantasma de la confrontación nuclear, supuestamente congelada tras el fin de la Guerra Fría.

Camp Century fue construida bajo los hielos perpetuos de la mayor isla del planeta, perteneciente a Dinamarca. Tuvo sus raíces en la segunda mitad de la década de 1940, cuando Estados Unidos inició la denominada Guerra Fría en su confrontación con la entonces Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS), como parte del desarrollo de arsenales nucleares que garantizaban la destrucción mutua.

Su ubicación convertía a la base en un punto idóneo para cumplir los objetivos de emplazar un sistema de defensa de alerta temprana contra misiles o de lanzamiento de cohetes contra la URSS, posicionada a medio camino entre Nueva York y Moscú. Entre 85 y 200 científicos civiles y personal militar residían en el avanzado puesto de mando que comenzó a construirse en 1958 y ya fue operativo para 1960, a un costo de 60 millones al valor actual. Sin embargo, por el movimiento de los glaciares y ante el peligro de colapso de los túneles, el proyecto fue abandonando en 1966.

Versiones oficiales aducían que la instalación ubicada a 800 kilómetros del Polo Norte, a unos 1.880 metros sobre el nivel del mar y con una temperatura que oscilaba entre 23 y 56 grados centígrados bajo cero, constituía un centro de investigación y experimentación científica a manera de una “colonia lunar” en la Tierra. Sin embargo, su verdadero objetivo fue develado recientemente: acoger al Proyecto Iceworm encaminado a probar la viabilidad de enterrar misiles nucleares bajo las capas congeladas, reportó el sitio digital Fox Reno.com.

Con el derrumbe de la URSS y el campo socialista, muchos expertos dieron por concluido el periodo de confrontación este-oeste y con ello, el peligro de que la humanidad se viera envuelta en una conflagración atómica. Pero 20 años después Washington insiste en emplazar en Europa un sistema antimisiles escudado en la supuesta “emergencia de nuevos peligros”, entre ellos la emergencia de potencias como Irán, China y Rusia, comentó la publicación.

En el reciente juego de guerra de la OTAN denominado Exercise Cold Response 2012 (Ejercicio Respuesta Fría) intervinieron más de 16 mil militares, buques de guerra y la aviación de Estados Unidos, Reino Unido, Canadá, Francia y de los Países Bajos, entre otras naciones, hasta llegar a 15 integrantes de la Alianza Atlántica. Las maniobras fueron encabezadas por el portaaviones británico HMS Illustrious, base de ocho helicópteros de combate.

Vladimir Evseiev, especialista de relaciones internacionales de la Academia de Ciencias de Rusia, advierte que las operaciones se llevan a cabo en el territorio de Noruega y de Suecia, o sea, a dos pasos de las fronteras de aquel estado euroasiático. Esos ejercicios podrían hacerse en territorio de Canadá, pero, por el lugar elegido, para muchos podrían ser considerados como una provocación, reflexionó.

Para el experto en temas de seguridad Igor Korotchenko, esta actividad militar debe ser observada, exclusivamente, a través del prisma del reforzamiento de la presencia militar de la OTAN, condicionada a la futura repartición de las riquezas naturales de la región. En su criterio, la Organización busca “exhibir sus músculos”, junto al afán de consolidar sus esfuerzos geopolíticos y diplomáticos con el apoyo en el poderío bélico.

Según Korotchenko, Moscú sigue atentamente la actividad militar de la alianza atlántica en el Círculo Polar. Se crearon dos nuevas brigadas árticas en Rusia, las cuales estarán dispuestas a actuar con movilidad en la región, principalmente donde lo requieran los intereses del país.

El Kremlin se opone a la militarización del Ártico y propone convertir el área en una de las plataformas claves de la cooperación económica y científica de los países preárticos: Rusia, Canadá, Estados Unidos, Noruega y Dinamarca. Su propuesta es resolver los posibles litigios territoriales con medios pacíficos, es decir con un diálogo apoyado en la diplomacia y no en la fuerza bélica.

Rusia y su mirada estratégica hacia el Ártico

La exploración, estudio y explotación de los recursos del Ártico y sus perspectivas como vía de importantes flujos de mercancías reforzó la atención de Rusia y su mirada geoestratégica hacia esa zona disputada, además, por Estados Unidos, Noruega, Canadá y Dinamarca. Para el país más extenso del mundo y con toda su zona norte con costas en el Océano Glaciar Ártico, reclamar la soberanía de parte del Ártico es un asunto estratégico y de seguridad nacional.

El secretario del Consejo Nacional de Seguridad ruso Nikolai Patrushev precisó que en el círculo polar ártico vive apenas el 1% de la población rusa, pero la región produce el 20% del Producto Interno Bruto (PIB) nacional y los productos extraídos allí representan el 22% de las exportaciones del país. Además, en el extremo norte de Rusia se produce el 75% del petróleo y el 85% del gas nacional, así como oro, platino, níquel y diamantes.

Durante décadas, una de las primeras flotas de rompehielos, la de la Unión Soviética, empleó la ruta del norte para trasladar mercancías entre los dos extremos del país, así como para llevar productos de la zona a Europa. Gran parte de la flota estratégica de submarinos soviéticos siempre garantizó desde esa zona, difícil de rastrear desde satélites, la seguridad nacional y la paridad nuclear con Estados Unidos.

En la década de 1980, por la ruta norte se trasladaban siete millones de toneladas de petróleo en buques acompañados por una flota de rompehielos. Pero tras la desintegración de la Unión Soviética, ese recorrido perdió su prioridad y volumen sensiblemente. Para 2010, por la citada vía pasaron 110 mil toneladas de crudo y en 2011 fueron 800 mil toneladas, aunque fuera de esa carga también se llegó a trasladar otros productos para totalizar tres millones de toneladas.

De abrirse el corredor comercial del norte, para lo cual Rusia parece estar más preparada, pues posee una flota de seis rompehielos atómicos, le garantiza una ventaja en ese sentido hasta 2020, se acortaría el tramo del traslado de mercancías en un 23%. Así, la vía sería 2.440 millas náuticas más corta que el viaje realizado a través del Canal de Suez, con 10 días menos y un ahorro de 800 toneladas de petróleo.

Moscú mira con sumo interés tales perspectivas y ya refuerza su capacidad portuaria con la construcción de la terminal de Tkisi, en el Distrito Autónomo ruso de Yamala-Nenets, de donde partirá mercancía a Europa y el Asia-Pacífico. La región siempre fue vista por Moscú como un lugar de tránsito, un concepto que parece cambiar ahora a partir de las medidas aplicadas por otras naciones.

Rusia invertirá unos 21 mil millones de rublos (cerca de 700 millones de dólares) en los próximos tres años en la modernización y el desarrollo de proyectos en el Ártico como tal. En primer lugar creará una brigada fronteriza en la península de Kola, en la zona limítrofe del Océano Glaciar Ártico, y para 2015 prevé la creación de una fuerza especial militar para el Ártico. De acuerdo con los Fundamentos de la Política Estatal de Rusia en el Ártico, para 2020 debe formarse el Sistema Funcional de Seguridad Costera en el Ártico de la inteligencia rusa.

Además, Rusia construye un nuevo rompehielos atómico que estará listo para 2018, y pasados otros seis años iniciará la fabricación de otros dos más potentes, además de otros de propulsión diesel e incluso tanqueros semi rompehielos para trabajar en el Ártico.

Los negocios petroleros y energéticos en el Ártico

El presidente electo Vladimir Putin anunció nuevas condiciones de explotación de la plataforma marina rusa del Ártico, con el fin de estimular la presencia, trabajos y explotación de recursos en la zona. El Estado prevé atraer en tres décadas inversiones por 500 mil millones de dólares para extracción petrolera y de gas y en un futuro obtener unos 300 mil millones de dólares de ganancias adicionales.

En los próximos 15 años, a las empresas interesadas en desarrollar proyectos de explotación de recursos minerales se les liberará completamente del pago del impuesto sobre exportaciones, propiedad y el valor agregado (IVA). Putin se pronuncia por reducir hasta un 5% el gravamen sobre la importación de nuevas tecnologías que por ahora no produce el país para el trabajo en las duras condiciones del Polo Norte.

Rusia abrirá centros de seguridad con el fin de coordinar las labores para lidiar con catástrofes en la región. El primer centro se instaló en la norteña ciudad de Murmansk, considerada como la llave del Ártico, a lo que seguirán otros en Arjanguel, Narian-Mer, Volkutá, Tiksi, Peveka, Anadir y en la bahía de Providenia (Fantasma).

Rosneft ya acogió como socio minoritario al gigante norteamericano ExxonMobil para participar en proyectos de explotación de yacimientos en el mar de Kará; mientras que la petrolera ruso-británica TNK-BP invertirá unos cuatro mil millones de dólares en los próximos tres años para desarrollar yacimientos petroleros y gasíferos en el Ártico.

El consorcio estadounidense Chevron también solicito concesiones en la zona, y Gazprom construye el puerto de Sabetta y una planta de producción de gas licuado que elevará el volumen del tránsito de productos en la región a cinco millones 500 mil toneladas, tanto hacia Europa como a economías emergentes del sudeste asiático.

En Estados Unidos, la Oficina de Seguridad y Control Ambiental del Departamento del Interior dio luz verde, en marzo de este año, a un plan de respuesta de la compañía Shell para atajar un posible vertimiento del carburante en el mar de Beaufort, en el norte de Alaska, donde la petrolera podría comenzar a perforar pozos exploratorios en cuestión de meses, reportó el sitio digital All Gov.com.

Reguladores federales dijeron que estaban satisfechos con el plan de emergencia de Shell para contener una explosión accidental. El proyecto está diseñado para hacer frente a un derrame de hasta 480 mil barriles de petróleo cuyas dimensiones podría llegar al Refugio Nacional para la Preservación de la Vida Salvaje en el Ártico.

China ha fijado para 2012 varias metas en el sector científico-tecnológico entre las que destaca el impulso de expediciones científicas. El gigante asiático planea realizar entre 2011 y 2015 ocho misiones de exploración polar, cinco a la región del polo sur y tres a la del norte.

El 5 de abril de este año concluyó la 28 expedición china a la Antártida a bordo del rompehielo Xuelong, capaz de quebrar capas heladas de 1,2 metros de espesor, soportar unas ocho mil toneladas y navegar 20 mil millas náuticas. En julio próximo partirá la quinta misión al Ártico.

El primer ministro chino Wen Jiabao ha propuesto a Islandia y Suecia investigar y desarrollar la energía geotermal en el Ártico, respetando siempre la soberanía y jurisdicción de los estados vinculados a esa área polar. En abril de 2012, los gobiernos de China e Islandia firmaron un acuerdo para desarrollar centrales geotérmicas, que aportan más de un 25% de las necesidades energéticas de Islandia, y otros convenios que contemplan estudios en geociencias y el Ártico.

Con reportes de los periodistas Pablo Osoria Ramírez, jefe de la Redacción Europa de Prensa Latina; Antonio Rondón, corresponsal en Rusia; y Teresita Vives, corresponsal en China.