Recuerdo como si fuera ayer. Evo Morales participó en la 52 Conferencia Internacional sobre Interdicción de Estupefacientes realizada en Viena el 10 de marzo de 2009. Frente a las cámaras y a los ojos de miles de personas agarró unas dos hojas de coca. Las mostró como quién quiera convencer que se trataba verdaderamente de aquellas hojas considerada por los occidentales como estupefaciente, por tanto prohibida “su masticación”. En un par de segundos el Presidente las hizo desaparecer en su boca. Fue un debut de aculliku en segundos perfectamente estudiado, o por lo menos así parecía. 

Muchos quedaron sorprendidos. El público presente aplaudía, yo también, olvidada estaba la bronca que tuvimos horas antes sobre algunas fotos de su biografía que publiqué en alemán y español, de esos hay en Bolivia sólo 8 ejemplares, las imprentas temen publicarlo. Aún era aquel Presidente con identidad propia, el líder defensor de la Pacha Mama. Gozaba todavía de la perspectiva de un cóndor.

Ahora, eso es historia. Después de la metida de pata con el TIPNIS el interés de verlo ha mermado tremendamente, y de aplaudir ni en sueños. Ni la perspectiva de pájaro tiene, a lo mucho la de un piojo sobre hojas de planta. Los diplomáticos tendrán que hacer esfuerzos para volver a despertar la curiosidad de bolivianos y europeos por el Presidente. Evo ha perdido su identidad, a veces se mete en el chiperio de palabras creadas intencionalmente por los occidentales y en otras oportunidades quiere ser el originario sin éxito.

De ahí que fue presa fácil de los tipneños que se presentaron como los verdaderos defensores de la pachamama. Le exigieron definirse o estaba por “el desarrollo”, palabra preferida de su seguidor, o por el ciclo biológico natural del TIPNIS, la tierra indígena. Prematuramente se decidió por las palabras encantadoras de su consejero, quien le decía carretera es sinónimo de desarrollo. Qué error más garrafal cuando él sabía en carne propia que las contadas carreteras en el altiplano, incluso la que pasa por su comunidad Isallawi, no había llevado “desarrollo” y que por eso estaba obligado a migrar al Chapare. Salud y educación son imponderables para toda sociedad pero no necesariamente necesitan carreteras, ni éstas las traen automáticamente.

Evo sigue de bajada. Está en afanes de realizar una post-consulta sabiendo que los originarios del TIPNIS vuelven a tener los argumentos convincentes. Cualquier escolino (na) entiende que hay una diferencia fundamental entre consulta previa y post consulta. La constitución y convenios internacionales les protegen. Tampoco va a funcionar la treta de convertir precisamente a sus ex aliados en enemigos, pro imperialistas, pues no son los Marinkovic o Villa Bacigalupu sino los originarios del oriente. Encima se han ganado, les guste o no les guste, la simpatía de los citadinos y de aquellos que fueron echados y excluidos del MAS y del gobierno. La derecha oligarquíca, resentida y racista, ve la hora de su venganza, cierra sus ojos y tapa sus narices esta vez para abrazar a los “indios” que le infringieron una inolvidable derrota a su “masi”. Es la ironía de la historia, los verdaderos ganadores del llamado proceso de cambio son los de la oligarquía.

El Presidente de los bolivianos debiera seguir otra política frente a los originarios, la de volverlos a las filas. Le costaría mucho pero puede ser la única forma de revertir las cosas. Nadie olvidó que él encabezó el levantamiento electoral de la mayoría boliviana y junto con los marginados, es decir no solito él, despojaron del poder político a la tropa de dinosaurios. ¿Pero cómo revertir? Su viaje a Viena el 12 de marzo de 2012 puede ser la primera oportunidad. Es sencillo. No debiera ir con sus acostumbrados cocaleros.

Con sus acompañantes productores de coca, el presidente, que a la vez es dirigente máximo de los cocaleros, se abrirá en el extranjero un frente de críticas. Le dirán que la “masticación de la coca” es una categoría de consumo y no precisamente de producción. Existe marcada diferencia entre los intereses de los productores y los de los consumidores. A los consumidores finales de la hoja de coca poco les interesa la producción, en contraste mucho a los productores. Pero aquí viene el problema de los productores. No pueden negar que parte de la producción de la coca es canalizada al narcotráfico, a la otra forma de consumo. Mientras no hayan demostrado que su producción va sólo al consumo sano y cultural, siempre estarán bajo la sospecha de que su producción alimenta el narcotráfico. En ese sentido el interés del productor por el consumo tiene doble filo. ¿Qué le hace pensar a Evo Morales que los occidentales vean diferente?

En cambio sería diferente partir de la lógica occidental y hacerles entender nuestra forma de ser, nuestra cultura. No nos olvidemos que el objetivo es ganar el apoyo de la comunidad internacional. El aculliku es una categoría de consumo y de cultura. Ningún occidental podrá negar eso. El caso boliviano tiene la particularidad de que una mayoría de la población boliviana es indígena. Todos saben que practicamos la cultura del consumo de la coca en su estado natural. Entonces, por qué no llevar de acompañantes a los verdaderos consumidores. Para no ir lejos y ser más contundentes veamos el trópico cochabambino-beniano. Los chapareños son productores y consumidores. Pero los tipeños son solo consumidores.

En la delegación del Presidente boliviano debieran estar Chavez de CIDOB y Vargas de TIPNIS. Sería la prueba de que son tan indígenas como bolivianos que defienden la cultura de la coca, del consumo, del aculliku. Naturalmente que los dos originarios del oriente aprovecharían la oportunidad para sus intenciones. Sería un riesgo de poca importancia frente al objetivo de presentarse nuevamente como el presidente de todos los bolivianos y de las 36 nacionalidades, incluido los tipnistas.