(CUBARTE).- El 21 de junio de 1930 se produjo en La Habana un acontecimiento musical que para muchos pasó inadvertido entre las presentaciones artísticas de la época. Aquella noche en el Teatro Nacional, hoy Sala García Lorca del Gran Teatro de La Habana, la soprano María Cervantes estrenó la canción bolero Aquellos ojos verdes, del músico matancero radicado en Estados Unidos, Nilo Menéndez, con versos de Adolfo Utrera El niño, uno de los integrantes del trío fundado por Nilo Menéndez con otro cantante, José Martínez Casado.

Aquellos ojos verdes causó sensación y pronto fue acogido por otros intérpretes que vieron en esa pieza algo nuevo en lo que respecta a la creación bolerística hasta ese momento conocida. La pieza en cuestión resultó un éxito. Los más renombrados cantantes la montaron en sus repertorios con la seguridad de que su interpretación sería una carta de triunfo en cualquier escenario. Nat King Cole, en su versión llevada al español con una pronunciación de peculiar estilo, pero con su voz y melodía insuperables, la hicieron famosa en la radio, mientras que el Trío Los Panchos la paseó triunfalmente por escenarios de América Latina y Estados Unidos. La insuperable Esther Borja la vistió de gala con su voz única.

¿Cuál era el motivo de aquel éxito?… Estudiosos de la música cubana de renombrado prestigio como Vicente González, Rubiera Guyún, Rosendo Ruiz Quevedo y Abelardo Estrada dijeron que la innovación de la obra “fue el resultado de la influencia recibida del impresionismo musical francés, que había en Estados Unidos cabalgando en las sonoridades negro-blancas del jazz”.

Durante años el bolero-canción Aquellos ojos verdes sería objeto de análisis y estudio por parte de destacados musicólogos y periodistas que escribían sobre temas musicales. Todos atribuían su éxito a la música, pero casi nadie, o nadie, se detenía a averiguar el motivo que tuvo el autor de la letra para su inspiración.

Años después Nilo Menéndez le contó al periodista Enrique C. Betancourt los motivos de aquella inspiración. Señaló el compositor que su canción fue dedicada a una mujer, una cubanita rubia, llamada Conchita Utrera, residente en Nueva York. Añadió el compositor que “como creo en el amor a primera vista, me enamoré de ella ese mismo día, y por la noche compuse la música”. Luego le rogó al hermano de ella, el malogrado poeta y gran tenor Adolfo Utrera que le hiciera los versos. Le sugirió la letra y… “fueron sus ojos los que me dieron el tema dulce de mi canción”.

Como dijimos la dueña de los ojos verdes, proporcionó la inspiración para una de las piezas más famosas de la cancionística cubana allá por el año 1929, nombrada Concepción Utrera “Conchita”, habanera, nacida el 18 de octubre de 1912. Fue una mujer exquisitamente cultivada en el arte. Estudió idiomas, música y declamación. Grabó discos para la firma Columbia Records y publicó un libro de versos titulado Ave Lira, que tuvo mucho éxito.

Durante años algunas mujeres se atribuyeron ser las dueñas de Aquellos ojos verdes que dieron tema para esa sublime joya de la canción que, aunque creada en Estados Unidos, no deja de ser cubana.

Cuando el trovador Sindo Garay la escuchó, de inmediato compuso Ojos de sirena.

Cuando me hablaron de unos ojos verdes

Quedo en mi mente el lírico tema

De una canción

Por cierto, son los ojos verdes los que mayor inspiración, han motivado a poetas y trovadores. Nilo Menéndez Barnet se radicó en Estados Unidos en 1924, luego de haber sido pianista del parque de diversiones Habana Park y del Teatro Olimpic. Fue en Nueva York el escenario de sus mayores éxitos no solo como ejecutante de obras “populares”, sino que también cultivó la música clásica interpretando obras de Amadeus Mozart y Camilo Saint-Saens. Luego formó parte de la afamada orquesta de Xavier Cugat.

Con Rosita Moreno se presentó acompañándola al piano en el Club Habana Madrid, el Stork Club, el Morocco y otros no menos importantes. También fue pianista acompañante de Tito Guizart y de Frank Sinatra. Como pianista solista el 27 de enero de 1974 interpretó el Concierto No. 1 para piano y orquesta del compositor noruego Edward Grieg.

Fue director de orquesta para las casas discográficas Pathé, Decca, Columbia y la RCA Víctor, y para las firmas cinematográficas 20th Century Fox, United Artists, y la RKO. Los cubanos que peinan canas recordaran las películas Los hijos mandan, protagonizada por Arturo de Córdoba y La inmaculada, con Andrea Palma, ambas musicalizadas por Nilo Menéndez.

Pero ahí no se detiene su obra creadora. En 1950, o a mediados de esa década, compuso el ballet Tu antifaz, dedicado a la prima ballerina assoluta Alicia Alonso.

Las obras de Nilo Menéndez han sido interpretadas por las orquestas de Tommy Dorsey, la de Don Aspiazu y por los cantantes Antonio Machín, Juan Arbizu, Rita Montaner, Alfonso Ortiz Tirado, Rosita Fornés y otros no menos célebres. Nilo Menéndez compuso varios boleros, cuatro congas y un danzón.

El 10 de diciembre de 1990 el periódico Granma publicó una nota firmada por el periodista Omar Vázquez donde se informaba que las cenizas del célebre pianista y compositor Nilo Menéndez fueron traídas a La Habana y depositadas en el Cementerio Colón. Había fallecido el 25 de septiembre de 1987 en Los Ángeles, Estados Unidos.

Su música, aunque casi desconocida en Cuba, tendrá siempre el recuerdo de:

Aquellos ojos verdes,

Serenos como un lago,

En cuyas quietas aguas,

Un día me miré,

No saben las tristezas

Que a mi alma dejaron

Aquellos ojos verdes

Que ya nunca besaré

* http://www.cubarte.cult.cu/periodico/opinion/21265/21265.html