Moscú, Seúl, Washington y Nueva Delhi (PL).- Investigadores rusos lograron revivir una planta que floreció en la Tierra hace 30 mil años, y ahora pretenden clonar a un mamut, una especie extinta desde el fin del Pleistoceno.

Científicos rusos lograron revivir una planta que floreció en la Tierra en el Pleistoceno, hace 30 mil años, señala un artículo divulgado en la revista Proceedings de la Academia Nacional de Ciencias de Estados Unidos.

Los investigadores obtuvieron la planta Silene stenophylla a partir de tejidos de un fruto enterrado en el hielo siberiano, a 38 metros de profundidad, en una zona cercana al río Kolyma. Al parecer, las plantas se congelaron y se conservaron intactas.

Los autores del trabajo pudieron regenerar las plantas que más tarde crecieron en macetas de laboratorio. Los sedimentos del permafrost podrían representar una fuente rica de especies de plantas silvestres y reserva de genes antiguos que siempre se creyeron extinguidos.

Con esa experiencia, científicos rusos pretenden ahora revivir un mamut, una especie extinta hace miles de años, recuperando partes del ADN de un ejemplar hallado en la Siberia, informó el canal Russia Today (RT).

El vicerrector de la Universidad Estatal Nororiental de la República rusa de Saja Vasily Vasiliev y Hweng Woo-Suk, de la Fundación de Investigaciones Biotecnológicas Soran de Corea del Sur (reconocido internacionalmente por un sonado caso de fraude científico), firmaron un acuerdo para realizar estudios conjuntos, incluidos los relacionados con la clonación de un mamut.

El centro ruso posee una de las mayores colecciones de restos de mamut, pues los últimos ejemplares dejaron de aparecer en la Siberia rusa hace unos dos mil años, cuando su extinción se constató en el resto del orbe ocho mil años antes. Asimismo, la dependencia surcoreana es uno de los líderes mundiales en la investigación biogenética.

El experimento consiste en salvar partes del ADN de un mamut y hacer los cambios necesarios para obtener un embrión que se implantaría en el vientre de una elefanta para que encube por 22 meses al futuro mamut.

De acuerdo con un portavoz de la fundación Sooam Biotech Research, se trasladará desde Rusia tejido de un mamut que se halló congelado hace pocos años, y que se mantienen en ese estado de conservación. A cambio, la fundación Sooam transferirá tecnología sobre clonación a la institución académica rusa.

Los científicos surcoreanos planean introducir núcleos de células del mamut que hayan podido preservarse intactos, en óvulos de elefantas de india. Esos óvulos serían implantados en el útero de hembras de esos paquidermos, dada la relativa semejanza anatómica y presuntamente fisiológica entre ambas especies.

Desde 2011 varios equipos de investigación internacionales han manifestado su interés por clonar un mamut, intentos de los cuales hasta el momento no se conoce nada. No obstante, numerosos científicos dudan de que tenga algún valor científico, pues en el caso de los mamut, con una previsible vida social parecida a la de los elefantes actuales, el ejemplar que se obtenga nunca se comportará como sus congéneres extintos desde el fin del Pleistoceno.

Sin embargo, de ser exitoso el experimento, sería uno de los principales descubrimientos del siglo XXI, considera el canal Russia Today (RT).

Clonan cabra de Cachemira en India

Por otro lado, científicos del norteño estado indio de Cachemira clonaron por primera vez una cabra oriunda de ese territorio, cuya lana sirve de materia prima para la fabricación del tejido conocido como pashmina.

Después de dos años de investigaciones, la Facultad de Ciencias Veterinarias y Ganadería de la Universidad de Agricultura y Tecnología de Sheri-Kashmir logró clonar con éxito a la primera cabra de pashmina usando técnicas de reproducción avanzada. La cría hembra nació sana el 9 de marzo de una madre adoptiva y fue nombrada Noori.

La pashmina, una lana fina altamente cotizada en el mercado internacional, se obtiene del vellón de este tipo de cabra (Capra hircus, nombre científico), que vive en zonas de la cordillera del Himalaya y de la meseta del Tíbet.

Mediante un trabajoso proceso manual, la lana esquilada se transforma en el delicado tejido, que en Occidente llaman cachemira en reconocimiento al origen primigenio del producto. Con la clonación de la primera cabra de ese género, los científicos cachemires aspiran a aumentar el rebaño y la comercialización de su apreciada lana.