La entrada de Bolivia en el siglo XXI estaba marcada por una profunda crisis general del Estado. Esta crisis reflejaba el fracaso del programa neoliberal implantado en 1985 y profundizado en 1994 durante el primer gobierno de Gonzalo Sánchez de Lozada (Goni). En un periodo de más de 15 años el modelo ya no podía reproducirse eficazmente y se debatía en una profunda crisis.

Esto abrió un periodo de protestas y agudización de la lucha de clases, sus momentos exponentes fueron la guerra del agua, los levantamientos indígena-campesinos del altiplano y la rebelión popular del pueblo alteño el 2003 que fue el momento de quiebre de la gestión del programa neoliberal. Se abre entonces un periodo de transición con dos gobiernos fugaces.

El periodo de luchas abierto por la crisis del Estado tuvo un carácter antiimperialista, los protagonistas participaron no solamente como miembros de sus sectores sino como parte del pueblo en general y tuvieron como blanco las grandes empresas transnacionales y sus representantes en el país. Sin embargo, aunque este proceso llevó a la expulsión del proimperialista Goni, no pudo ir más allá de los límites institucionales del sistema debido a su falta de dirección clasista y revolucionaria, por ello el periodo de transición, luego de la crisis de octubre de 2003, fue dirigido por los representantes de las clases dominantes.

Esta transición con Carlos Mesa y Carlos Rodríguez Veltzé es un periodo de tensiones dentro de las fuerzas (emergentes y decadentes) del viejo Estado para definir quién se hará cargo del nuevo gobierno. Aquí aparece el Movimiento Al Socialismo (MAS) de Evo Morales como partido dispuesto a entrar con todo en las estructuras del viejo sistema pero con un programa de reformas para reestructurar el Estado y viabilizar el capitalismo burocrático que se encontraba en una profunda crisis.

El MAS venía de los sectores populares, en particular de los cocaleros. No era un partido antisistema pues desde sus inicios fue un partido electorero, Evo Morales ya llevaba dos gestiones como diputado nacional junto a otros representantes de su partido.

Es así que el MAS se perfila como opción dentro del viejo Estado a través de alianzas con sectores de la burguesía nacional (pequeña y mediana industria), con una oferta a la burguesía compradora-burocrática (grandes empresarios) de tener un gobierno sin protestas que le permita continuar con sus ganancias, la oferta de respetar el capital transnacional (imperialismo), y además porque se comprometía a respetar el “sistema democrático”, (en lenguaje demoburgués esto significa respetar la estructura fundamental del viejo Estado y su sistema de reproducción económica). Además estaba el respaldo popular hacia la figura de un indígena proveniente de los sectores populares como elemento simbólico de legitimación del discurso de transformación de la “vieja política”.

La evolución del MAS para ser opción viable como administrador del viejo Estado se refleja en el compromiso con los intereses del imperialismo, la gran burguesía y los terratenientes. Lo que estaba por venir era la disputa de fuerzas por el reacomodo dentro de las instituciones políticas y económicas de la vieja sociedad que se pondría a prueba con la implantación de las reformas del MAS.

Este paquete de reformas contemplaba la sanción de una nueva Constitución Política y la “recuperación de los recursos naturales” que se encontraban a manos del capital transnacional. Se implementa una Asamblea Constituyente que, para despecho de los entusiastas revisionistas y oportunistas, no tuvo carácter fundante y actuó dentro del marco del viejo sistema, tanto así que la propuesta de carta constitucional que salió de la Constituyente fue negociada en el parlamento en más de un 25% de su contenido con las fuerzas más conservadoras del país. Este hecho muestra con claridad la vocación del MAS para pactar con los sectores tradicionales de las clases dominantes, el texto constitucional fue negociado en más de 100 artículos con los partidos de oposición, en particular destaca el pacto con los terratenientes cuando se sanciona que la propiedad latifundista anterior a la promulgación del nuevo texto constitucional no será tocada apelando a la irretroactividad de la ley. Esto dejó satisfechos a los terratenientes del país.

En cuanto a los intereses de las transnacionales el gobierno llevó adelante una seudo nacionalización que consistió en compra de acciones y renegociación de contratos con aumento de impuestos a las empresas extranjeras. La medida fue presentada como la recuperación de los recursos naturales para el país, sin embargo, las transnacionales siguen con el control de las operaciones y siguen recogiendo buenas ganancias, además la engañosa medida ha sido aplicada básicamente al sector hidrocarburífero en tanto la producción minera casi no se ha tocado de manos del imperialismo.

Los conflictos durante el primer gobierno de Morales fueron por el reacomodo de fuerzas políticas dentro del Estado. La oposición atrincherada en las regiones y el gobierno central dispuesto a imponer su programa de reformas. Esta lucha no tenía por objetivo acabar con la oposición sino incluirla dentro de su programa. Esta idea puede explicar la inclusión orgánica en el MAS de sectores abiertamente fascistas como la Unión Juvenil Cruceñista o los empresarios privados como Johnny Fernández, inclusive algunos sectores de terratenientes. Las contradicciones entre el gobierno y la oposición no eran ni serán irreconciliables.

Por su parte, las contradicciones entre el Estado (representado ahora por el gobierno del MAS) y los sectores populares se encontraban adormecidas y en segundo plano. El gobierno, a través de una política corporativa ensayó la creación de organizaciones paralelas en el campo popular, cooptó a dirigencias nacionales a través de pactos y alianzas que se constituyeron en clientela política (la lucha por los puestos en la administración estatal protagonizada por dirigentes del MAS y de los “movimientos sociales” adictos al gobierno fue muchas veces escandalosa). En su política de ganarse a los sectores populares el MAS recibió el apoyo abierto de revisionistas y oportunistas (revisionistas recalcitrantes, seudo maoístas, guevaristas, algunos trotskistas, entre otros), la intelectualidad “progre” de la pequeña burguesía nacional e internacional y el apadrinamiento de los “gobiernos de izquierda” de la región.

Pero el impacto en el campo popular fue el anuncio de las reformas del gobierno. Éstas se presentaban como una ruptura con los sectores dominantes tradicionales y con el imperialismo, la realización de una Asamblea Constituyente donde participaban diversos actores del campo popular que estaban preparando el texto constitucional daba la sensación de la refundación del país. Las reformas aparecen inicialmente como radicales si las comparamos con la dinámica política inmediatamente anterior de los partidos neoliberales, produce en el pueblo el impacto de que las cosas están cambiando, la propaganda del gobierno anunció cambios profundos y estructurales que creaba la ficción de que se estaba desmontando la vieja maquinaria estatal. A esto contribuía la presencia más simbólica que efectiva de dirigentes indígenas y campesinos en la administración del Estado dando la apariencia de verdaderos cambios aunque en el fondo las orientaciones políticas y económicas no sobrepasaban los límites estructurales del viejo sistema.

Pero las reformas dentro de este marco estructural tienen que volver tarde o temprano a su cauce y acomodarse dentro de las estructuras que la contienen, la vieja sociedad asimila los elementos dinámicos de la reforma que se asientan conservadoramente dentro de ésta y le permite funcionar mejor, superar su crisis, en tanto que suaviza los elementos radicales de la reforma o los deja de lado por no ser funcionales a sí misma.

La reproducción económica del país en el “proceso de cambio” es capitalista atrasada (así lo han reconocido muchas organizaciones políticas que están dentro del gobierno y el propio gobierno en algunos lapsus de honestidad), además de persistir viejas relaciones semifeudales que el gobierno prometió resolver pero no ha podido, a esto hay que agregar que el país se mueve dentro de la cadena imperialista mundial. Estas son las estructuras en las que se desenvuelve la reforma masista, que al no superar estos límites, no tarda en volverse conservadora.

La segunda gestión del “proceso de cambio” ilustra esta dinámica. La contradicción entre el pueblo y el gobierno ha cobrado mayor protagonismo en tanto que las contradicciones entre el gobierno y la oposición se han amortiguado. Las cosas vuelven a su cauce.

El gobierno ha relanzado sus relaciones con el empresariado privado. El capital financiero ha sido uno de los mayores beneficiados durante su gestión, en particular los bancos que han obtenido record en ganancias. Los empresarios privados ahora participan en la construcción de la agenda económica junto a Evo Morales. Sectores de terratenientes, en particular amazónicos, se encuentran contentos con las alianzas que hicieron con el gobierno. Las relaciones fundamentales entre el gobierno e imperialismo no variaron, el Banco Mundial, el Banco Interamericano de Desarrollo, la Corporación Andina de Fomento y la Unión Europea financian casi todos los programas del “proceso de cambio”, que, según el gobierno no están condicionados. Las relaciones con los norteamericanos se tensionan principalmente en el discurso, mientras en los hechos se implementan acuerdos. Aunque la DEA fue expulsada del país, la “colaboración” yanqui en temas de narcotráfico se hace a través de otras agencias, la anunciada expulsión de USAID solicitada por alcaldes y dirigentes del MAS no pasa de ser un show político pues el gobierno tiene serios compromisos en programas de “ayuda” con USAID.

Mientras esto sucede con los sectores dominantes la relación con los sectores populares se ha agudizado. El pueblo cansado de la demagogia del gobierno ha emprendido luchas reivindicativas que han sido respondidas con bala y muerte. Los casos emblemáticos son Caranavi, Potosí, la marcha indígena, Yapacaní, sin embargo los conflictos son innumerables y todos los días.

Las contradicciones reales entre las masas y el Estado han vuelto a la orden del día y el gobierno ya no puede controlarlas con su política corporativa. Sin embargo ya no es posible solo utilizar la cooptación, el Estado precisa recurrir a la calumnia, la intriga, las acusaciones infundadas, la imputación, la persecución y la represión brutal que muchas veces termina con muertos y heridos en las filas del campo popular.

Las contradicciones entre el gobierno y el pueblo no son las “tensiones creativas” de las que habla el vicepresidente, son manifestación de la contradicción fundamental entre el viejo Estado terrateniente burocrático y las masas populares, el primero por defender los intereses de las clases dominantes y preservar su orden institucional y los segundos por transformar sus condiciones de vida y transformar la vieja sociedad. Esta contradicción estuvo adormecida en los inicios del gobierno de Evo, ahora la millonaria propaganda gubernamental ya no satisface al pueblo, por ello la contradicción se revela en su dimensión real y muchas veces se agudiza llegando a enconados enfrentamientos.

El campo popular necesita construir sus verdaderos instrumentos, pero más aún, precisa de una dirección clasista y revolucionaria que tenga como objetivo ir más allá de los límites de la vieja sociedad. Las reformas dentro del viejo sistema han fracasado como tantas veces en Bolivia y han demostrado que sólo sirven para aceitar esta maquinaria de opresión que sirven a las clases dominantes.