Son las 6 de la mañana y el sol radiante ya alumbratodo el Chaco, preparamos una olla grande de café, mientras picamos las verduras para el majadito cerca al fogón de leña. El día ha llegado con las risas y el acento guaranídeniños y jóvenes que venían para el homenaje a los caídos en la batalla de Kuruyuki. Saludaron con cariño y respeto a la abuela Matilde, mientras el profesor de violín ya tenía lista la camisa bordada con motivos indígenas, para el evento.

Noche antes, la delegación ha colocado la bandera Guaraní en la plaza, he calculado que media al menos unos 5 metros de largo, se imponía sostenida a un árbol. Las abuelas han practicado su baile y todos juntos preparaban el escenario con una enorme tela verde en el fondo, la emoción estaba en el aire, recordaríamos a los abuelos, a los que han devuelto la fuerza para buscar la libertad, no por nada, algunos escritores certifican que la frase en nuestro himno nacional: “Morir antes que esclavos vivir”, es atribuida al valor de los indígenas de tierras bajas cuando vieron enfrentada su libertad.

Por fin llegó la hora de la fiesta este 2012, desde las 7 am estaban todos reunidos cerca al pequeño tinglado de la comunidad, gran sorpresa fue ver llegar a los militares quienes se apostaron en dos hileras cercanas al escenario ya que paradójicamente estos habían diezmado a los guaraníes en esta cruenta lucha hace 120 años.

La gente empezó a ubicarse, llegaban los toneles de chicha para la sed y se esperaba con ansias las palabras de los líderes indígenas. Era evidente que ya no eran los 6.000 indígenasde otrora en 1992, entonces llenaban todos los rincones y se acomodaban lado a lado para poder ver lo que acontecía, cuentan que ya no había espacio. Ahora apenas llegaban al lugar unas 1.000 personas dispersas al fondo como bordeando el lugar, lejos del escenario y detrás de los militares.

La desilusión se hizo carne cuando agrupaciones jóvenes masistas de choque llegaronen tres bloques, lo hicieron cargados de petardos, de consignas, que acallaron de forma violenta la humilde tambora que intentaba hacer música en un rincón, las banderas masistas uniformizaron su entrada y avanzaron hasta cerca de la tarima.

En este interín, la veintena de niños del coro y músicos de la comunidad, encontraron dificultad en los últimos ensayos de presentación debido al estruendoso ruido de amplificadores con música comercial desagradable, “están limitando a los espíritus” dijo serena y desilusionada Carolina, una mujer indígena, mientras el sacerdote de la comunidad trataba de conversar con los jóvenes de la amplificación para solicitarles bajar el decibel, solicitud que no fue escuchada. Aún con trabas, la directora del Coro trataba de hacer su trabajo de dirección lo mejor que podía.

La expectativa de horas antes iba adquiriendo un sabor amargo en la medida en que recordábamos al zorrito que se nos había cruzado por el camino antes de llegar a Ivo la pasada jornada: “Es un abuelo “(dijeron todos), nos detuvimos en silencio a mirarle, “esta con sed” …”algo va suceder, no están contentos”.

Y fue así, tal como lo sintieron que sucedió: los asistentes quedaron asombrados por la presencia militar, “es que va llegar el Evo” decían. Igual, al ver el despliegue militar, era evidente la tristeza en los rostros de las personas. Recordaron otros tiempos, comentando entre ellos, en los que, ante la llegada del presidente, por respeto a la memoria, estaba tan solo la presencia reducida de 4 policías en las esquinas para resguardar el orden. El presidente llegó entonces, descendió de su helicóptero y antes de saludar al pueblo, paso su revista militar.

Las personas se preguntaban sobre los discursos de los dirigentes, más, luego de los sucesos de violencia y represión en Chaparina. Se esperaba un discurso digno que hable del atropello a los derechos humanos durante la marcha por el TIPNIS, sin embargo y para sorpresa de todos, los regalos al primer mandatario no se hicieron esperar: flores, sombreros y baile.

El discurso de las autoridades indígenas que en otros tiempos, por costumbre se elaboraba en consenso con los lideres, esta vez había sido redactado por una sola persona. En medio del desencanto, los asistentes comentaron como el nuevo líder indígena, estuvo más ocupado en buscar un buen par de zapatos nuevos para recibir a Evo en lugar de vestir sus abarcas tradicionales, con lo que no pudo darse tiempo de leer lo que le habían escrito o de darse cuenta del impacto que esto tendría.

El ministro Romero, también llego al lugar, recalco los “desencuentros” con el pueblo Guaraní y como el gobierno asistió ante su llamada. En medio de una serie de retórica entrego los “insumos” para que puedan trabajar mejor, en eso señaló un camión que traía muebles de escritorio y sillas giratorias. Uno de los comunarios decía entre sonrisas: “¿para qué necesitamos sillas giratorias si nos reunimos en círculo?”, otro comentaba “nos están callando por muebles”.

Llego el turno del presidente del Estado Plurinacional, quien en un apunte prestado por el presentador, se enteraba de la historia de Kuruyuki y recalcaba una viñeta en especial: “En todo lado aparecen traidores, como la Malinche”, refiriéndose a la traición a Apiaguaki Tumpa y desconociendo a profundidad la verdadera historia de la mexicana Malintzin. Agradeció la presencia de las fuerzas jóvenes del IPSP, Juventud socialista Cañoto, jóvenes masistas de Montero. Recordó a la APG que ahora “ le debe una” por estar en ese evento, habló de la camioneta blanca de la APG que fue a la marcha, que de acuerdo a los dirigentes indígenas es de ellos y fue la misma que en su momento el gobierno declaro como robada. Recordó los 100.000 dólares en proyectos aprobados en el Fondo Indígena, mientras un comunario que es técnico, recordaba que nunca fue fácil contar con la agilización de sus trámites como lo es para proyectos de tierras altas, “al final, estos fondos fueron una lucha de todos, que pena que no haya equidad”, dijo además, sentirse humillado por la forma en que al mencionar esto, el presidente lo hace parecer un favor y no como parte de un acto justo y pertinente.

El presidente también reconoció no entender las intervenciones de algunos líderes indígenas ya que estas estaban en guaraní, por lo que solicitó a la APGpueda “ dotarle de una profesora, pero no cama adentro, como algunos de sus compañeros que piden compañeras cama adentro” , Carolina y muchas otras mujeres guaraní, se sintieron ofendidas y dolidas ya que el presidente no recuerda como al centenario de Kuruyuki Mateo Chumira, líder incomparable, pidió hacer una revolución nueva con educación bilingüe y fue la primera vez que se posesionaron 30 profesores indígenas, por lo que Kuruyuki , es el recordatorio de la búsqueda de la tierra sin mal desde las aulas, sin violencia y con paz.

Se prometió un coliseo, días previos hubieron como nunca campeonatos de fútbol en la comunidad, el desinterés se hizo sentir cuando el presentador anunció en su programa la premiación a los ganadores y las personas empezaron a irse, con lo que el acto prácticamente había terminado.

El almuerzo, se dio en silencio, las niñas volvieron a sus ropas de campo y guardaron sus trajes de fiesta, empezamos a guardar las ollas, verduras, ropas y banderas. Al marcharnos decidimos pasar por la trinchera de los abuelos, misma que, como nunca, había sido olvidada en los homenajes. Otrora, se solía hacer una caminata con puñados de tierra para honrar a los caídos. Éramos ahora apenas diez personas, agradecimos a los abuelos, pedimos que los lideres recuerden lo que significa la búsqueda de la tierra sin mal, nos sentamos a hablar en el lugar donde el Tumpa se reunía para hablar con los indígenas y en el ejercicio de la memoria, recordamos los viajes y la serranía donde caminó el abuelo para salvar su vida, vimos el espacio en el que cayeron los quereimba, mismo lugar donde hoy,muchos de mis amigos cuando tenían 10 a 15 años, para el centenario de Kuruyuki, levantaron los huesos, los limpiaron y caminaron con sus padres para depositar los restos en tinajas a modo de sepultura.

Carolina tenía razón, los abuelos se quedaron con sed, al final, la fiesta había sido de alguna manera colonizada, tenía parlantes en lugar de tambora o coro de niños, militares en lugar de líderes mburubicha en primera fila, campeonatos de fútbol en lugar de visita a la trinchera, se ofreció un coliseo, se había insultado a las mujeres y los que no debieron, agacharon la cabeza provocando tristeza en los miles que la tenían en alto y que esperaron algo más.

Tengo el mal recuerdo de un niño, con polera de fútbol y el nombre de Ernestito grabado en él, acercarse al presidente Morales al escenario y a este enseñándole a levantar el puño en el aire y decir jallalla!, en medio de aplausos y flores, mientras un comunario me decía en ese instante, los mburubicha siempre que nos han hablado, han levantado el brazo con la palma abierta, esto no es.

Nada queda hacer por ahora, más que seguir trabajando, ojala vengan otros tiempos y se calme la sed de paz de los abuelos, ojala el Kuruyuki 121, sea otra vez un recordatorio de la búsqueda de la Tierra Sin Mal, en fin, lo sabremos cuando venga, mientras, el abrazo fuerte de despedida de mis amigos, me queda en el recuerdo en la espera de volver a la comunidad.