La Habana (PL).- Kwane Nkrumah sobresale entre los líderes africanos que en el siglo XX enfrentaron resueltamente la esclavitud colonial de las potencias europeas, lucha por la cual sufrió persecución y cárcel, y se convirtió en un dirigente venerado en Ghana y todo el continente. En Guinea, el líder carismático Amílcar Cabralque condujo la victoriosa guerra libertaria frente al ejército colonial de Portugal.

Ghana en la historia

En el siglo XV, los navegantes portugueses fueron los primeros europeos en llegar a Africa. Algunos traficantes arribaron a las costas de Ghana y establecieron factorías comerciales creándose los contactos iniciales entre la población autóctona y los extranjeros. Casi de inmediato los lusitanos extrajeron oro en grandes cantidades y por eso el territorio tomó el nombre de Costa de Oro. El interés mostrado por ese metal abriría las puertas a una explotación que se prolongaría durante casi cinco siglos.

Posteriormente, los europeos pusieron su atención en el comercio de especias y marfil; aunque sin dejar a un lado ese negocio, se inclinaron por la trata de esclavos, más lucrativa. Los navegantes portugueses en el siglo XV también habían arribado a Brasil, que se convirtió en su única colonia en América, donde los africanos eran vendidos a los dueños de plantaciones agrícolas para trabajar en el sistema esclavista.

Daneses, franceses, holandeses y británicos también asentaron sus puntos comerciales, protegidos por fortines contra los rivales europeos o las sublevaciones de la población autóctona.

El castillo de Elmira, construido por los portugueses, servía a la vez de almacén de esclavos a la espera de su traslado a América. En la medida en que las potencias europeas establecían nuevas colonias en ese territorio y el Caribe, se intensificaba el comercio de esclavos.

La Trata se prolongó durante los siglos siguientes, en que millones de africanos -hombres y mujeres- fueron arrancados violentamente de las áreas occidentales del continente, en un tráfico inhumano y atroz. En 1821, Reino Unido impuso su poderío naval y se apoderó de toda la costa. Dos décadas más tarde, en 1844, suscribió un tratado con el rey de los ashantis, la tribu que había resistido con más vigor la penetración europea. Los acuerdos firmados con las metrópolis eran papeles inservibles pues fueron burlados con total desfachatez.

Tanto era así que unos treinta años después, en 1874, Londres estableció formalmente allí su colonia de Costa de Oro, y más tarde ocupó, violando el convenio, el reino de los ashantis e impuso en el norte del país el Protectorado Británico.

La ocupación británica reforzó la opresión colonial, tal como sucedía en las demás posesiones. Eran pisoteados los derechos de los nativos, que veían partir hacia la metrópoli sus riquezas mientras se sumían en una continua pobreza.

En 1922, después de la Primera Guerra Mundial (1914-1918), tras la derrota de Alemania, la parte occidental de su colonia de Togo pasó a manos británicas y su administración recayó en Costa de Oro. Los dominios teutones en Africa fueron repartidos entre Reino Unido y Francia, lo cual significó el fin de la presencia colonial de Alemania en el continente.

Siguieron largos años de explotación con énfasis especial en el monocultivo del cacao, bajo el control de capitales británicos y otros europeos. El país padecía un marcado atraso económico, educacional y sanitario, con un alto índice de mortalidad. Esa situación provocaba el descontento popular y alarmados los colonialistas admitieron, en 1946, a africanos en el gobierno de Costa de Oro, aunque sin el resultado que esperaban.

Kwane Nkrumah

Nkrumah (1909-1972) fue el hombre que sintetizó las aspiraciones libertarias del pueblo y su posición anticolonialista era conocida entre los grupos partidarios de la independencia. En 1947 fundó el Partido Convención Unidad de Costa de Oro, que tenía como objetivo encauzar la lucha contra el dominio de Reino Unido y lograr para su país una vida política independiente.

La respuesta de las autoridades fue arrojarlo a las mazmorras coloniales. Su encarcelamiento provocó airadas protestas. En lo adelante, nada sería igual para la corona británica, empecinada en mantener un sistema repudiado en Africa y en el mundo.

Después de su excarcelación en 1949, Nkrumah, al frente de los elementos más progresistas de la agrupación constituyó el Partido Popular de la Convención e inició una abierta oposición al predominio colonial. Durante 1950 y 1951 se desarrolló una intensa campaña de resistencia cívica, conocida como acción positiva.

Fue Nkrumah nuevamente encarcelado. Su partido pugnaba por la unidad nacional y la lucha contra la opresión. Numerosas manifestaciones públicas fueron duramente reprimidas por las tropas británicas dejando saldos elevados de víctimas.

Los colonialistas se vieron obligados a ceder. La presión popular forzó la celebración de elecciones generales para una Asamblea Legislativa. Desde la cárcel Nkrumah obtuvo el triunfo de su Partido por aplastante mayoría, y liberado formó el gobierno. En 1952 se convirtió en Primer Ministro.

La parte occidental de Togo, administrada desde 1922 por Costa de Oro, pidió la unión al país. Cuando en 1957 se obtuvo la independencia, el Estado adoptó el nombre ancestral de Ghana. Al proclamarse la República, Nkrumah fue elegido presidente. Su legado de lucha no lo olvida su país ni Africa.

Bissau: Resistencia a los conquistadores

Guinea Bissau era la tercera colonia de Portugal en Africa por su extensión territorial después de Angola y Mozambique, adonde el navegante lusitano Nuno Tristao arribó en 1446- en pleno siglo XV-, por lo que se le atribuye su descubrimiento. Los portugueses fueron los primeros europeos en explorar las costas continentales y también en obtener el control de varios territorios en los que implantaron un severo sistema de explotación.

La historiografía occidental destaca a Tristao como el descubridor de Guinea Bissau, sin tener en cuenta que desde mucho antes de su llegada el territorio estaba habitado por mandingas, fulas, balantos y otros variados grupos étnicos, los cuales, en realidad, serían sus descubridores. Ese hecho pudiera calificarse como otro ejemplo de la distorsión de la historia de los pueblos de Africa que Occidente escribe a partir de la presencia de los colonizadores europeos, y es una memoria que el continente se empeña en rescatar.

Los historiadores no cuentan lo sucedido en las dos décadas posteriores al arribo de Tristao, sólo afirman que 23 años después el también portugués Fernando Gomes ya tenía el control del comercio. A partir de 1530, otros países europeos comenzaron a mostrar interés por la zona.

Desde el siglo XV ya funcionaba la Compañía Portuguesa de Guinea, autorizada por la Iglesia para introducir a miles de esclavos en América, destinados fundamentalmente a la colonia lusitana de Brasil. El portugués Pedro Alvares Cabral llegó a las playas brasileñas en el siglo XV, dando inicio a la conquista del país, que se convirtió más tarde en la única posesión de Lisboa en suelo americano. Aquí los esclavos laborarían en las plantaciones agrícolas.

El monopolio del comercio humano ejercido por Portugal hasta el primer tercio del siglo XVI resultó afectado por las compañías francesas, británicas y holandesas, que contaban con dominios en las islas del Caribe y las Américas.

La necesidad de fuerza de trabajo en las nuevas colonias inauguró una etapa de dura competencia entre los traficantes, que se agudizó tras la casi eliminación de la población india autóctona, por demás menos resistente a la rigurosa labor en el campo y a los abusos y crímenes de amos y capataces.

Los propietarios de haciendas demandaban más esclavos y los practicantes de la Trata veían que el llamado continente negro podía proveerlos. Portugueses, franceses, británicos, holandeses y españoles controlaban el horrendo negocio del contrabando de africanos.

Zonas occidentales de Africa fueron literalmente despobladas de hombres y mujeres, que cazados y almacenados en centros de embarque como la isla de Gorée, en el actual Senegal, Santo Tomé y Príncipe, y otros lugares, esperaban para ser embarcados en barcos negreros. A causa de las pésimas condiciones de la travesía por el Atlántico, muchos perecían y otros eran arrojados al mar.

La Trata de esclavos se prolongó en Guinea Bissau hasta 1840, aunque en 1834 el gobierno de la Corona británica había decretado la abolición de la esclavitud en sus colonias. Las autoridades británicas crearon una base naval en la extensa bahía de Freetown, en su colonia de Sierra Leona, en el occidente africano, para perseguir a los violadores de la norma real. Reino Unido, que había entrado en la revolución industrial, no estaba interesado en el comercio de esclavos.

Lisboa también prohibió el comercio de esclavos entre los portugueses establecidos en el cercano archipiélago de Cabo Verde, que era administrado por un gobernador con base en Guinea Bissau.

La presencia extranjera nunca fue aceptada por la población nativa de manera pacífica, que de distintas formas mostró su resistencia al ocupante europeo. Este rechazo al colonizador, causante de tantos sufrimientos y humillaciones, continuó desde aquellos lejanos años hasta el siglo XX.

Un líder carismático -agrónomo de profesión-, Amílcar Cabral, fundó en 1956, junto a un grupo de sus compañeros, el Partido Africano para la Independencia de Guinea Bissau y Cabo Verde (PAIGC), que condujo la victoriosa guerra libertaria frente al ejército colonial de Portugal.

Fueron largos años en los cuales el pueblo guineano combatió a fuerzas militares que poseían los armamentos más modernos y, además, tenían en su poder las instalaciones castrenses tomadas a costa de ingentes sacrificios.

Uno de los primeros actos populares al surgir el país a la vida independiente en 1974 fue el derribo de las estatuas de Nuno Tristao, Fernando Gomes, Diego Cao y otros conquistadores coloniales, colocadas por las autoridades de Portugal en los lugares más céntricos de Bissau.

En espera de un destino más adecuado, esas estatuas bajadas de sus pedestales fueron arrojadas como objetos inservibles en un área baldía de la capital, y quedaron como símbolos de un pasado que nunca se olvidará.

Los mbochi del Congo

La presencia de los europeos en Africa a partir del siglo XV amenazó con alterar hábitos, costumbres y modo de vida de las sociedades donde con más fuerza se afirmó la opresión de los recién llegados conquistadores. En la amplia cuenca del río Congo, el más caudaloso del continente, habita la etnia mbochi cuya estructura económica, y organización social y familiar pueden servir para estudiar otros grupos, no sólo del área, sino de otras regiones africanas. En la zona costera también predominaron grupos de la tribu vili.

En 1482 el navegante portugués Diego Cao llegó a la desembocadura del río Congo y posteriormente toda el área se convirtió en una de las principales zonas proveedoras de esclavos destinados a las colonias europeas en América y el Caribe. Los mbochi fueron víctimas de la trata de esclavos y miles perecieron a causa de los castigos y abusos en los territorios colonizados. En los nuevos países adonde fueron llevados a la fuerza, no perdieron sus costumbres ni su rebeldía pues escapaban hacia el monte perseguidos por amos y capataces.

Como otros grupos étnicos, los ancestros de los mbochi ocuparon la región a partir de los siglos IV y V, a continuación de los primeros movimientos bantú. En sus tradiciones orales reconocen que vinieron del este, de zonas del Africa Central.

Entre los mbochi, el suelo primitivamente ocupado por ancestros comunes pertenecía de manera colectiva a los miembros de la familia reconocidos como originarios, de los mismos antepasados fundadores del parentesco. Es decir, la tierra y los recursos materiales como la laguna y la fauna, entre otras, se poseía colectivamente. No existía la propiedad privada. Esto resultaba importante en una sociedad en que la agricultura constituía lo esencial de la producción social.

Cada miembro adulto y apto de la familia explotaba las riquezas forestales -esencias, fauna, vegetales, comestibles-, la pesca en las lagunas, cultivaba libremente una porción de tierra dependiente del catastro heredado de los ancestros muertos. Todo ello a título de usufructo, pues los derechos colectivos eran inalienables y pertenecían a la familia completa.

El kani, jefe coronado que gobernaba uno o varios pueblos, tenía autoridad moral y política, pero no poseía tierra de la comunidad local de manera privada, y su papel radicaba en velar por el conjunto del patrimonio de las familias independientes. Entre otras funciones consumaba los ritos necesarios para la fertilidad del suelo y para la abundancia de la caza en las zonas destinadas a ello, arbitraba en las querellas que surgían entre las familias, y sus decisiones eran acatadas como una manifestación de autoridad y sabiduría.

El jefe kani era generalmente un hombre de edad avanzada que contaba con asesores. Como insignias materiales poseía collares confeccionados con dientes de animales, brazaletes de cobre en los brazos, y piel de pantera que solamente vestía en circunstancias realmente importantes, como ceremonias dedicadas a los ancestros. En la mano derecha sostenía un penacho.

En compensación a los servicios realizados a título de hermano mayor y de representante de los ancestros muertos, recibía regalos provenientes de las cosechas, de la caza o de la pesca, y lo aceptaba porque ejercía una función social reverenciada colectivamente.

La agricultura se practicaba dentro de la comunidad local y el cultivo se hacía en campos quemados para abonarlos. El hombre talaba un pedazo de bosque, dejando gruesos tocones que eran destruidos enseguida por el fuego. La mujer también intervenía y sembraba entre los desechos. Las plantaciones se dejaban en barbecho cuando se agotaban. Las actividades agrícolas se desarrollaban según un calendario que obedecía a las temperaturas y precipitaciones características de la cuenca congolesa.

Por primera vez surgieron de aquí los diversos calendarios mbochi, que demostraban un verdadero conocimiento y conciencia del tiempo y de las estaciones. En las sociedades esencialmente agrícolas, el conocimiento del clima era de suma importancia.

De acuerdo con el clima y los meses del año, se preparaba la tierra para la siembra de tubérculos y legumbres; se reparaban las grandes nasas de liana utilizadas para atrapar a los peces, cerrando las corrientes de agua donde era posible.

Colonialismo francés

Esa era la situación cuando, a principios del siglo XIX, Francia comenzó a construir factorías en las costas y luego inició expediciones al interior. Bien porque estaban organizados según su modo de vida y de pensamiento, los mbochi resistieron a las órdenes de los kani las agresiones de las tropas galas.

En esa resistencia se destacó el kani Belengendze, finalmente hecho prisionero. Todos los miembros de la etnia mbochi afrontaron la ocupación de Francia que, después de más de un siglo de explotación colonialista, no pudo destruir ni su modo de vida ni su cultura.

Tras la independencia en 1960 y convertirse el país en la República del Congo, la lucha de los mbochi se recuerda como un hecho significativo en la historia africana.

* Periodista cubano especializado en política internacional, ha sido corresponsal en varios países africanos y es colaborador de Prensa Latina.