Militares en barco-hospital o sin él, agentes del gobierno, policías uniformados o de civil antinarcóticos y de los otros, médicos al servicio del Estado, ministros y viceministros recorren el TIPNIS: todos bajo la conducción del ministro de la Presidencia. En las comunidades que visitan curan enfermos, entregan regalos (antenas parabólicas, radios, celulares, ropa de agua, algunas golosinas, plata), entre otros. Los obsequios, a manos llenas y con el dinero de los bolivianos, se combinan con amenazas y presiones a los pobladores sencillos que si algo sienten ahora es miedo ante la llamada presencia del Estado, con miliares, en sus moradas. Esos funcionarios del Estado dividen a los comunarios y a sus dirigentes. Empieza un sitio en el TIPNIS, mejor dicho, una ocupación: ave mal agüera, sin lugar a ninguna duda.

Tanto o más preocupante que los elementos citados de esa ocupación a la reserva y territorio indígena son los planes o deseos de acabar con la vida de los líderes indígenas y con la del principal: Fernando Vargas. La fuente que entregó este dato es creíble y a la vez tenebrosa. Es un rumor, pero al menos debe conducirnos, en especial a las organizaciones que en el país defienden los derechos humanos y a los periodistas, a investigar en el lugar, ojalá sea para desmentir el rumor o para desanimar a los autores del plan sanguinario.

En Bolivia —menos mal— no hay un precedente claro. Sin embargo, por lo que ocurrió en Brasil, con dirigentes de los defensores de la amazonia, aquel rumor es para redoblar la guardia o para hacerla porque en el TIPNIS, según se informa, se tienen los flancos desguarnecidos, entre otras razones, porque antes no hubo necesidad de tal vigilancia. Actualmente, en cambio, los novísimos invasores a esa heredad de los bolivianos demanda y con urgencia la guardia indígena.

En Brasil, entre otros, troncharon la vida de Chico Méndez, el abanderado de la defensa de la amazonia en ese país, causa que es de la humanidad, aunque ahora pongan en duda esa conducta incluso algunos que en este momento gobiernan y que se hicieron de un cartel cuando compartieron la causa indígena, la que ahora sí es de la mayoría de los humanos en este mundo amenazado con la destrucción: por el calentamiento global y por las armas atómicas.

La ocupación estatal del TIPNIS tiene un objetivo supremo: conseguir que la consulta, previa de nombre y posterior en la realidad, se realice y que los indígenas acepten el camino que parta en dos ese territorio indígena y a la vez reserva natural porque, como insiste el Presidente, no hay otra alternativa, es decir, “quieran o no quieran los indígenas” esa vía debe partir el corazón de ese inmenso “supermercado” en el que se compra sin dinero, como dijo una destacada dirigente de las mujeres de aquel lugar “paradisíaco”.

Esa presencia estatal en el TIPNIS, además, no es de “buena fe”. Allí, en este tiempo, lo que hacen los gobernantes y los otros funcionarios a su servicio incondicional, sabe a prebenda: comisión lamentable, soborno vergonzoso. La materializan con nuestro dinero y para torcer la voluntad de los comunarios. Tenemos la esperanza, sin embargo, de que los representantes del Estado en esas comunidades no conseguirán que los hombres y mujeres, que luchan como con la VIII marcha indígena, traicionen sus legales y legítimos intereses.

Más aún, con la consulta que manda una ley los compatriotas del TIPNIS no se sienten obligados porque, antes que instinto o intuición, tienen conciencia sobre lo que es suyo, saben cuáles son sus intereses, entienden qué deben hacer para defender su vida. Por eso han dicho que no aceptarán que se les consulte después de que se contrató la construcción del camino de la discordia y porque ya se lo ejecuta. La mayoría de ellos, asimismo, ya fue consultada por sus dirigentes naturales y mediante procedimientos normales que ellos siguen desde antaño. La respuesta, seguro bien pensada, es que se oponen a la apertura de un camino que divida el TIPNIS, pero no son contrarios a un camino fuera de su hábitat.

Estos días los gobernantes, con la cara de buenísimos, despliegan recursos humanos y materiales para atender a los “hermanos” del TIPNIS. Incluso la expresión “hermanos”, dicha por ellos, suena hipócrita y lo es porque pretende hacer el “sana sana” o el “amiste” (se dice en las tierras bajas) después de la represión brutal a la VIII marcha indígena, cerca de Yucumo. Represión que el Presidente dice que no la ordenó, otra mentira en la que los pobladores del TIPNIS y la mayoría del pueblo boliviano no creemos porque no somos babosos.

Entre lo que hacen los delegados del Estado (no plurinacional por su práctica) en el TIPNIS y lo que hacían los militares como acción cívica otrora, sólo hay pequeñas diferencias formales. Por eso lo que en este instante hacen los enviados del gobierno allí, nosotros denominamos, provisionalmente: la acción cívica de Evo y de los militares de este tiempo, pero custodios del viejo Estado el que, esencialmente, es el actual.

Esa ocupación estatal al TIPNIS tiene que ser mirada, investigada a fondo y con urgencia por delegados de las organizaciones que de verdad defienden los derechos humanos. Los periodistas (vigías del pueblo, según Espinal) allí también tienen un ancho espacio porque están o deben estar avisados de que cuando se agudiza la lucha de clases (o ante un conflicto como el que seguimos viviendo u observando) lo primero que muere es la verdad o cuando menos se intenta matarla. Esto último ocurre ya en el TIPNIS, sus actores son los de la presencia estatal en él.

Los lugareños confían, además, en que los periodistas (incluidos dueños de medios como los de la red Erbol) propaguen los alcances reales de esa presencia estatal en el territorio indígena.

Un apunte más, aunque para algunos sea demasiado obvio, para nosotros no es ni tanto ni tan poco. El gobierno y sobre todo el Presidente, cual única dirección política (o a cuyo nombre la ejerce el Vicepresidente), pretenden ganar la segunda y quizá definitiva batalla por el TIPNIS.

Advertimos que el poder que poseen los gobernantes (otra vez, especialmente, el Presidente) es y será utilizado a fondo y sin reparos: creen que deben ganarle esa batalla a los pobladores del TIPNIS. No les importa lo que les dijo uno de sus amigos y defensores ideológicos: si derrotan a los indígenas, el gobierno también sufrirá la derrota.

Una verdad elemental no entienden ni los gobernantes ni Evo: tendrían que hacer todo para vencer junto con los indígenas para vivir en armonía con la madre tierra.

Si el Presidente se escuchara a sí mismo: encabezara la defensa del TIPNIS y dejara de servir a empresarios criollos y extranjeros, a cocaleros y colonizadores, y en contra de los indígenas de las tierras bajas y de la mayoría de los bolivianos. Cocaleros y colonizadores quieren más tierras en el bosque. (En 1780 un Gobernador español dice que tarateños y totoreños querían tierras en el Chapare para cultivar “coca, azúcar, ají y quizá añil”. Por eso propone construir un camino Mojos-Cochabamba, por medio y que del Chapare. Ver documento en esta edición).

El Presidente, en beneficio de intereses contrarios a las regiones, al pueblo y al país instruyó la ocupación del TIPNIS, ave mal agüera, la que ya es una militarización. Las consecuencias de esa ocupación las puede evitar el Presidente. Está a tiempo. Ojalá no pierda la oportunidad.

* Periodista. Fuente: www.semanarioaqui.com