La Habana (PL).- El golpe de Estado en Mali, condenado internacionalmente, evidenció por su aparente torpeza la falta de un criterio conspirativo maduro, aunque el paso del tiempo certificará si esa apreciación es errada o exacta. Un grupo de militares asumió el poder en el país francófono, para lo cual apartaron al presidente electo, Mamadou Toumani Toureg, cuyo período de mandato concluiría en abril. Todo hace pensar que la asonada resultó un acto precipitado que abrió una puerta al inframundo con la agudización de la crisis interna y colocando en peligro a la subregión saheliana, convulsa y hambreada.

La velocidad de los acontecimientos se relacionó con la guerra en el norte maliense del ejército y el Movimiento de Liberación Nacional de Azawad (MNLA), de base tuareg, comunidad de menos de dos millones 200 mil personas, cuyo asiento originario es una zona que forma parte de cuatro países: Argelia, Libia, Níger y Mali.

El conflicto de esa guerrilla contra las fuerzas armadas malienses cobró fuerza el pasado mes de enero y ahora se percibe como un grave peligro en una subregión donde operan además otros grupos armados.

Los tuareg o imuhagh integran un pueblo bereber o amazigh del desierto de Sáhara y en su homogeneidad los analistas han querido hallar una posición única en cuanto a la guerra.

Una conclusión al respecto conduce al error de creer que la causa Asawad es respaldada por toda su comunidad, cuando miles escapan del conflicto bélico para salvarse o por no legitimar el asunto, o simplemente para hallar un espacio de vida en otra parte de esa Africa empobrecida estructuralmente y cuyo clima se agota.

Son los tuareg “los pobladores indígenas de gran parte del Sahara Central y del Sáhel” y se concentran sobre todo en el norte nigerino y el maliense, donde representan aproximadamente el 10 por ciento de las poblaciones nacionales, con aproximadamente un millón en Níger y algo menos en Mali, comentó un artículo en Rebelión.

Otros grupos de amazigh habitan en el sur de Argelia y el suroeste de Libia, donde son pequeñas minorías de unos 50 mil o menos en cada país y tal vez 25 mil en Burkina Faso y pocos en Mauritania con una significativa práctica del nomadismo.

Esos seres humanos -a cuyos hombres se identifica tradicionalmente por el velo que le cubre la boca y el maquillaje azul- demandan la secesión de Azawad y los más radicales plantean la expulsión de los individuos considerados extranjeros.

Según cálculos más de 34 mil desplazados por el conflicto cruzaron la frontera mauritana, aunque eso ocurrió poco después de comenzar las acciones, mientras los refugiados se multiplicaron y para la segunda mitad de febrero el estimado fue de muchos miles más con un incremento continuo en marzo.

El ministro del Interior de Argelia, Daho Ould Kablia, informó que más de 30 mil refugiados de Mali, incluyendo algunos soldados, cruzaron la frontera con Argelia para huir de la guerra.

Con su criterio separatista el Movimiento de Liberación Nacional de Azawad (MNLA), que combate contra las tropas gubernamentales malienses, trata de imponer un ordenamiento subregional que no está claramente definido, y por lo cual es blanco de críticas, tanto de su contrincante como de Estados aledaños.

La actual crisis interna empeorada por el golpe de Estado, amenaza con destrozar la convivencia nacional y crear un flujo incontrolable de refugiados en países vecinos, debido al éxodo tuareg que se desató a mediados de enero pasado, cuando el MNLA atacó la ciudad de Menaka, cerca de la frontera con Níger.

Aunque el ejército logró reponerse de la ofensiva lanzada por los guerrilleros, con la cual tomaron sorpresivamente tres ciudades importantes en el norte maliense, quedó en dudas si la acción inicial sería sucedida por una escalada de violencia que quebrara la seguridad en la zona o si se avanzaría hacia el diálogo.

El 17 de enero los guerrilleros tuareg lanzaron sus ataques y al día siguiente, enfrentaron a los militares en Aguelhok y Tessalit, cerca del límite con Argelia y, según residentes de esas localidades, se escucharon disparos de armas de grueso calibre en dirección a un campamento de las fuerzas armadas.

La tensión escaló en la zona fronteriza maliense a la misma velocidad que ganaba dureza el discurso beligerante, aunque se presumía que los guerrilleros no tendrían la suficiente capacidad operativa para lanzar una ofensiva total contra el ejército, que mostraba una aceptable preparación combativa para neutralizar las acciones enemigas.

En tal situación, la prensa identificó el levantamiento armado tuareg con una derivación de la guerra contra Libia, vinculó a esa agresión de las potencias occidentales contra el gobierno del asesinado expresidente Muamar Gadafi con un incremento del tráfico de armas en el área, las cuales, aseguró, fueron a parar al MNLA.

La ofensiva insurgente -indicaron las autoridades de Bamako- se ejecutó tras el retorno de los guerrilleros a Mali luego de combatir en suelo libio, lo cual internacionalizó al problema y puso en alerta a los Estados de la zona afectados también por las acciones de Al Qaeda en el Magreb Islámico (AQMI).

AQMI responde a una simplificación mediática de grupos antigubernamentales que actúan en la zona del Sahel, aunque algunos estudiosos la enlazan con el denominado Grupo Salfista para la Predicación y el Combate, que a finales de la década de los años 90 practicaba el secuestro y asesinato en áreas del sur argelino.

Aunque la guerrilla tuareg -también respaldada por otras comunidades- rechaza la asociación con Al Qaeda en el Magreb Islámico, el gobierno de Bamako los yuxtapone y las identifica como organizaciones terroristas, lo que pone en dudas el argumento sobre la demanda territorial de Azawad y hace pensar en un problema más complejo.

Por todo lo anterior se infiere que la contienda armada en el norte de Mali es uno de los procesos políticos militares más enrevesados que desafían la estabilidad de África occidental.

Durante las primeras jornadas del levantamiento en el norte maliense, el ejército bombardeó con helicópteros las posiciones del MNLA.

No obstante, la sublevación armada se extendió por varias provincias fronterizas con Argelia, Níger y Mauritania, y hoy preocupa a la ciudadanía que teme se pierda la estabilidad subregional, algo que se agrava con la crisis alimentaria en la subregión y cuyos países más afectados son Níger, Mauritania, Mali y Chad.

Esa preocupación por la crisis humanitaria también atañe a Burkina Faso y Senegal, y a las regiones septentrionales de Camerún y Nigeria.

El golpe de Estado, un suceso en el que no pereció el presidente y que muchos condenaron, pero algunos sectores políticos malienses aplaudieron, resultó ser la gota que acabó de enturbiar el agua, bastante escasaen la región, por cierto.

* Periodista de la Redacción África y Oriente Medio.

*****

Más de 200 mil desplazados por la crisis maliense

Bamako, (PL).- La crisis política en Malí provocó el éxodo de más de 200 mil personas a zonas del interior y países vecinos, y colocó el país al borde de una catástrofe humanitaria. A la grave situación que sufre este Estado africano afectado por el levantamiento de la guerrilla tuareg en el norte, el golpe militar que derrocó al presidente civil y el aislamiento internacional al que se le somete por tal acción, se suma la huída de más 200 mil personas que temen por sus vidas.

Según el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR), existe preocupación por “el deterioro de la situación política y de la seguridad en Malí, donde miles de personas huyen de sus hogares (…). Más de dos mil personas han escapado a Burkina Faso y Mauritania en los últimos días”. Los desplazados tratan de huir de los asaltos y otros actos vandálicos generados por el caos impuesto a la población tras la ofensiva de la guerrilla tuareg desde mediados de enero. Persiste el temor de que se intensifiquen los combates en el norte, pero también medios de prensa destacaron la falta de alimentos.

Durante los últimos días los combatientes del Movimiento de Liberación Nacional de Azawad (MLNA) capturaron importantes ciudades de la región septentrional, lo cual obstaculiza el flujo de aportes de las agencias humanitarias a las víctimas. Esta nueva situación de crisis ha llevado a la ONU a acelerar las operaciones de ayuda en la región africana del Sahel, donde están los países involucrados y que sufre desde hace meses una grave falta de agua y alimentos.

El 1 de abril, los oficiales malienses que derrocaron al gobierno el 22 de abril anunciaron el restablecimiento de la Constitución de 1992 y otras medidas para retornar el país a la normalidad. El jefe de la Junta Militar, capitán Amadou Sanogo, garantizó próximas consultas con “las fuerzas vivas” y una “convención nacional” con “organismos” que faciliten la transición.

“Nos comprometemos a restablecer la Constitución de la República de Malí del 25 de febrero de 1992, así como las instituciones republicanas”, aseguró Sanogo desde su cuartel en Kati, donde se organizó y gestó el golpe. Sanogo leyó el texto en un acto al que asistía el canciller de Burkina Faso, Djibrill Bassolé, quien viajó el sábado a esta capital para tramitar un retorno al orden constitucional.

El 5 de abril, los golpistas anunciaron que apoyarán una intervención extranjera en el norte del país, ocupado por rebeldes tuareg y grupos islámicos. Sanogo declaró al diario francés Libération que esa presencia externa se justifica por las posibles “consecuencias para África y el mundo” de un control islámico en ciudades claves como Kidal, Gao y Tombuctú. “Si las grandes potencias han sido capaces de atravesar los océanos para luchar contra esas estructuras integristas en Afganistán, ¿qué les impide venir aquí?”, arengó el jefe de la Junta Militar y aseguró que “si una fuerza debe intervenir, que lo haga en el norte”.