Moscú (PL).- Con la mirada puesta en recuperar su supremacía espacial, Rusia parece abocada a aumentar su presencia en las investigaciones de planetas cercanos, en el volumen de misiones espaciales y el empleo de novedosas tecnologías. De esa forma, el director de Roskosmos, Vladimir Popovkin, presentó recientemente al gobierno un ambicioso plan para el desarrollo de la cosmonáutica nacional hasta el año 2030 que agrupa, fundamentalmente, a cinco direcciones o proyectos en esa esfera.

Con un costo máximo de 200 mil millones de rublos (unos seis mil 816 millones de dólares), según el diario Izvestia, Roskosmos se dispone a llevar cosmonautas a la Luna y enviar estaciones automáticas a los planetas Venus y Júpiter. Además, la referida agencia rusa planifica la creación de una estación permanente de investigaciones en Marte y la formación de un consejo presidencial para el Cosmos.

Los cinco proyectos en cuestión serían: la investigación de Venus con la sonda Venus-D, de la superficie de Mercurio con el aparato Mercurio-P, del sistema de Júpiter con el proyecto Sokol-Laplas, y dos proyectos para investigar Marte: Marte-Net y Marte-Grunt. El quinto aspecto sería continuar con el proyecto Luna-Recursos.

Por el momento, se estudia la aplicación de cuatro proyectos: el Luna-Globe, el Luna-Recursos y el Marte-Servier, mientras que fracasó el proyecto Fobos-Grunt, tras su fallido lanzamiento al espacio, en noviembre pasado. Al mismo tiempo, Roskosmos refutó informaciones de la prensa rusa de que quedarían postergados los planes de desarrollo contenidos en el programa-2015 con los sistemas Astrometría, Terion-F2, Roi, Marte-Net, Mercury-P, Spectrum-FM, Spectrum-RGM y Coronos-Stereo.

La nomina de las iniciativas que deberían quedar atrasadas también incluiría al Rayos-2Xeos, Aston-2, así como la Venus-D. El desmentido de Roskosmos llega después de su anuncio de que para 2030 Rusia deberá avanzar hacia una presencia en la actividad cósmica del 10 por ciento mundial, en lugar del 0,5 registrado en 2011.

Venus-D, por ejemplo, constituiría la primera sonda a Venus desde la desaparición de la Unión Soviética, y sería enviada por un cohete portador Proton para analizar la atmósfera y superficie del citado planeta.

El complejo incluiría el bloque orbital para funcionar ocho días alrededor de Venus, el de aterrizaje, que trabajaría en la superficie por tres días para enviar datos a la Tierra, y dos sondas estáticas ubicadas a una altura de entre 45 y 60 kilómetros sobre ese planeta.

Por su parte, el Mercurio-P sería el cuarto artefacto para investigar ese planeta. En la década de 1970 se envió allí al aparato estadounidense Mariner-10 y ahora lo hace el Messenger (primer satélite artificial de ese planeta). En 2013, se espera la salida hacia Mercurio del proyecto europeo-japonés BapiColombo, recuerdan medios de prensa rusos.

Mercurio-P deberá investigar el suelo de Mercurio la influencia de la radicación solar y los procesos que ocurren en la superficie como consecuencia de esa acción. El referido aparato sería lanzado mediante un cohete portador Soyuz. Todo ello esta planificado para 2019.

En tanto, el Spectrum-RG y el Spectrum-UFM son observatorios orbitales para realizar estudios tantos de rayos X y Gamma, como de los ultravioletas. En 2015, Roskosmos deberá concluir la reorganización de la producción por esferas, mediante la creación de cuatro o cinco estructuras competitivas integradas de forma vertical, en una cooperación para producir equipos e instrumentos.

Además, se espera que para 2020 la base productiva de satélites rusos alcance estándares tecnológicos mundiales lo que reducirá en gran medida el volumen de piezas de repuesto extranjeras. En el 2015, se deberán iniciar las primeras pruebas en el nuevo cosmódromo ruso Vostochni (Oriental), mientras en 2020 se espera estrenar esa instalación con el lanzamiento del complejo coheteril super pesado Angara y naves pilotadas de nueva generación.

La intención de Rusia de volver a la troika de las potencias cósmicas mundiales incluye varios vectores que requerirán no sólo de un financiamiento adecuado, sino de una atractiva política de formación y estímulos para nuevos especialistas en la esfera espacial.

Rusia regresa a la Luna

Tras casi 36 años de ausencia en los programas espaciales de la Luna, Rusia retoma los proyectos para efectuar incursiones espaciales a ese astro en un plan de cuatro etapas. Los trabajos relacionados con el satélite natural de la Tierra se remontan a 1958, cuando una resolución del entonces Comité Central del Partido Comunista de la Unión Soviética orientó crear un cohete portador en tres etapas, el R-7, para efectuar vuelos a la Luna.

Rusia llega al siglo XXI con un legado soviético amplio sobre cohetes, sistemas orbitales, vehículos lunares (Lunajod) y simulacros de aterrizaje y despegue, así como de acoplamiento de aparatos dirigidos a la Luna, todo lo cual se suspendió en 1974. Pero en casi 20 años de desarrollo de experimentos con naves dirigidas al referido satélite se acumuló una gran potencial científico de los pioneros del estudio lunar, incluidos los proyecto de vuelos pilotados L-1 y de aterrizaje y despegue N1-L3.

Uno de los problemas que más afectó a los experimentos y pruebas realizados con los referidos sistemas soviéticos fue, por un lado, la inconsistencia de las etapas de los cohetes portadores en un vuelo fuera de la órbita de la Tierra y las dificultades para regresarlos.

En varios casos, como ocurrió en 1970 con el módulo de descenso T2K, se logró poner en una órbita cercana a la Tierra al aparato para simular el acercamiento y aterrizaje a la Luna, así como maniobras de acople, claro que sin regresar a la Tierra. Las pruebas se acercaron a los experimentos de varias etapas que debían anteceder al primer intento de efectuar un vuelo verdaderamente pilotado, pero dejó tras de si tomos de soluciones muy útiles.

Rusia parece decidida a retomar el acervo científico soviético, después que en 2009 anunció por primera vez en su nueva historia, en el salón aeroespacial de Le Bourget, que se disponía a preparar el modelo de estación espacial Luna-Globe. Éste se basaría en el diseño del Fobos-Grunt, cuya misión fracasó luego de ser lanzado el 9 de noviembre pasado del cosmódromo kazajo de Baikonur y caer al océano Pacífico el 22 de enero de este año, tras presentar fallos en sus motores impulsores.

Pero a la par de los rusos, científicos estadounidenses esperan desarrollar el programa “Avatar”, mientras la empresa turística Space Adventures promete enviar al primer turista especial a la Luna en 2017, un capricho que puede costar 100 millones de dólares. De su lado, Roskosmos considera que puede desarrollar un programa para esa fecha que permita efectuar vuelos comerciales.

Pero muchos de los proyectos estadounidenses y soviéticos dejaron de funcionar a causa de las difíciles condiciones para mantener una estación permanente en el satélite natural de la Tierra. El día lunar registra oscilaciones de temperatura que van desde los 120 grados Celsius a los 160 grados bajo cero, todo un desafío a superar tecnológicamente.

Los primeros pasos

Por el momento se conoce que el programa lunar ruso contaría de cuatro etapas fundamentales. La primera incluiría el envío de la estación espacial Luna Globe a la órbita lunar que enviará datos a la Tierra y analizará el lugar donde se ubicará la futura estación lunar. Además, efectuará un estudio más profundo de la estructura y núcleo de la Luna.

Una segunda etapa consistiría en el envío de expediciones conjuntas con la India (aunque la dirección rusa discute aún ese asunto), para llevar un Lunajod (todoterreno lunar) al lugar ya determinando para instalar la Estación Lunar y analizar directamente el terreno.

Para la tercera etapa se prevé el traslado a la Tierra de muestras de la superficie de la Luna, a donde se enviarán varios tipos de Lunajod, incluida una miniestación, baterías solares y otros equipos.

La cuarta etapa corresponde al desembarco de cosmonautas en la Luna para crear un polígono y elaborar métodos para posteriores investigaciones.

De acuerdo con publicaciones científicas, en realidad las acciones directamente relacionadas con el programa lunar, con una duración de 20 a 25 años, deben estar listas para 2025, cuando se creará una estación espacial en la órbita de la Luna con cuatro astronautas.

Se espera que para 2029 se inicien los trabajos para crear la referida estación lunar, que funcionaria sólo por dos semanas para cada grupo expedicionario.

La etapa de 2035 a 2038 correspondería a la formación de una base lunar permanente que daría luego la posibilidad de explorar los recursos naturales del satélite natural de la Tierra. Para poder enfrentar los retos de los viajes lunares será necesario elaborar los aparatos para poder llevar a la realidad el mencionado programa.

Ello incluye a naves pilotadas para cuatro cosmonautas, las de carga para la Luna, estaciones pilotadas de tres plazas y aparatos de aterrizaje y despegue para cargar muestras, así como un módulo orbital de la estación lunar y la técnica coheteril para viajes de ese tipo.

El regreso de Rusia a los programas especiales de la Luna será paulatino, pero podría marcar la mayoría de edad de la recuperación de su potencial científico que pareció perderse en la década de 1990.

Preparan motor nuclear para vuelos espaciales

El viejo anhelo de realizar vuelos espaciales con naves propulsadas por motores nucleares podría hacerse realidad en 2017, según adelantan científicos rusos del centro Skolkovo, indicó el canal de televisión Russia Today (RT). De acuerdo con el ex jefe de la agencia Roskosmos Anatoli Perminov, para 2017 estaría listo el referido motor, mientras que para 2025 se fabricaría la nave que realizará los viajes interplanetarios.

Para ello, se emplearía una planta nuclear de apenas un megavatio y un impulso específico de entre 900 y cinco mil segundos, que tendría una autonomía de entre un año y medio y tres, con una producción de 100 a 150 kilovatios de energía en su régimen normal, destacó RT.

El ingenio elaborado dentro de los programas del campo tecnológico de Skolkovo, consiste en un sistema electrónico de propulsión de iones. Los motores serían activados por un flujo de iones que son acelerados por un campo electrónico, según las primeras explicaciones.

De esa forma, el reactor nuclear, que deberá insertarse en el revestimiento de cohetes Proton o Angará, va a suministrar la cantidad necesaria de energía eléctrica, sin producir contaminación radiactiva del medioambiente, consideran las fuentes citadas por el canal ruso.

El xenón se empleará como el acelerador de los citados motores, cuyos primeros propulsores se probarán el año próximo, mientras las pruebas estacionarias se realizarán en 2014, indicó RT. De acuerdo con el jefe del equipo de ingenieros de Skolkovo enfrascados en el proyecto, Denis Kovalevich, ahora se prueban varios tipos de composiciones del combustible y sólo después se procederá a proyectar el diseño del referido motor.

Por el momento, RT señaló que para la mencionada obra ingeniera se destinan 247 millones de dólares, mientras el proyecto total cuenta con un presupuesto hasta 2019 de 580 millones de dólares. La elaboración de un motor de propulsión nuclear para viajes interplanetarios fue un sueño en la década de 1960 de los ingenieros soviéticos Mstislav Koldych, Igor Kurchatov y Serguei Kovaliov.

* Corresponsal de Prensa Latina en Rusia.