La IX marcha indígena que partirá de Chaparina (Beni), el próximo miércoles 25 de este mes, es por el principal derecho por el que lucha la humanidad hace siglos: el de la vida. Y ésta, además, dentro del territorio indígena, el TIPNIS, de acuerdo a la Constitución Política, votada por casi dos tercios de los bolivianos y consagrada en la Declaración de las Naciones Unidas sobre los Derechos de los Pueblos Indígenas (2007), la que también es ley de nuestro país.

La caminata es legal y legítima, como la anterior acción de esos pueblos, que recibió apoyo de la mayoría de los bolivianos porque entendimos que los originarios defendieron los derechos y los intereses de los bolivianos, al tiempo de que demandaron respeto por el territorio y sus riquezas, por la autodeterminación sin facultad a la separación territorial y por la vigencia de las costumbres como derecho consuetudinario para la convivencia en esas tierras. La defensa del TIPNIS fue parte de una plataforma por la que, en rigor, luchó la mayoría del pueblo boliviano.

La IX caminata, obligada ante una política que ya saquea la reserva natural y territorio indígena, es una prolongación de la VIII marcha: es otra etapa de lo que sigue siendo una macha prolongada, la que arranca en 1990, como la primera de los pueblos indígenas de las tierras bajas que demandó territorio y dignidad, y que recorrió los caminos que unen Trinidad con La Paz.

Cada una de esas marchas exigió la atención del Estado y de los gobiernos respectivos, básicamente, de un programa resumido en la consigna que enarbolará la IX marcha. Una de ellas exigió, específicamente, la convocatoria a una asamblea constituyente para que los indígenas participen en ella, como no lo hicieron en la reunión de constituyentes, realizada el 6 de agosto de 1825, y en la que tampoco estuvieron los sobrevivientes jefes/as guerrilleros/as (como la generala Juana Azurduy) ni los indígenas que poblaban los bosques y las serranías bolivianas.

Para los que con mucha facilidad olvidan episodios de primera importancia de nuestra historia es necesario recordar que la marcha por el Territorio y la dignidad (1990) también propuso, aunque en voz baja y esporádicamente, una asamblea constituyente. Los beneficiarios inmediatos de esa demanda programática de los indígenas (que integraron la Asamblea Constituyente de Sucre y que son funcionarios del actual gobierno) al menos tendrán una gratitud silenciosa.

El TIPNIS, pues, nos une a la mayoría y separa a una parte menor de los bolivianos. Ésta no es una tragedia. Y como siempre son los intereses materiales y las ideas, los factores esenciales de esa unión y de esa separación inevitables. Los que creen en la complementariedad, en vez de la lucha de clases, siguen propagando sus ideas, labor respetable, la que se muestra imposible en Bolivia dividida en clases y grupos sociales y en pueblos indígenas, con diferencias y coincidencias, las que arrancan de una materialidad que no se la puede abrogar.

Con la IX acción indígena, la que será compartida por trabajadores y citadinos de las más diversas expresiones sociales y políticas (en la que sólo la derecha nada tiene que hacer), específicamente, buscará protección para la reserva de agua dulce más importante del país y que está en el TIPNIS; de los bosques formados en centenas de años y si se hace la carretera desparecerán; de los animales silvestres, como los caimanes negros y otras especies únicas en ese lugar; en suma, de los recursos biológicos, la biodiversidad, que se conserva a pesar de tantos depredadores, como lo son los colonizadores que ya acabaron con ella en el Polígono 7 (lado sur del TIPNIS) y que también saquearon las riquezas del Chapare, lugar del que fueron echados los yuracarés, sus pobladores originarios que pusieron nombre a diferentes lugares: Ivirgarzana (El tigre en el río), Eterazama o Eteramazama (río de tigres), Valle Ivirza, Sesarsama, etc.).

Los yuracarés saben lo que es el despojo de su territorio: los colonialistas españoles apetecían sus tierras, así como los cochabambinos, en 1780, pretendían las del Chapare para sembrar “el azúcar, la coca, ají, probablemente añil”, de acuerdo a una carta del entonces gobernador español de aquel año. Ygnacio Flores, fue la autoridad colonial —que abandonó el proyecto porque fue a sofocar el alzamiento de Tomás Katari en Chayanta, Potosí— y que añadió en su carta reveladora que con el camino que sugirió abrir de Moxos a Cochabamba (y que debía atravesar el Chapare, según él) se aislaría a los cruceños. Entonces el problema era también el de la tierra.

Los gobernantes actuales recogen la preocupación de ese colonialista, pero callan que el camino por el TIPNIS es porque las tierras de esa reserva la quieren los colonizadores para plantar más coca. Tampoco dicen que con esa vía servirán, como el que más, a empresas transnacionales que operan en Brasil y Chile; a los ganaderos para que envíen carne a Cochabamba y otros sitios sin pasar por Santa Cruz (como repitió el Vicepresidente); a los madereros que depredan los bosques, con lo que ganarán mucho; a los comerciantes millonarios, parasitario sector que se enriquece sin agregar valor alguno a las mercancías.

Se sabe que la empresa OAS, de Brasil, recibió al menos 100 millones como sobreprecio (sin contar los daños ocasionados) y sin que se conozca con precisión las “coimas” que se dieron ni el nombre de los sobornados. Esto último sugiere más de una investigación.

La conclusión del contrato firmado entre ABC y OAS, que el gobierno dice que tramita, con la venia de la Presidenta de Brasil, acaso sea para encubrir el fraude denunciado y que sigue sin desmentir. Además, la conclusión de ese contrato sugiere la búsqueda de otra empresa para la construcción del camino por el medio del TIPNIS, como insiste el Presidente, en una campaña en la que deseamos le vaya mal, mal y mal.

La otra cara de la misma campaña comprende: amenazas, regalos, militarización del TIPNIS, división de organizaciones de indígenas, acuerdos de éstos con los gobernantes, bloqueos de caminos por colonizadores para impedir el tránsito de los marchistas, propaganda en favor de una consulta posterior (con la ayuda de un funcionario de la ONU), acciones de masistas en pro de la construcción del camino de la discordia.

Indirectamente ayudan al gobierno el acuerdo suscrito entre Adolfo Chávez y el Gobernador de Santa Cruz (“metida de pata”, según Fernando Vargas), la aceptación del cargo de subalcaldesa de barrio de Justa Cabrera (otra metida de pata), la recepción de dinero de la Gobernación de Beni por dirigentes indígenas del TIPNIS (sin esclarecer), así como el comportamiento de la derecha que pretende cabalgar en el accionar de los indígenas.

Pensamos, sin embargo, que la IX marcha será ejecutada por los imprescindibles, por los mejores hijos de esta patria nuestra, los que tienen una fuerza moral imposible de aplastar porque, además, la causa indígena es una de las más o la más justa de este tiempo boliviano y latinoamericano. Asimismo, gesta latinoamericanista porque, entre otros, guaraníes de Paraguay, Argentina y Brasil se alistan para marchar con sus hermanos bolivianos de Chaparina a La Paz.

La IX marcha defenderá la vida en el TIPNIS, la democracia y los derechos conquistados. Por eso la mayoría del pueblo boliviano la apoya. ¡Que tiemblen los autoritarios ante ella!

* Periodista y Editor de http://www.semanarioaqui.com