La IX marcha indígena puede convertirse rápidamente en la columna vertebral aglutinante de todos los sectores sociales que ya se movilizan, e impulsar vigorosamente la unificación de las luchas de maestros, médicos, trabajadores de salud, mineros y otros gremios castigados por un gobierno incapaz y cada vez más reaccionario.

Las movilizaciones no se dan al margen del desarrollo del proceso político; unas veces son frenadas porque chocan con la realidad y otras son impulsadas por factores materiales y subjetivos hasta niveles que ni siquiera los actores pueden prever. Es importante analizar en qué condiciones sociales concretas se está gestando la IX marcha del TIPNIS y cómo podría repercutir en el fututo desarrollo de la situación política.

Vivimos una etapa en la que los acontecimientos cambian muy rápidamente; se trata de una de las características de la situación revolucionaria iniciada en el país desde hace algunos meses. Han cambiado considerablemente las condiciones políticas en las que se realizó la VIII marcha, hace apenas cinco meses, y que culminó en una impresionante movilización en La Paz que puso en vilo al gobierno de Evo Morales.

La situación económica de los diferentes sectores se ha deteriorado gravemente. Prácticamente desapareció la ayuda externa; la producción de hidrocarburos y minerales se ha estancado; la situación económica del país se deteriora cada vez más. El gobierno tiene más dificultades para cubrir sus obligaciones sociales; no atiende las necesidades vitales de los damnificados por los desastres naturales; endurece su política salarial fondomonetarista (carga sobre las espaldas de los trabajadores el peso de la crisis, poniendo a buen recaudo los intereses de las transnacionales); no hay presupuesto para salud y educación, y comienza una drástica reducción y racionalización de ítemes.

Como resultado de esta situación lamentable las movilizaciones se generalizan por todo el territorio nacional. El problema de la seguridad ciudadana se hace cada vez más insostenible y genera grandes movilizaciones sin que el gobierno muestre capacidad para dar respuestas al fenómeno social de la delincuencia. Los conflictos limítrofes entre departamentos y municipios se desencadenan y el gobierno pierde todo control sobre ellos. Los sectores más deprimidos como los discapacitados se movilizan e impactan la sensibilidad de la gente, y los ingresos de los sectores independientes son cada vez más miserables. El problema de las bajas rentas y los miserables sueldos son bombas de tiempo que van a estallar en cualquier momento.

En suma, en el horizonte se avizora una tormenta social que asedia a un gobierno impotente e incapaz y cada día más reaccionario, que busca desesperadamente cobijo a la sombra de las transnacionales imperialistas; un gobierno que –para garantizar su estabilidad- usa la represión violenta contra los movilizados.

Si la IX marcha del TIPNIS se da en este marco político social, puede convertirse rápidamente en la columna vertebral aglutinante de todos los sectores que ya están en las calles y actuar como palanca que impulse a los otros que aún no atinan a ponerse en pie de lucha. Puede impulsar vigorosamente una tendencia que ya se percibe en el escenario: los diferentes sectores –debido a la ausencia de una dirección nacional- tienden a unir sus acciones, articulando en las calles un programa de lucha unitario que les permita doblegar al gobierno.

Esta tendencia ya se está materializando en La Paz con el inédito pacto de los médicos, maestros y trabajadores de salud contra la imposición de la jornada de ocho horas. La primera movilización conjunta ha tenido gran impacto publicitario y ha despertado simpatías en la opinión pública.

Otro hecho importante que confirma la tendencia a la unificación es el paro de 24 horas convocado por la COD de Oruro exigiendo al gobierno una solución inmediata al problema limítrofe con Potosí. Los mineros de Huanuni participaron masivamente en la movilización reivindicando sus propios objetivos, entre ellos lograr la autonomía de la Empresa Minera Huanuni del fantasma burocrático e ineficiente que es la COMIBOL. Además, contrariando abiertamente a la nueva burocracia de la COB y al oficialismo, los mineros de Huanuni anunciaron su identificación con la IX marcha de indígenas del TIPNIS y de las tierras bajas agrupados en la CIDOB.

Se entiende que generar una marcha indígena de las dimensiones de la anterior será muy difícil, y que se debe resolver primero el problema logístico. El gobierno de Evo Morales que ha nacido de este tipo de movilizaciones conoce muy bien el problema y se empeña en cercar y desarmar económicamente a todas esas instituciones que han fomentado la defensa de la ecología con financiamiento extranjero.

Morales agotará todos los recursos para impedir que se inicie la marcha porque comprende que, de efectivizarse, podría terminar con su gobierno. Por eso el régimen se empeña en prostituir con prebendas a los pueblos del TIPNIS (por ejemplo, les obsequia motores fuera de borda) y con este motivo militariza el Parque.

Los marchistas deben partir de la convicción de que la movilización social genera una gran capacidad para resolver todos los problemas, por muy grandes que parezcan. Las campañas para recolectar alimentos, ropa y medicamentos se convierten también en formas de movilización de los diferentes sectores sociales.

Lo importante es conformar una organización que articule las movilizaciones urbanas y campesinas con la marcha de los indígenas. Corresponde potenciar los pactos intersindicales y construir desde las bases una dirección que pueda llenar el vacío que deja la burocracia cobista. La consigna debe ser potenciar la marcha indígena por todos los medios, y articular un programa de lucha que exprese las reivindicaciones de todos los sectores sociales y laborales.

* Dirigente del magisterio urbano de Cochabamba y del POR.