En verdad no sabía si comenzar este artículo con signos de interrogación o de exclamación. Y es que no es para menos, luego de escuchar la “brillante” propuesta – como todas las del Gobierno – del nada menos Ministro de Obras Públicas, Servicios y Vivienda, Vladimir Sánchez, el cual planteó que la carretera que se pretende hacer cruzar por el TIPNIS, sea ecológica. Y la pregunta que cabe es ¿cómo se construye una carretera de tales características? A menos que ésta sea aérea, uno no puede vislumbrar otro modo. Pero el mismo Ministro, para nuestra “tranquilidad”, nos ilustra al respecto: “mediante la construcción de viaductos y acueductos que no afecten el ecosistema” del Parque, lo cual permita el libre “tránsito de toda la masa viva que habita la región”.

Habría que informarle al señor Sánchez, que en el mundo no existe carretera alguna que sea ecológica. Lo único que tal vez pueda garantizarse, en el mejor de los casos, es que el impacto de la misma pueda mitigarse, pero finalmente todas afectan la ecología en gran medida.

Incluso ya el economista Adam Smith en su célebre obra “La Riqueza de las Naciones”, escrita en 1776, indicaba que los “buenos caminos, canales y ríos navegables disminuyen los gastos de transporte y ponen las partes más alejadas del país al mismo nivel que los alrededores de la ciudad”, lo que en otras palabras quiere decir “que el perfeccionamiento de las vías de comunicación tiende a transformar la aldea en localidad suburbana”, como bien complementó Lenin tiempo después.

Un camino, en cualquier parte del mundo, significa vía de penetración, fácil acceso a una determinada región; es así, que mientras mejor sea el camino, lo primero en desarrollase es el transporte, lo cual trae ligada la necesidad de paradas intermedias para el efecto, hecho que promueve el asentamiento humano, y con éste, el establecimiento de poblaciones dedicadas al comercio, con la creación de mercados para surtir de todo tipo de bienes y servicios al mismo, lo que a la larga estimula el desarrollo comercial de toda la región, con lo cual llega el “progreso”, destruyendo, tarde o temprano, todo a su alrededor.

Esto ya se vio en la década del ’70 del siglo pasado en Brasil, cuando el presidente de aquél entonces, Emilio Médici, para favorecer a empresarios agropecuarios y ganaderos, decidió la construcción de un camino de más cinco mil kilómetros de largo, que atraviese toda la Amazonía, según él, para “ofrecer una tierra sin hombres a los hombres sin tierra”. El resultado fue que la carretera afectó a 96 tribus existentes en una tierra que supuestamente no tenía hombres, además de causar la erosión de la misma, con un daño irremediable y permanente del principal pulmón del planeta.

Es así que, obviando el hecho de que saldría más costoso construir una carretera dotada de viaductos y acueductos, que una que rodee al propio Parque, el hecho real y concreto es que de darse la carretera, no solamente transitará por allí “la masa viva que habita la región”, sino toda la masa nacional e internacional, lo cual convertirá el TIPNIS, en pocos años, en una región prácticamente desolada.

* C.I. 3275510 sc