Usualmente se suele hablar de que la nuestra es una civilización occidental y cristiana, aunque Jesús, sus apóstoles y sus primeros discípulos fueron orientales. El Este fue la cuna y el bastión del cristianismo durante las tres cuartas partes del tiempo que tiene esa religión. La Biblia y sus personajes se centran en el Medio Oriente. Abraham nació en Irak, Moisés en Egipto y Jesús en Palestina. Aparte del Asia, el único continente que él y sus padres conocieron fue África, pero no Europa. Él nunca salió del Este del Mediterráneo.

El cristianismo y el Islam son hoy las dos mayores religiones del planeta. Estas se diferencian de las otras dos grandes creencias (hinduismo y budismo) en que se rigen por un libro sagrado (la Biblia y el Corán), tienen un solo dios y reivindican a varios personajes bíblicos desde Abraham hasta Jesús (si en las iglesias se venera a Jesús como Dios en las mezquitas se le considera solo como profeta).

Mientras los cristianos rezan en miles de biblias que se diferencian por quién las tradujo y a qué idioma y solo acuden a los templos de alguna de sus cientos de distintas congregaciones, los musulmanes solo tienen una sola versión del Corán en el que pueden rezar en cualquier mezquita. Un 75% al 90% de los mahometanos son sunitas, quienes carecen de una autoridad religiosa máxima, y quienes aceptan en sus templos y en la Meca a creyentes de otras variantes minoritarias.

A inicios del primer milenio el cristianismo nació como una fracción pacifista del judaísmo que decidió convertir a los no judíos y luego devino en religión oficial cuando en el siglo IV el imperio romano la aceptó como la suya fusionándola con otras creencias y ritos de otras religiones. El Islam, en cambio, nació haciendo guerras y expandiéndose militarmente. No fue tomado o remodelado por un imperio sino que éste mismo generó una vasta y rápida extensión territorial.

La inicial capital del cristianismo fue Jerusalén y, tras la destrucción romana de ésta en el año 70, la mayoría de los cristianos se concentraron en el Oriente, pues muy pocos viajaron hacia la parte oeste del imperio que crucificó a Cristo y que masacraba a sus seguidores.

El primer reino que hizo del cristianismo su credo oficial fue el de Efeso (borde entre Turquía y Siria) y la primera nación convertida al cristianismo fue Armenia. Aún hoy la iglesia siriaca se precia de ser la única que reza en una lengua aramea como en la que predicó Jesús, los coptos egipcios mantienen el idioma que entonces tenía ese país cuando Jesús vivió allí y siguen rindiendo culto a lugares en donde él estuvo, y la etíope se precia de tener el Arca de la Alianza con los 10 mandamientos.

Constantino, el emperador que transformó al cristianismo en la religión oficial, construyó la ciudad que lleva su nombre en el borde entre Europa y Asia, la cual fue el centro del cristianismo. Constantinopla mediaba entre los otros tres grandes patriarcados (el de Roma europea, Antioquía asiática y Alejandría africana), sobrevivió mil años a la conquista bárbara de Roma y llegó a tener la mayor y más espectacular catedral del Medioevo.

Hace medio milenio el cristianismo se fue revitalizando cuando los ibéricos encabezaron la unificación comercial del globo y la evangelización del Nuevo Mundo, y luego desarrollando la revolución industrial. Esta fe pasó por una serie de crisis y nuevas escisiones, pero acabó acompañando a las nuevas innovaciones tecnológicas y científicas.

Diarmaid MacCulloch, autor de la Historia del Cristianismo, sostiene que en sus primeros tres siglos, todos los pronósticos apuntaban a que el cristianismo se expandiría hacia el Este, aunque sorpresivamente Roma alteró ello al convertirse a su fe, pero aún así la mayoría de los cristianos siguieron viviendo en el oriente hasta hace medio milenio. Hasta entonces la iglesia más extensa era la nestoriana del Oriente, la cual dominaba pueblos desde el Medio Oriente hasta China. Luego en los últimos tres siglos la iglesia que rigió el mayor territorio contiguo del mundo fue la ortodoxa eslava que iba hasta el lejano oriente.

El Islam, al que erróneamente se le reduce como “oriental”, dominó la mayoría del imperio romano y el occidente de Europa (Iberia), liderando hasta hoy a Marruecos, que está al oeste de Europa. La mayoría de los pueblos que crearon los actuales países de Europa Occidental eran “bárbaros” orientales, mientras que la filosofía griega, el álgebra, las universidades y las ciencias modernas occidentales fueron importadas desde el mundo islámico.

Mitras y Cristo

Cada 25 de diciembre se celebra la mayor fiesta religiosa del mundo. Sin embargo, antes que en el siglo IV la iglesia decretase dicha fecha como el natalicio de Jesús, ese era el día feriado en que se conmemoraba el nacimiento del dios pétreo Mitras. Su culto se daba mucho antes de la biblia y de cualquiera de los grandes libros sagrados del mundo. Mitras está asociado al sol y los últimos días de diciembre siempre se celebran en el hemisferio norte pues marcan el solsticio invernal cuando a partir de entonces los días dejan de acortarse para irse ampliando inaugurando un nuevo ciclo anual agropecuario.

La figura de Mitras ha ido variando mucho desde que éste era adorado en la India previa a los Vedas para luego haberse tornado una de las deidades de Persia y de los “Magi” (los “reyes magos” zoroastrianos que fueron a recibir al niño Jesús). Las legiones romanas que fueron al oriente adoptaron a Mitra pero fusionándolas con nuevas características propias de su cultura, donde se esparció por todo el imperio expresando a muchos de sus oficiales y élites y teniendo mucha feligresía en Roma capital.

Mitras no era un dios del Olimpo greco-romano. Su imagen aparecía como surgiendo de una roca o estocando un cuchillo sobre un toro cuya sangre tenía efectos purificadores. Mitras era un apuesto joven que nació en cuna humilde en una cueva rodeado de ganado. Su madre era una virgen y él era el hijo del dios supremo que venía a mediar entre los hombres y que resucitó.

Las “misas” a Mitra se daban los domingos (días del sol y no los sábados, tal como lo practicaron Jesús y los primeros cristianos) y en lugares rectangulares en catacumbas. Los mitraístas practicaban el “bautizo” de agua, consumían vino en sus ritos y tenían una estructura sacerdotal similar a la que adoptaría la iglesia ortodoxa.

A diferencia del cristianismo, popular entre los pobres e inmigrantes, el mitraísmo no podía ser una religión masiva pues su culto era selectivo, solo-para-varones y se basaba en siete escalas de iniciación, pero cuando Roma optó por el cristianismo como religión oficial agregó dentro de ésta a elementos y rituales del mitraísmo y de otras creencias.

El catolicismo incorporó a las mujeres en sus servicios, aunque sentadas aparte y sin que pudiesen ser sacerdotes. Hoy ya nadie venera al dios mitra aunque si muchos al Papa en cuya cabeza tiene una mitra.

¿Fueron tres Reyes Magos?

El 6 de enero es una fecha importante para la mayor religión de todos los tiempos. Para la primera iglesia nacional cristiana (la armenia) ese es el día que se venera el nacimiento de Jesús (y luego su conversión), pues ésta considera que el 25 de diciembre fue impuesto por Roma debido a que allí antes éste era un feriado que conmemoraba al natalicio de un dios solar popular (Mitras). Para los católicos este es el día en que sabios fueron a visitar al bebé Jesús.

La Biblia no describe cuántos eran ni que fueran reyes o magos, mientras que el judeo-cristianismo tiende a rechazar toda forma de magia o hechicería. En ésta se dice que fueron “magis”, palabra que se usaba para designar a la sexta tribu meda o a la casta sacerdotal de la religión del persa Zoroastro, quien vivió seis a 18 siglos antes de Cristo y forjó el primer monoteísmo que dominó al mundo antiguo.

Los “magi” eran los astrónomos más avanzados de su tiempo. Su credo había instaurado un calendario solar (diferente al judío que sigue siendo lunar) y se basaba en observaciones a las estrellas. Mateo cuenta que la estrella de Belén que ellos vieron solo podía ser vista por ojos expertos como los suyos, por lo que se estima que ésta pudo haber sido un especial brillo producido por la conjunción en los cielos de Júpiter con Venus producida seis Abriles antes de nuestra era.

Los “magi” creían en un dios supremo llamado Ahura Mazda, el cual fue el ser más adorado en el imperio persa que sometió a una vasta región que iba desde el Indo y la Mesopotamia hasta el Nilo y partes de Grecia durante los siglos V y III AC y luego en subsecuentes reinos centrados en Irán e Irak hasta la conquista musulmana del siglo VII DC.

Ahura Mazda significa luz de la sabiduría y él se enfrentaba a un diabólico Angra Mainyu, al cual solo podía derrotar con la ayuda de los humanos buenos. Él tuvo un hijo Mitras, quien adquirió forma humana, nació en un vientre virgen y resucitó.

Con el tiempo la palabra “magi” fue mal traducida a “mago” y se les puso el título de “reyes” para dar fuerza al reclamo mesiánico de Jesús. La Biblia habla de tres regalos que ellos dieron al hijo de María (oro, incienso y mirra, tres obsequios que dos y medio siglos atrás un rey persa había ofrecido a Apolo y que simbolizaban, respectivamente, reinado y virtud, divinidad y rezos, y mortandad y sufrimiento).

Mientras los armenios hablan de 12 magis, en los siglos V y VI Roma dijo que eran tres reyes magos a quienes bautizó como Gaspar, Melchor y Baltasar e hizo que representasen a tres regiones o razas diferentes.

Antiguamente se veneraba más al 6 de enero donde se solían dar regalos (como los que Jesús recibió), pero con el tiempo el estadounidense Papá Noel les fue marginalizando en dicho rol. Aún hoy en España y en varias de sus ex colonias (de México a Argentina) se celebra esa festividad. Curiosamente en Lima esta costumbre se ha ido disipando aunque ésta fue fundada en enero 1535 como la “ciudad de los reyes” debido a la proximidad del día de los reyes magos.